lunes, abril 12, 2010

Medina del Campo III. Capitalismo. Una historia de amor.


El desayuno se pasa rápido cuando los vídeos de Javier Rebollo están a mano. Ojo a sus comentarios sobre la sistematización del azar y "el maldito Aristóteles". Demasiado entusiasmo, disculpa alguien. No daré nombres. En lo que a mí respecta, ha sido un día de descansar de nombres. Un día de comprar muchos periódicos y disfrutar del sol en una terraza de la Plaza Mayor durante horas. Xavi y Messi. Messi y Xavi. Nuevos entrenadores para el Madrid. Muy bien. ¿Y cuántos puntos esperan conseguir con el nuevo entrenador? Porque con este han batido el record...

Hago tiempo para ver "Capitalismo", de Michael Moore. En rigor, podría haberme marchado hace ya tiempo y estar leyendo los periódicos en Madrid, pero quiero ver el documental y tampoco tengo mucha prisa por volver, la verdad. Tengo una relación de amor-odio con Moore. Creo que le pasará a cualquier persona inteligente. Moore es muy pasional en lo que defiende y tremendamente ingenioso. Sabe preguntar y desde luego sabe argumentar sus posiciones aunque caiga en demagogias intolerables muchas veces. Es un tipo brutalmente divertido, que funciona mejor dejando hablar que empeñándose en colocar La Internacional en los títulos de crédito o haciendo él mismo comentarios ad-hoc en sus propias películas.

"Capitalismo. Una historia de amor" es un excelente documental sobre el capitalismo salvaje. Moore mezcla conceptos continuamente, de manera que uno no sabe bien cuándo está hablando de liberalismo, neoliberalismo, capitalismo, plutocracia... como si todo fuera lo mismo. La aparición de Cristo y el catolicismo como factor de salvación frente al mal del dinero y los bienes terrenales me parece tremendamente ejemplificadora de lo que es determinada izquierda. Hay mil claves en ese documental que podrían dar muchísimo juego a alguien más inteligente que yo. Por ejemplo, tú.

Pero sobre todo, en la película hay personas. Moore es muy bueno eligiendo personas, porque al fin y al cabo personas somos todos -menos Bender, que es cosa- y, bueno, todos tenemos una casa y una familia y queremos un trabajo digno y nos rebelamos ante las injusticias de los poderosos. Algunas de las cosas que denuncia Moore en su película son más que escandalosas. En general, la América que nos presenta, es una selva irreconocible. La América que nos propone, y que no sabemos si es algo nuevo y progresista, o al revés, algo conservador, reaccionario y de vuelta a determinados orígenes social-religiosos, queda difusa.

Ya digo, poner "La Internacional" en los títulos de crédito e inmediatamente después una canción country sobre Cristo me parece un maravilloso resumen de algo. Aún no sé exactamente el qué.

Recomendable, en cualquier caso.

Después de la peli, aún es de día. Se me hace rara la primavera después de tanto invierno. La ciudad está llena de carteles de Teresa Rabal y a la chica del hotel no le importa que use el ordenador aunque ya no sea cliente. Es domingo por la mañana en un pueblo de provincias. Todo muy Delibes. El capitalista capitalino coge sus dos mochilas y camina escuchando a La Cabra Mecánica hacia la estación de tren sin saber si volverá el jueves o el sábado o el año que viene.

Algunas cosas cambian, otras no.