A estas alturas resulta evidente que desconfío de mí. Dentro de poco lo que es una preocupación derivará en una obsesión y esa será mi capacidad para escribir mi siguiente libro.
Hay algo que temo por encima de todas las cosas: que sienta la necesidad de agradar (agentes, editores, prologuistas...) por delante de la necesidad de contar lo que quiero contar y a mi manera.
Es decir, que al talento le abandone por completo el valor. Me ataré como Ulises al mástil de mi procesador de textos y evitaré cualquier concesión. Antes era más divertido: no había expectativas. "Gente rara" tiene que ser un libro raro o no ser en absoluto. Le moleste a quien le moleste.
Otoño tropical
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Llegué a Río un 21 de marzo, el día en que empezaba el otoño tropical. En
el taxi del aeropuerto de Galeão al hotel de Copacabana la radio hablaba de
"la e...
Hace 5 días

