domingo, noviembre 10, 2019

Sondeos, israelitas y resultados elecciones generales noviembre 2019



23.20 El niño bien, aunque con tos, que le vamos a hacer... En fin, ya está todo el pescado vendido menos un escaño por Melilla que ahora es del PP pero lo lucha con Coalición por Melilla y otro escaño en Huelva que es del PSOE y a lo mejor se lo quita Unidas Podemos. De momento, al 99% ya la cosa queda exactamente como estaba y los caminos para gobernar son realmente delicados salvo que Rivera haga una de sus piruetas y apoye un pacto entre PSOE y UP. Claro que antes tiene que haber un pacto entre PSOE y UP. Ah, y Mas País. Y Compromís. Y el PNV. La otra opción es que el PP se abstenga y haga oposición, que tampoco pasa nada. Y que cuando algo no le guste, lo tumbe.

El Senado también va a ser para el PSOE, que pierde su mayoría absoluta y necesitará pactar con el PNV. Hasta quince partidos distintos van a estar en el Congreso en la siguiente legislatura, un buen follón que refleja hasta qué punto España está invertebrada: 6 de 66 escaños para Ciudadanos, PP y VOX entre Cataluña y País Vasco... pero 146 de los 284 restantes, es decir, mayoría absoluta en el resto del país. Ahora les pediremos que pacten y que lo arreglen todo pero se ve que ni nosotros mismos lo tenemos muy claro. Se vienen tiempos complicados. De momento, me voy a dormir. Ha sido, como siempre, un placer.
  
22.31 Al 95% sigue habiendo novedades, pero yo tengo un niño que acostar, luego comento los resultados finales:

PSOE 120

PP 88

VOX 52

UP 35

ERC 13

Cs 10

El resto sigue exactamente igual.

Izquierdas: 158 / Derechas: 152 (contando Navarra Suma)
 
22.10 En cuanto al Senado, podría ganar el PP, pero con una mayoría muy insuficiente. Los nacionalistas e independentistas controlarían de facto la cámara junto al PSOE, en caso de que haya legislatura.

22.01 Casi un 80% escrutado y pequeñas variaciones...


PSOE 122

PP 86

VOX 53

UP 35

ERC 13

Cs 10

JxC 8

PNV 7

EH 5

MP 3

Izda: 160 / Dcha: 149

21.58 Parece que se le va escapar al PP el escaño de Vizcaya. El problema de la derecha estatal vuelve a ser el de abril: entre Cataluña y País Vasco (66 escaños), solo obtiene 6. Impresionante.
 
21.51 Sigue el recuento. Hay escaños en juego en Huelva, Málaga, Cuenca, Ceuta, Alicante, Valencia y Vizcaya, no mucho más. Quizá Madrid, especialmente si Errejón no llega al 5%...Al 67% escrutado, los resultados son

PSOE 123

PP 84

VOX 52

UP 35

ERC 13

Cs 10

JxC 8

PNV 7

EH 5

CC 3

MP 3

CUP 2

Navarra Suma 2

PRC 1

BNG 1

Teruel Existe 1

Por bloques: izquierda estatal 161 / derecha estatal 146

21.28 Aguanta el PSOE con el 35% escrutado. Sigo creyendo que va a caer, pero le caerá algún escaño de Canarias que le vendrá muy bien

PSOE 124

PP 84

Vox 47

UP 33

Cs 10

ERC 8

JxC 7

PNV 7

EH 5

CUP 3

MP 3 

Navarra Suma 2

PRC 1

BNG 1

Teruel Existe 1

21.20 Al 17% empieza a bajar el PSOE aunque subirá cuando entre Canarias. Creo que se puede mantener en los 115-120 escaños y evitar el desastre

PSOE 121

PP 82

Vox 46

UP 32

Cs 10

MP 3

21.15 En Madrid, Errejón está justo encima del 5% y queda muchísimo por escrutar, entre ello, lo tocho de Madrid capital y los barrios más de derechas. No sé si va a llegar al mínimo, tiene pinta de que no.
 
21.07 Empieza el baile. Con el 13% escrutado:

PSOE 122
PP 80
Vox 46
UP 32
Cs 10
 
20.25 Sigo pensando que los sondeos son solo sondeos, pero tampoco espero ningún vuelco dramático al respecto. Si atendemos por bloques, Gad3 le da a la izquierda estatal entre 146 y 157 escaños y a la derecha entre 157 y166 (incluyo Navarra Suma). Según Sociométrica, la izquierda obtendría entre 148 y 163 escaños y la derecha entre 152 y 168. Hace siete meses, ambas empresas pronosticaban lo siguiente: Izquierda 158-166 / Derecha 153-160 (Gad3); Izquierda 158-170 / Derecha 152-167 (Sociométrica). Prácticamente acertaron.

20.15 Los sondeos de Gad3 y Sociométrica vienen a confirmar lo que ya apuntaban los trackings más recientes, pero con ventaja para la derecha, que sacaría más escaños que la izquierda, aunque en ningún caso se acercaría a la mayoría absoluta.

GAD3 (RTVE)

PSOE 114-119
PP 85-90
VOX 56-59
UP 30-34
Ciudadanos 14-15
ERC 13-14
JxC 6-7
PNV 6-7
Más País 2-4

Sociométrica (El Español)

PSOE 112-118
PP 87-92
VOX 52-58
UP 36-40
Ciudadanos 11-16
Más País 0-5

19.20 En poco más de media hora salen los sondeos de Gad3 y de Sociométrica. No esperen grandes novedades, hemos tenido dos sondeos por día durante dos semanas y estoy convencido de que la participación les cuadra perfectamente con sus cálculos. Los comentaremos pero como lo que son: trackings más o menos elaborados.

Antes quería hablar de una cosa de la que nadie ha hablado: el Senado. ¿Y saben por qué nadie ha hablado del Senado? Porque no tenemos ni puñetera idea de qué va a pasar. La decisión de Vox de presentar a solo un candidato debería colocar al PP muy cerca de la mayoría... siempre que demos por hecho que el votante de Vox va a marcar a su único candidato y va a gastar sus otras dos opciones en candidatos del PP. De ese modo, al menos esos dos candidatos, van a tener los apoyos de sus propios votantes y de los votantes de VOX... y los dos partidos juntos serían los más votados en tres cuartos de las circunscripciones del país. ¿Es todo así de fácil? No, claro. Puede que el votante de VOX marque el suyo e ignore a todos los demás. Puede que la suma no dé pese a todo. Puede que sumados los senadores designados por las Comunidades Autónomas, la cifra no dé para una mayoría absoluta. El caso es que la oportunidad para la derecha está ahí mucho más que en el Congreso. Y desde el Senado no se pueden hacer muchísimas cosas pero sí se puede dar bastante la brasa al gobierno de turno. 

18.50 Sigo escudriñando Madrid porque es lo que mejor conozco, también de otros procesos electorales, y aunque me niego a establecer un patrón claro, lo cierto es que en Madrid capital sí se empiezan a ver algunas diferencias. La ciudad en total baja un 3,48% su participación. Prácticamente todos los distritos están en esa cifra... salvo Chamartín, Fuencarral-El Pardo, Moncloa-Aravaca y el barrio de Salamanca, que no llegan ni al 3%, mientras que Puente de Vallecas, por ejemplo, se queda en el 4,27%. Me da que la derecha va a tener muy buenos resultados en Madrid, pero, de nuevo, eso ya estaba previsto en las encuestas. Y puede que VOX directamente lo parta.
 
18.20 Participación a las 18h: 56,86%. Sigue dentro de las previsiones. Creo que las comparativas no pueden ser con las convocatorias ordinarias sino con la única que fue de hecho una repetición de anteriores comicios, es decir, la de 2016. En esas elecciones, a las seis había votado solo el 51% aunque la cifra final quedó rozando el 70% por el arreón final. No sé si aquí habrá arreón, en cualquier caso ni habrá desplome (65%) ni habrá movilización (75%) y probablemente los resultados de las encuestas (en porcentaje, no tanto en escaños) sean bastante aproximados a los reales.

Ya hay dos circunscripciones en las que la participación sube: Álava... y Jaén.

Donde menos baja la participación es en:

Comunidad Valenciana (-1,67%), Andalucía (-2,37%), País Vasco (-2,53%), Madrid (-3,58%) y Murcia (-3,87%)

Y donde más lo hace es en:

Islas Baleares (-7,05%), Melilla (-6,46%), Canarias (-6,45%), Extremadura (-5,90%) y Galicia (-5,65%)

Las circunscripciones donde más voto total hay son...

Madrid 61,51%
Valencia 61,34%
Castellón 60,51%
Barcelona 60,47%
Segovia 60,26%

Curiosamente, Comunidad Valenciana y Andalucía eran, junto a Galicia, las tres comunidades clave en mi análisis preelectoral. Se ve que así se lo han tomado allí también.


16.55 Gobernabilidad: lo que se juega hoy en las urnas es importante, pero poco se podrá saber hoy que no dependa de las decisiones de mañana. En principio hay tres escenarios posibles:

- Gobierno de las tres derechas. Para ello, necesitan sumar 174 escaños entre ellos y convencer a Coalición Canaria para que complete la investidura de Pablo Casado. Es complicado contemplar este escenario como posible porque ninguna encuesta les ha dado más de 160 escaños y en la media apenas están en torno a los 155. Una desviación de veinte escaños solo se conseguiría con una desmovilización brutal del electorado de izquierdas, una participación en torno al 65%. En principio, no parece que se vaya a dar.

- Gobierno de coalición PSOE + Unidas Podemos con apoyos externos de Más País, PNV, PRC, BNG... De entrada, no sé ni si aritméticamente daría y no creo que los independentistas catalanes vayan a votar algo que no sea "no" a cualquier clase de gobierno. Para continuar, creo que lo que se demostró en el período de negociaciones entre mayo y septiembre es que UP y PSOE no se fían el uno del otro. En absoluto. Normal si tenemos en cuenta que Podemos surgió como una especie de Syriza con la voluntad no ya de adelantar sino de sustituir al PASOK de turno.  Podemos sigue preteneiendo "asaltar los cielos" con 42 escaños de 350 y el PSOE sigue muerto de miedo.

- Gobierno en minoría del PSOE con una abstención del PP y Ciudadanos para garantizar la investidura. Creo que esa era la idea cuando se convocaron estas elecciones y sospecho que estaba incluso hablado entre los tres partidos cuando las encuestas le daban al PSOE entre 135 y 140 escaños, al PP casi 100 y a Ciudadanos por delante de Vox. El problema es que nada apunta a que el PSOE vaya a estar en esas cifras y si el PP ve que cae hasta los 85-90 en beneficio de VOX, lo más probable es que le entre un ataque de pánico. ¿Cómo va a permitir la investidura de Sánchez sin que Abascal se les lance a la yugular y les quite los pocos votantes radicales que aún no les ha quitado?

En ese sentido, y dentro de unos límites "normales", digamos que de estas elecciones saldremos con pocas certezas. ¿Qué podría cambiar la situación? Una victoria holgada del PSOE, con 6-7 puntos y al menos 20 escaños sobre el PP... pero que a la vez deje al PP claramente como primer partido de la oposición con mucha diferencia sobre VOX. Cualquier resultado que deje al PSOE entre 115 y 125 diputados y a VOX entre 40 y 50 (y parece que todo apunta a un escenario así) me parece imposible de gestionar mientras estemos con el cordón sanitario por delante.

15.03 Datos de Madrid, que es donde vivo: en términos de Comunidad, la bajada es bastante estable en todos lados, en torno al 2-3%. En la capital, baja un 2,34%, ligeramente por debajo de la media. Por barrios, es cierto que los más tradicionales bajan menos en comparación, pero es una diferencia muy pequeña y que podría girar en el anticipo de las seis. Solo hay cinco distritos donde la abstención suba menos de un 2% y son Chamartín, Fuencarral-El Pardo, Moncloa-Aravaca, Retiro y Salamanca. Zonas muy de derechas, pero mucho. En las de izquierdas hay bajadas importantes como la de Villa de Vallecas (-3,46%) pero también es verdad que en Chamberí ha bajado un 3,29% así que vamos a ser prudentes con las conclusiones.

14.35 Participación a las 14.00: 37,93,%. Se queda por debajo de la cifra fetiche del 40% y es un 3,56% menos que hace siete meses . En seis de las siete ocasiones en las que se superó esa cifra (1982, 1986, 1993, 2004, 2008 y abril de 2019) ganó el PSOE. En la otra (1996) se quedó a décimas de Aznar. Sin embargo, por debajo del 40% tenemos dos mayorías absolutas de la derecha (2000, 2011) y varios triunfos parciales (1979, 2015 y 2016). Solo en 1989,con un 36%, logró ganar el PSOE las elecciones al final. Ahora bien, en 2015, por ejemplo, el primer dato fue aún más bajo que hoy y la participación final fue del 73,2%, por encima de las previsiones de las encuestadoras para esta convocatoria.

La participación baja en toda España, circunscripción por circunscripción... excepto en Álava, donde sube un 1%.

Donde menos baja es en:

País Vasco (-1,68%), Madrid (-2,59%), Cataluña (-2,92%), Andalucía (-3,12%) y Ceuta (-3,20%)

Y donde más lo hace es en:

Islas Baleares (-7,15%), Asturias (-5,70%), Extremadura (-5,68%), Galicia (-5,03%), Castilla La Mancha (-4,65%), Castilla León (-4,53%) y Murcia (-4,48%)

Las circunscripciones donde más voto total hay son...

Valencia 43,57%
Castellón 42,36%
Zaragoza 42,24%
Madrid 41,01%
Vizcaya 40,96%
Barcelona 40,92%
Alicante 40,91%


Cuando Errejón se presentó, vino a decir que sus rivales no eran tanto los otros dos partidos de izquierda, como la abstención. De media, en esas dieciocho provincias la abstención sube menos que en las otras treinta y tres. Si es casualidad o no, imposible saberlo.


12.33 Lugares a los que mirar en estas elecciones:


- Cataluña y País Vasco: si los tres partidos de centro-derecha se quedan en 8-9 diputados sobre un total de 66, lo tienen en chino para sumar 176 escaños. Y recordemos, la única opción de que haya un gobierno de derechas es que entre PP, Cs, Vox y Navarra Suma lleguen a esa cifra. Puede que les valga con 174-175 y una abstención de CC, pero habría que ganársela. Mientras sigan naufragando en dos comunidades tan pobladas, sus opciones de victoria disminuyen muchísimo.

- Las dos Castillas: en abril, el PSOE consiguió algunos triunfos insospechados y que se vieron refrendados en las autonómicas del mes siguiente, cuando se impuso en Castilla y León y logró la mayoría absoluta en Castilla La Mancha. Teniendo en cuenta que UP no parece en disposición de conseguir ni un solo escaño de los 52 en juego, el asunto es saber hasta dónde van a aguantar los socialistas y si en las circunscripciones de cuatro escaños, el resultado será de tres escaños para la derecha y uno para la izquierda. En los de tres, el empate a un escaño entre las tres fuerzas principales parece inevitable, ocupando VOX el lugar de Ciudadanos. Si la subida de Vox viene a costa del PP, puede que el PSOE tenga alguna opción de ganar en Salamanca, en León, en Burgos o en Albacete. Si VOX no sube tanto, puede que llegue a doblarle en Cuenca y se quede con dos escaños de los tres en juego. Todo lo que no sea una debacle en esas tierras estará bien.

- Galicia, Comunidad Valenciana y Andalucía: Si País Vasco y Cataluña son terreno "de izquierdas" y las dos Castillas (más Madrid, donde el 21-16 es posible y Murcia, donde se pueden llevar hasta 7 de los 10 escaños) es terreno "de derechas", las elecciones se jugarán en los terrenos de juego más igualados en las encuestas: Galicia, Comunidad Valenciana y Andalucía. En los sondeos a nivel nacional, PP y VOX se defendían más que bien en esas zonas... pero las encuestas de medios locales daban cierta ventaja a la izquierda. Galicia es importante porque pronto habrá elecciones autonómicas y puede servir de indicativo (aunque Feijoo es Feijoo y sigue otras reglas), la Comunidad Valenciana reparte muchos escaños y es imprevisible en este momento, pero en mi opinión la clave va a estar en Andalucía: si VOX sube a lo bestia, será ahí. Si el PSOE consigue una mayoría holgada, será porque recupere sus feudos de las últimas décadas. Prácticamente en todas las provincias hay escaños en juego y se decidirán en el último momento.

- Aragón.- Porque es nuestro Ohio, ¿no? Y porque no sabemos si Teruel Existe conseguirá escaño o no. No hay muestra suficiente en ningún sondeo para afirmarlo o descartarlo.

No se esperan sorpresas en Extremadura (empate), Navarra (victoria de UPN/Navarra Suma), La Rioja (empate), Canarias (victoria de la izquierda) ni Cantabria (victoria de la derecha). En Asturias, habrá un 4-3 pero no sabemos de qué lado, en Melilla no sé si VOX subirá tanto como para ganarle al PP. En Ceuta, el PSOE debería resistir a las dos fuerzas de derecha salvo que VOX se salga del mapa. Baleares es otra incógnita, pero la diferencia, de haberla, sería mínima en escaños.


11.45 Las encuestas patinaron en abril menos de lo que pareció pero lo suficiente como para convertir lo que parecía una mínima victoria de la derecha en una relativamente cómoda victoria de la izquierda. En eso tuvo que ver la participación del 75%, una de las más altas de la democracia. Para esta convocatoria, los más optimistas apuntan a un 72% y los más pesimistas a un 68%. Todo lo que esté por encima o debajo de esos límites invita a pensar en lo imprevisible, Si bien no se esperan grandes variaciones en cuanto a los porcentajes de voto previstos, la asignación de escaños en un escenario de seis o incluso nueve partidos en algunas circunscripciones es una moneda al aire.

Repasemos, en cualquier caso, lo que sabemos y que cada uno saque sus conclusiones.

A fecha del lunes, último día legal para publicar sondeos, la media de Electograph daba los siguientes resultados:

PSOE 27,4% -121 escaños
PP 21,1%- 98 escaños
VOX 13,3%- 40 escaños
UP 12,3% -32 escaños
Ciudadanos 8,9%- 16 escaños
Más País 3,6%- 4 escaños

ERC 15, JxC 6 , PNV 6, EH 4, CC 2, CUP 2, Navarra Suma 2, PRC 1, Teruel Existe 1

Sobre esos datos, Kiko Llaneras hace la siguiente proyección:

PSOE 117, PP 90, VOX 46, UP 35, Ciudadanos 18

Sin embargo, en estos días, de manera más o menos sutil, se han ido filtrando más resultados. Por ejemplo, GESOP ha cerrado su tracking andorrano con los siguientes resultados:

PSOE 26,7%- 118-122 escaños

PP 19,4%-  83-88 escaños
VOX 14,9% 47-53 escaños
UP 14,3% 39-44 escaños
Ciudadanos 7,9% 14-18 escaños
ERC 2,6%- 12-13 escaños
JxC 1,4%- 6-7 escaños
PNV 6 escaños
CUP 1,1%- 3 escaños
Más País 2,8%-  2-4 escaños

El panel de Electomanía nos dice lo siguiente:

PSOE 27,1%- 113 escaños
PP 20,4%- 90 escaños
VOX 15,5%- 54 escaños
UP 13,7%- 38 escaños
Ciudadanos 7,3%- 11 escaños
ERC 3,7%- 14 escaños
MP 3% - 3 escaños
JxC 1,6%- 6 escaños
PNV 1,5%- 6 escaños
CUP 1,1%- 4 escaños 

Por último, las horquillas que nos ofrecen las casas de apuestas, en concreto Betfair, que en abril NO DIERON NI UNA, pero que deberían reflejar la impresión de la gente hasta cierto punto, son las siguientes:

PSOE 121-122 escaños
PP  92-93 escaños
VOX 39-40 escaños
UP 31-32 escaños
Ciudadanos 17-18 escaños






De Errejón no dicen nada. Yo todos los años hago porra de escaños, pero esta vez, ante la incertidumbre, me parece una pérdida de tiempo.


11.00  Pedro Sánchez se ha acostumbrado a que se le culpe de una cosa y de su contraria sin inmutarse. No sé hasta qué punto le beneficia. Si en abril tocaron los insultos -las manos manchadas, el felón, el traidor, el amigo de Torra y Otegui...- esta campaña se ha centrado sobre todo en sus errores como gobernante sin importar, ya digo, que esos errores a menudo fueran contradictorios. Así, por ejemplo, se le ha acusado de nuevo de pactar con Torra mientras Torra le acusaba de no cogerle ni el teléfono. Se le ha acusado de pasividad en Cataluña mientras los CDR saboteaban sus actos por ser el máximo impulsor de la represión. Se le ha acusado de querer pactar con los radicales y a la vez de querer pactar con el PP. De estar desaparecido y de utilizar La Moncloa para promocionarse. Todo lo ha hecho mal, en eso hay consenso, pero no lo hay en por qué ni en cómo.

Estar, no ya en el centro, sino en el medio de todas las polémicas, no es el mejor escenario en el debate público, pero Sánchez y Redondo aún confían en que lo sea para ganar elecciones. Es lo que podríamos llamar "el método Rajoy" y a un paso ha estado el presidente de liarse a hablar de vecinos y alcaldes en medio de cualquiera de las decenas de entrevistas que ha concedido en esta vertiginosa campaña electoral. Si funcionará o no, está por ver. La idea es dejar que pase el ruido y que tras el ruido quede el menor daño posible. Después de todo, podría decir Sánchez, los líderes independentistas están en la cárcel, Iglesias sigue en la oposición, Barcelona hace tiempo que no arde y el mundo, contra pronóstico, no se ha acabado bajo su mandato . Convencido de que cualquier elección no es más que un plebiscito en torno a su gobernante, Sánchez ha optado por no perder, intuyendo que ganar lo tenía demasiado complicado entre tanto grito.

De hecho, Sánchez parece un político destinado a ser el eterno candidato. En cinco años, lleva cuatro elecciones generales y dos primarias de su partido. No ha tenido diez meses seguidos de sentarse, pensar y hacer algo. Todo ha sido venderse, venderse y venderse, con mayor o menor éxito. Probablemente detrás de esa hiperactividad electoral esté la razón por la que en el PSOE nunca se vio mal una repetición de los comicios tras los resultados de abril. Lo realmente sorprendente es lo mal que ha funcionado la comunicación del partido y del gobierno en ese sentido, perdiendo el "relato" en todas las ocasiones. Ni Sánchez ni el PSOE supieron explicar a la opinión pública (sea eso lo que sea) que hicieron todo lo posible por llegar a un acuerdo medio sensato con Unidas Podemos. Probablemente porque no lo hicieron. Probablemente porque no era fácil. Probablemente porque si con 42 escaños de 350 te ofrecen una vicepresidencia y dos ministerios y tu respuesta es que eso es un insulto, igual tú también tienes un problema.

Sánchez prefirió asumir que era el perdedor de esa pelea y tirar para adelante sin más. Lo mismo hizo, ya he dicho, con los incidentes de Barcelona y con su intervención en el debate a cinco. Durante la semana de manifestaciones y vandalismo urbano, la impresión generalizada fue que tanto el presidente como el ministro del interior estaban ausentes. No está claro que de hecho fuera así pero un equipo de comunicación debe luchar porque ni siquiera lo parezca. No se hizo. Quizá Sánchez debió ser más contundente en sus afirmaciones y viajar antes al meollo del conflicto... pero de nuevo se encontraba con el problema habitual: para unos era un vendido al independentismo hiciera lo que hiciera, para otros era un represor intolerante hiciera lo que hiciera. Decidió no hacer nada. Él sabrá por qué.

Lo mismo pasó en el debate electoral, por llamarlo de alguna manera porque aquello fueron cinco mítines intercalados. El formato tampoco permite mucho más, la verdad. Sánchez optó por un papel institucional, de cordura, de no entrar en charcos innecesarios ni en combates personales. El problema es que en ese debate había alguien cuyo partido quiere subvertir el orden constitucional sin que ninguno de sus compañeros de viaje le diga ni mu. A la tercera vez que Abascal habló de retirar la atención universal a los inmigrantes ilegales, yo le habría soltado un "¿Qué quieres, que se mueran?". De ilegalizar partidos, ni hablamos. La única vez que Sánchez lo mencionó, para echarle en cara a Rivera y a Casado que pactaran con una formación totalitaria, ambos saltaron al unísono con el mantra del último año y medio: "Claro, claro, mejor pactar con Otegui y Torra". Sánchez calló. No se molestó en explicarles a ellos ni a los espectadores que de haber pactado con Otegui y Torra en su momento ni siquiera habría habido unas primeras elecciones.

Toda esta pasividad social -ante las mentiras de Abascal, ante su agresividad preconstitucional y sus apelaciones al honor a la patria, no solo calló Sánchez y no solo callaron Rivera y Casado sino que ese silencio fue interpretado por el periodismo cómplice como una "victoria" de VOX- ha permitido que la formación de ultraderecha esté ahora mismo rozando o por encima del 15% del voto en las encuestas para una previsión de entre 50 y 60 escaños. Es imposible no relacionar este auge del voto a Abascal con los incidentes de Cataluña. A principios de octubre, sus previsiones apenas llegaban al 10% en el mejor de los casos. No ha habido la pedagogía necesaria para explicar que los disturbios urbanos, por muy intolerables que sean y por mucho que haya que denunciarlos, son muy difíciles de combatir por estar en el marco de manifestaciones perfectamente legales. Casado, Rivera y Abascal llegaron a sugerir la aplicación del estado de sitio y la ley de emergencia nacional, algo que no se hizo ni en los peores tiempos del terrorismo de ETA. Nadie les explicó que eso no solo era un disparate sino algo muy probablemente ilegal.

El despunte de Vox ha supuesto la debacle de Ciudadanos. Es muy curioso lo de las tendencias en la opinión pública y por eso hay que tomarlas con cierta prudencia: la mayor escenificación de la decadencia de Rivera fue en el debate. Todo el mundo coincidió en que estuvo exagerado, hiperbólico, faltón y pueril en ocasiones. Lo mismo que sucedió en abril, cuando esos mismos medios le dieron vencedor absoluto de los dos debates. Cuando hablamos de Ciudadanos, hablamos de un partido que en los meses previos a la moción de censura contra Rajoy lideraba las encuestas. Un partido que, no nos engañemos, se vio en La Moncloa más pronto que tarde. Todo lo que ha hecho por autodestruirse es encomiable: se ha apartado de la centralidad, ha caído en el mismo nacionalismo que prometió combatir y ha hecho de la hipérbole y la indignación su único programa. Han acabado votando en la Asamblea de Madrid una cosa rarísima que ellos mismos consideraban absurda... y todo por no molestar a Vox, no se les vaya a ir más votos y no vaya Monasterio a llevarse los suyos a otro lado en la próxima proposición del gobierno Ayuso-Aguado.

Que un partido se autodestruya no es demasiado relevante si no fuera porque el comportamiento absolutamente histriónico de Ciudadanos en los últimos meses ha dado carta de naturalidad al extremismo, al insulto y algo muy parecido al odio y al desprecio al adversario. En su empeño por adelantar al PP por la derecha se ha encontrado con unas formas y unos mensajes mucho más parecidos a los de Vox -todo por la patria- que a los de cualquier partido liberal europeo. La semilla, con todo, ya está ahí. Ellos la plantaron. A ver quién corta ahora la planta del odio.

Las encuestas les dan en torno al 8-9% de votos, lo que le dejaría en una franja entre 10-20 escaños. Probablemente no sea para tanto. Peor aún lo tiene Errejón, cuyo salto a la política nacional con partido propio fue un error mayúsculo tanto para "la izquierda" como para sí mismo. Está a unos pocos votos de no conseguir ni su propio escaño en Madrid y nadie espera que logre más de tres en toda España. No era el momento y ahora su propia carrera política peligra si el resultado es tan malo como se espera. El mito del gran cerebro detrás de los éxitos de Podemos parece venirse abajo. Lleva unos cuantos meses acumulando torpezas de las que no sabemos si conseguirá recuperarse.

lunes, noviembre 04, 2019

In-Edit Madrid (y IV). Si me borrara el viento lo que yo canto.


El documental de David Trueba sobre Chicho Sánchez Ferlosio parte de una anécdota: el éxito en Suecia de una serie de canciones escritas y cantadas por él en un disco protegido bajo el lógico anonimato justo después del asesinato de Julián Grimau. Es un buen punto de partida pero tiene su interés justo. El personaje de Ferlosio va mucho más allá de esa anécdota y sin embargo Trueba parece obligado en exceso a recurrir a Suecia constantemente. Lo que no debería ser más que una excusa se convierte en una categoría que hace que la película en ocasiones avance con demasiada lentitud.

Al fin y al cabo, los que estábamos ahí teníamos un limitado interés en quién tradujo esas canciones al sueco o en qué consistía tal revista o tal movimiento internacionalista. Queremos saber sobre Chicho, sobre su extravagancia, su genio, su imprevisibilidad. Nos puede interesar alguna noción sobre la lucha antifranquista a la que dedicó tantos años pero ese es un compartimento demasiado estanco. Muéstrennos a Chicho en su esplendor, en la tertulia, en lo insospechado del comportamiento diario, en lo ferlosiano como concepto y forma de vida.

De hecho, el documental está dudosamente construido: empieza, ya digo, con la anécdota sueca, prosigue a sus años de formación académica, Ramiro de Maeztu incluido, parece que va a profundizar en la relación con su padre, el falangista Sánchez-Matas y justo cuando estamos ahí, en ese momento de fascinación por el personaje, incluso de ternura... zas, aparece Grimau y vuelven de nuevo los suecos y se dedican minutos y minutos a hablar de un disco que sí, que vale, pero que da lo que da y que no puede ocultar otras facetas de Ferlosio. O no debería.

Teniendo en cuenta que los entrevistados eran íntimos suyos durante aquellos inicios -por cierto, el sonido en ocasiones falla de manera incomprensible, casi amateur- quizá se podría haber sacado más jugo a sus recuerdos de no haberlos centrado solo en esos años de 1960 a 1963. De hecho, se ve poco a Ferlosio de 1977 en adelante. Solo una intervención en La Clave junto a Javier Krahe y otros cantautores "contestarios" ya venidos a menos en plenos noventa. Y aun así, apetece verle más, apetece saber de él en aquellos años de incipiente democracia, apetece que nos desgranen su evolución, su tránsito, su via crucis. Todo el mundo coincide en que Chicho era un tipo deslumbrante y que lo fue hasta el último momento. Que se note.

Puede que David Trueba pensara que eso ya estaba logrado en el documental que su hermano Fernando hizo sobre Ferlosio en 1981, titulado "Mientras el cuerpo aguante" y no quisiera pisar huellas ajenas. Bueno, de 1981 a 2003, año de su muerte, quedaban aún veintidós años por explotar y está claro que no era la intención del documental hacerlo sino recrearse en la coincidencia revolucionaria. Como espectador, no acaba de convencerme, pero pueden ser cosas mías. No me atrevería en cualquier caso a hablar de documental fallido pero, simplemente, no es lo que esperaba.

*

Fueron muchas las películas que quedaron sin ver y es una pena, pero tenemos el tiempo que tenemos y a mí nadie me paga esto. Al revés, yo pago cada entrada religiosamente, no voy mendigando a los departamentos de prensa. Uno de los aciertos del Festival es insertar una colección de trailers al principio de cada documental para que el espectador tenga una idea bastante aproximada de lo que se está programando durante la semana. En ese sentido, y basándome solo en los veinte segundos que se proyectan de cada película, diría que los reportajes sobre la revista Creem, la cantante Kate Nash y el trágicamente fallecido Lil Peep tenían una pinta descomunal.

En general, el festival en sí, con sus inevitables altos y bajos, es un lujo que no sé cuánto tiempo podremos permitirnos en Madrid. Las salas estaban bastante llenas, a precios razonables. Sería bueno, quizá, que se le diera más publicidad, que valoráramos lo que supone un ciclo de tanta calidad justo en el centro de la ciudad. En Barcelona llevan funcionando veinte años y ahí siguen, resistiendo, con una programación que va más allá del finde e incluye una semana entera.

Desde el punto de vista personal, poder reencontrarme con lo que es un festival, las sesiones continuas, los breves intervalos para tomar un café o ver al Barcelona perder contra el Levante, la sensación de que perteneces a algo y que ese algo merece la pena y por supuesto el entusiasmo de sentarse aquí a contárselo a todo el mundo cuando ya creía que no tenía nada que contar a nadie, ha sido una gozada. Una gozada que no sé si se repetirá mucho en el futuro, tiene pinta de que no. Un mundo que es mi mundo, sin poder explicar más y un sentido de la propiedad que se multiplica al verte en plena calle Fuencarral, testigo de casi todo lo que tuvo valor en mi adolescencia y mi juventud.

Una enorme experiencia que espero repetir el año que viene... aunque no será tan fácil.

domingo, noviembre 03, 2019

In-Edit Madrid III. David Crosby. Remember my name.


La cara de pillo regordete de David Crosby a través de los años. Esa carita que se esconde sonriente tras George Harrison y Paul McCartney cuando los Beatles iban de gira por Estados Unidos y buscaban compañeros de viaje. Esos mofletes marcados en lo alto del escenario de Monterrey, del escenario de Woodstock. Crosby, pasados muchos años, como entrañable abuelito superviviente en el sofá de su casa: dos infartos, ocho by-pass, un transplante de hígado, miles de adicciones dejadas y retomadas. La pregunta a lo largo del documental viene a ser la misma: "¿Cómo demonios puede este tipo seguir vivo?".

El objetivo de Cameron Crowe es conseguir que Crosby parezca un buen hombre, un hombre afable, divertido, socarrón, valiente, sincero... y sin duda lo consigue. El otro objetivo, más sutil, casi contradictorio, es que nos demos cuenta de que eso es solo una apariencia, que detrás de ese duendecillo se esconde un auténtico demonio. Que no nos podemos fiar de alguien al que sus propios compañeros echaron de los Byrds por su tendencia a la conspiranoia política, alguien que reconoce haberse portado como un miserable con cuantas mujeres entraron en su vida, alguien que nunca supo lidiar con la soledad y el éxito, que se unió a Stills, a Nash y a Young para acabar tarifando públicamente con los tres.

Da la sensación de que la película parte de la convicción de que Crosby morirá pronto y necesitaba un largo epitafio. Demasiada gente esperando una disculpa. En cuanto a su vida, ya sabemos, una auténtica montaña rusa: desde aquel "So you wanna be a rock and roll star?" de mediados de los sesenta al ridículo espantoso del "Silent night" enfrente de Obama y de medio mundo, cuando el exceso de armonía llevó a algo muy parecido a la desafinación. En medio, altos y bajos. Muchas muertes. Algo de amor, supongo. Varios meses en una prisión de Texas. Un problema con su hija Donovan que se menciona pero no se desarrolla en absoluto y con eso está todo dicho: incluso la carta de despedida de Crosby está llena de borrones.

Aun así, reconozco un cierto estremecimiento como cuarentón frente a su pasado. Todos esos momentos, todas esas canciones forman parte de una tradición casi sagrada que apenas nos preocupamos en respetar. Monterrey, Woodstock, Zappa, Crosby, Joplin, Cass... todo aquello sonaba antiguo y ajeno. No sé bien por qué. Tarde o temprano, como bien dice Crowe, habrá que recordarlo.

*

A la media hora de "Ibiza: The Silent Movie", la gente empieza a desfilar en grupos hacia la salida. Puede que pretendan meterse en el pase del documental de Kate Nash o puede que prefieran ver el enésimo empate del Atleti antes que seguir ahí. No les culpo. El volumen, además, está mal graduado y la música retumba por toda la sala de forma desagradable. Vaya primera media hora. Vaya primera hora, de hecho. Lo que prometía ser un repaso a la movida estético-musical de los 60 en la isla se convierte en un aburridísimo desmán histórico con alguna tía en bolas de por medio y algún turgente culete masculino.

Ibiza para dummies. Ibiza explicada a base de emojis.

Uno espera algún material original, algún archivo por explotar, pero son todo recreaciones de fenicios y cartagineses y árabes hasta que a la hora, por fin, aparece Franco jugando al golf con ochenta años. A partir de ahí, la cosa mejora porque a partir de ahí empieza el documental que veníamos a ver. El problema, ya digo, es que empieza más de una hora tarde y sin testimonios, sin intrahistorias, sin datos apenas. Ibiza y sus grandes discotecas cambiaron la escena musical de toda Europa, incluso de todo el mundo, pero no hay apenas nada de ello. Algo de éxtasis y alguna imagen de un abanico Locomía. Mucho Abel Matutes.

Estamos, en definitiva, ante un documental que juega en otra división, que pertenece a otro festival, no a uno tan elaborado. Una película que jamás debió haber sido programada por no cumplir mínimos de interés ni de calidad. No me pongas playas llenas de tías en bolas como si eso fuera Torremolinos. Háblame de la extensión de Pachá, háblame de los DJs y de la música que crearon, háblame incluso de la actualidad más allá de los abusivos precios por todo. Del drama de los médicos y los profesores que no pueden pagarse un alquiler en una isla superpoblada, no solo de los camareros que duermen en cuevas. 

El año pasado, sin ir más lejos, este mismo festival emitió un maravilloso documental sobre Studio 54. Supongo que todos esperábamos algo parecido y no actrices poniendo caras. Menos Walter Benjamin y más David Guetta. 

sábado, noviembre 02, 2019

In-Edit Madrid 2019. II. Suede. The Insatiable Ones


Justo antes de que se apaguen las luces, dos chicos y una chica reflexionan sobre la crisis de los cuarenta y lo difícil que se les está haciendo. Es normal. Casi todos los que escuchábamos a Suede a mediados de los noventa en plena postadolescencia de FIB y Maravillas rondamos ahora mismo esa edad. No sirve de alivio ver en qué ha quedado Brett Anderson, que sigue guapo, elegante, con un marcado aire Bowie, sin duda, pero que no deja de tener 52 años, que se dice pronto. Su "then and now" es tremendo: de flequillo mod, maquillaje y camisetas de tela trasparente a flemático señor inglés de clase alta que se explica desde su mansión.

Otra cosa es Justine Frischmann, que a los 50 recién cumplidos se sigue negando a parecer una señorita, mucho menos una señora. Justine con las piernas recogidas explicando el desastre que era Suede en los primeros años y la frustración que poco a poco se fue filtrando en el grupo ante la falta de oportunidades. Para entender la relación entre Justine y Brett, para entender en general todo lo que son estos primeros años de Suede intentando hacerse un sitio entre tanto aspirante a "Cool Britannia" -como dice Ricky Gervais, manager ocasional del grupo antes de la explosión, "el Brit Pop viene a ser algo así como Noel Gallagher y Tony Blair dándose un apretón de manos"-, ya tenemos el magnífico "Mañanas negras como el carbón" de la Editorial Contra.

Lo que sí hace este documental es recordarnos qué buenísimos eran Suede en sus primeros años de euforia. Qué enorme compositor era Anderson y qué bien supo rodearse hasta que la autodestrucción y las drogas pudieron con él y con todo lo que le rodeaba. Qué buenísimo era el primer disco y qué bien hicimos Dani y yo en escuchar mil veces aquel "Coming up" que compramos juntos en Madrid Rock las navidades de 1996. Los años de la euforia. El grupo de "Pantomime Horse", el del "Sweet FA to do today" impregnado del espíritu "So young" para culminar en obras maestras como "Trash", "The beautiful ones", "Saturday night" o la menos conocida "Picnic by the motorway".

A partir de ahí, ya digo, la debacle. Enfermedades y adicciones. Amistades rotas. Creo que el tiempo no ha hecho justicia con Suede y que está bien que Anderson lleve tres años haciendo todo lo posible por mantener viva la llama. Se le nota atormentado, arrepentido, en una continua disculpa que le cuesta más expresar en voz alta que por escrito. Tal vez esta parte de aceptación es la que más larga se hace porque a nadie le gusta ver un cadáver descomponiéndose. Dos horas de documental son muchas y también la parte del "Dog Man Star" podría acortarse un poco, pero entonces supongo que no se podría contar todo lo que quieren contar sobre Bernard Butler, que igual tampoco hacía falta extenderse tanto. Choca la falta casi absoluta de referencia al entorno cuando el entorno estaba arrasando en medio mundo. Ni una mención a Oasis, ni una mención a Blur -solo aparece un tal "Damon" en boca de Frischmann- ni una mención a Pulp, Supergrass, Echobelly o siquiera Elastica. Salen los Auteurs, eso sí.

Una cierta autocomplacencia, todo hay que decirlo. Suede era un grupo especial y era un grupo muy bueno, pero si acabaron juntando un minuto de "lalalalás" en uno de sus singles más famosos no fue por casualidad. Igual convendría haberlo aclarado.

*

Cuando acaba el documental sobre Michael Hutchence nadie aplaude en la sala y es difícil entender por qué. Es una película hermosa y dura, retrato perfecto de un personaje constantemente perdido. No hay nada en Hutchence de la arrogante estrella del rock novio de supermodelos. Lo que vemos es un chico con sonrisa tímida, con voz nerviosa y con unas ganas terribles de impresionar a los demás con sus supuestos conocimientos intelectuales. Cocteau y Camus. Se hace poco hincapié en la trayectoria musical de INXS pero creo que eso es un acierto porque con saber que eran de esas bandas que se medían con U2 en los ochenta y primeros noventa, creo que basta. Como mucho, eché de menos "New sensation" y sobre todo, la magnífica "Suicide blonde", pero eso habría sido rizar el rizo.

Además, el documental no lleva el nombre de INXS en ningún lado sino el de Hutchence y en ese sentido el material es impresionante: vídeos privados del cantante, de su familia, de Kylie Minogue, de Helena Christensen... y siempre, siempre, ya digo, la misma media sonrisa, entre pícara y resignada, del que no sabe si debe molestar o no. Aunque se explica a la perfección el cambio de carácter de Hutchence tras su incidente con un taxista en Copenhague, no se entra a degüello en las consecuencias de su depresión y su caída en las drogas junto a su última pareja, la presentadora Paula Yates.

El gran momento del documental, el que hace que todo cobre sentido, es cuando sale a entregar el premio a mejor vídeo en los Brits y tras leer el nombre de Oasis, levanta el puño en señal de alegría, de pertenencia, de "hey, estos son los míos"... todo para que Noel le despache con un despiadado "the have-beens should not be giving awards to the gonna-be´s" que le deja humillado delante de medio mundo de la música y le recuerda que a sus 36 años -sí, solo 36- no es más que una reliquia del pasado.

Y a partir de ahí, la cuesta abajo. Aquí el documental, ya digo, es un poco tramposo, porque parece aceptar que lo que vivieron Yates y Hutchence fue una caza de brujas por parte de Bob Geldof y el "establishment" de la prensa y las élites británicas. No, a ver, puede que Geldof estuviera dolido por la pérdida de su mujer a manos del gran sex symbol de su generación -o más bien la siguiente-, pero los datos son los que son: Yates y Hutchence eran unos drogadictos, no estaban capacitados para cuidar a su propia hija y menos aún a las dos que compartían Yates y Geldof y sus continuos estados depresivos fueron la única razón por la que el cantante de INXS apareció colgado en su habitación de hotel con 37 años mientras su pareja le sobrevivía solo tres años más antes de morir de una sobredosis.

De hecho, fue Geldof el que, sin necesidad alguna, recogió a la pequeña Tiger Lily Hutchence, le dio un hogar junto a sus hermanas de madre e incluso la adoptó legalmente para darle su apellido y parte de los derechos a su extensa fortuna. Esa parte, curiosamente, no se menciona. Tal vez la familia de Geldof estuviera entre el público y por eso le negaron el aplauso. Incluso en ese caso, habría sido algo mezquino.



viernes, noviembre 01, 2019

In-Edit Madrid 2019. I. David Bowie. Finding fame.


El documental acaba por todo lo alto, es decir, por "Rebel rebel, you´ve torn your dress / Rebel rebel, your face is a mess". Es una canción que encaja con el ambiente juvenil del público y con lo que uno encuentra al salir del cine, noche de jueves que es viernes en las cercanías del barrio de Malasaña. La tensión de las altas expectativas. Tres chicos cruzan por en medio de la calle Olid con sus disfraces blancos de soldados del Imperio. Para ser una felicidad supuestamente impostada, todo el mundo se toma Halloween en serio, como niños de cinco años en una guardería.

Durante toda la película de Bowie, no puedo evitar acordarme de Patricio. La misma elegancia, la misma sonrisa, la misma belleza, el mismo erguirse orgulloso ante la incomprensión ajena. Las mismas dudas, supongo. Años y años paseándose por clubes con canciones que la gente no sabe si son de broma o pretenden ser serias. Laughing gnomes. Hay algo que llama la atención en las declaraciones del propio Bowie, las del chico que a mediados de los sesenta competía sin éxito alguno con los Beatles y las de la estrella que muchos años después contemplaba la batalla desde lo alto del castillo: todas las frases acaban irremediablemente con una risa forzada.

Lo curioso de su caso es que siempre pasará a la historia como Ziggy Stardust y esos dos-tres años de éxitos continuos. El rey del glam. Qué poco glam había en Bowie y cómo supo adaptarse. Hacerse feo en una década ominosa. De 1963 a 1971 fue un irónico caballero inglés que en cierto modo quería ser Roger Daltrey o Ray Davies. De 1974 en adelante, volvió a la misma pose, la que recordaba aquel chico de la línea 4 del metro que tocaba "Space Oddity" a la guitarra vestido como un dandy y ni siquiera nos pedía dinero luego. No es el documental de Francis Whitely un documental sobre la fama, como su nombre parece indicar sino más bien sobre la resistencia al fracaso. No sé si es exactamente lo mismo. Sobre chicos que conocen bailarinas en el "Swinging London" y se enamoran y luego se dan cuenta de que si pueden pasar por eso, pueden pasar por todo.

*

Sinceramente, "A dog called money", sobre la grabación del disco de Polly Jean Harvey tiene todo para que no me guste. Y, sin embargo, no me desagrada. Harvey con su cuadernito y su cabeza tapada en Afganistán, en Siria, en Kosovo... Harvey como la única blanca en los prospects de Washington D.C., invitada extraña a misas gospels y a performances de predicadores de la palabra de Jesucristo. Ella misma resume la situación en una frase, mientras investiga en un edificio derruído de la antigua Yugoslavia: "Estoy pisando sus cosas con mis sandalias caras". Un punto innegable de impostura.

Esas imágenes se mezclan con las de la propia grabación del disco, con Polly siempre de negro, poniendo música a sus pensamientos. Una combinación que no suele funcionar. Un realismo extremo que choca con la idea misma del pop. El pequeño estudio en el que se amontonan músicos e instrumentos vigilados desde fuera por un público que no acabamos de saber nunca qué hace ahí exactamente. No soy yo un experto en la música de P. J. Harvey. Una vez estuve en un concierto suyo en un festival que ya no existe y otra vez me enamoré de una chica que siempre la llamaba por su nombre compuesto. Poco más.

Y sin embargo basta. Ni me vuelve loco el disco ni me vuelve loco el coqueteo con la miseria y el horror, pero juntos, de alguna manera, funcionan y queda un documental ágil, interesante, en el que tampoco ves el momento de salirte así que te quedas hasta que dan las once y cuarto y entonces, ya sí, a la calle mojada por la lluvia repentina, vacía como si se estuviera jugando un partido de la máxima en cada bar, en cada pub de la calle Cardenal Cisneros. Un jueves que es viernes, como decía antes. El sábado tendrá que repetirse dos veces.

martes, octubre 22, 2019

Here comes the sun



En mi boda se cantó una canción de Love of Lesbian y dos de los Beatles. Una -"All you need is love"- tuvo como único objeto plagiar la escena de "Love, actually" que tantas veces había repasado en mis clases de la Fundación Updea. La otra -"Here comes the sun"- tiene que ver con el vídeo que encabeza esta entrada, un vídeo precioso, un lugar ideal para perderse. La elegimos justo para la entrada de la novia, el sol que por fin llegaba y derretía el hielo.

De esa canción me gusta incluso la historia que hay detrás: George Harrison dirigiéndose a la enésima reunión en Apple para discutir si Allen Klein o Lee Eastman o Neil Aspinall y en el último momento decidiéndose por Eric Clapton, por la finca de Eric Clapton y su jardín donde coger una guitarra frente al sol y tararear unos acordes que acabarían convirtiéndose en una de las canciones más populares de la historia. George Harrison como fugitivo y el placer verdadero de la huída. Lo decía ayer en la Escuela: no hay momento más feliz en la infancia que cuando te saltas una clase, cuando rompes con las expectativas y las exigencias y enfrentas el sol a los fluorescentes.

Así, también, en cierto modo, en la madurez. Los personajes de mis libros, mi propio personaje cultivado en este blog con tanto esmero, no son fugitivos autodestructivos, no son en ningún caso suicidas ni suicidófilos. Son George Harrison huyendo de las responsabilidades, George Harrison buscando dónde perderse. Hubo un momento en el que creímos encontrarlo, un momento en el que todos prometimos de alguna manera que seríamos el Eric Clapton del otro, pero no lo cumplimos. Ninguno. Y así, aunque la felicidad sería la misma que en la adolescencia si cualquiera de estos días decidiera bajarme del autobús a Alcalá para buscar un jardín donde sentarme a tararear, lo cierto es que cada vez está más difícil encontrarlo ahora que la escarcha vuelve a formarse en cada esquina.

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Buscando viejas entrevistas de John Lennon por Youtube me encuentro con tres auténticas joyas que no había leído en ningún libro. La primera es una entrevista de 1970 o 1971, no lo tengo claro, en la que afirma directamente que los Beatles dejaron de existir como grupo en 1963, cuando empezaron a grabar discos. Que el grupo de verdad, el que merecía la pena, era el que tocaba en directo hasta arriba de anfetaminas y derivados durante horas y horas en los clubes de Hamburgo y Liverpool. El suyo, vaya. Que todo lo demás ya fue decadencia, es decir, Paul McCartney y George Martin, aunque no los mencione.

La otra es una entrevista no fechada en la que pone de vuelta y media a Pete Best, no sé por qué. Al no haber contexto tengo que entender que el ex-batería habría salido a los medios a quejarse por algo. "Era un vago y un incompetente", afirma Lennon, que de paso le echa un capote a Paul... "y desde luego no le echamos porque Paul estuviera celoso de lo guapo que era, para empezar nunca lo quise en la banda".

La tercera es una conversación en directo con George Harrison en algún programa de radio. Debe de ser de los años del "lost weekend" porque Harrison se burla de las pintas de las nuevas estrellas glam-rock rollo Bowie y Elton John pero Lennon les defiende. Es una gozada oírlos hablar a los dos de música, George con esa dicción lenta, casi silábica, mántrica, y John a fogonazos, como siempre. Cómo demonios consiguieron no coincidir los cuatro en una sola habitación durante diez años sigue siendo un misterio.

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"Baker Street" suena en un hilo musical y se queda ya en la cabeza hasta el punto de que me paso medio viaje en autobús escuchándola una y otra vez en los cascos. Es una canción que me encantaba en la infancia, incluso en la preadolescencia, una canción triste, de botas mojadas y conciencia de que no habrá segundos actos. Una canción de esperanzas condenadas a la frustración -"One more year and then you´d be happy... just one more year and then you´d be happy". Una canción que estremece y a la que quizá, es verdad, le sobra algo de estruendo en ese saxofón que precisamente la aupó a la cultura popular a finales de los setenta y durante casi toda la década de los ochenta.

Lo que no sé es por qué desapareció de la rueda actual de canciones nostálgicas de las radiofórmulas para cuarentones. O desapareció o la escondieron muy bien, vaya. Es una canción espectacular, propia de un autor espectacular. Posiblemente la otra gran canción de Gerry Rafferty sea el "Stuck in the middle with you" que bailaba Michael Madsen en "Reservoir Dogs" mientras le rebanaba la oreja a un policía. Alegría desbordada. El alfa y el omega. De "Baker Street" me gusta hasta el nombre aunque, ya puestos, yo le pondría "Marylebone Road" y la ambientaría en enero de 2003 por razones que no vienen al caso.

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Puede que lo peor haya pasado para Sánchez. Sin ser ni mucho menos santo de mi devoción, es cierto que le he acabado cogiendo la simpatía del muñeco de feria. A algunos les pasaba con Rajoy o incluso con Isa Díaz-Ayuso. A Sánchez le llevan insultando todos desde hace años, pero la pasada semana consiguió que le criticaran por una cosa y su contraria sin piedad alguna: mientras determinada izquierda y los independentistas le acusaban de parapetarse tras una policía exageradamente violenta y negarse al diálogo, la derecha más rancia insistía en que la respuesta de las fuerzas de seguridad había sido insultantemente tibia debido a los "acuerdos" que Sánchez mantenía con los independentistas para mantenerse en el poder.

Todos estos ataques le ayudaron en abril por el ya explicado "Efecto Gran Hermano" pero no sé si le va a servir en noviembre porque la gente también se cansa de los perritos tristes. Parece haber cierto consenso en que el presidente ha estado demasiado ausente estos días. No sé si es verdad o si es una percepción injusta pero ahí está y ha calado. A menudo, desde luego, no se le notó paciente y equilibrado sino directamente desbordado por los acontecimientos.

Tal vez haya llegado el momento de dar un puñetazo en la mesa. Tal vez haya llegado el momento de decirle a la derecha que tanto orden promete y exige que fue a ellos a quienes les convocaron dos referéndums ilegales mientras hacinaban guardias civiles en un barco decorado con dibujos de Piolín, fue a ellos a quienes les declararon la independencia en la cara, fue a ellos a quienes se les fugaron la mitad de los acusados por la Audiencia Nacional y que solo aplicaron el famoso 155 cuando tuvieron claro que el PSOE de Sánchez les iba a apoyar.

Hacer un "puto amo" en rueda de prensa y quedarse a gusto. Sus votantes lo agradecerían tanto como agradecieron  los seguidores del Barcelona la explosión de Guardiola.

miércoles, octubre 16, 2019

Joker


La sensación es parecida pero a la vez distinta, lo que me hace difícil explicarla al detalle. No es un vértigo puro y duro, a lo Meniere, porque no acabo en el suelo esperando a que el mundo deje de dar vueltas en círculo. Por otro lado, es algo más que un mareo, es un corazón disparado y un sudor horrible y la sensación de que tu cuerpo ya no te pertenece y que se está yendo a algún lado. No ya al suelo como destino sino al suelo como recurso, como punto de estabilidad dentro del desequilibrio. Cerrar los ojos, agarrarse a la Chica Diploma y respirar lo más tranquilamente posible hasta, de alguna manera, recuperar el control de uno mismo.

Un control que, por otro lado, quizá se perdió hace demasiado tiempo.

Así que ahí me quedo, recostado en las escaleras de un garaje mientras mi hijo me da besos y me pregunta si eso de los mareos es solo cosa de papás -lo que ha visto no le ha gustado, aunque tampoco elaborará demasiado sobre el tema en las horas posteriores- y mi mujer me coge la mano helada y poco a poco me va levantando, la vida de nuevo en orden, todo en vertical y horizontal. El aturdimiento, eso sí, aún presente, una mezcla de agarrotamiento, pánico y arritmia que me acompaña hasta el ambulatorio donde la médico no ve nada especialmente grave pero de todos modos me da la baja porque estoy hecho un trapo.

Yo, cuando me preguntan, digo que es ansiedad y que la ansiedad no avisa. Lo que no sé muy bien es qué estoy diciendo porque no sé muy bien qué es exactamente eso de la ansiedad ni cómo se puede uno pasar más de veinte años con "ansiedad crónica" como se los pasa con "prostatitis crónica" o con dolores crónicos de vesícula e hígado sin que ninguna prueba detecte nada más allá de los síntomas. Un saco de síntomas, eso es lo que soy. Síntomas y pastillas, claro. Y, de vez en cuando, derrumbamientos aleatorios.

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El viernes vamos a ver "Joker" a los Verdi. Nos gusta pero no nos entusiasma. A la Chica Diploma le resulta lenta, al menos el principio, y a mí me parece demasiado obvia, una mezcla de "Taxi driver" y "V de Vendetta" pasada por "El club de la lucha" que no veo que supere a ninguna de las tres por separado y con un guion muy endeble en ocasiones. Un enorme fuck the system que no va mucho más allá del grito.

Otra cosa es lo de Joaquin Phoenix y siento ser reiterativo. Es un espectáculo y no lo es en un solo registro. A través del personaje de Phoenix, además, descubrimos lo realmente interesante de la película, que es el drama de la enfermedad mental y su trato social. La imposibilidad de saber por qué alguien ríe o llora compulsivamente. El desafío del otro. Phoenix sabe ser un apocado hijo único, un entregado cuidador, un hombre que intenta encajar como puede -es decir, mal- en su entorno, un payaso que entretiene niños, un psicópata con todas las letras y un alegre bailarín casi nietzscheano con tintes, esta vez, de "La naranja mecánica".

Todo eso es Phoenix y todo eso es "Joker", que no es poco. De ahí a la obra maestra va todavía un trecho, pero esa es sola mi opinión y no deja de ser la opinión de alguien que se bambolea como un péndulo al menor inconveniente. Un enfermo mental, hasta cierto punto. Tómenla con precaución.

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Aperitivo con Víctor Alfaro en un bar grasiento a la salida del intercambiador de Avenida de América. Me anima a que escriba y yo le digo que prefiero dormir, así, en general. Me dice que en ese caso me ponga el puto despertador a alguna hora y que después de esa hora... escriba. Que acabe lo que empecé en Fuerteventura, que no deje cosas a medias, que "better done than perfect" y que piense en lo orgullosos que estarán mis hijos en el futuro. Tiene razón en todo, but then again. El resto de la charla es una delicia en la que queda bien claro que la gran diferencia entre Víctor y yo es que él es mucho mejor persona. Nos conocimos en 2006, puede que 2007, y ahí seguimos. Tengo la sensación de que él me admira por algo que no sé qué es. Yo le admiro por algo que tiene que ver con su tranquilidad, su sonrisa y su facilidad para que todo el mundo se sienta en casa a su lado.

viernes, octubre 11, 2019

Una semana en el motor de un autobús


La última vez que vi a D. -o más bien la última vez que él me vio a mí- rebosaba cocaína. Era 2011, una catarata de excesos. Estábamos con una chica preciosa, rumbo a un piano-bar y la situación se volvió un poco tensa porque la cocaína es lo que tiene. D. empezó a ponerse algo pesado, la chica algo incómoda y a mí me entró un ataque de pánico. El ambiente era horrible en aquel sitio: un montón de borrachos decadente conscientes de su decadencia y orgullosos de ella. De vez en cuando, algún grupo de postadolescentes a punto de echarles cacahuetes.

Las noches con D. eran así y de todos modos le queríamos. Era un tipo carismático, inagotable, de una energía sin fin. Una vez me llamó a las doce o la una de la madrugada para invitarme a una fiesta que iba a acabar en orgía. Yo estaba besándome con una actriz en algún lugar de Chueca y aun así fui porque nunca había estado en una fiesta-orgía y ni siquiera la culpabilidad -me sentía demasiado viejo a mis 33 años- conseguía frenar la euforia. Sospecho que a la actriz le sentó mal porque nuestra amistad se vino abajo en los meses posteriores. Ella acabó en otra cama. Yo me pasé dos horas esperando señales de D. que no llegaron nunca. Un tipo se paseaba con una copa en la mano y un disfraz de enfermero, puede que cirujano.

Ocho años después le mandé un mensaje para ver qué tal estaba. No contestó. Me pareció raro pero no quise averiguar más. Aquellas noches tenían que tener consecuencias y yo pensé que todo estaba bajo control pero probablemente no lo estuviera. Nos divertimos, eso seguro. Presumí mil veces de no esconder cadáveres en los armarios pero puede que no fuera del todo cierto. Ahora debería de dar igual pero hay cosas que nunca dejan de importarle a uno. Los mensajes sin respuesta, por ejemplo. Me hacen sentir como Peter Lorre en Casablanca, cuando Rick le dice aquello de "I´d despise you if I gave you any thought", que por otro lado es una frase buenísima.

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La colección de Lengua de Trapo sobre grandes discos de las últimas décadas es deliciosa. No sé si sigue en pie, supongo que no. Es una pena. Es ese tipo de colección que se sostiene incluso sin saber de qué están hablando. Creo que no he escuchado ninguno de los discos de los que trata: ni Los Planetas ni Enrique Morente ni Alaska. Cosas sueltas de Mecano y de Nacho Vegas. La crónica de "Una semana en el motor de un autobús", de Nando Cruz, es magnífica. Sabe contarlo todo sin caer en moralismos ni sensacionalismos baratos. La tensión entre la independencia y el mercado, entre la responsabilidad y el abismo, entre la creación como medio y como fin.

No siente especial fascinación por ninguno de sus personajes pero tampoco pretende bajar a nadie de ningún pedestal. En todo momento resulta creíble, incluso las partes que el propio autor reconoce no tener demasiado claras. Puede que el nicho sea muy estrecho y que quepamos pocos, pero creo que habría que reflotar un proyecto así, de lo más valiente y verdaderamente innovador que se ha hecho en la industria literaria española en mucho tiempo. Desconozco si es posible. De nuevo, supongo que no. Pero sería bonito, caramba.

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Luego hay otros malos rollos que son casi instintivos, como entrar en el colegio y de alguna manera sentirte observado o ninguneado y eso solo pueden ser prejuicios de tardoasaltante al Palacio de Invierno. El constante "yo no soy como vosotros" pero ahora vivido desde un cierto desamparo, desde un "y qué miedo me da" en demasiados sentidos. Peter Lorre, de nuevo, supongo, pero un Peter Lorre ya directamente paranoico, muy pasado, borracho y sentimental en la barra de un bar de Marruecos, esperando a que alguien vuelva de 2011 y le rescate. Un despropósito.

martes, octubre 08, 2019

Algo supuestamente divertido que no volveré a hacer


Cuando vuelvo a casa me meto en la cama. No tanto porque en la cama esté a gusto sino porque en la cama estoy a salvo. Quien haya pasado por eso, sabrá de lo que le hablo. Son poco más de las nueve de la mañana y ha sido una noche complicada, de dolor de estómago, náuseas y niño agitado. Tengo sueño pero no solo es sueño, es otra cosa, no sé muy bien el qué. Al poco, ya en duermevela, empieza a sonar algo que puede ser una trompeta pero también un clarinete y que viene de una ventana del patio interior. Es un sonido que nos ha acompañado desde el primer día en esta casa pero que llevaba dos o tres años ausente.

Al principio, resulta hasta agradable, como vivir en una película de Garci, luego no tanto. Luego es más bien una molestia y una molestia que podría evitarse con solo cerrar la ventana mientras ensaya pero no. Siempre me ha parecido fascinante ese tipo de personalidad y más aún viniendo de un (aspirante a) músico. En cualquier caso, eso no es nada. Al rato, no sé, a las once quizá, empiezan los ruidos del televisor de abajo. Gritos que solo podrían venir de algún debate de Gran Hermano VIP pero que en realidad vienen del programa de Ferreras, que viene a ser lo mismo. Esta mañana, mientras dejábamos al niño en el colegio, Alsina empezó la entrevista con Albert Rivera con una pregunta que venía a decir: "¿No es contradictorio que todos ustedes se estén presentando como garantía del desbloqueo cuando son los responsables del bloqueo?"

Diez minutos después, Rivera seguía contestando.

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Me cuesta leer nada que no trate sobre los Beatles. Por eso, me temo, el libro de Foster Wallace se me hace un poco bola cuando no parece haber ninguna razón objetiva para ello. Tal y como me prometió el librero de Random House en la Feria del Libro es un libro ameno, rápido y entretenido, lejos de grandes pretensiones. Supongo que también influirán en esta digestión pesada mis prejuicios en torno al autor. Siempre me ha costado todo lo que ha escrito -incluyo el ensayo sobre Federer- y no me atrevo a ver en ello un defecto suyo porque el despliegue literario es enorme en cada página. Simplemente, se ve que no es lo que yo estoy buscando.

Por lo demás, las andanzas del escritor-reportero de treinta y pocos años a bordo de un crucero de lujo me recuerdan inevitablemente a mis propias andanzas en un hotel de costa en Sancti Petri. Los dos estuvimos una semana y comimos como animales y sentimos esas sonrisas obligadas y alucinamos ante el despliegue de animación, quizá en mi caso destinada a un público mucho más infantil que en el suyo. Sea como fuere, mientras me reconozco no puedo evitar sentirme ajeno. Yo no podría sacar ciento cincuenta páginas de Cádiz. Me pregunto si en algún momento habría podido y me respondo que sí pero es una respuesta con truco: serían ciento cincuenta páginas muy malas. Un vómito.

Esta mañana, de pasada, he leído la típica declaración de un escritor rollo "yo siempre voy a escribir, hasta que me muera". Tengamos cuidado con lo que prometemos porque llega un momento en el que incluso ese instinto primario acaba desapareciendo y solo encender el ordenador ya empieza a parecer una aventura.

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Al Niño Bonito le pueden las responsabilidades. Si no me pareciera terrible, me provocaría una enorme ternura. Se pone a llorar en la cama y se pone a llorar en el garaje. Por lo que él mismo dice, llora a menudo en clase por motivos un tanto absurdos: siente que no está a la altura y no sabe por qué él mismo se ha puesto el listón tan alto. Tiene cinco años y su mundo está a punto de explotar en mil pedazos y él lo sabe perfectamente. Tan bien como lo sé yo pero sin mis recursos para gestionar las crisis (risas).

Como único remedio, nos tumbamos los dos en la cama y nos contamos. "En el colegio a veces pasan cosas que no quiero que pasen" y no lo tolera. No lo permite. Es flagrantemente injusto que el mundo no se adapte sin más a su voluntad y le deje paso. El otro día me preguntaba si le iría a ver cuando jugara en el Barcelona de mayor, una pregunta sincera, como si necesitara tanto para impresionarme. "Yo te voy a ir a ver siempre, aunque juegues en el parque" y como la madre de Manolo Rodríguez, le llevaré un sandwich en papel albal si hace falta.

No estoy seguro de que lo entendiera.

jueves, octubre 03, 2019

Tres malentendidos sobre Errejón que complican la vida a la izquierda


Una de las razones por las que el partido de Errejón decidió dar el salto a la política nacional fue luchar contra el mantra que dice que la alta abstención perjudica a la izquierda. Su sentido era, pues, movilizar a ese posible electorado abstencionista harto de Sánchez e Iglesias, y así evitar que la derecha sumara 176 escaños por pura dejadez.

En un principio, la decisión fue muy bien acogida por determinados medios de comunicación progresistas y desde luego por el propio PSOE, que dio una cálida bienvenida a su nuevo adversario en la esperanza de que se comiera a Podemos y se convirtiera en socio prioritario para la próxima legislatura. Sin embargo, desde el punto de vista de esa izquierda concreta, creo que se están dando por hechas demasiadas cosas que no están tan claras. Centrémonos de momento en estas tres:

- "Era el momento de que Errejón se presentara, aportará aire fresco". No estoy de acuerdo ni desde el punto de vista personal ni desde el punto de vista del partido. En una sociedad hiperconsumista, un político que lleva en las televisiones cinco años de forma casi ininterrumpida no supone ningún aire fresco. Para algunos será una esperanza pero para otros, claramente, es una decepción. Si lo que quería era entrar cuanto antes en la rueda de grupo parlamentario-subvención-propaganda institucional-posible ministerio... con diez escaños le puede valer, pero a largo plazo la decisión es un error: Errejón no es ahora mismo más que la némesis de Iglesias y sorprendentemente Iglesias sigue aguantando, cosa que no estaba tan clara después del sainete de este verano. De hecho, la presencia de un enemigo de alguna manera "refuerza" al líder de Podemos y moviliza a su electorado. Si Errejón quiere tener algún papel importante en la política nacional debe esperar a que realmente se le vea como un elemento aglutinador y no lo contrario. Eso quizá lo habría conseguido dándose un poco de tiempo y esperando que determinadas aguas se calmaran.

En cuanto a la propia plataforma Más País, no creo que sea su momento. Generalmente, los partidos de una tendencia se consolidan como alternativa cuando el principal representante de esa tendencia está en apuros. Ciudadanos creció en Cataluña cuando PP y PSOE empezaron a desmoronarse, captando buena parte del voto no nacionalista; Podemos fue una expresión de la incapacidad del PSOE de plantar cara a un PP en pleno esplendor, mientras que Vox solo ha triunfado a costa del partido de Casado, condenado a la oposición por una moción de censura "de los enemigos de España". Es muy complicado conseguir un espacio en la izquierda cuando la izquierda es hegemónica y está en el gobierno. Aquí de nuevo, esperar habría sido una excelente opción.

- "La candidatura de Errejón va a significar el fin de Unidas Podemos". Yo también lo pensé en su momento, pero me asombra cómo siguen resistiendo las bases de UP en torno a su líder. Sin duda, el "relato" acerca de lo que pasó durante las negociaciones de gobierno lo han ganado por completo. Muchos votantes de UP irán a Más Madrid por supuesto, pero la mayoría ya se fue en su momento. ¿Y adónde se fue? Al PSOE. Era la única alternativa ante el personalismo exagerado de Iglesias. No era aquel voto al PSOE un voto convencido sino resignado que probablemente vaya de regreso en estas elecciones solo que ahora con dos posibles destinatarios: el propio Iglesias o Errejón.

Más País es una opción muy apetecible para todos aquellos votantes de izquierdas que siguen pensando que el PSOE es demasiado liberal pero a la vez se sienten seguros con Sánchez en el gobierno. Prácticamente lo único que sabemos del partido de Errejón es que no le va a poner muchas pegas al PSOE en una posible investidura, es decir, que determinados votantes pueden votarles tranquilamente sin "mancharse las manos" con el historial del PSOE y a la vez en la seguridad de que estos sí, tarde o temprano, se pondrán de acuerdo. Lo que nos lleva a...

- "Errejón será una pieza clave para la gobernabilidad". Al contrario. Seamos sinceros, ahora mismo solo hay dos escenarios que permitirían la gobernabilidad del país:

1- Un resultado espectacular del PSOE que les acerque a los 140-150 escaños en solitario.

2- Una mayoría absoluta de PP, Ciudadanos y Vox.

La presencia de Errejón descarta ya casi por completo el primer escenario. El PSOE no subirá en las próximas elecciones. Es más, lo más probable es que baje, quedando en una horquilla entre 110 y 120 escaños que hará aún más improbable un gobierno en solitario. Ante tal escenario, la alternativa volverá a ser el gobierno de coalición o de participación o como quieran... solo que ahora, en vez de tener que negociar con un socio potencial, tendrán que hacerlo con dos. Con dos que, además, se odian entre sí. Como mucho, podría ayudar al segundo escenario, pero tampoco lo veo tan apocalíptico. Una bajada potente del PSOE puede poner en peligro su victoria electoral pero la subida del PP tendría que ser tan desmedida que se llevara por delante a Ciudadanos y a Vox. Mientras en Cataluña y el País Vasco sea una fuerza residual, el PP lo tiene muy complicado para sumar mayorías absolutas. Necesita que las tres fuerzas de derecha sumen casi el 60% de los votos fuera de esos territorios. Teniendo en cuenta que acaban de celebrarse unas elecciones municipales y autonómicas que ganó el PSOE con cierta contunencia, me cuesta creer que la cosa haya cambiado tanto.