Sigo convencido -igual que lo estaba en noviembre de 2005- que algún día Raúl Rojas será uno de los grandes, de los enormes de este país y entonces podré fardar a gusto de los abrazos, los besos, las llamadas de teléfono y las dedicatorias entre canción y canción en el Búho Real.
Sigo convencido, además, de que no será el único.