martes, mayo 28, 2019

When we was fab



Si el tema de los cuarenta es la nostalgia, imaginen la nostalgia de un Beatle. Mañanas enteras escuchando el "When we was fab" de George Harrison en bucle como si al escucharle de alguna manera se le pudiera devolver al mundo o aparecieran por sorpresa otras doscientas canciones suyas. La complicidad con Ringo en la batería, el traje de Sgt. Pepper´s, la contraportada del "Imagine" de John Lennon bajo el brazo de un hombre que pasa delante de la cámara como si nada, los violines tan George Martin del inicio de la canción.

Todos soñamos con ser "fab" y probablemente todos lo consiguiéramos en algún momento pero nadie más se dio cuenta. A algunos, el sueño se les fue de las manos. Precisamente el otro día leía una entrevista con George justo de 1970, con los anuncios de separación ya anunciados y el litigio de Paul McCartney en los tribunales. Él aún optaba entonces por seguir, por dedicar dos o tres meses al año a grabar juntos, solo por complacer al mundo. Reconozco que me cuesta entender a Harrison y siempre me ha costado. No sé cuándo habla en serio y cuándo habla en broma. Si alguien odiaba a Yoko -o la presencia de Yoko, más bien- era George, si alguien disfrutó abiertamente del fin de los Beatles fue George y si alguien se negó siempre a un regreso fue el propio George.

Y sin embargo...

En fin, YouTube de fondo mientras suena el estribillo. Un estribillo que una mañana fantaseé con adaptar al español después de que me saliera algo así como "Tan... tan fácil somos de olvidar. Tan... tan imposibles de contentar". Y después, suena "He thought of cars" (and where to drive them and who to drive them with).

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En mi muro de Facebook aparece esta maravilla, compartida por Antonio Ferrer:

Es todo tan perfecto, que parece imposible que la canción no sea de esa chica o que esa chica no sea ya una estrella de algún país vecino. Ese "Tienes cara de que me vas a joder la vida" y ese ambiente de madrugada tardía, principio de mañana en un piso que solo puede ser del centro de alguna ciudad decadente. Y sin embargo, ni la canción es suya ni la chica es una estrella. El original pertenece a un grupo llamado Baco Exu do Blues y deja bastante que desear. En una especie de tecno chill-out se pierden todos los matices de la rima, incluso la genialidad de añadirle una "i" final a "Woodstock" y "Van Gogh".

La chica tampoco es ninguna celebridad. Tiene un canal de YouTube y hace versiones, eso es todo. No recuerdo un impacto igual desde aquel lip-sync del "Hey" de los Pixies que anegó nuestros blogs de TwentySix. El "Toxic" de Britney Spears le sale bastante peor, todo sea dicho.

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De un padre se suele valorar su "amor incondicional", pero ese amor no es ni de lejos es el más bonito. El amor de verdad es el que se siente siendo perfectamente consciente, el momento en el que tu hijo deja de ser una responsabilidad, un peso, una carga, una amenaza a tu vida tal y como la entendías y se convierte en un compañero más. Cuando por fin sois tres sin problemas y él te cuenta y tú le cuentas y no es exactamente que seáis amigos porque tú eres su padre y él es tu hijo pero digamos que ya no estáis ahí porque no quede más remedio o por alguna especie de obligación moral sino porque queréis estar ahí; porque, inopinadamente, resulta que os caéis bien y "el niño" se convierte en un "compañero vivo" más.