Se equivoca quizás Lorenzo Milá al explicarlo en primera persona, porque pareciera que defiende a su señor, pero tiene razón. Toda la razón del mundo. El éxito no es propiedad de Rajoy sino del formato y a la larga del propio Milá. Justo es que lo reivindique, aunque no lo entiendan.
Por lo demás, me sigue pareciendo una broma pesada, una cuestión de sueldos y cafés. La realidad no tiene que ver con la mayoría, tiene que ver con cada uno de los universos posibles. Jamás un presidente del Gobierno discutirá sus decisiones con cien ciudadanos aleatorios. Es absurdo medir su valía por la capacidad de reacción ante una situación que en toda su legislatura sería precisamente im-posible.