viernes, julio 23, 2010

La intuición y la constancia (una crónica post-opositora)

Voy a ser sincero: llevo cuatro convocatorias seguidas examinándome a profesor de la Escuela Oficial de Idiomas y siempre he aprobado el examen. Ahora bien, jamás me aprendí un tema de memoria, ni lo escribí previamente, ni lo recité, ni me aprendí otras programaciones didácticas ni preparé las unidades más allá de unas pocas fotocopias y ejercicios que sabría luego exponer ante el panel. Simplemente, no me veo capaz, me falta constancia.

La constancia gana plazas de empleo público igual que la defensa gana campeonatos de la NBA. Uno puede sacar un 7,8 -mi mejor nota en estas convocatorias- a base de intuición y talento incluso en un año en el que ha pasado dos veces por quirófano, ha luchado a brazo partido con una prostatitis bacteriana -una enfermedad que, créanme, puede volver loco a cualquiera- ha pasado por varias enfermedades familiares y no familiares que aún siguen coleando y ha lidiado con un agotamiento casi crónico, acentuado por un final de curso más que estresante.

En definitiva, un año en el que no diré que no he tocado un libro pero la mayoría de las lecturas han sido en trayectos de Cercanías o de metro entre acupuntores y fisioterapeutas.

El hecho de haber sacado mi mejor nota en mi peor momento -recuerden hace dos años: toda aquella inmensa vitalidad- no deja de hacerme sentir orgulloso. Supongo que eso dice algo de mí, mi intuición a la hora de manejarme por un examen y lo que de alguna manera vaga podría llamarse talento. Pensar que podría llevar otra vida o que podría ser de otra manera es hacer metafísica. Sencillamente, las cosas son como son y nada ocurre sin razón, que diría Leibniz. Sí echo de menos algo de esa constancia. La constancia de los cursos y los méritos. La constancia que no da 7,8 sino 9,5. Admiro esa constancia. No lo digo siempre porque uno no va diciendo siempre que los métodos de los demás son los mejores, sería una manera absurda de delatarse, pero la admiro, claro que sí.

Supongo que la nota me bastará para trabajar el año que viene aunque sea con la mochila a cuestas. Supongo que eso me vale, porque sigo siendo un hombre con extrañas prioridades. Pero de alguna manera prometo reformarme y sumar cosas al repertorio. En resumen, que estoy contento y quería compartirlo, pero también quiero felicitar de corazón a los que se lo han currado y han llegado hasta donde yo no. Un extraño sentido de la justicia me invita a creer que se lo merecen más.