domingo, febrero 05, 2012

Barcelona 2- Real Sociedad 1



Con la mente puesta en el vital partido del miércoles ante el Valencia, el cuarto título de la temporada a solo dos encuentros de distancia, y la presión de un Real Madrid que ha ganado 16 de sus últimos 17 partidos, Guardiola presentó un equipo plagado de los suplentes de los que dispone, es decir, de los suplentes de los suplentes. Con buena parte de la plantilla lesionada o con molestias –Villa, Pedro, Alexis, Iniesta, Xavi…- parecía lógico que el entrenador blaugrana apostara por los menos habituales y reservara lo que le queda para la batalla de Copa.

La apuesta no salió mal. Pese al resultado, pese a la evidente zozobra a partir del 2-1 de Vela y la espeluznante lesión de Busquets, lo cierto es que el Barça jugó un excelente partido con difícil explicación para tanto fallo de cara a puerta. El que mejor resumió la actuación barcelonista fue Leo Messi: el argentino jugó un partido soberbio, participativo en el medio campo, moviendo el balón de izquierda a derecha y siendo capaz de rematar varias veces los envíos de sus compañeros.

Añadan a eso la asistencia a Tello para el primer gol y el segundo tanto, el que parecía sentenciar el partido.
¿Cómo es posible que Messi no acabara con tres o cuatro goles con tanto uno para uno? Parte del mérito es del portero, por supuesto, y parte depende de centímetros. Los que generalmente le ayudan, este sábado le distanciaron del gol, igual que le sucedió a Cesc –un nuevo palo y varios disparos francos errados- o al propio Tello, al que le anularon un gol solo por la inmensa torpeza de Alves de ponerse en medio de la trayectoria de la pelota en la misma línea de gol cuando el balón ya entraba.

Para el minuto 75 de partido, el Barcelona ganaba 2-0 pero merecía ganar 5-0 o 6-0. Eso en un día horrible, ante un equipo necesitado y con los Dos Santos, Cuenca, Tello y compañía de titulares, tres días después de jugar un partido clave en Valencia me parece muestra de buena recuperación y buen rendimiento. Nada que reprochar al equipo salvo, insisto, su incomprensible falta de acierto cara al gol. Por supuesto, la ausencia de delanteros en un equipo concebido solo para el medio campo puede explicar algunos errores, pero otros son simplemente una desgracia, no se puede explicar de otra manera.

Sin embargo, en un minuto todo cambió: la Real Sociedad había llegado con peligro solo en el minuto 4, en un mano a mano de Griezmann con Valdés. 70 minutos después se encontró con un regalo inocente en la salida de balón del Barcelona que acabó en un pase vertical a Vela, una pésima salida de Valdés y un 2-1 que congeló aún más los ánimos de los jugadores blaugranas. Si ya contaban con un partido fácil en el que reservar energías, de repente se encontraban ante el fantasma de la ida, cuando la Real empató en apenas dos minutos los dos goles de ventaja del Barça.

A eso hay que sumarle una nueva desgracia: en un balón dividido y sin ninguna mala intención, Busquets recibió un planchazo en la tibia de muy mala pinta: si todo se queda en una herida superficial muy dolorosa con baja de unas semanas, ya será un gran problema en una plantilla pésimamente diseñada. Si la lesión llega al hueso, probablemente el centrocampista tendrá que decir adiós a la temporada. Una desgracia porque, como bien insiste Guardiola cada vez que tiene ocasión, Busquets es probablemente el mejor medio centro del mundo.

Conmocionado por la lesión de Busquets y presa del pánico, el Barcelona salvó los últimos 15 minutos de partido como los salvó ante el Real Madrid hace diez días: con balonazos intempestivos, una distancia increíble entre líneas, ausencia total del medio del campo y el control del balón… Eso es un ataque de ansiedad y lo demás son tonterías. Tuvo suerte al encontrarse a una Real bastante timorata, que aun así provocó agobios con faltas lejanas bombeadas.

El partido tuvo una emoción que no merecía y dejó una imagen del Barcelona probablemente injusta: la de un equipo superado por las circunstancias. Es una pena porque el de este sábado fue probablemente el mejor del Barça en el último mes, pero el resultado manda y la impresión que cuenta en fútbol nunca es la primera sino la última: los jugadores perdiendo tiempo para lanzar una falta y Guardiola pidiendo al árbitro que pitara el final. Bien hará el Barça en hacer balance de la temporada y quitarse de encima los miedos: no, probablemente no gane la liga, pero ya ha ganado tres trofeos, le quedan dos partidos para el cuarto y nada hace pensar que no pueda eliminar al Bayer Leverkusen y plantarse en cuartos de final de la Champions League.

Si en esos cuartos de final están disponibles Pedro, Alexis, Iniesta, Xavi y Busquets, cualquier cosa es posible. Si no, quedan los 13 títulos en cuatro años. Qué mejor ansiolítico que ese.