lunes, septiembre 10, 2007

Las doce vidas de Roger Federer


Federer reconoció estar nervioso antes del partido, haber pasado dos semanas y media horrorosas: "Todo el mundo esperaba que ganara". Y Federer no está para excesos, no lo ha estado en todo el año. Ha perdido contra rivales improbables, ha jugado muchos menos torneos y los que ha ganado, los ha ganado a la heroica.

Pero al fin y al cabo eso es lo que le reprochaban: cierta falta de competencia y épica en sus triunfos.

Ahora tiene competidores. Al menos dos, feroces. Se llaman Nadal y Djokovic. Junto al suizo han ganado todos los Grand Slams y Masters Series del año, doblan en puntos al cuarto de la clasificación anual. El serbio le pone las cosas difíciles en pistas rápidas, el español, en tierra batida.

Sin embargo, Federer sigue haciendo historia. En su peor año desde 2003 ha conseguido ganar tres Grand Slams y ser finalista del cuarto. Es como un gato que siempre cae de pie. Salvó cuatro bolas de break en el quinto set de la final de Wimbledon y ayer dio una lección de cómo ganar un partido jugando peor que el rival.

Porque Djokovic, sinceramente, fue mejor. En el primer set sacó a Federer de la pista y le tuvo contra las cuerdas (6-5 y 40-0). Se puso nervioso, tiró el juego y el set, pero no se rindió. En el segundo, siguió siendo superior: 4-1 a los 20 minutos. Pero, de nuevo, 4-4 y 5-5 y con 6-5 y saque de Federer, un 15-40. Ahí, de nuevo, los nervios y la seguridad del suizo. No podía contar con la excelencia, tuvo que recurrir a la fiabilidad. No perdonó ni una oportunidad. No falló ni un golpe en los momentos cruciales.

Incluso dos sets abajo, Djokovic volvió a colocarse 0-40 en el quinto juego del tercero. Agua. Federer remontó de nuevo, amagó con el 5-3 y acabó decidiendo en el 6-4. Cinco bolas de break y tres rupturas. Su rival, 2 de 9.

Fue un partido de cambio de guardia, sin duda. Federer ganó a Djokovic pero Djokovic acabará ganando a Federer, igual que McEnroe acabó batiendo a Borg. De momento, el estatus es el que es y durará quizás un año más. No es probable que se prolongue. El suizo lleva casi 190 semanas consecutivas como número uno y ha ganado 12 Grand Slams, ya sólo queda Sampras en el horizonte.

Tiene 26 años pero una presión inaguantable. El año sabático se ve venir en cualquier momento. ¿Podrá después resurgir para llegar a los 15-16 grandes y llevarse por fin Roland Garros? En cualquier caso, lo que queda es el presente: nadie ha visto a un jugador así, está claro. Ni en lo bueno ni en lo malo. En el esplendor y en la agonía.