
Lo primero, si alguien quiere cifras, no las va a encontrar. No las tengo. Ni sé en qué librerías se vende, ni sé si se vende, ni sé cuánto se ha vendido. A modo de indicación, diré que se sigue vendiendo en la página de la editorial, que supongo que se puede pedir en la Casa del Libro y que he dejado unos pocos ejemplares en el Viejo Café Colonial, el bar donde se desarrolla la mayor parte de la acción y que está en la calle Ruiz, semiesquina con Manuela Malasaña.
Supongo que la primera edición debe de estar a punto de agotarse.
Pero no quería hablar de cifras sino de sensaciones. La acogida del libro está siendo sorprendente. Esa es la palabra: yo sabía que había escrito un libro decente y que ya como blog había funcionado bien, pero tantos elogios... en fin, no estoy acostumbrado, simplemente es eso. Desde Lichis y Joaquín Sabina a las chicas del taller, pasando, por supuesto, por familia y amigos, pero también por amigos desconocidos de estos amigos.
El libro engancha justo en la parte en la que yo tenía más dudas. La parte más incomprensible y enloquecida. Quizás engancha precisamente por eso. La gente me dice que subraya frases y es que es verdad, al igual que "Héroes" -pero, insisto, peor que "Héroes"- es un libro de frases.
Todo esto me llena de orgullo y me parece que deja el listón alto para el siguiente proyecto, que sigue siendo "Gente rara", pero que no creo que vaya a estar acabado antes de 2009. Si todo sale como yo quiero y consigo escribir lo que tengo pensado, será un gran libro. Quizás no tan comercial como "Cuando las cosas..." pero sí mejor literatura.
De momento, y hasta entonces, gracias.