La respuesta de Zapatero ante la muerte de varios soldados españoles en el Líbano ha sido decepcionante. Esperable, pero decepcionante. No me refiero a la imprevisión -siempre es fácil y mezquino culpar a posteriori- sino al diagnóstico: "Murieron defendiendo la paz". Lo de este hombre con la palabra "paz" es empalagoso e irreal. Murieron porque había una guerra. Se les envió porque había una guerra.
Si ganar una guerra es lo que Zapatero entiende por paz estamos de acuerdo. Nosotros y todos los historiadores desde Herodoto. Si lo que pretende Zapatero es obviar la guerra -el concepto y la realidad- por todos los medios, como si fuera un perro que ladra en el jardín de al lado, se equivoca.
Yo tengo la certeza de que esa es su pretensión: Zapatero es un voluntarista, un hombre que no entiende la realidad, que no es capaz de concebir el mal, un hombre que de repente descubre que el mundo no gira a su alrededor y que sigue habiendo ETA pese a él, que sigue habiendo muertos pese a él, que sigue habiendo guerras pese a él... que él no es un Mesías, en definitiva.
Y no puede soportarlo.
Porque él está convencido de que con leer "El País" y hacerse una idea de lo que es el mundo aproximada, ya se soluciona todo. Dialoguemos y aliémonos. Con quien sea, donde sea, defiendan lo que sea. Voluntarismo, ya lo he dicho. Y cuando las cosas salen mal, escondites y balbuceos.
Un tipo peligroso, en definitiva. En el poder, muy peligroso. Tiene que ordenar una realidad que no comprende, que nunca va a comprender, que no es más que una ilusión y un entusiasmo. Un recuerdo. Huyamos del presente.
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