El socio madridista enfocó en el Ser Superior toda su ira y decidió acabar con todos los residuos de su política megalómana. El nuevo presidente -directivo de la misma junta que adoraba al tal Pérez- decidió recurrir a la demagogia y captar el espíritu del tiempo: se presentó como un trabajador que se limitaría a cumplir órdenes y nunca darlas.
Como resultado, el madridismo no sólo no ha eliminado el problema -el entrenador se ha convertido en un nuevo Ser Superior infalible- sino que además ha perdido su propia capacidad de decisión, pues ¿cómo culpar a un presidente que reconoce que no toma decisiones?
Otoño tropical
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Llegué a Río un 21 de marzo, el día en que empezaba el otoño tropical. En
el taxi del aeropuerto de Galeão al hotel de Copacabana la radio hablaba de
"la e...
Hace 5 días

