Lo primero que habría que aclarar sobre
Vida de un escritor, de
Gay Talese,
aunque me consta que es algo que mucha gente ha aclarado ya y que esta
reseña llega con un retraso imperdonable, es que no se trata en absoluto
de una autobiografía. Las razones por las que la editorial ha decidido
vender así el libro las desconozco, y, por tanto, tampoco sé hasta qué
punto el marketing equívoco ha podido ahuyentar a posibles lectores más
interesados en las peripecias laborales de Talese que en las personales.
En realidad,
Vida de un escritor es la
crónica de un libro imposible. La colección de libros en los que Talese
se embarcó desde que firmó con su editor un contrato con jugoso anticipo
para publicar su nueva obra en 1992 hasta la verdadera publicación de
la misma en 2005. Sí, el hilo conductor es el propio autor y hay
referencias inevitables a su vida conyugal, sus padres, viajes de joven a
Italia para conocer la tierra de sus antepasados y las distintas
razones personales que le hicieron comenzar distintas investigaciones y
artículos… Ahora bien, lo que queda, lo realmente interesante, son las
investigaciones en sí mismas: la historia de la familia
Ochs,
fundadora del New York Times, la sucesión de restaurantes que pasaron
por el extraño local situado en el 206 Este de la calle 63 de Manhattan,
las entrañas del muy mediático caso John-Lorena Bobbitt, la lucha por
los derechos civiles centrada en el pueblo de Selma, Alabama, y las
figuras opuestas del alcalde blanco y el abogado negro… y sobre todo, la
historia de
Liu Ying, jugadora de fútbol femenino de
la selección de China, que falló un penalti durante la tanda decisiva de
la final del Mundial de 1999, celebrado en Estados Unidos y que
acabaron ganando las anfitrionas.
Ese es el punto de partida del libro: su bloqueo como escritor en una
absurda tarde de fin de semana, con su compañero de tenis lesionado y
Talese zapeando entre el partido de sus adorados Yankees y la final de
fútbol, un deporte que nunca le había gustado como, sorprendentemente,
no le había gustado nunca a su padre, italiano de pura cepa. A partir de
la historia de esta perdedora, de la pobre Liu Ying que tenía que
volver a China a dar explicaciones a sus 1.300 millones de compatriotas y
al gobierno comunista, posiblemente indignados por su manera de tirar
un lanzamiento tan decisivo, Talese enlaza historias de manera
aparentemente casual, como si estuviera divagando y una cosa llevara a
la otra sin aparente esfuerzo.
He de reconocer que al principio esa manera de narrar resulta difícil
de seguir. Demasiadas digresiones de manera constante, como si no se
acabara de centrar en una sola historia. Obviamente, ese es el propósito
del libro, que más que un libro es un abanico. Sin embargo, no quita
para que, junto a una lamentable traducción al castellano, inaceptable
en una gran editorial como Alfaguara, el texto en ocasiones se haga
espeso y confuso.
Lo bueno de
Vida de un escritor es que,
pese a la traducción, siempre hay una manera de rastrear la historia y
engancharse a ella. A veces lo interesante está en los propios
protagonistas y a veces reside en el enfoque de Talese. Tranquiliza ver a
alguien tan seguro de sí mismo, tan capaz de buscarse la vida en
cualquier lugar del mundo y da cierta envidia leer los recuerdos de
aquellos tiempos en los que un buen reportaje merecía el traslado del
cronista en avión, su alojamiento en buenos hoteles, la compañía de una
fotógrafa con gastos pagados y todo ese largo etcétera previo a esta
lastimosa era del
Huffington Post y el todo gratis.
Entre la envidia y la tranquilidad queda Gay Talese y su facilidad
para estar y no estar. Toco y me voy. El narrador está presente en cada
una de las 600 páginas del libro y por momentos consigue que a uno se le
olvide. Ese es su mérito y por eso el libro debe ser recomendado. Eso
sí, autobiografía, lo que se dice autobiografía, esperen la justa.
Reseña publicada originalmente en la revista Sigueleyendo