Andrea Trepat (1986), ilerdense de nacimiento, barcelonesa de adopción y madrileña de nuevo cuño, es la nueva gran revelación en el mundo del cortometraje gracias a su actuación en “Morir cada día”, la película de Aitor Echevarría, que le ha proporcionado multitud de premios y ha supuesto un paso adelante en su carrera con el que cualquier actriz joven soñaría.
Pues depende del día. Hay muchos días que te da mucha energía y más fuerza y otros días que piensas: “Ahora todo el mundo espera que lo haga tan bien…”. En el fondo, esto también me anima porque si ya lo he hecho bien antes, quiere decir que lo puedo hacer otra vez en el futuro.
La vocación y las ganas que te transmite el director de contar historias.
Sí, eso es verdad y tiene que ver con la crisis, los medios de comunicación… Hay una parte positiva que es Internet, las redes sociales… Por ejemplo, yo con un iPhone puedo grabar un corto buenísimo que casi no me cuesta nada y lo ve todo el mundo. Pero también hay una parte mala: si tu futuro como actriz lo valoras en términos de profesión, que es lo que es, resulta frustrante. A ver, yo espero seguir haciendo cortos toda mi vida, aunque sea gratis, pero también espero poder ganarme la vida con otras actuaciones remuneradas.
La clave fue las ganas que tenía Aitor (Echevarría), el director, de contar esa historia. Todo lo que puso ahí para contar esa historia de esa familia, con ese guión tan específico, tan medido… Sabía muy bien lo que quería contar.
Aitor puso especial atención a la contención del personaje… por ejemplo no me dejaba llorar (risas). Decía “corta” y entonces salía todo pero en cámara no, todo tenía que ser contención y el entender hasta qué punto puede mi personaje seguir en esa mesa y seguir comiendo como si no hubiera ocurrido nada. Entender esa fuerza que le permite sacar lo que lleva dentro y después guardárselo.
(Sonrisa enorme) Felicidad. Donde tengo que estar. No puedo estar en un sitio mejor. Es fuerte, ¿eh? (Risas)
“Un casting es…”
(Menos sonrisas) Un puente necesario, obligatorio… ¡qué remedio!
(Menos sonrisas) Un puente necesario, obligatorio… ¡qué remedio!
Estoy aprendiendo a aceptar la exposición como actriz y cada vez –cada mes, cada año…- lo estoy viviendo con más seguridad, con más bagaje y con más confianza en mí misma, porque si no te tambaleas. Estoy aprendiendo a impedir que eso haga que dude o que no me muestre firme. Les guste más o menos, me elijan o no, tengo que seguir adelante.
La verdad es que han surgido cosas interesantes pero no se han acabado de rodar nunca. Rodé un piloto para una serie que se llamaba “Raval”, para TV3 y también trabajé en “Ermessenda”, una tv movie, protagonizada por Laia Marull. ¡Yo me casaba con su nieto! No sé, no ha surgido nada mejor, pero surgirá, estoy segura.
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