viernes, julio 31, 2009

La muerte de Bobby Robson


Habia un punto muy entrañable en Bobby Robson: su gesto de eterno anciano, como si siempre hubiera sido un señor mayor contando chistes e historias a los nietos desde su mecedora.

Su sentido del humor británico, que intentó españolizar con mayor o menor éxito. Era un hombre amable y divertido, con el que la prensa barcelonesa se cebó de una manera cruel: insultándole, burlándose de él, pidiendo cada día su dimisión... Su culpa fue no ser Johan Cruyff y nunca se lo perdonaron. Todo lo que podría ser causa de admiración era de desprecio: "Vete ya, abuelo" tituló un rotativo deportivo después de una de las derrotas de aquel Barça de Ronaldo.

Era un hombre que disfrutaba de su trabajo y del país. Pese a todo. Su trayectoria como entrenador fue excelente: sacó al Ipswich del anonimato, dirigió a la única selección inglesa competitiva de los últimos 40 años y tuvo sus momentos de gloria en equipos menores.

No supo bien qué hacer en el Barcelona, eso es cierto. Siempre tuve la sensación de que no sacaba el máximo provecho a una plantilla por entonces insultantemente buena. No hablo tanto de resultados -aquella liga se la llevó el Madrid de Capello, pero el Barça fue segundo y ganó Copa del Rey y Recopa- como de estilo de juego. Era tremendamente aburrido.

Robson fue uno de los grandes abanderados del 4-2-3-1, que tanto daño hizo al fútbol en los noventa, con Gica Popescu haciendo de Desailly, jugador estrella de la década, y creo que no hace falta hurgar más en la herida. Confió extraordinariamente en un portero mediocre -Vitor Baia-, en un central esperpéntico -Fernando Couto- y en el citado Popescu, piedra angular de su proyecto. Adelante, Ronaldo en su mejor versión, la de los 20 años y los 20 kilos menos y las dos rodillas sanas, o casi (se había ya operado de una de ellas en Holanda, cuando jugaba en el PSV).

Con todo, méritos deportivos aparte, era un hombre pintoresco que siempre sabía poner una sonrisa y sacar otra. En Inglaterra era todo un ídolo y creo que con toda la razón del mundo. Inglaterra pudo haber sido finalista sin problemas en los mundiales del 86 y el 90, pero se cruzó con Maradona primero y luego con los alemanes y los penalties en las semifinales del Mundial de Italia.

De acuerdo, no era un estilista, pero suyo fue el equipo que remontó al Atleti en Copa y pasó de perder 0-3 a los quince minutos a ganar 5-4.

Y era un buen tipo, coño, que al fin y al cabo es lo que cuenta.

Sleeping in the wind

Y por las noches hacíamos lo de siempre. Porque nos gustaba y porque nos divertía.

Íbamos a conciertos de Dani Flaco y Rubén Mata en el Búho Real, nos pegábamos a la banda, subíamos en las contras y bajábamos a defender como podíamos, Conchita nos hacía cobras galácticas, las chicas se volvían para hablar con nosotros, conseguíamos actuaciones para grupos prodigiosos...

Cambiábamos de bar fácilmente. De un bar democrático a un bar de castas, donde todo está ya visto -es lo que tienen las castas-. Ellos reían y entraban en el baño y nosotros recolectábamos kikos y panchitos y charlábamos en las zonas medias para desesperación de los cantautores.

Por supuesto, mirábamos a las chicas: a las de Alcorcón y a las de Barcelona. Si no nos hacían caso, comentábamos con desprecio: "Sleeping in the wind", que venía a querer decir algo así como "a tomar viento", una autoafirmación masculina muy de tres de la madrugada y bar de castas.

Comentábamos la jugada en terrazas de la calle Ruiz, con primas de Florida y toses de Javier Krahe. Esquivábamos el sol, pero no siempre lo conseguíamos. Mirábamos la cuesta arriba y hablábamos de las cosas que no nos preocupaban. Las que nos preocupaban las escribíamos en mails larguísimos. Recibíamos mensajes que hacían borrar teléfonos y dormíamos -o intentábamos dormir- siestas.

Nos separábamos de vez en cuando, claro. Por ejemplo, algunos volvían al bar de las castas para despedirse y otros nos íbamos a cumpleaños totales con música indie y chicas ubetenses terriblemente encantadoras. Despedidas, en cualquier caso. Andy Schleck, sentada en su silla con la pierna en alto, mientras su hermana Frank sonreía a todo el mundo.

Sonrisas. Por las noches, el mundo seguía siendo un mundo de sonrisas. Un mundo de mañanas aceptables, tardes dolientes y noches en las que conseguías olvidarlo todo, absolutamente todo, a base de Bloc Party, los Ting Tings y quizás "Valiente" de Vetusta Morla.

Como en los viejos tiempos, en definitiva.

El eterno retorno.

jueves, julio 30, 2009

Cómo hacer un cortometraje

De repente, un día, te planteas "voy a rodar un cortometraje" y te parece una buena idea, porque, bueno, te gusta el cine, sabes algo, te gusta contar historias y, caramba, llega ese momento en el que encuentras a un grupo de gente a la que le sucede lo mismo y os ponéis manos a la obra: unos cuantos emails, unas reuniones de grupo, un guión sobre el que trabajar, amigos a los que llamas, entusiasmo...

Y eso dura un tiempo, hasta que te das cuenta de que rodar un cortometraje no es conseguir un hotel bonito y un equipo y unos actores y venga, sino que detrás hay una cantidad de papeleo y trámites a los que no te has enfrentado jamás y que te superan.

Así que ya no eres un guionista irónico ni eres todavía un director novel. Eres un productor ejecutivo.

¿Qué es un productor ejecutivo? Un productor ejecutivo, en un cortometraje independiente, es una persona que pone el dinero, cae mal y tiene que hablar con gente a la vez por dos teléfonos distintos. En mi cortometraje, en concreto, "Do not disturb", los productores ejecutivos somos dos: Pedro Rodrigo y yo. También somos los directores, así que pasamos de reunión con la gestoría a negociación con el equipo técnico a petición de crédito en el banco a ensayo con los actores a detalle de planos...

Por supuesto, tenemos un equipo. Un equipo que a su vez está sobrepasado, porque los planos hay que memorizarlos y estructurarlos, los hoteles no se reservan solos, a los actores hay que vestirles y peinarles, hay que establecer horarios, dar de comer a la gente...

Así que, llega un momento en un cortometraje, en un primer cortometraje, como es el caso, en el que te sientes completamente superado y agotado y piensas que no, que te has equivocado y que mejor dar marcha atrás o al revés, dar marcha adelante a toda prisa y empezar las vacaciones cuanto antes.

Hasta que te pones a llamar, melancólico y angustiado, a los amigos de festivales, harto que la Seguridad Social te dé todo tipo de indicaciones técnicas incomprensibles: llamas a Óscar de Julián, llamas a María del Puy, llamas a Borja Crespo y por fin encuentras a Arturo Ruiz y tu vida, súbitamente, es mejor. Arturo te recomienda una gestoría, esa gestoría te da mil instrucciones que eres capaz de cumplir en 24 horas -with a huge help of my friends- y de repente todo es legal, y ya no importa tanto lo de llamar y contestar emails hasta las 4 de la mañana y la ilusión vuelve y de tanto manosearlo el texto que escribiste te parece una mierda, pero con todo lo que ha pasado es el niño tonto más listo del mundo.

Y preparas últimas reuniones, ensayos, pruebas de vestuario, detalle de planos, transporte de material, regateas facturas, ejerces de todo un poco pero sobre todo de ti mismo e incluso, agónicamente, encuentras cinco minutos para contarlo todo en tu blog.

Y que la gente de siempre sepan que no, que no estás muerto.

Tampoco de parranda.

domingo, julio 26, 2009

La enésima consagración de Vetusta Morla

El jueves llama Lara desde la playa de Zurriola, en San Sebastián. Bueno, primero manda un MMS con Pucho en unas pantallas gigantes, luego es cuando llama directamente para poner "Copenhague" entera. A mucha gente le encanta "Copenhague", tanta gente que fue elegida en la web de Radio3 una de las mejores canciones españolas indies de la historia. Obviamente, aquello era una exageración, pero medía bastante bien el fenómeno.

El viernes llama la Chica Portada desde Alburquerque. Yo sabía que Vetusta tocaba en el Contempopránea, pero difícil suponer que les iban a programar solo 24 horas después de tocar en San Sebastián, que es una enorme paliza. Me llama al principio, en "Autocrítica" y a mí se me sigue poniendo la piel de gallina. Me llama al poco rato -supongo que la tercera canción- con "Un día en el mundo" y yo, sin ningún rubor, canto por la calle Almendro con el móvil en la mano. Me llama finalmente con "Valiente" y yo le canturreo a Jimena con elegancia: "bailando hasta el apagón, disculpad mi osadía".

Vetusta Morla ha conseguido con un solo disco ser un grupo de diversos clásicos. Ya lo he dicho: los hay que adoran "Copenhague", los hay que adoran "Valiente". Yo soy de "Autocrítica", "La cuadratura del círculo" y "Al respirar" -en el viaje a Benicassim pudimos comprobar que la canción era sorprendentemente parecida a otra de Radiohead... pero mejor-.

También ha conseguido ser un grupo detestado. Los hay que no pueden con Vetusta Morla, que les parecen artificiales, presuntuosos, pedantes en sus letras. Que están hartos de verlos "hasta en la sopa", como si fueran los Canto del Loco de la escena independiente o como si no fueran independientes en absoluto. ¿Por qué a todos tendría que gustarnos lo mismo? Cuando un grupo empieza a tener detractores es cuando empieza a transmitir de verdad más allá de su círculo de fanáticos y se supone que eso es lo que pretendemos todos: transmitir, comunicar, buscar reacciones...

Yo sigo entre los fanáticos. Por supuesto, hay razones subjetivas y personales que me invitan al cariño a Vetusta Morla y a sus conciertos, pero esas razones subjetivas llegaron después de las objetivas, es decir, llegaron después de escuchar el disco mil veces y de quedarme fascinado por su directo y de aprenderme todas las letras de los chicos. Primero llegó Vetusta Morla y luego llegaste tú, por ponerlo de alguna manera.

Y no me importa compartir, claro. No me importa que el Facebook se llene de mensajes con letras suyas ni que lo que era un regalito para unos cuantos sea poco a poco un producto de masas. Al contrario. Me emociona, también. Me emociona que se lo curraran todo ellos, que cuiden tanto su música y todo lo que les rodea, de manera que puedan hacer, con la ayuda de Álvaro y Nacho, por supuesto, vídeos tan bonitos como el de abajo, una especie de auto-homenaje pero también homenaje a su público y me emociona que se sigan emocionando al repasar todo esto.

Todo esto fueron 10 años dándose contra un muro, recuerden. Y ahora el dique se ha roto y el agua amenaza con arrasarlo todo. Disculpad su osadía.

sábado, julio 25, 2009

La verdadera medida de Alberto Contador


Alberto Contador, a sus 26 años casi 27, ganará mañana su segundo Tour de Francia y su cuarta gran carrera por etapas, después del Giro y la Vuelta del año pasado. No muchos corredores han logrado cuatro triunfos de ese calibre y mucho menos consecutivos: Merckx se llevó 11, Hinault llegó a 10, Anquetil, a 8, Armstrong, Coppi e Induráin se quedaron a 7... Grandes figuras como Bartali solo pudieron conseguir cinco -II Guerra Mundial de por medio- y héroes modernos como Toni Rominger (3 Vueltas y 1 Giro), Greg LeMond (3 Tours) o Pedro Delgado (2 Vueltas, 1 Tour) quedan ahora por detrás del de Pinto en términos de palmarés.

Su superioridad va más allá de los números: es el mejor del mundo contrarreloj junto a Cancellara y el mejor del mundo en montaña junto a Andy Schleck. Si las diferencias no han sido mayores se debe sin duda a un trazado algo absurdo, en el que apenas ha habido verdadera contrarreloj ni alta montaña. Muchos han hablado de una táctica conservadora de su equipo, pero a Contador en la práctica le ha venido genial estar en el equipo en el que estaba y no contra ese equipo. Probablemente, pudiera haber ganado el Tour igual corriendo en el Cervelò como Carlos Sastre, pero sin duda hubiera sido más complicado.

El Astaná lo ha dominado todo, para bien y para mal. Fuera y dentro de la carretera. El espectáculo de egos y poderes ha sido vergonzoso en ocasiones pero no ha afectado demasiado en la carrera. Desde luego no le ha afectado a Contador, que sigue cometiendo algunos errores impropios de su calidad, como demostró en la París-Niza y en la tercera etapa del Tour, quedándose absurdamente cortado en unos abanicos, al estilo Perico.

Su ataque en la última etapa alpina, descolgando a su propio compañero y quedándose con dos rivales peligrosísimos a falta de 20 kilómetros para llegar a meta fue propio de un juvenil, no ya por el hecho de perjudicar a alguien de tu equipo con opciones de podium, sino porque ese alguien hubiera trabajado para ti a muerte en caso de un inconveniente. Imaginen, por ejemplo, que el madrileño pinchara o sufriera una caída o simplemente cayera en una pájara como la de la citada París-Niza... Ahí hubiera tenido a Klöden a su lado.

Al menos, salvó los muebles con un pacto interesante con los hermanos Schleck: para vosotros, la etapa, pero no me ataquéis. Si me atacáis igual me complicáis la vida pero igual voy y os dejo con dos palmos de narices. Buen acuerdo.

La presión que ha tenido que soportar en su equipo ha sido insoportable, en eso estamos de acuerdo. El propio desprecio que supone anunciar el nuevo patrocinador justo cuando uno de sus corredores se juega medio Tour en la contrarreloj. La sensación de que Contador era un invitado incómodo y al que hay que atender bien por cortesía, pero no un verdadero compañero. Sin embargo, ya digo, en carrera le han ayudado: Armstrong prometió no atacarle y no le atacó en ningún momento. Francamente, Contador me parece un corredor atacable y el año que viene será interesante verle defenderse sin un gran equipo alrededor. Desde luego, Armstrong le va a tener unas ganas horribles y aunque dudo que el estadounidense pueda volver a ganar un Tour, está claro que podría hacérselo perder a Alberto y ser igualmente feliz.

Su imagen marcando a Wiggins camino del Grand Bornand a mí me pareció encomiable. No sé si estaba al nivel de seguir a los hermanos Schleck y a Contador, pero desde luego ni lo intentó. Se limitó a quedarse con el gran rival para la crono y desesperarle hasta que le dejó de rueda en los últimos kilómetros.

Lance nunca ocultó su disgusto por no ser el líder del equipo, pero aceptó sacrificarse en carrera, igual que Leipheimer se sacrificó en el Tour 2007 o en la Vuelta 2008, cuando tuvo opción de ganar y prefirió tirar de Contador o simplemente ni siquiera intentar atacarle.

¿Dominará Contador el futuro del ciclismo? Todo apunta a que sí. Desde luego, tiene una manera de correr extraña, con muchos errores tácticos, pero eso se puede achacar a su juventud y su exceso de ganas y confianza. De momento, con esos errores, ha ganado cuatro grandes vueltas, ¿qué hará con experiencia y buena colocación en carrera? La comparación con Induráin puede parecer exagerada a estas alturas, pero lo cierto es que el madrileño ha corrido más de la mitad del camino y, como sucedió con el navarro, no se perfilan rivales de entidad. Andy Schleck tendría que mejorar mucho contra el crono y aun así esperar a que Contador se descuelgue en montaña. Armstrong podría desquiciarle con emboscadas y abanicos, pero está demasiado mayor y no tiene las piernas del joven de Pinto.

Así pues, insidiosos rumores de doping aparte que siempre acompañarán este deporte, está claro que estamos ante una gran estrella. Un hombre llamado a pasar al panteón de los más grandes, a ganar 4-5 Tours y quizás otras 2-3 grandes vueltas en Italia o España. Su facilidad y potencia parecen fuera del alcance de cualquiera en este momento y tiene que pasar un tiempo hasta que otro gran campeón le haga frente y le destrone. ¿Andy Schleck, Vicenzo Nibali, Roman Kreuziger? El tiempo dirá.

viernes, julio 24, 2009

Algo pasó con Madonna


Una perplejidad se convierte en un misterio cuando la comparte un taxista. Así, Madrid se llenó de carteles anunciando el concierto de Madonna e incluso en los autobuses salía la cantante y la fecha y el reclamo.

No es habitual.

¿Por qué?

Porque esta gente suele vender todas las entradas nada más salir. ¿Han visto algún cartel promocionando a Nine Inch Nalis? No, ¿verdad? Porque está todo agotado casi desde que se anunció el concierto.

El caso es que algo debió pasar con Madonna y su concierto del Calderón, convertido más en una pasarela de famosos que en otra cosa. Muchas entradas sobrantes y mucha fiesta VIP para excusar algo. ¿El qué? Obviamente, no se vendieron las entradas. Ya digo que no es una conclusión mía, o no sólo mía sino que está compartida por el taxista que me llevaba por Manuel Becerra, y eso, en Madrid, es cátedra, amigos.

¿Se llenó al final el Calderón aparte de con Guti y Arantxa de Benito? Ni idea. No hay muchos comentarios al respecto. Supongo que no, pese a toda la movilización famosil de última hora. Me baso en esta noticia y en el citado sentido común. Conozco a poca gente que estuviera ayer en el concierto, pero casi no conozco a ningún famoso que no estuviera. Curioso.

¿Hubiera ido yo al concierto? Es decir, ¿escribo esto por la perplejidad referida o por odio y burla a Madonna? Pues sí que hubiera ido. Encantado. El martes, LC y yo cantábamos a gritos los grandes éxitos -que yo recuerde, "Music", "Ray of light", "Material Girl" y "Like a virgin"- mientras desayunábamos en un bar de la calle Churruca a las 11 de la mañana. ¿Qué no podría haber hecho yo a las 11 de la noche en un estadio de fútbol?

Quizás por eso me sorprenda que todo lo que se hable de ella y de su concierto tenga más que ver con Soraya Saenz de Santamaría que con sus verdaderos fans o que sus verdaderos fans hayan huído en el último momento, sin duda espantados por los precios del promotor. Como, por ejemplo, fue mi caso.

Yo, que con 11 años ya había visto a Michael Jackson y con 12 compré una de mis primeras cassettes: "Like a prayer".

jueves, julio 23, 2009

El extraño fichaje de Ibrahimovic


Ahora que parece que la cosa se oficializa, tiene sentido dar mi opinión sobre el fichaje de Ibrahimovic por el Barcelona.

Demos por buena la cifra de 45 millones de euros, más Eto´o, más la cesión de Hleb y analicemos:

La marcha de Eto´o probablemente fuera necesaria. Yo así lo dije al final de la pasada temporada. Confiar en otro gran año del camerunés era complicado. Otra cosa es que el Barcelona no haya sabido negociar su precio de mercado. En un mundo donde Roque Santa Cruz cuesta 20 millones de euros, Benzema, 36 y Villa, unos 50, el precio de Samuel tendría que ser muy alto: doble campeón de Europa marcando en ambas finales, decisivo en el equipo del triplete y autor de 31 goles en la liga española.

Eso, amigos, son credenciales: cinco años en el Barça, con tres ligas, dos Champions y una Copa del Rey. 28 años. No es un abuelo, precisamente.

Sin embargo, Begiristáin se ha empeñado en regalarlo. Un trueque con Ibrahimovic -que, como delantero centro, aún no ha demostrado la misma eficacia que Eto´o- hubiera sido algo sensato por cuestiones de vestuario, de acuerdo. Pero cambiarlos y además pagar esa pasta me parece ridículo. Incluso la cesión de Hleb me escama. Sé que jugó un año horrible, pero el bielorruso es un excelente jugador que explotará en cualquier momento.

Aparte del precio, la idioneidad de Ibrahimovic es discutible. En mi opinión, el Barça necesita un definidor arriba. Ya tiene gente que juega muy bien al fútbol y que hace que el balón llegue arriba. Una vez ahí hay que meterla sí o sí. Eso Samuel lo hacía muy bien. Villa lo hubiera hecho de maravilla. No es sólo que el Barcelona marcara más de 150 goles el año pasado, es que se dejó otros 150 en oportunidades perdidas.

El recuerdo -vago- que tengo de Ibrahimovic es el de un delantero con una calidad técnica brutal, un gran manejo del cuerpo, buen juego aéreo, colaboración en el juego pero con poca capacidad de sacrificio -Villa hubiera dado ese extra- y problemas en la definición, o al menos, nunca ha sido un jugador que destaque por su capacidad goleadora. De acuerdo en que es un ganador: creo que ha ganado los últimos cinco Scudettos en Italia, con Juventus e Italia, pero tampoco sé si eso es del todo bueno. Un campeón necesita gente hambrienta.

Honestamente, no entiendo por qué pueden gastarse ese dineral en el sueco y no en Villa. Y creo que lo echarán de menos. También entiendo que entre la opinión de Guardiola y la mía, los seguidores del Barça lo tendrán claro, pero en fin, tenía que decirlo...

miércoles, julio 22, 2009

Me gustas, bom bom bom bom

Yo cuando componga una canción, espero que sea esta (y que la cante Vega) (y que tú la escuches mientras te echas crema en las piernas y miras la estantería como si fuera un Aleph).

martes, julio 21, 2009

FIB Benicassim V. Smile like you mean it


Hay poca gente en el concierto de The Killers. Poca al principio, me refiero. Tan poca, que conseguimos un sitio junto a Arturo Paniagua relativamente cerca del escenario. A unos cien metros, vamos, que para ser el FIB no está mal. ¿Por qué hay poca gente si es el concierto más esperado del fin de semana? La organización ha decidido adelantarlo tres cuartos de hora tras petición del grupo.

¿Han avisado a alguien?

Pues no. Un cartelito en las pantallas justo antes de empezar y punto. Las ventajas de la prensa en determinadas cosas. El concierto es brutal, parecido al de Madrid, pero brutal. Yo me dedico a llamar a media España y despertarles de sus sueños y Brandon Flowers va sobre seguro: empiezan con "Human", la tercera es "Somebody told me" -Heaven ain´t close in a place like this- , desgranan "Day and Age" y acaban a lo bestia con "Read my mind", "Mr. Brightside" y "All these things I´ve done". De bises, "Bones", "For reasons unknown" y "When you were young" como última canción.

Miren cómo se veían las cosas desde lo alto de mis hombros. Miren cómo las veía ella:


Pequeño bajón post-concierto. Por la adrenalina, por el hambre, por cierta borrachera no voy a negárselo, por la falta de sueño, por el partido de la mañana, por los conciertos acumulados pese al fuego y el viento -apunten, desde el jueves: The Bishops, The View, Oasis, Glasvegas, We Are Standard, No Reply, La Bien Querida, Gang of Four, Anni B. Sweet, Los Coronas, Nudozurdo, Nacho Vegas, Paul Weller, Maximo Park, Franz Ferdinand, Calexico, David Kitt, TV on the Radio, The Psychedelic Furs, Los Planetas y los citados Killers... a mí a calidad me gana mucha gente, pero a cantidad, no tanta- y por la melancolía de la retirada.

Yo nunca pensé que iría al FIB. Nunca. Mis amigos iban cuando yo tenía 18-19-20 años y me parecía algo lejanísimo en indeseable. A los 32, desde luego, había perdido toda esperanza. Y no ha sido tan terrible. Y he ido a la playa y me he bañado y he visto a las chicas más guapas del mundo (miren abajo)...


... y el último concierto es el de Rinocerose y es un concierto divertidísimo, una despedida perfecta, llena de baile, ahí con Christian, con Arturo, con Tali, con César, en nuestro rincón junto a la grada, tirando fotos todo el rato, algunas mejores, otras peores, como todo en la vida. Al final del final, un vals, dos valses. 30.000 ingleses bailando enloquecidos y aplaudiendo no se sabe bien a qué. DJs pinchando junto a las carpas de moda y tendencias. El adiós, el terrible adiós y el camino de las 5 de la mañana a un sitio donde no sabes si volverás (la Chica Portada dice que no, yo digo que quizás).

A la vuelta, lo que queda de nosotros pasa por un pueblo que se llama Loriguilla. A ella le hace mucha gracia. Yo me emociono cada vez que paso por Iniesta. La prensa silencia absurdamente mi gloriosa actuación en el partido de ayer. No se merecían que parara ni un tiro. Por eso no lo hice.

lunes, julio 20, 2009

FIB Benicassim IV. Mendieta (me) ha metido un gol realmente increíble

Permítanme que les agote un poco. Saben que me encanta.

Acaba el concierto de Franz Ferdinand -conciertazo, otro nivel- y bajo de la grada de prensa para encontrarme con las hermanas Schleck. La menor, Hache, ha sufrido una caída bajando un puerto y se ha hecho un esguince de tobillo. Hay que llevarla de vuelta a la pensión. El problema es la gente. La gente que no debería ser problema, me refiero. Por ejemplo, los ingleses borrachos no son un problema, pero protección civil puede llegar a serlo si se niega a concederte prioridad para un taxi, si se niega a transportarte pese a que es evidente que no puedes apoyar el pie y si además se te ponen chulitos.

Todo un encanto.

Pese a todo, Hache llega con su tobillo precariamente vendado a la pensión cuando ya son las 4 y pico de la mañana y yo al día siguiente tengo partido. Prensa contra Artistas. Una tradición de Benicassim organizada entre Jandro y Julio Ruiz, de Radio 3. Obviamente, Hache no puede venir, pero la Chica Portada sí, y a ella le debemos esta hermosa instantánea de lo que pude haber sido y jamás seré:



No somos un equipo, somos una banda. Eso se ve desde el minuto uno, ese minuto en el que intentas subir al ataque y a la tercera zancada te paras tosiendo. Perdemos la bola en seguida y nos van cayendo goles. En una de estas, nuestro portero se lesiona y me ponen a mí ahí. Problemas de pedir el cambio tan pronto. Así que ahí me pongo yo, con mi zamarra roja, a defender el arco y el orgullo periodístico -también, manda huevos- y enfrente me ponen nada más y nada menos que a Gaizka Mendieta, habitual del FIB, amigo de Julio y que ha decidido pasarse por ahí a hacerse una paellita de domingo y humillar a jóvenes redactores.

Pienso en la canción de los Planetas, aquella de ...y Mendieta ha metido un gol realmente increíble y de repente la ficción se hace realidad en forma de chico rubio con el seis a la espalda, entradas en el pelo, que se acerca con el balón controlado dentro del área, me vacila un buen rato porque yo estoy más vendido que Eto´o, amaga con el pase al segundo palo y me la acaba clavando por el primero.

Vamos, eso es un decir, había dejado media portería vacía. Una salida gloriosa.

Aun así, me parece bien. Mendieta me ha marcado un gol. Increíble o no. Mendieta era el ídolo de la adolescencia de mi hermano e incluso le regalamos una camiseta suya cuando fichó por la Lazio. En fin, Mendieta.

Al descanso vamos 7-1 o algo así, y yo digo que no sigo de portero, que es un marrón, y que me vuelvo a la banda derecha, de extremo. En un disparo la zapatilla se me sale y persigue al balón. La grada aplaude, incluso los que minutos antes me gritaban "portero mercenario, que no sientes los colores". En otro disparo, la zapatilla directamente se rompe. La derecha. Decido jugar con la izquierda. Da igual porque no vuelvo a tocar una bola y me bajan al lateral.

Ahí se está bien. Cuando atacas, los defensas te miran mal si no bajas en las contras, pero cuando defiendes nadie te mira mal si no subes al ataque, así que puedes correr mucho menos, mirar al central de tu lado y salir a tirar el fuera de juego cuando convenga. Un trabajo sencillo.

El partido acaba con mucho sudor, la cara quemada y 13-3. La estadística oficial luego dirá 12-5, pero créanme, fue 13-3.

Me despido de los chicos en diversos idiomas, la Chica Portada me recoge y llevamos a Hache al Hospital de Castellón. Por supuesto, nos echan la bronca porque hemos hecho algo mal. Tenemos una tendencia irritante -al menos a ellos les irritaba muchísimo- a hacer las cosas mal. Se nos pasará, supongo. Se confirma su esguince y se retira del Tour. Así, sin más. Rumbo de vuelta a Madrid.



Nos quedamos la Chica Portada y yo. Sin siesta y con las piernas más bien cargadas. Yo. Ella no. Planeamos conciertos pero sobre todo tortillas. Tenemos hambre. Empezamos con Catpeople, muy de pasada. Luego, algo de Caléxico, con Jairo Zabala. Pasamos a ver a un grupo horroroso, buscamos chapas que no encontramos, vemos desfiles curiosos, pedimos copas en prensa, que son más baratas, vemos con Tali, César y los chicos de Freek! el concierto de TV on the Radio, sufrimos con el desafine brutal del cantante de Psychedelic Furs y volvemos al FiberFib a ver a Los Planetas, que, efectivamente, cantan Un buen día pero incomprensiblemente no me la dedican.

Entonces, a las 23,55, nos vamos a ver a The Killers.

sábado, julio 18, 2009

FIB Benicassim III. El incendio, el viento y toda la pesca


Yo tenía un post precioso sobre We Are Standard escrito en una hoja de papel. Recordaba el momento en el que el cantante salía al escenario a las 02,45 de la mañana, justo después de Oasis y Glasvegas y decía: "Somos We Are Standard y se acabaron las chorradas" y luego lo unía con el último momento del día, cuando el mismo cantante dijo: "Este es el último puto tema y a ver qué coño hacéis ahora".

Y la verdad es que tenía toda la razón, porque el de We Are Standard ha sido hasta ahora el mejor concierto del FIB con diferencia, mejor que el de Oasis, aunque el de Oasis fuera bueno, pero con los Gallagher siempre queda esa incómoda sensación de que todo lo que tenían que contar lo contaron antes de 1995. Si uno repasa las canciones del tracklist encuentra "Roll with it", "Live forever", "Whatever", "Supersonic", "What´s the story, morning glory", "Don´t look back in anger"... hasta llegar a la grande pero algo empalagosa -más con los años- "Wonderwall".

Bien, pero sin excesos.

Glasvegas me aburrieron un poco, lo mismo se puede decir de The View. Bien por Los Coronas y Anni B. Sweet, una gran sorpresa. También me gustaron No Reply, originales, pero no voy a aburrirles más, vamos al morbo del incendio y el desalojo y el viento brutal y el largo etcétera (por cierto, si tienen CNN+ igual me vieron comentando la jugada, o más bien me oyeron):

A las seis y media ya hacía viento. No demasiado, pero sí el suficiente como para complicar el montaje de Cooper, que abría el Escenario Verde -el grande- a las 8. Fui a ver a Nudozurdo -maravillosos, con una sobriedad rallando en el autismo-, paseé por las distintas carpas y ya el concierto de Nacho Vegas presentó dificultades: muchísimo viento, incómodo para los ojos y para el propio cantante asturiano, melena al viento. Cumplió de sobra, como es habitual. Ese fue el último concierto completo de los dos escenarios "menores". Algo cayó sobre Corcovado y cerraron la carpa Vodafone, el viento impidió que Magazine acabara su actuación.

Jota, de Los Planetas, en backstage, ya tenía muy claro que ellos no tocaban.

Sin embargo, el Escenario Verde sobrevivía, con su viento atroz, los ojos llenos de arena y polvo, una de las pantallas gigantes derribadas, un retraso de una hora... pero sobrevivía. Así, hasta que en medio del concierto de Paul Weller, una columna de humo empezó a asomar por detrás de la grada de prensa. Visita morbosa al otro lado, fuera del recinto e incendio moderado con riesgo de girar por el viento hacia el recinto. Bomberos, policía, alarma. Camping desalojado y "en estado de emergencia".


Yo sé que el fuego vende mucho, pero lamento decirles que no fue un gran factor. En seguida lo controlaron. En seguida se fue en otra dirección.

Pero el viento... el viento te llevaba donde quería y Paul Weller decidió acabar sin más a la mitad y nosotros -las hermanas Schleck y yo- nos fuimos a ver un pase de modelos pero también fue cancelado y la carpa correspondiente precintada y la habitual falta de información o la información de aeropuerto, la del tipo: "Estamos intentando arreglarlo, en media hora decimos algo".

La gente, que tiene una paciencia infinita, siguió ahí. Yo seguí ahí, de hecho, en medio del huracán, viendo por dónde iba el fuego -ya muy a lo lejos, insisto-, viendo cómo los VIPs seguían con sus copazos como si nada, oyendo cómo la organización aseguraba, después de una hora, "estamos desmontando el escenario de Paul Weller y montando el del siguiente grupo".

Excelente eufemismo, "el siguiente grupo".

¿Saben quién era el siguiente grupo? Kings of Leon. Los cabezas de cartel. Al menos en el horario venía así. Media hora después, ya casi a la una, yo me fui. Me moría de frío y ni siquiera me gustan Kings of Leon, así que ¿para qué? La noticia del día siguiente fue cómica por decir algo: no salieron Kings of Leon, ni siquiera Maxïmo Park, que serían los correspondientes por la hora. El marrón se lo comieron Tom Tom Club, que pasaban por ahí. Tenían que darle algo a los leones y les tocó a ellos.

Los leones estaban, lógicamente cabreados. Te comes dos horas de frío y viento para ver lo que no quieres ver y nadie te da ni una explicación, o te da unas explicaciones más bien dudosas.

En fin, eso fue todo. Al menos para mí. Ningún heroísmo. Desmontaron parte del camping y re-alojaron a gente en el polideportivo -arruinando así de paso el partido Prensa contra Artistas, que previsiblemente se celebrará mañana, conmigo en el campo, prometo fotos-. Como la memoria, en vacaciones, es una habitación hueca, todos coincidimos de nuevo esta mañana en la playa y todos de nuevo cantando a ritmo de Maxïmo Park -hoy, sí- como si nada.

En la sala de prensa suenan a lo lejos Elbow. Las hermanas Schleck se han ido a ver a Josele Santiago. En una hora, quizás menos, Franz Ferdinand. No hay cíber y no siempre voy a pillar a los de Radio 3 cenando a todos a la vez, pero en cuanto pueda actualizaré ya saben.

miércoles, julio 15, 2009

FIB Benicassim II. Manual práctico del amigo imaginario (abreviado)

Es divertido que todos estemos con la nariz y la frente roja. Amusant. La sucesión de toallas y bañadores e incluso alguna colchoneta de color amarillo fosforito, generalmente para ingleses (o británicos, consideraciones de la Chica Portada). Día de playa. Segundo día consecutivo de playa, para lo cual probablemente haya que remontarse a los años 80.

Playa y dos baños y juegos con olas e intentos de mariposa e incluso braza. Nadar cinco segundos y avanzar un metro.

Un sol intenso, mucho más que ayer. Una comida con pizzas y escalopes (hemos encontrado un sitio maravilloso donde desayunar, la gente se grita y tiran las cervezas al suelo, a veces los cristales nos los llevamos nosotros en nuestras sandalias). Una vida de camiseta, bañador y sandalias, en cualquier caso.

El verano.

Cosas que llevo mal del verano: casi todas. Detesto el verano. En invierno, en otoño, me protejo mucho mejor. Aquí me siento completamente desamparado, si les soy sincero, fuera de lugar. Incluso en el cine: a la derecha los españoles, a la izquierda los ingleses. Hay algo raro en que un montón de ingleses decidan salirse de la playa y el bar y se pongan a ver cortos en español. Algo encomiable. No me juzguen mal: yo, aquí, cuando digo "ingleses" no me refiero a la nacionalidad sino al concepto, es decir, "el tipo de inglés que viene de vacaciones a un festival de verano en España y cree que todo, o casi todo, le está permitido".

Más o menos, como un español en Dublín.

Último pase de sección oficial, yo con mi pulsera de prensa. Ninguna cara conocida. Empieza con un corto muy bien hecho y a la vez muy poco interesante. No recuerdo el nombre. No tengo tiempo en el ciber para ponerme a buscarlo. Sigue con "El manual práctico..." (vean título del post), de Ciro Albadás, realmente bueno, brillante e imaginativo, tal y como esperaba. Después, "Reacción", con un buen Santi Millán y poco más, y una rayada cuyo nombre tampoco recuerdo. Para acabar, una vez más, "Cómo conocí a tu padre", de Álex Montoya, con la excelente Irene Anula.

Muchos aplausos y mucho silencio. A veces, uno tiene miedo de que el adjetivo "de verano" sirva para excusar cualquier cosa: en los cines de verano, los niños corren y los padres comentan la película en directo. En los festivales "de verano", la gente se emborracha y todo les está permitido. Se divierten. Yo soy  muy malo divirtiéndome. Horroroso. Necesito meterme en un cine y ver "Brüno". Repasen mi post sobre los Sanfermines al respecto.

Pero, sin embargo, aquí, ahora, no. Silencios y aplausos, como podría ser en Medina, en Málaga, en Segovia, en Almería, en Alcalá...

Mañana empieza todo y no estamos nada nerviosos. Los camareros se alegran cuando nos ven y nos oyen y saben que podrán entendernos. Por un momento, dudaron. Las marcas rojas nos hacían sospechosos.

martes, julio 14, 2009

FIB Benicassim I. Las niñas y yo


En mi habitación duermen dos chicas. Una tiene 24 años y se llama Hache, la otra tiene 25 años y se llama la Chica Portada. Por las noches, nos emborrachamos en las playas mientras la luna pasa del rojo al naranja y del naranja al blanco y yo intento sacarle fotos sin conseguir más que un negro absoluto.

Una chica en bikini violeta sale por la puerta del cuarto de baño.

Las chicas me llevan y hacen conmigo un poco lo que quieren. En rigor, no deberían estar ahí, pero el caso es que están y yo acabo en la playa, tan tranquilo, como si yo no odiara la playa ni la arena ni los centenares de ingleses que ponen la música a tope y juegan al voleibol. Los músculos morenos y depilados. Voy a la playa y como paella y me sumerjo bajo las alas, la Chica Portada normalmente más cerca de la orilla, Hache durmiendo con sus gafas de sol puestas, mi cara quemada como un paso de cebra, a rayas.

Deberíamos ver cortos pero no lo hacemos. No hacemos nada. No queremos hacer nada, más que ir a la playa y volver y equivocarnos con la ducha y dormir un rato y salir a la terraza y respirar el olor a mar y todas esas cursilerías. Paseamos por una calle llena de bares y bañadores. Esto es un imperio turista y nosotros somos sus cónsules.

Esta tarde, como no todo podía ser perfecto, fui a recoger la acreditación. Si les soy sincero, es probable que, de no haber tardado dos horas en eso, ahora estuviera viendo cortos, sí. Quiero decir, todo esto no es un ataque rebelde e irresponsable. También son las circunstancias. De la pensión al recinto hay 20 minutos, quizás media hora. Tres cuartos de hora si uno se equivoca de entrada, siguiendo colchonetas y toallas y pieles rojas.

Al final, todo se resumió en VIPs y prensa y una pulsera de tela naranja -a Hache le encantará- y una cola enorme, gigantesca, incómoda. A veces llueve, a veces sale el sol. Un jugueteo inocente. No sé qué haremos esta noche. Mañana iremos a la danza, pero ¿esta noche? Vivo rodeado de facilidades y chicas preciosas. Tenemos una botella de JB y otra de Brugal debajo de una cómoda.

Quizás, propongo, deberíamos aprovecharlas.

lunes, julio 13, 2009

Brüno



Atención, esta crítica contiene al menos un spoiler
.

Con Sacha Baron Cohen se cumple aquello de la burla democrática. Efectivamente, consigue meterse con todos y reírse de todos y probablemente todos se sientan ofendidos. Eso tiene un mérito enorme, porque generalmente lo que "mola" es meterse solo con algunos y agradar o al menos no provocar al resto.

Pero no.

Después de "Borat", que ya era una sucesión de incorrecciones políticas bastante apreciable, "Brüno" incluye en sus noventa minutos bromas sobre nazis, judíos cremados, musulmanes, palestinos, pastores evangelistas, negros, homosexuales, fans de la lucha libre... Toca absolutamente todos los palos, y es difícil decirle: "¿Por qué no te atreves con...?" cuando incluso llega a entrevistarse con el jefe de los Mártires de Al-Aqsa y le pide que le secuestre porque quiere ser secuestrado por los mejores y Al Qaeda es "so 2001"...

En realidad, todo es disparatado. Baron Cohen coge la figura de un modelo austriaco para meterse con el mundo del diseño y la moda y después dirigirlo a la fama. Ni siquiera hay una reflexión sólida acerca de qué es la fama ni parece interesarle al británico. Simplemente es un chiste detrás de otro, una sucesión de gags al estilo de "To er mundo e güeno" pero sin saber cuándo estamos ante cámara oculta y cuándo estamos con una escena guionizada.

Uno tiende a pensar que casi siempre es el segundo caso, pero que eso no le quita validez a la película. Al revés, el guión -espontáneo o no- es enorme, y Baron Cohen actúa de manera soberbia. El personaje lo ha inventado él, de acuerdo, pero no deja de ser un personaje, y lo clava.

Puede que no todo el mundo comparta un sentido del humor algo zafio pero a la vez tremendamente inteligente e irónico. Mucho más inteligente e irónico que la mayoría de los programas que pretenden serlo. Es un humor muy televisivo, de hecho. Podría ser El Follonero, por poner un ejemplo.

A veces, llevándolo al extremo, uno se pregunta si Baron Cohen no es una extensión de lo que los Monty Python hubieran hecho si hubieran sacado su humor de los platós y los teatros y lo hubieran llevado al "happening". Todo lo que en Borat era sutilmente brutal aquí es descaradamente brutal y mucho más absurdo (aún).

Me pasé la película riéndome a carcajadas y repitiendo en voz alta "No me lo puedo creer", creo que el de delante acabó algo molesto con la situación. Por otro lado, reconozco que una hora y media de personaje absurdo puede acabar cansando y que al final determinadas situaciones sí que te las crees, incluso te las esperas.

Lo cual tampoco es tan importante porque, al fin y al cabo, es al final.

domingo, julio 12, 2009

Algunos apuntes de la presentación


Nàn, que es un tipo encantador, me dice: "Estoy seguro de que tú vas a tener una carrera como escritor". Así, como una cuestión de hecho. Indiscutible. Yo lo discuto, porque hay gente magnífica que no ha tenido una carrera y gente mediocre que la tiene, así que los términos medios somos imposibles de determinar.

En cualquier caso, ha sido un tema recurrente en la tarde-noche y tiene su lógica: al fin y al cabo, estamos entre escritores o aspirantes a escritores o como lo quieran llamar y cada uno tiene sus métodos, sus recetas, su estilo, sus conocidos, sus metas...

Discutimos sobre autoeditarse o esperar. ¿Esperar a qué? Digo yo, y nadie parece dar una respuesta muy clara, pero la idea viene a ser: para autoeditarse siempre habrá tiempo, mientras tanto, busca por otro lado.

Yo soy un gran fan de la autoedición, aun reconociendo sus defectos y aceptando su merecida mala fama, producto de una ausencia casi total de criba editorial. De hecho, he dedicado mi lectura de la presentación de "Camarote 503" a elogiar la autoedición y el placer que da ver tu nombre en un libro, aunque todo el mundo se empeñe en que ese libro, en rigor, no existe. Me pareció que tenía sentido, pues el propio Camarote es una autoedición o co-edición o como lo quieran llamar y en lo que a mí respecta, merece la pena, claro que sí.

Mereció la pena escribirlo y publicarlo y presentarlo: decenas de personas en pleno julio en "El ladrón de tinta", muchas de ellas se quedaron fuera del salón y por lo tanto del umbral auditivo. Unas botellas de vino, una tortilla de patata, conversaciones maravillosas, algunos re-encuentros felicísimos, como el de Jorge Díaz, compañero mío en la Escuela de Letras y ahora novelista de éxito en Planeta, cenas grasientas y un buen par de copazos en La Buena -el origen de todo-, contemplando a una camarera tan guapa que se le quitan a uno las ganas de preocuparse de nada.

Llega el verano y, de entrada, yo mañana me voy a Benicassim, a ver cortos, tomar el sol y tragarme todos los conciertos que pueda. Actualizaré, pero supongo que poco. Y mientras, voy pensando en todo esto, ¿de acuerdo?

sábado, julio 11, 2009

Un recordatorio oportuno...


Hoy, a las 20.00 en El Ladrón de Tinta (Calle Noviciado, 2). Habrá bebida y creo que comida.

viernes, julio 10, 2009

La mística de San Fermín


El vídeo merece la pena. Para mí, es la representación del horror. Si tuviera que describir mi peor pesadilla sería algo parecido a esto: son las ocho de la mañana, estoy rodeado de gente que me empuja y me golpea y se choca contra mí y a lo lejos vienen seis toros con unas astas impresionantes y según intento avanzar me voy chocando con más gente. Los toros se acercan por detrás y yo no tengo espacio, no tengo resuello.

Corro, pero choco. Vuelvo a mirar hacia atrás. Más cerca.

La calle está llena y sólo se abre en el último momento, jugando con el destino. Gritos por todas partes, instrucciones imprecisas. Los toros pesan 500 kilos y me persiguen. Incluso cuando he conseguido esquivarlos, se dan la vuelta y vienen a por mí. La gente. La gente casi peor que los toros. El polvo que se levanta por todos lados y yo ahí en medio, completamente perdido y muerto de miedo.

Así sería.

Estuve un año en los Sanfermines. No me gustaron nada. Todo el mundo sabe que yo soy más bien un tipo aburrido: no consigo dormir en los parques, tengo problemas para beber hasta perder el conocimiento y soy capaz de sentirme extraño incluso en una ciudad donde, esos días, todo el mundo es extraño. Tengo suficientes problemas como para crearme más corriendo delante de bichos descomunales.

O quizás sea al revés, quizás la gente corra para olvidar los problemas.

No sé. El caso es que me aburrí mucho, perdí un jersey, me regaron con todo tipo de líquidos y acabé durmiendo en casa de mis tíos mientras mis amigos la liaban por ahí. Vi el encierro de la mañana, por la tele, un toro pisaba a un chico hecho un burruño en el suelo. Así, con las dos patas y descargando todo su peso en la cabeza. No recuerdo si lo mató. Creo que no. Recuerdo que entonces dije que no volvería más y de eso han pasado 13 años.

Definitivamente, soy un tipo aburrido.

jueves, julio 09, 2009

Nocilla Experience


Primeras sensaciones al abrir "Nocilla Dream", la primera parte de la Trilogía Nocilla de Agustín Fernández-Mallo, publicada en Candaya: cierto estupor, una incomprensión total, tanto del texto como del éxito brutal de ese texto. Pasaban los mini-capítulos y yo me preguntaba: "¿De verdad este hombre, este libro han revolucionado la narrativa joven española?" y seguía leyendo un poco por no darme por vencido y porque, bueno, el libro era francamente legible, es decir, estaba bien escrito, algunas historias eran interesantes.

Pero yo seguía sumido en mi apatía.

Aquello me recordaba a los últimos capítulos de "Rayuela", los del final, los intercalados, aparentemente sin sentido narrativo, pero con una cierta continuidad: reflexiones, citas, sucesos al margen. En el universo Nocilla todo sucede al margen. Un poco de "Rayuela" y un poco de "Mantra", de Fresán, pero sin la frescura y la alegría de Fresán. Algo más melancólico, supongo.

Hasta que poco a poco, ese aire de melancolía caótica, esa desestructuración de la narrativa, esa captación del instante de un modo que Hache definió como "impresionista" y estoy dispuesto a darle la razón me acabó agarrando, interesando... el punto en el que dices: "Hombre, pues es verdad que no está tan mal..." y obvias determinados fallos de edición y corrección y estás deseando ver qué demonios pasa con esos zapatos ahí colgados, esa familia de Basora, esos líos en el estado de Nevada, carreteras perdidas y gente enloquecida sacada de una película de David Lynch...

Lo suficiente como para, una vez acabado el Dream me ponga con el Experience, que, desde el principio, es un libro infinitamente mejor: mejor escrito, editado y corregido. Con un estilo muy parecido, de acuerdo, pero mucho más brillante, más interesante. Menos de medio-oeste estadounidense y más de Windsor y Cortázar. La cercanía mejora los detalles. El kilómetro sentimental. Un libro complicado, por supuesto, pero a la vez excelente, con personajes igual de solitarios pero más humanos, con un punto de liberación en la narrativa indudable.

Sólo conozco a Fernández-Mallo de una visita rápida a la Feria del Libro, donde él firmaba. Me pareció un tipo preocupado por contar algo. Desde luego sus empeños por crear, definir y propagar la post-poesía fueron encomiables y tardó muchos años hasta que alguien le hizo algo de caso. Por otro lado, no entiendo muy bien en qué consiste la post-poesía y determinado afán definitorio me abruma, como si todo tuviera que responder a una fórmula científica que me obliga (si A entonces B) a disfrutar de lo que estoy leyendo, sin que yo pudiera decidirlo.

Por supuesto, el fenómeno ha engullido a los libros, pero yo me he mantenido bastante al margen del fenómeno, precisamente para poder apreciar los libros con mirada limpia de niño de película de la guerra civil. Y me han gustado. No sé si son realmente una revolución, me parece que no. Me parece que Loriga intentó algo parecido en "Héroes", que Cortázar y Fresán -ya quedó dicho- y que los puntos absurdos le deben algo a Barthelme, aunque todo esto sea de manera inconsciente.

Pero, revolucionario o no, merece la pena. Quedémonos con eso. Una lectura muy recomendable. A ser posible, por ese orden y con paciencia.

miércoles, julio 08, 2009

Expo-ocio 2003


A mí me encantaban las demostraciones de esos cocineros con el micrófono inalámbrico justo en los labios. Huevos batidos, aceite, sal, movimientos, una coreografía perfecta de cocina que nos hacía rondar a todos los curiosos alrededor de los distintos puestos.

Las explicaciones de lo obvio. Era maravilloso.

Ella trabajaba para una empresa de viajes de aventura. No tenía nada que ver con su carrera, pero era un trabajo. Iba a cumplir 23 años y ya pensaba en irse de casa. En su pausa para la comida, cuando yo volvía de mis excursiones por aquel enorme pabellón, viendo todo tipo de propuestas absurdas de ocio y oliendo a pollo asado -recientemente, un estudioso apuntó que en mi literatura nadie cocinaba nunca, pero esa no es la razón de este post-, nos sentábamos en el suelo, junto a una puerta de metal, como dos obreros y nos tomábamos un bocata de los que yo había traído de casa.

Los hacía mi abuela.

A ella le encantaban los de jamón serrano.

Tomábamos bocatas y nos magreábamos cuando nadie miraba. Yo iba a cumplir 26, estaba en la edad, no se escandalicen. Nos magreábamos y luego nos volvíamos cínicos y jugábamos a que en realidad no éramos pareja, que no había ningún tipo de vinculación sentimental entre nosotros, que no íbamos a volver por tercera vez. ¿Cómo íbamos a volver por tercera vez?

No sé si era guapa o no. A mí me parecía muy guapa, con esa cara pequeñita y esa sonrisa preciosa, sus ojos de ratón, su cuerpecito diminuto y su alegría, una alegría a prueba de bombas. A prueba de aspirantes a escritores bohemios dispuestos a bombardearla cada mañana, después de haberla magreado, por supuesto.

Estuve a punto de comprarme una sartén, casi me convencieron. Su jefe nos miraba raro. Me miraba raro a mí, no sabía que pintaba yo en eso. No me pareció grave.

Ella, o lo sabía, o le daba igual no saberlo. Fueron unos meses en los que pareció darnos igual demasiadas cosas. Las justas para seguir adelante. Si te pones a pensar todo el rato en lo que estás haciendo o lo que deberías estar haciendo, te vuelves loco. Fueron unos meses moderadamente felices.

Unos meses, sólo.

Hoy es su cumpleaños. Si la conocen o la ven por ahí, felicítenla de mi parte.

El pérfido Lance Armstrong


A mí con Armstrong y Contador no me pasa como con Federer y Nadal. Que nadie se asuste. Yo voy con Contador y diría, incluso, que Armstrong me cae mal por razones poco claras.

Otra cosa es que esté de acuerdo con lo que vengo leyendo últimamente de traiciones, favoritismos, puñaladas, etc. por lo que pasó en la tercera etapa del Tour de Francia, cuando, debido al viento, se formó un grupo de 30 ciclistas delante entre los que estaban Armstrong, Zubeldia y Popovych, todos del equipo Astaná y no estaba Contador, también del equipo Astaná y presunto jefe de filas.

Hay que dejar unas cosas claras: Armstrong no fue el que creó el abanico. Eso fue cosa del Columbia. Se coló entre los de delante y aprovechó. Pero no fue él el que la montó. Estaba atento y Contador no. Encima va a ser culpa suya eso. Después de unos kilómetros de medir fuerzas entre ambos grupos, y una vez la escapada parecía que tiraba hacia adelante, los dos compañeros de Astaná empezaron a pasar en los relevos. No a tirar como locos, sólo a pasar y echar una  mano.

¿Por qué no?

Delante no había ningún favorito, estaban todos detrás. Armstrong podía sacar unos segundos no ya a Contador sino a Evans, Menchov, Sastre, Schleck... ¿Qué ganaba el Astaná parando la escapada? Nada. ¿Qué ganaba ayudando a que siguiera? Distanciaba a sus rivales con respecto a un corredor que ha ganado siete Tours y que ha vuelto simplemente para intentar ganar el octavo. ¿Es eso materia de indignación?

Lo realmente curioso es la falta de exigencia con respecto a Contador en todo esto. Más que nada porque no es la primera vez que le pasa: en la París-Niza le ocurrió lo mismo. Ganó la crono inicial y luego se despistó en un abanico. Ganó la etapa de montaña y luego se vino abajo con una pájara descomunal. Por supuesto, Contador es el líder del equipo, pero tiene que saber que está en un equipo muy bueno. Exageradamente bueno. Tiene que convencer a tres potenciales ganadores como Armstrong, Leipheimer y Kloden de que tienen que trabajar para él.

Eso se hace estando atentos, controlando la carrera y metiéndose en los cortes. No pidiendo a los demás que paren cuando sí hacen su trabajo.

"Tres días con la familia", en Notodo.com

Aquí, el enlace al original, y a continuación la transcripción:


La estética catalana contemporánea merecería un detallado análisis objetivo: se mueve en términos tan opuestos como, por un lado, la estridencia cómica casi vulgar de algunos de sus humoristas (el señor Barragán, Carmen de Mairena, Javier Cárdenas y su colección de frikis…) y, por el otro, un gusto soberbio por el silencio, la calma y la sutileza de la mayoría de sus películas. Mar Coll, desde luego, es una gran representante del segundo grupo. Ha sido comparada con Isabel Coixet, pero en realidad ambas han tenido formaciones muy distintas y, de momento, también sus estilos narrativos son diferentes: Coll parece más comedida, más fotógrafa, más así son las cosas y así se las hemos contado. El tedio del domingo esperando una llamada al móvil.  

Tres días con la familia es el retrato prodigioso de una familia burguesa catalana que se reúne tras el fallecimiento del abuelo paterno. La protagonista, Léa, interpretada por una fabulosa Nausicaa Bonnín, vuelve de Toulouse para encontrarse un entorno a punto de derrumbarse, pero que por fuera mantiene ese seny que puede llegar a desesperar. Un mundo de apariencias. Coll no se preocupa en detallar cada rasgo de hipocresía o en hacer un escándalo de ello. Simplemente lo muestra, y que el espectador lo entienda como quiera. A través de la mirada de Léa vemos un matrimonio descompuesto, unas relaciones de poder insanas dentro y fuera de la propia familia, una especie de muy sutil “¿estás conmigo o estás contra mí?” que hay que demostrar todo el rato.

El precio que hay que pagar por la disidencia y el empeño constante en fingir que todo va bien aunque sea mentira, hasta el ridículo. Contar todo esto sin caer en tópicos aburridos, sin hacer un ejercicio de épater les bourgeois reivindicativo. Para eso está el humor Gestmusic. Es algo muy difícil y sorprende la solvencia de Mar Coll para conseguirlo apenas pasados los 25 años, cuando las miradas sobre la realidad suelen carecer de la suficiente perspectiva. Por supuesto, esta película sería imposible, o sería un desastre sin los actores, especialmente Eduard Fernández, que es ahora mismo para algunos el mejor actor del cine español, le pongas donde le pongas. Simple, como la película. Sin alardes. Pero tremendamente efectivo.

martes, julio 07, 2009

Entrevista a Zahara en la revista "Freek!"


Espero que sea la primera de muchas, si el tiempo y la salud me lo permiten... Aquí, el enlace directo a la revista, que también se puede adquirir en papel en numerosos bares y recintos culturales de manera totalmente gratuita.

Zahara juega con ventaja, como si se guardara algo bajo su punto inocente de Amelie Poulain ubetense: flequillo, sonrisa, sugus en el bolsillo... Una chica pop en busca de un avión perdido, que de repente viaja en primera clase.

Repite conmigo y de un tirón el título del disco.

"La fabulosa historia de la chica que perdió el avión y que estuvo esperando sola toda la noche después de despedirse del amor de su vida en una cena sin postre. Lo conoció en Roma y aunque aprendieron a flotar y a hacer infinitos los domingos... creían haberse perdido para siempre, pero mientras despegaban los aviones él le preguntó: ¿Te llevo a casa?"

El tema se repite de manera recurrente en algunas canciones, ¿alguna pista sobre qué demonios pasó?

Pues tiene un sentido metafórico: la idea de llegar tarde a los sitios y a las situaciones y perder aviones y personas hasta que consigues hacerlo bien. Siempre he tenido esa sensación. Pero también tiene un punto literal: perdí un avión de Madrid a Granada que me había pagado Universal.

¿Cuántos bares hay que patearse y cuántos años hay que estar tocando para que ahora todo el mundo diga que "debutas"?

Está bien, porque no es una cosa que llegue de repente. Llega después de muchos años y muchos autobuses de Granada a Madrid. Lo hemos hecho sin prisa, sin exigencias, seleccionando con cuidado, buscando reacciones en la gente.

¿Es difícil moverse en el camino entre lo indie y lo comercial y a la vez tocar en bares de cantautores?

A mí me gusta. Que en mis conciertos haya fans de Sidonie pero también de Vega o de los Killers... La mezcla ya estaba ahí antes de firmar con Universal y llegar a tanta gente. Estaba en el directo. Yo me limito a hacer en este disco lo que ya hacía antes.

¿Cómo surgió la colaboración con Santi Balmes, cantante de Love of Lesbian?

Ahora mismo, es mi grupo español favorito. Me llamó él por una versión que hice de "Domingo astromántico". Le gustó y la cantamos juntos en La Mercé. Luego, Universal aceptó que cogiéramos esa misma versión, sin tocar nada.

¿Qué es más pop, ser la Marylin de Warhol o esperar a alguien con Sugus en un andén?

(Risas) Lo de los Sugus en "Chico fabuloso" era una manera de reírme de mí y sacar todo mi lado más poppie, más Lacasitos. Yo soy muy pastel y no me avergüenzo.

¿Qué hay que hacer para ser un chico fabuloso? Tengo verdadera curiosidad.

Eres un chico fabuloso. Puedes ponerlo ahí (sonrisa). Pues es necesario que sea alguien que entienda el mundo que vivo, lo valore y lo respete.

Mi frase favorita del disco es "Todos queríamos ser extraordinarios". ¿No es una pena que eso se acabe pasando?

Ya, pero suele suceder. Hay un momento en que quieres tener todo en la vida, pero se te acaba la fuerza.

¿Quién más está por ahí intentando ser extraordinario y a punto de conseguirlo?

Egan Soda, que son catalanes, Ricky Falkner, o The New Raemon.

¿Sientes que estás cerca de algo? ¿Eso te pone nerviosa?

Siento que estoy viviendo un momento alucinante, precioso... Quiero pensar en hoy y no en lo que pueda pasar. Nerviosa, no: emocionada y muy ilusionada.

Tres días en Barcelona (III. Hotel Lichis)

La línea 1 de metro está cortada y no saben cuándo la podrán arreglar, así que yo cojo el Rodalies amb destinació Hospitalet y llamo desde ahí al Flaco para que me recoja en lo alto de la Rambla Just Olivera. Ayer estuvimos en L´Astrolabi viendo a Mini y escuchando a Albert Sans. Aquello estaba lleno, como siempre, y yo tenía un cansancio encima descomunal así que me fui a casa no sin antes hacer mil fotos horrendas y una que al menos mereció la pena. Esta:

Bueno, ¿qué quieren? Estoy aprendiendo. Déjenme en paz.

Vamos a Terrassa, a casa de Lichis. Hay barbacoa. Llegamos tan pronto que no están ni Vicky ni él ni Conchita, que anda estos días de promo en Barna y duerme ahí con ellos. Hotel, dulce hotel, hotel Lichis. Damos una vuelta por la casa y la piscina y al entrar al estudio está Lluis, que dice que le sueno de algo y no sabe de qué -algo habitual- y al poco rato ya llegan los anfitriones, cargados de cervezas, fruta, verduras, carne de todo tipo y chorizos parrilleros.

Luego aparece Pepo López con su mujer Marta y su pequeña Annouk -no sé si se escribe así, que me disculpen-. Obviamente, Annouk se lleva todos los ojos y miradas y babas y ella lo disfruta como se disfrutan las cosas con seis meses. Justo a la hora de comer llegan Dani y Jordi. Ya estamos todos.

Comemos como cerdos y tomamos el sol. Nos ponemos los bañadores y mostramos nuestras barrigas de treintañeros. Sin complejos. Las chicas muestran sus portentosos cuerpos de veinteañeras en bikini. La vida, señores, es injusta. Siento que floto, la verdad. Un estado de felicidad sólo comparable al de aquella mañana de Fuerteventura en mayo de 2008. Todo encaja. Metáforas músico-futboleras. Chistes continuos. Rondos con balón mordido por perro.


Lichis nos mete en el estudio y nos enseña sus nuevas cosas y las que está haciendo con las viejas. Lichis es grande, enorme, y repasando ahí, con él, su discografía, uno no sabe muy bien qué haría con un pasado así. Nadie tiene tantas canciones tan buenas y nadie puede conseguir que cualquier cosa que haga tenga una calidad tan alta.

Lichis es enorme incluso cuando no canta mi vida. Incluso cuando no sale en mis relatos ni mis libros. Incluso cuando se limita a traernos más pollo, más chuletas, más morcilla. Cuando nos brinda su piscina para que hagamos el bruto y nos tiremos haciendo la bomba o nos pasemos el balón al waterpolo o hagamos fotos bastante gays todo sea dicho.


Es un universo propio, sin teléfonos -el mío está sin batería desde hace 24 horas-, sin Internet, sin posibilidad de contacto con el resto del mundo porque todo el mundo está aquí, en este césped artificial solysombra de Terrassa Este, la niña que se vuelve a despertar, Pepo que saca la guitarra, la mandíbula -o más bien los mofletes- al límite de tanto reír. Qué jipis somos a veces los de los 70.

Pero es un mundo con límites y confines muy claros: los que pone el AVE. Vicky me acompaña a la estación y me da las gracias por haber ido, que es algo así como si te dan las gracias por sacrificarte y visitar la Mansión Playboy o algo así. Yo cojo la mochila y el Rodalíes hasta Sants y de Sants a Madrid me da tiempo a empezar "2666" -algo me dice que me va a volver a fascinar Bolaño- y repasar otros dos capítulos de mi novela que, sea por el nuevo entusiasmo o por lo que sea, me parece sinceramente cojonuda.

Tres días en Barcelona (II. Sandra, Federer, Roddick y un entrañable filipino)

Aprecien el grado de la encerrona: Sandra y yo estamos comiendo en un restaurante justo al pie de playa. La foto que tienen aquí abajo es la foto que saqué justo desde mi silla:

 
En fin, estamos comiendo, o más bien ya hemos dejado de comer, y no sólo eso sino que Sandra ha pagado la paella - ha tenido un momento absolutamente genial en el que ha preguntado si era Vega o Hache la que trabajaba de escaparatista en Zara, lo que habla pésimamente de mi caótica vida sentimental y mi capacidad para explicarla-, cuando yo le digo: "¿Te importa tomar algo en un bar de las Ramblas donde seguro que echan la final de Wimbledon?" Y ella, extrañada, dice: "Vale", por una mera cuestión de cortesía, supongo, y el nuevo paseo comienza, desde los aledaños del Port Olimpic por todo el paseo de la Barceloneta hasta llegar al Paseo de Colón, Dressanes y el inicio de la Rambla hasta que por fin encontramos el bar que está lleno y que, efectivamente, tiene puesto el Roddick-Federer. En pantalla gigante, con otras cuatro auxiliares.

Encontramos una mesita a lo lejos. Sandra muestra una paciencia infinita. Yo le explico que adoro a Federer, que para mí hay mucha gente admirable en el mundo pero sólo dos genios: Federer y Lichis. Esto ustedes ya lo saben, pero ella no, y le hace gracia y justo en ese momento, con 5-5 en el marcador del primer set, el suizo tiene cuatro bolas de break que se escapan, cada una, por milímetros. La gente suspira y se queja. Son casi todo extranjeros, y la mayoría van con Federer excepto un señor mayor con un polo del Barça y cara de coronel de la guerra de Corea, tipo Gran Torino, y un hombre que Sandra bautiza como "el filipino" y que se convierte en nuestro foco de atención dentro del público.

Roddick gana su servicio. 6-5. En el siguiente juego, rompe a Federer y gana el set, 7-5. Sandra me mira preocupada y empieza poco a poco a entrar en el partido. Intercambio frases de cortesía porque estoy de los nervios. Se lo pueden imaginar perfectamente. Roddick está sirviendo maravillosamente bien en el segundo set, con un 80% de primeros servicios. Se lo explico a mi amiga, para que no se pierda: "Lo normal sería un 60-65% y eso ya estaría bien". Con un 80% de primeros saques a esa velocidad, no hay nada que hacer. Y se llega al tie-break y Roddick se pone 6-2 arriba para inmediatamente derrumbarse, jugar tres segundos servicios seguidos, perder los tres, ser incapaz de restar a Federer y perder 6-8.

¿Cómo van ahora? Preguntan Sandra. "Van empate", digo yo. Y sonrío. El bar entero sonríe también. Incluso el filipino.

El tercer set es de lo más insulso y rápido. Federer juega mucho mejor, más ajustado, más tranquilo, pero Roddick que debería haberse venido abajo después de la pifiada monumental, resiste con una fortaleza mental admirable. El partido es realmente bueno. Muy bueno. Mucho saque y volea, cierto, pero una precisión brutal. "Llevo seis años viéndoles jugar", digo, "y es el mejor partido de Roddick en toda su carrera". Nuevo tie-break y nueva victoria de Federer. Fácil. Dos sets a uno. Sandra sigue con sus dudas: "¿El que gana el siguiente gana el partido?", "No", contesto. "Sólo si gana Federer".

Pero Federer no gana, para jolgorio de Gran Torino y del filipino y de todos los que están ahí -no se ha movido nadie en dos horas- queriendo que siga el espectáculo. Gana Roddick fácil (6-3) y nos vamos al quinto set, como el año pasado. Como hace dos años.

Intento ser objetivo, por una vez. Estoy disfrutando como un enano. Con el partido. Con el ambiente. Con la complicidad de Sandra. Pienso que Roddick se lo merece, joder. Que sería una putada para Roger volver a perder un partido épico y que eso minaría mucho su reputación, pero... él ya ha ganado 14 títulos de Grand Slam y Roddick solo uno y está haciendo un partido inmenso, con una concentración muy por encima de lo habitual.

Con 1-0 a favor de Federer, el suizo tiene dos opciones de break. Roddick las salva con dos primeros servicios perfectos a la T. Aplaudo. Todo el mundo aplaude. Hemos llegado a una especie de acuerdo los cien que estamos viendo el partido: cuando nuestro favorito gana, aplaudimos siempre. Cuando el punto ha sido increíble, gane quien gane, aplaudimos todos.

Y hay motivos para aplaudir. 2-1, 3-2, 4-3, 5-4... Ahí le explico a Sandra, de nuevo: "Roddick nunca se ha visto en esta, ha corrido el doble en el partido, sabe que ha perdido 18 de 20 partidos contra Federer y cada vez que se sienta en la silla tiene que recordarse que, si pierde su saque en el siguiente juego, pierde el partido. Es una carga moral que tiene que acabar pasándole factura". Pero no le pasa. Vaya si no le pasa: 6-5, 7-6, 8-7... Nada. Ni una señal de debilidad.

Con 8-8, Roddick se pone 15-40 sobre el servicio de Federer. Un chico rubio y yo nos miramos angustiados. El filipino grita ya por fin "U-S-A, U-S-A" y celebra. El bar entero sostiene el aliento. Federer hace un ace. Luego un punto de saque. Luego otro primero. Luego, gana el juego. Así de fácil. 9-8. Roddick se sienta en la silla sabiendo que si pierde su saque... ya saben. Pero 10-9, y 11-10, y 12-11, 13-12, 14-13, incluso 15-14, ¿por qué no?

Llevamos una hora y media de quinto set. Tres horas y pico desde que entramos en el bar y yo me pedí una Pepsi y ella un Nestea. No me odia. Me parece increíble. Saca Roddick. El primer punto es para Federer: 0-15, el segundo también 0-30. Roddick hace tres primeros y llega al 40-30. Luego falla. Deuce. Vuelve a fallar, ventaja  Federer. Punto de partido. Después de todo esto, un solo punto tampoco es pedir demasiado, ¿no?



Lo mismo piensa Roddick, exhausto, al que la bola le viene sobre la derecha pero no es capaz ni de medir el golpe ni de controlarlo mínimamente. La bola sale descontrolada y Federer grita, yo grito, el rubio grita. El filipino, pese a todo, aplaude sonriente, Sandra pregunta: "Ya está, ¿no?" Yo choco los cinco con ella y nos vamos.

lunes, julio 06, 2009

Tres días en Barcelona (I. Entre comidas y cenas)


Todo lo bueno que se pueda decir del AVE es poco. Es cierto que el precio no acompaña, pero tampoco es desorbitado. O depende del momento y la previsión. En dos horas y media acabo "Nocilla Experience" -un libro que me ha encantado y que presumiblemente reseñaré pronto-, repaso mi propia novela, escucho música y leo en un periódico deportivo que "en realidad, la imagen que los medios dan de Cristiano Ronaldo no es la verdadera".

Es decir, los medios dicen que la imagen que los medios dan no es verdadera.

Dijo Epiménides, el cretense.

Las cosas en el hotel y el primer paseo -Barcelona es una ciudad propicia al paseo- es por la calle Balmes hacia abajo, hasta Diagonal, donde B. no me espera porque se ha equivocado de sitio, pero al final nos encontramos lo mismo y comemos filete de buey en el Mussol de siempre. Nuestro Mussol. El mismo de 2006, como si no pasaran los años.

Hablamos del odio ajeno y el rencor. No sé si ustedes saben que B. y yo fuimos novios un año y medio. No creo que lo sepan. De hecho, no creo que sepan quién es B. y no tienen ninguna obligación. Si yo quisiera que ustedes supieran quién es B., no la llamaría B., así sin más, sino por su nombre completo, incluso algún apellido. Pero no, no quiero. O no lo veo necesario.

Sepan que hay una B., en cualquier caso, y que fue mi novia un año y medio y que de eso hace ya más de dos años y sin embargo nos seguimos viendo y comiendo en el mismo sitio y no nos dejamos llevar por la melancolía del "¿te acuerdas aquel día que...?" porque eso es tremendamente aburrido sino que nos interesamos por el aquí y ahora o incluso, como mucho, por el 2010. Y, simplemente, nos sorprende que haya otra gente con tanta facilidad para el olvido o el desinterés absoluto. Todos los de "por favor, no quiero volver a saber de ti", no ya como rechazo ocasional sino como rechazo verdadero. Los -y las- que no quieren volver a saber de ti jamás en la vida, como si hubieras muerto.

Y eso, que no lo entendemos.

Ni cuando seguimos Diagonal hacia Paseo de Gracia. Ni cuando subimos Gran de Gracia hasta Travessera, ni en el camino a Vía Augusta, donde un chico corre la misma manzana una y otra vez de manera sorprendente, apareciendo regularmente cada dos minutos delante de nosotros, y haciendo que nos preguntemos qué demonios hay del otro lado para que el tipo pueda volver al mismo punto con tanta frecuencia.

B. se va a casa -B. vive aquí, y "aquí" es Barcelona, yo sólo concibo esta ciudad como amante- y yo duermo una siesta mientras veo a Contador en el Tour y cuando despierto, me ducho -terrible calor, y disculpen tanta explicación entre guiones- y, con tiempo, vuelvo a bajar Gran de Gracia, la calle de la que me enamoré un otoño de 2007, y sigo su prestigiosa continuación hasta la Plaza de Cataluña, donde en el Zurich me espera el enorme Pepe Albert de Paco, asiduo comentarista en este blog y un hombre con problemas para cuidar sus teléfonos móviles.

Aprovechen estos minutos, para visitar su playa libre.


¿Han vuelto? Bien. Pepe me reconoce rápidamente, pero yo a él no, porque no he visto ni una foto suya, así que tiene que salir y hacerme varios gestos hasta que por fin caigo en la cuenta y le voy a hablar por primera vez de Cristiano Ronaldo y la paradoja cretense cuando aparece Vero, que quiere fumar, y que nos lleva hacia el Raval, primero en busca de unas cañas, luego en busca de un excelente rape en un bar que me parece tremendamente barcelonés, años 70. Película de Manolo Escobar.

Pepe, Vero y yo hablamos de las cosas que nos unen y que nos unirán, bromeamos sobre cosas que irán y no irán en el blog -por ejemplo, las posibles consecuencias de la mirada del lémur, no van a salir aquí, si Pepe quiere explicar su postura y defenderla, tiene su propio espacio- y nos tomamos unos copazos espectaculares en un sitio bastante cool, donde no tienen Jamison.

Hablamos de Argentina y el fútbol. Vero hace un par de preguntas desarmantes: ¿Valdano fue un buen futbolista? Y Pepe contesta inmediatamente que sí y yo me quedo con alguna duda, pero al fin y al cabo, por edad, él le vio más que yo (disculpe, se lo ruego). Luego, nuestra amiga insiste: ¿Florentino Pérez sabe de fútbol? Y ahí el silencio sí que es total, y Pepe nos cuenta una de sus anécdotas cuando "Libre Directo" ganó el Certamen Marca de Libro deportivo. "De medio campo para arriba ficho yo", dice que le dijeron que dijo el faraón.

Y que cada uno saque conclusiones.

Acabamos las copas y cogemos un taxi en Urgell. Yo no sé dónde está Urgell porque las ciudades ajenas es lo que tienen, que siempre esconden cosas. Pero sé dónde está el taxi. Y el taxista -la taxista- sabe dónde está mi hotel. Y con eso me basta.

sábado, julio 04, 2009

Camarote 503 el sábado 11 de julio



Yo creo sinceramente que no sería ni la mitad de escritor que soy ahora -sea lo que sea ahora, que está por discutir- si no fuera por el taller de Lara y el año y tres cuartos que llevamos escribiendo relatos cada dos semanas, sobre todo tipo de temas y con la obligación casi moral de superarse a uno mismo para estar a la altura de los demás.

Sin duda, mis mejores relatos los he escrito para ese taller, y espero que, tarde o temprano, vean la luz en algún libro individual.

De momento, les invito a la presentación del libro conjunto que hemos hecho todos los chicos del taller -o casi todos, porque vamos variando la tripulación todo el rato- y que tendrá lugar en el Ladrón de Tinta, calle Noviciado,2 a las 20 horas del día 11 de julio (sábado).

Es un gran libro con enormes relatos, entre los que se encuentra uno mío, que ni es grande ni mucho menos enorme, pero soy pésimo a la hora de elegir. Es lo que tengo. Pásense por ahí, pillen un libro, tómense un vino y participen de nuestra celebración, que siempre es algo hermoso. Les esperamos.

viernes, julio 03, 2009

Federer-Roddick: cinco años después



En septiembre de 2003, Andy Roddick derrotó en tres sets a Juan Carlos Ferrero para llevarse su primer y único título de Grand Slam: el US Open. Esa victoria no le sirvió para ser número uno del mundo. Al contrario. Paradójicamente, por cuestiones de regularidad y parámetros matemáticos, el número uno pasó al español, que lo defendió durante 10 semanas hasta que el propio Roddick se lo arrebató.

Luego, Roddick lo perdería en enero de 2004 ante Federer y acabaría cediendo definitivamente la supremacía mundial al perder la final de Wimbledon de ese año, pese a ganar el primer set, cayendo en cuatro mangas.

Pues bien, cinco años después, el estadounidense tendrá su revancha.

Creo que es hora de hablar un poco de Roddick, probablemente el jugador más infravalorado fuera de los Estados Unidos -y probablemente el más sobrevalorado dentro, si hay que ser justos-. El hecho de que en estos casi seis años no haya caído del Top 10 más que cuatro semanas en 2006 (y cayó al duodécimo puesto, que nadie se escandalice) habla bien a las claras de su regularidad: ocho años ininterrumpidos entre los 20 primeros son muchos años y tiene un mérito enorme.

Su problema es que nunca ha tenido el talento de Federer ni de Nadal. Se ha visto completamente absorbido por esos dos huracanes y además en los últimos años ha tenido que defender como ha podido su puesto ante los envites de Djokovic y Murray. Esa falta de talento la ha suplido con potencia, con un saque brutal, con un entusiasmo a veces poco recomendable y adrenalina a raudales.

La del domingo será su quinta final de Grand Slam. La cuarta contra Federer y la tercera en Wimbledon. Si soy honesto, no le doy ninguna opción. Las otras tres las perdió con cierta contundencia -Londres 2004 y 2005, Nueva York 2006- y en sus 20 enfrentamientos anteriores, Federer ganó 18, algo realmente asombroso. Este mismo año se han encontrado tres veces, con tres victorias para el suizo, una de ellas en las semifinales de Australia con gran contundencia (6-2, 7-5 y 7-5).

No se esperan grandes sorpresas. Roddick sacará como un animal y jugará profundo con su derecha sobre el revés de Federer, que intentará bajarle la bola con el revés cortado que no puede (o no sabe) emplear en tierra batida. Subirá como loco a la red y la mayoría de las veces perderá los puntos. Conectará tres o cuatro juegos seguidos y luego se irá durante todo un set. Suele ser así.

Tampoco es del todo culpa suya. Ganarle a Federer en hierba es una misión imposible. Es como ganar a Nadal en tierra batida. ¿Puede hacerse? Hombre, pues sí, se puede, pero es muy improbable. En los últimos siete años, Roger tiene un balance de 71-1 en césped. Ha ganado cinco veces Halle y otras cinco Wimbledon, más dos finales, la del domingo y la que perdió en 2008 ante Nadal, en cinco sets, con 9-7 en el último.

En todo este torneo sólo ha perdido un set y en el tie-break, en tercera ronda, ante Phillip Kohlschreiber. Ha cedido su saque unas cuatro o cinco veces, ninguna en los tres últimos partidos ante tres especialistas en hierba: Soderling, Karlovic y Haas. Parece que está en otro nivel de nuevo, tras el bajón de 2008: juega su 21ª semifinal de Grand Slam consecutiva, su 6ª final consecutiva, es el primero en la Era Open en jugar la final de Wimbledon siete años seguidos, bate el record de Lendl con 20 finales de Grand Slam jugadas y si gana el domingo será el primero en llegar a los 15 grandes y volverá a ser número uno.

Lo que, al fin y al cabo, dice mucho de Nadal: ante esta bestia parda ha estado casi un año como líder de la clasificación, y si "la bestia parda" pierde el domingo lo seguirá estando. Que todo puede ser. Pero no creo.

Pagafantas: la crítica

Aquí, el enlace a Notodo.com -esto va por rachas, ahora mismo media portada es mía, todo un honor-. Aquí la transcripción para los fieles de este blog:

Borja Cobeaga define su película como un “drama social” y lo hace completamente serio, como si estuviera denunciando una realidad hasta ahora soterrada por la vergüenza y la ignominia. El drama del mejor amigo de la chica guapa. Pagafantas es una película tremendamente cruel. Muy divertida, pero cruel. Real como la vida misma, pero, por eso mismo, cruel.

Chema, un veinteañero de Bilbao que acaba de dejar una larga relación en busca de aventuras, encuentra casualmente a Claudia, una argentina sin papeles que le cambiará la vida por completo. Él la sonríe y ella le sonríe a él y juegan con las palabras y todo va bien desde el principio. ¿Amor a primera vista? No, amigos. Se masca la tragedia. La chica le empieza a llamar Chemita, le usa para sus experimentos de peluquería, le emborracha, incluso le propone dormir juntos abrazados porque se siente sola.

La mirada de Gorka Otxoa al infinito techo de la habitación de Sabrina Garciarena, “la mirada del lémur”, según Cobeaga, lo que en otros ambientes se conoce simplemente como “comer techo” merece pasar a la historia de la comedia contemporánea española.

El mérito de Pagafantas es la naturalidad con la que se cuenta todo. Sin estridencias: te enamoras de una chica preciosa y viene Ernesto Sevilla y te la levanta. Lo haces todo por ella, esperas el momento de debilidad… y ella se va a vivir con Michel Brown. Las cosas son así y así las cuenta Cobeaga, apoyado en un elenco formidable que mezcla lo mejor de la comedia de los 80. Espectaculares Mánver y Ladoire con algunos de los actores más famosos de la televisión de los últimos años: aparte de Gorka Otxoa, Michel Brown o la propia Sabrina Garciarena, Julián López hace su debut como actor con solvencia y lo mismo puede decirse de Ernesto Sevilla, aunque lo suyo es más un cameo que otra cosa.

Por supuesto, en la vida pueden pasarte cosas peores. Pasan todo el rato. Ahí tienen el cine social para demostrarlo. Pero el dramatismo, el ridículo y la humillación de una buena cobra a las tres de la mañana en una discoteca no habían encontrado hasta ahora su justo lugar en las pantallas. Una película que incluye la expresión “el abrazo del koala” no puede ser una mala película.

Emite Poqito en el Café La Palma


Mi frase favorita de los últimos días es de Toni Nadal y viene recogida en el maravilloso libro de Jon Wertheim "Strokes of Genius: Federer, Nadal and The Greatest Match Ever Played", sobre la final de Wimbledon 2008 y que, por supuesto, no está -ni estará- traducido al español. La frase en cuestión viene a decir: "Porque le pegues bien a una pelota de tenis, no eres mejor que nadie", y está dirigida a su sobrino, claro, para que no se le olvide.

Manuel Colmenero, por ejemplo, co-propietario de los estudios Sonobox y co-productor a la sazón del disco de Vetusta Morla. Manolo, después de encargar otros 15.000 ejemplares de "Un día en el mundo", y en medio de una vorágine de fama, popularidad y éxito que tiene a los chicos ahora mismo en México y, si la gripe A lo permite, de festivales por España en verano, no deja de darme las gracias por que en su día publiqué una reseña y una entrevista con el grupo. Antes del fenómeno, de acuerdo, pero después de que ellos hubieran hecho un disco que era la hostia.

Han salido en El Mundo, El País, Antena 3, TVE... y Manolo se acuerda de mí. Me parece tan entrañable que no tengo palabras para agradecerle yo a él tanto cariño. Si todo el mundo se acordara lo mismo de sus "primeras entrevistas" probablemente todo sería más bonito, pero es muy difícil saber que le pegas muy bien a una pelota de tenis, que todo el mundo te lo diga, y olvidarte del resto.

En fin, Manolo en el Café de La Palma, sumergido en el viaje que propone Julia al frente de Emite Poqito. Completamente entregado, y pidiendo perdón por no haber avisado antes de que venía. ¡Pidiendo perdón! En un día complicado por coincidencia de eventos -la mitad de fans habituales de EP estaban de cumpleaños y otra gran mayoría en el Bernabéu siguiendo la presentación de Raúl Albiol, ese icono mediático-, la sala presenta un aspecto decente: unas 45 personas en pleno comienzo de verano. Bien jugado.

Julia empieza, como siempre, con "El día llegó", canción que probablemente no se llame así, pero que es preciosa igual. Luego coge la guitarra y es rockera. Me encanta cuando es rockera y canta "Un disparo" o "Dame" o incluso "Tea or coffee", un clásico básico. Luego vuelve al teclado y desgrana los greatest hits: "Mi fórmula secreta", "No me quiero enamorar del mal", "Ayer perdí"... Retoma la guitarra, y con la guitarra, "Antes", una canción en francés que nunca sabré cómo se llama y un bis al piano, para rematar.

Todo en su justo lugar. Aplausos, silbidos, gritos de "TE-MA-ZO". Manuel está eufórico y confiesa: "Está quince galaxias por delante de lo que se hace ahora mismo en la música española". Sin duda. A mí me gusta decir que soy el agente de prensa de EP, igual que me gusta decir que soy el productor ejecutivo de mi corto. Un gusto infantil por los cargos y los uniformes. En realidad, mi trabajo consiste en no hacer nada. En decir: "Oye el disco. Ve al concierto". Y el resto se hace solo.

Su superioridad, su calidad, la fuerza de sus canciones es tan obvia, tan imparable, por así decirlo, que es sólo cuestión de sentarse a esperar y de vez en cuando agitar un poco el árbol, que, de todas maneras, acabará cayendo de maduro.

jueves, julio 02, 2009

Por qué hay que ir a ver a Emite Poqito

Esta noche, a las 10 más o menos toca Emite Poqito en el Café de La Palma. Todos nos hemos echado unas risas aquí con el grupo y con las coñas de sus conciertos e imitadores, pero llega la hora de tomarse esto un poquito en serio.

Emite Poqito es uno de los mejores grupos pop españoles y están haciendo algunas canciones realmente increíbles.

Su directo es mejor aún que el disco que han sacado, aunque el disco también sea bueno, pero el encanto de Julia en el escenario la tiene poca gente.

Hacen algo distinto y a la vez simple. No son Russian Red. No son Anni B. Sweet. Menos misticismo y menos gorgorito y más naturalidad.

Las letras son brutales. Cada canción tiene al menos dos frases para recordar después del concierto.

Aún tocan a 7 euros la entrada y sin masificaciones, lo cual siempre se agradece.


Yo, a Julia, tramas familiares aparte, la conocí básicamente por su música. Quiero decir, la conocí antes, claro, pero me enganchó con su música:  un concierto al que fui hace unos tres años en una tetería, cuando era bastante peor de lo que es ahora y tocaba aún con Guille de Vetusta Morla, si no me equivoco. Me encantó, con todas las letras.

Eso les puede pasar a ustedes esta noche. En serio, es imposible que este grupo decepcione a nadie. Por eso me puedo permitir todos los elogios que quiera, porque mañana nadie me los va a echar en cara.