¿Saben? Cuando se me mete una canción en la cabeza -una buena canción- de manera obsesiva y repetitiva, no hago ningún esfuerzo por echarla de ahí a patadas -cosa que, desgraciadamente, me pasa también con las personas, aunque no sean necesariamente "buenas", merde alors- sino que me regocijo en ello, retrocedo constantemente en el iPod hasta encontrarla de nuevo, me aprendo la letra, me aprendo la pose y la hago banda sonora de mi vida hasta que el hechizo acaba.
Que puede ser en cualquier momento.
Y ahora la cosa va por aquí (perdonen el sonido de esta versión, pero la buena ya la pueden encontrar en el disco):
«Pues aquí dormimos con una mantita», dice un señor embutido en un
congelador
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En plena ola de calor, siempre hay quien disfruta dando envidia a los demás
presumiendo de dormir con una manta. Es el caso de Gerardo Caño, que pese a
viv...
Hace 18 horas

