lunes, febrero 04, 2008

La polémica y los Goya


Jose Corbacho dio en el clavo, aunque sin pretenderlo, sospecho. "Me acuerdo de las antiguas galas de los Goya en las que había protestas y al día siguiente todo el mundo hablaba de ello", dijo, antes de introducir una insulsa protesta contra el Euribor. ¡Ah, la nostalgia! Ahora las protestas se dirigen contra las protestas, poco más. Pero no me refiero a eso, sino al "todo el mundo hablaba...". Efectivamente, al día siguiente de la gala de los Goya todo el mundo hablaba... de la polémica. El cine le daba igual a todo el mundo.

El cine español tiene obvios problemas de distribución y competencia. Eso está claro. Aparte, los grandes productores siguen mostrando un desmesurado interés por películas de época y costumbristas que llevan años aburriendo al público, y eso no ayuda. El nuevo cine español, el cine de género, el de "Rec" y "El orfanato" -pero también el de "Bosque de sombras", "Los cronocrímenes" y tantas obras sin distribución en nuestro país- acabará triunfando, pero mientras tanto la travesía por el desierto continúa.

Sin embargo, una vez al año, la industria tiene la posibilidad de lucirse ante millones de espectadores, en "prime time", en la Primera y durante unas tres horas. Yo diría que esa oportunidad habría que aprovecharla para promocionar el cine, para enseñar todas esas películas que han pasado desapercibidas, para reivindicarse como artistas.

Nada de eso. En aquellos tiempos, el cine no era más que un pretexto para hacer propaganda política, sin más. Justificada o no, pero propaganda. Y dedicar la gran noche del año a eso en vez de al cine era una pena. No sé si Corbacho estará de acuerdo conmigo. Por supuesto, nostálgicos hay en todas partes, basta con fijarse en los aplausos que recibió Alberto San Juan cuando pidió la desaparición de la Conferencia Episcopal.

Que a mí como si pide la desaparición del Cobrador del Frac, que me da lo mismo, pero está claro que los periodistas ya tienen el titular que buscaban. Y que, una vez más, no tiene nada que ver con el cine.

No sólo eso, sino que la única promoción que se hizo durante la gala fue para "Mortadelo y Filemón", una superproducción que ya consigue publicidad de sobra por otros medios.

En fin, motivos para reflexionar, creo.

Eso sí, bien por Corbacho, creo que le viene genial el papel de maestro de ceremonias a lo Robin Williams y muy bien por mi querida Manuela Velasco, claro. Porque además de ser una chica deliciosamente entrañable, se merecía el premio de sobra.

domingo, febrero 03, 2008

Cortesías

Sondeos electorales elecciones generales

Se nota que se acercan las elecciones. En el correo electrónico y en los blogs. La gente se agita y defiende sus ideas. Está muy bien. Ganar o perder, mandar o no, todo se va a decidir en poco más de un mes. Ayer, hablábamos en el Colonial -¡en el Colonial!- del tema y yo me limitaba a decir lo que pienso: es muy complicado que un Gobierno pierda unas elecciones salvo que pase algo realmente gravísimo.

Hay dos razones para pensar así: lo bueno que hace un Gobierno es un activo, lo han hecho ellos y así lo pueden vender. Lo malo que hace un Gobierno es criticable, claro, pero en el fondo carece de alternativa, siempre pueden responder con aquello de "tú lo harías peor".

Por eso, y aunque soy un desastre con los pronósticos de todo tipo, creo que las elecciones del 9 de marzo van a dar unos resultados muy parecidos a los que dan "El País" y el "ABC". Salvo que la participación se hunda, claro. Entonces, ya recordamos lo que pasó en las municipales del año pasado. Es improbable.

Echen sus cuentas y a ver qué les sale.

sábado, febrero 02, 2008

Pau Gasol a los Lakers

En la NBA pocas cosas se hacen mal. Al fin y al cabo hablamos de empresarios que cuidan su dinero. Pero, bueno, si todo fuera perfecto no existirían los Knicks, y en cualquier caso, el traspaso de Pau Gasol a los Lakers es un ejemplo exagerado de cómo conseguir que todos ganen algo.

Veamos: primero, el jugador. Pau Gasol pasa de ser un jugador silbado en uno de los peores equipos de la liga a jugar por el anillo al lado del que probablemente sea, junto a LeBron James, el mejor jugador de la liga. La diferencia es obvia. Pasa, a su vez, de un mercado inexistente -Memphis, con su FedEx siempre semi vacío- al centro del glamour y las estrellas. Por supuesto, sus defectos -defensa y rebote- se verán más, pero también sus cualidades positivas. Además, su entrenador será el mítico Phil Jackson, casi nada.

Los Grizzlies pierden deportivamente a corto plazo. Cambiar a Pau por Kwame Brown es ridículo. Pero como el corto plazo estaba perdido de todas maneras, tampoco les importa. Al revés, todo lo que les acerque a los primeros puestos del draft será bienvenido. Se deshacen del sueldo más caro de la plantilla, permiten enfocar el proyecto en Rudy Gay, tal y como quiere Iavaroni, y recibirán el año que viene a un 5 puro como Marc Gasol que les va a venir muy bien.

Que no es que Marc Gasol vaya a ser el próximo Moses Malone de la NBA, pero los pivots anteriores de Memphis han sido Tsakalidis y Milicic, así que en comparación…

Y los Lakers, con Pau en plena forma -que habrá que esperar a ver cómo se recupera de sus problemas de espalda- se convierten en un serio aspirante al título. Con Bynum, Bryant, Odom y Gasol en el quinteto más el “reflexivo” Fisher dirigiendo las operaciones, el equipo tiene una pinta estupenda. Como ha dicho el propio Jackson, Gasol no sólo es un jugador que anota mucho, también es un excelente pasador con una inteligencia soberbia en la cancha. Eso, para el famoso “triángulo ofensivo”, es clave.

Así que, bueno, yo creo que incluso a Navarro le viene bien quedarse solo en Memphis y no tener que soportar la sombra de su “amigo”, como si ese fuera todo su mérito para jugar en la NBA. Y, lo que es más importante, ya tenemos otro equipo al que animar. Ya lo digo: todo ventajas. Da gusto.

viernes, febrero 01, 2008

Terrorista, de John Updike

Hablan maravillas de John Updike, escritor de la saga Rabbit desde 1960, y ganador de varios premios de todo tipo. Uno de los grandes de su generación, con éxito tardío. Sin embargo, "Terrorista" no es una maravilla. Empezando por su título, que lo dice todo de la trama del libro cuando no tendría por qué ser tan obvio. ¿Una estrategia de marketing? Puede ser, pero afecta al lector, claro. Uno está leyendo la historia da Ahmad Ashmawy Mulloy, ese curioso fruto de la relación entre un egipcio musulmán y una irlandés católica y sólo puede esperar al momento en el que se decida a inmolarse.

Porque sabes, desde la portada, que se va a inmolar. O que va a intentarlo.

El retrato del Nueva Jersey interracial, la decadencia de las calles, los colegios y las parejas está conseguida. La mirada de Ahmad sobre la impureza americana y occidental, basada en el olvido de Dios o la idolatría del Dios falso refleja perfectamente el odio que los fanáticos islámicos sienten hacia las sociedades abiertas... pero no resulta creíble. En general, Ahmad no resulta creíble en ningún momento. Ni sus diálogos ni sus acciones. Todo parece cogido con pinzas hasta llegar a un final lleno de tensión pero muy mal resuelto, de best-seller barato.

Por supuesto, la estructura es impecable, propia de un gran novelista, pero hay algo de impostado en todo lo que pasa y en su manera de enfrentar el problema del terrorismo. Pude leer hace muy poco "Falling man" de Don de Lillo y su manera de entrar en la psicología de los asesinos era mucho más brillante y natural, precisamente por ser menos detallada. Updike muestra un cierto dominio del Islam, del Corán y de sus motivos, pero parecen más fuegos de artificio que otra cosa.

Su manía de dejar frases enteras en árabe, por ejemplo, para que veamos que sabe de lo que está hablando.

Pues bien, la mayoría de las veces no parece que lo sepa. Ahmad está completamente perdido en el mundo y completamente abandonado por su autor. Una cosa es que se pretenda que todo adolescente en el fondo es inconstante y otra es mostrar tanta variedad de caracteres contradictorios en un solo personaje, de manera que, repito, acaba resultando totalmente inverosímil.

Eso sí, la historia engancha porque es un tema de actualidad, porque es un buen novelista, porque sabe dónde están los nudos de interés, e incluye reflexiones interesantes sobre lo que supone la visión laica y religiosa de la sociedad en estos momentos. El intercambio dispar de posiciones se presenta con una distancia muy recomendable, que hace que en ningún momento parezca que es el autor el que está hablando.

Lo dicho, no es una maravilla, pero no es un mal libro. Parece una obra poco lograda, simplemente. Supongo que es el riesgo que se corre cuando se empieza con un autor por el final.