
Pueden estar seguros.
Luego están las pequeñas cosas, los pequeños objetivos, las reuniones con Ron, Sofía y Ajito -nombres totalmente anónimos- para hablar de asociaciones culturales, cuentacuentos, cantautores, monólogos, cortometrajes, pequeñas presentaciones de libros, mecenas, cazatalentos, rincones donde escondernos cuando nos cierren los bares y se nos cansen las ideas...
Pero hasta los objetivos más pequeños requieren un estudio y una fianza de tres meses y nos miramos apesadumbrados, yo jugando al poli malo y recordando todos los puntos en contra.
Irónico, puesto que llevo años queriendo formar parte de algo así y en realidad deseo con todas mis fuerzas que se la jueguen, que arriesguen, que hagan algo que merece la pena, que se sientan orgullosos, que les den igual todas las voces -sobre todo la mía- que les augura pérdidas de dinero, de tiempo, de energía...
Que lo hagan. Y luego ya lo vemos. Porque se puede. Lo hemos demostrado tantas veces que la frase parece un anuncio de Nike.