martes, febrero 03, 2015

Rebotando



Una de las escaleras de Avenida de América no funciona. Es lo habitual, por mucho que digan que en quince días las van a arreglar todas, no vaya a ser que se nos echen las elecciones encima y ahí estemos todos: los jubilados, los padres con carritos, los chicos con vértigos... bajando escalón a escalón agarrados a la barandilla para evitar el abismo. En el andén, las cosas no van a mejor: siete minutos de espera a las cinco de la tarde de un día laborable y unas pantallas de publicidad, unas cinco o seis por cada lado de la vía, que repiten en bucle los mismos anuncios: uno del PP promocionando sus éxitos en una página web, otro del gobierno del PP en la Comunidad de Madrid resaltando lo bien que funciona la sanidad y otros dos de relleno: FITUR y un complemento vitamínico que se anuncia bajo el eslogan de "Stop cansancio".

Así cada minuto: PP, gobierno del PP, complemento, PP, gobierno del PP, complemento... Rajoy, Ignacio González; Rajoy, Ignacio González... De vez en cuando sale lo que ellos llaman "Smile News" y que se supone que es la razón de ser de estas pantallas. La de hoy es "Cerrar los ojos ayuda a mejorar la memoria". Cerrar los ojos, eso es. Cerrarlos bien fuerte.

La página del PP, por cierto, se llama "Aún queda mucho por hacer" y ahí nos van contando lo bien que va este país con Rajoy, la suerte que tenemos de haberle elegido presidente y menos mal que aún podemos repetir cuatro años más. La primera vez que vi el anuncio de esta página fue en la edición digital de El Mundo. No aparecía como vinculada al PP, simplemente estaba ahí glosando éxitos con buen rollito. Puede que el anuncio llevara mucho tiempo. No lo sé, dio la casualidad de que yo lo empecé a ver justo cuando se decidió que Esperanza Aguirre fuera una de las columnistas del periódico.

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Otra de mis profesiones desconocidas fue figurante. Estuve un año o una cosa así, al poco de terminar la carrera, cuando no había manera de encontrar un trabajo digno. Me inscribí en una agencia de actores, donde me querían hacer un "book" precioso por un dineral que por supuesto tenía que pagar yo. Les expliqué que no sabía actuar, que lo más a lo que aspiraba era a hacer bulto en alguna serie o algún programa de televisión, aplaudiendo como loco al presentador de turno. Creo que la agencia se llamaba Penélope, pero no estoy seguro.

Me llamaron un par de veces. No estaba mal pagado, no desde luego tan mal pagado como ahora, que dicen que te dan diez euros y adelante. Por entonces eran unas cinco mil pesetas y el típico bocadillo. Una tarde me pasé con una amiga a ver la grabación de El Club de la Comedia. Ella era una fanática de Luis Piedrahita y siempre cabía la posibilidad de que ese día actuara. Nos sentamos en el viejo Teatro Alcázar y ahí no apareció ni un cómico, solo distintos grupos grabando las actuaciones musicales que luego se emitirían en varios programas: primero Nancho Novo y los Castigados sin Postre, luego Los Especialistas y por último un grupo del que no recuerdo nada.

Me quería morir ahí mismo. En realidad, nuestra relación estuvo trufada de estos desencuentros. Dos años después, ella me invitó al IMAX, en Planetario, y a mí me dio un ataque de ansiedad nada más pagar la entrada y sentarnos. Siempre me pareció una chica prodigiosa que merecía un poco más de suerte. Luego, las cosas se torcieron. No sé muy bien por qué, supongo que éramos un par de chicos a los que se les torcían las cosas con facilidad y tampoco hay que darle muchas más vueltas.

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Mi hijo está aprendiendo a gatear, pero para ir hacia atrás. No sé si quiere imitar a Michael Jackson o si piensa que el futuro está detrás de su culo. En cualquier caso, empiezo a pensar que ve demasiado la tele.

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El domingo vimos "10.000 Km", coincidiendo casi con su éxito en los Premios Gaudí. Nos gustó. Un poco lenta al principio, pero supongo que de eso se trata. El personaje del chico me cae muy mal, es una ristra de tópicos de maltratador en potencia con tono entrañable, a lo "Alta Fidelidad". Me disgustan los maltratadores entrañables porque son los más peligrosos. A ver si todos van a tener la cara de Luis Tosar en "Te doy mis ojos".

En cualquier caso, el actor es David Verdaguer y me alegro mucho de que le hayan premiado porque conseguir que un personaje te caiga mal también tiene un mérito enorme, quizá el mayor de todos porque en el fondo todo actor tiene la tentación de hacer caer simpático a su personaje. A David le conocí en 2010 en Tarazona. Venía con Ana Morgade para presentar una película para televisión que había hecho con Leticia Dolera. Leticia también estaba ahí y jugamos a algo parecido al tute durante un par de horas en la cafetería del hotel.

Por la noche, nos emborrachamos por Tarazona. La familia de Ana era de ahí o eso me pareció y pasamos un rato muy agradable. La película no era gran cosa pero estaba bien. Leticia abría mucho los ojos y estaba preciosa y él presentaba un registro completamente opuesto al de "10.000 km". Con los años, David acabó de pareja de una muy buena amiga mía, aunque creo que no llegó a re-presentármelo. Luego, de nuevo, las cosas se torcieron y la distancia ha hecho un poco de olvido, así que me tengo que conformar con verle a él recogiendo premios, a ella en todas las paradas de metro y a Ana Morgade en La Sexta.

domingo, febrero 01, 2015

El currículum de Monedero



El asunto Monedero en El País: el periódico publica en portada una noticia falsa, sin verificar y trufada de pereza y no se preocupa ni en desmentirla cuando los hechos demuestran lo contrario. Ese dignísimo titular: "Monedero falseó la mayor parte de su currículum". Ya es dudoso que eso mereciera una portada de un periódico nacional si fuera cierto, pero, en fin, líneas editoriales tenemos todos. Lo peor no es que no sea cierto y tanto desde Puebla como desde Berlín se haya confirmado que el líder de Podemos sí estuvo colaborando con sus universidades sino la defensa que los autores de la noticia y el director adjunto Alandete hacen a requerimiento de la propia defensora del lector, escandalizada con el asunto.

Publicar una noticia falsa, ponerla en portada y aderezarla de sensacionalismo es algo demasiado gordo como para dar marcha atrás rápidamente, eso lo entiendo, pero, hombre, igual a Alandete se le podía pedir algo más que una definición de la RAE. 

El ataque de El País a Podemos, el enésimo ataque, forma parte de la lista de inanidades que se vienen publicando contra la formación de Pablo Iglesias en los últimos días. Pura basura. Para encontrar una verdadera crítica a Podemos, a su ideario, a su ethos, la única solución es escucharles a ellos mismos. Cuando eso sucede, yo estoy ahí para contarlo. Cuando sucede lo contrario, este Inda-Alandetismo absurdo y repugnante, también, por supuesto. El problema, como decía hace unos días, es que si ese es el nivel, no van a saber qué hacer cuando se enfrente a ellos, de verdad, un periodista.

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Pienso mucho en la infantilización de la sociedad. Continuamente. En ese "yo no he sido" indignado que parece ser el espíritu del tiempo. Pienso en ello pero no me decido. Decía Hannah Arendt en su magnífico "Eichmann en Jerusalén": "Cuando todo el mundo es culpable, entonces los verdaderos culpables se diluyen en la masa". Me disgusta esa "inocencia" grupal, ese huir de cualquier responsabilidad, ese "a mí me lo dieron así" que tanto se critica desde determinados sectores periodísticos y con buena parte de razón.

Por otra parte, a menudo tengo miedo como analista de ser injusto, de dedicarles demasiadas portadas a los Monederos, Iglesias y compañía cuando el país y el continente han sido arrasados por otras personas, por los Draghi de turno, que señala hoy con pericia Manuel Jabois en su debut en El País. Me repatea tener que dedicar párrafos al antiamericanismo trasnochado de Iglesias y no poder insistir en las estafas de Goldman Sachs o el Moral Santín de turno, en clave local. Que lo pequeño, lo anecdótico se coma al dinosaurio.

Sí, la autocomplacencia de la sociedad griega, y la española, ante lo que ha pasado desde 2008, es irritante, pero diluir los excesos, los desfalcos, la omertà que ha reinado y reina entre las cúpulas políticas, económicas y periodísticas de este país, me resulta excesivo. Cita Arcadi Espada emocionado la última frase de "True Detective": "Yo creo que de momento la luz está ganando" y yo aplaudo con él. Sí, la luz está ganando. Lleva ganando años. Más que nada porque siempre hay alguien vigilando que no se apagara. El fuego. Llevar el fuego o al menos respetar a los que llevan el fuego sin necesidad de homilías. Y lucha eterna contra los salteadores de caminos.

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Tercer día con fiebre. Hoy era el marcado para ir con mi mujer al cine por primera vez desde que nació el Niño Bonito, pero obviamente no va a poder ser. Quedamos en ver una película en casa y comprar unas palomitas para perfeccionar el artificio. Ayer, a la hora de la cena, le dije que desde que estaba con ella no me había fijado en ninguna otra mujer. Dicho así, suena a excusatio non petita pero lo cierto es que yo lo dije completamente asombrado. Eso no se había dado nunca antes. Una sola mujer a la vez, impensable. 

Yo he estado enamorado, incluso enamorado hasta las trancas y siempre he barruntado a la vez un "Plan B", una escapatoria. Ahora, no. Desde que cumplí los 35, colgar las botas ha sido lo más fácil del mundo. El más mínimo interés en la seducción ni en la coquetería, los dos grandes motores de mi vida. Eso no quiere decir que no los recuerde con cierta nostalgia cuando oigo las historias de los demás, pero como diría Lichis: "Entonces decidí no regresar jamás a casa". Nunca más madrugadas caminando por Malasaña solo cantando "¿Por qué me llamas a estas horas?" y teniendo ataques de ansiedad al amanecer.

Nunca más el juego peligroso, no por una cuestión moral, sino de hartazgo. La plastilina está bien pero tiene su edad. En esta edad corresponde otra cosa, algo parecido a dar de desayunar a tu hijo. Quizá, en el fondo, yo fui llamado a este mundo para darle de desayunar a mi hijo y por eso lo hago tan bien, y todo lo demás, esta segunda división del intelectualismo español a la que me he visto condenado, no sea sino una manera de complicarlo todo demasiado.

sábado, enero 31, 2015

El muro de Berlín


Coincidiendo con la multitudinaria manifestación de la Puerta del Sol, La Vanguardia publica una entrevista con Pablo Iglesias conducida por Enric Juliana. Todo va bien hasta que aparece una anécdota. Las anécdotas venden la historia, recuerden. Juliana le recuerda a Iglesias la novela de Boris Pasternak, "Doctor Zhivago", en concreto una frase de un comisario soviético: "En Rusia ya no hay vida privada". Iglesias, que no ha leído la novela, se lanza a una crítica de la película de David Lean. En realidad, no es necesario, porque el periodista lo único que pretendía era preguntarle si él se sentía así, sin vida privada, pero en la relajación no deja pasar la oportunidad y responde lo siguiente: "Es un buen ejemplo del enfoque anticomunista norteamericano. ¡La pérdida de la vida privada! Una película clave para entender el combate cultural de la Guerra Fría, que los norteamericanos ganaron porque construían mejores historias".

Fíjense en los signos de exclamación, en la indignación y la burla de los signos de exclamación. Qué cosas tiene la gente. La pérdida de la vida privada en la Unión Soviética, la mutilación de los derechos individuales en favor, precisamente, de una casta llamada "partido", los millones de muertos y el estado paranoico resumidos como un invento norteamericano; la Guerra Fría, en general, considerada como una narrativa capitalista. "Construir mejores historias". Para decir algo así en 2015, hay que tener unos huevos toreros, Pablo Iglesias. Apelar además a una novela de un disidente ruso que ni siquiera has leído ya es el colmo de la arrogancia. La modernidad para este hombre es rescatar a Lluís Llach y gritar "Yankees go home",

A veces, con Podemos, cuando se lanzan a por todas, a calzón quitado, me da la impresión de estar viviendo una constante Fiesta del PCE de principios de los ochenta, como a las que me llevaba mi padre. De hecho, salvando algunas distancias, me parece oír a mi padre y en ningún caso a mi hijo, lo que me preocupa bastante porque el futuro no puede haber nacido en 1954. Con una diferencia, claro: a mi padre el poder nunca le interesó lo más mínimo y al menos él no engañaba a nadie.

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La manifestación, por cierto, ha sido un éxito, tal y como se preveía. Las referencias al 15M pueblan las portadas y me parece razonable hasta cierto punto. Sí, probablemente parte de ese "despertar" se inició en Sol y en tantas otras plazas a mediados de mayo de 2011, pero el despertador llevaba sordina: "Sin banderas" como regla universal. La transversalidad en estado puro. Ahora, todo lo contrario: pancartas, banderas y cada uno con su espejo para confirmar su identidad.

A mí todo esto me duele, porque yo también vi algo en Podemos que creí que escapaba al tópico, pero no, lo supera, y eso me hace sentir mal, porque, qué quieren que les diga, yo siempre me he considerado de izquierdas, pero no de una izquierda tan burda que ni siquiera se atreve a decir que es izquierda no vaya a ser que alguien se moleste antes de tiempo. Toda la estrategia está basada en agradar y pedir perdón cada vez que criticas a alguien como David Fernández, de las CUP, por abrazarse con un triturador de los servicios públicos como Artur Mas.

El mensaje viene a ser "todos los que no seáis ellos, sois de los nuestros y os queremos". ¿Y quiénes son ellos? Ni idea. Esperanza Aguirre y Eduardo Inda. Por no tener claro, no tenemos claro quiénes somos nosotros y a Echenique se le está empezando a poner una cara de Trotski que no puede con ella.

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Serena Williams gana su decimonoveno título individual de Grand Slam en Australia. Por delante de ella, solo Margaret Court-Smith en la prehistoria y Steffi Graf en la llamada "era Open". Ganar diecinueve grandes a lo largo de dieciséis años (su primer título data del US Open 1999) en la época más hiperprofesionalizada y globalizada del tenis femenino la coloca en primera línea a la hora de discutir el título de la mejor jugadora de la historia y con sentido. La única pega que no puedo evitar ponerle es esta negativa a pasar un control anti-dopaje. Cualquier deportista de élite que se encierre en un cuarto ante la visita de los médicos es para mí un deportista que hace daño a su deporte.

lunes, enero 26, 2015

Common people


Por fin gana Syriza en Grecia y lo primero que hace es pactar con un partido de derecha nacionalista. La rapidez con la que se ha conseguido el acuerdo invita a pensar que llevaba tiempo cocinado entre bambalinas y tiene sentido: recuerden que lo importante ahora es no ser de izquierdas ni de derechas sino estar contra los mercados y la Europa de Merkel, frase repetida como mantra por Syriza, UKIP, Podemos, Frente Nacional y otros.

La unión frente al enemigo común surge en clave nacionalista y no ideológica. Nigel Farage repetido en los muros de Facebook durante el 15M solo por meterse con la Unión Europea sin reparar ni investigar en su programa xenófobo. En España, a Tsipras se le ha recibido desde el tópico -"Syriza es ETA", parece inferir el PP, que no se cansa de hacer el ridículo- y desde el absurdo -"Grecia por fin tendrá un presidente griego"-, resumiendo el espíritu de los tiempos, es decir, el de la soberanía nacional por encima de cualquier proyecto de construcción conjunta.

El antieuropeísmo recorre Europa en nombre de la "gente común" y bien haría la gente común en rebelarse ante el estereotipo y reivindicar un continente sin pasaportes y donde en ningún país se te trate como extranjero. Puede que haya quien diga que Syriza o Podemos o Le Pen o el propio Farage sí quieren ser europeos pero no "de esta manera". No sé cuál es esta manera que tanto nos aterra, supongo que El asunto es ser europeo cuando me da la gana y no querer serlo cuando los demás me imponen unas reglas.

Es decir, evitar toda clase de convivencia en sentido estricto.

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Mi artículo de ayer sobre Pablo Iglesias tuvo un éxito importante y no puedo negar que me halaga. Uno escribe para que le lean y que le lean con tanto entusiasmo incluso le abruma Lo curioso es que, investigando en las redes sociales, los mayores partidarios de la crítica a Iglesias era gente de izquierdas. En ocasiones, gente muy de izquierdas, vinculados a veces a partidos políticos, organizaciones sociales o incluso sindicatos. La izquierda esperando a Iglesias para repartirle a la vuelta de la esquina.

El fenómeno me resulta muy curioso e incluso divertido. Supongo que esto es lo que se llama "transversalidad" y bien está si el artículo de verdad gustó. Si formaba parte de un ajuste de cuentas, en ese caso, me hace sentir un poco culpable, aunque al fin y al cabo la estrategia de Iglesias no es otra sino esa: que te sientas culpable cada vez que le criticas. Un enemigo del pueblo, en resumidas cuentas.

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De mi extraña biografía quizá destaca el día en el que tuve que entrevistar a Batista, el luchador de wrestling. Era un jueves por la mañana y él me esperaba en su habitación de hotel de lujo tomando un zumo de naranja. Por entonces, yo trabajaba en la edición española de la revista de la WWE y me encargaban ese tipo de cosas: entrevistas a luchadores, viajes a Valencia para ruedas de prensa y eventos llenos de niños con carísimas camisetas de sus ídolos...

En su momento, me pareció normal, incluso divertido. Ahora, mientras preparo otros cuestionarios para otros personajes, no puedo evitar preguntarme qué hacía yo ahí. No arrepentido, por supuesto, porque una vez que eres capaz de entrevistar a un tío de dos metros y ciento cincuenta kilos eres capaz de entrevistar a cualquiera, sino con ese estupor del "¿quién era yo entonces?, ¿cómo me senté a preparar veinte preguntas en inglés sobre la trayectoria de un luchador de pressing catch al que no conocía?".

Batista, por lo demás, estaba en retirada. Me empezó a contar un montón de cosas que la agente de prensa me obligó a quitar luego. Él daba por hecho que aquí todos sabían que la competición era un fraude. No una lotería, ojo, pero sí un fraude en términos deportivos. Yo apuntaba y apuntaba -puede que utilizara grabadora también, aunque en aquella época no me gustaba nada- y la chica americana me miraba con cara de "esto lo tendremos que hablar más adelante".

Al poco, Batista dejó los rings. Tenía el cuerpo destrozado, como Mickey Rourke en aquella película de Aronofsky. Yo dejé la revista y empecé una vida un tanto errática. No fue mi entrevista más tensa porque ese lugar lo ocupa destacado Robert Rodríguez, el hombre de los monosílabos. Volver a entrevistar, volver a escuchar, en definitiva, es un reto que está ahí esperándome y que lógicamente me tiene de los nervios. Debutar con Risto Mejide, para Vogue, no es cualquier cosa.

domingo, enero 25, 2015

Pablo Iglesias contra el mundo



A Pablo Iglesias llevan unos meses cuidándole mucho en Podemos y controlando con mimo sus intervenciones públicas. Es lógico, no quieren que se queme, y por lo que vimos anoche en La Sexta, territorio presuntamente amigo, igual la medida ha llegado incluso un poco tarde. El verdadero problema de Iglesias, digámoslo ya, es que aún no ha cambiado el chip de profesor tertuliano a político. Como profesor, se maneja siempre desde la autoridad, algo propio de su cargo; como tertuliano, al menos desde la igualdad, pero una igualdad barriobajera, de grito fácil y eslogan. Como político, como aspirante a presidente del Gobierno, ay, hacen falta muchas otras cosas y una de ellas, la principal, es que de repente tú no juzgas: te juzgan, y eso hay quien lo lleva mejor y quien lo lleva peor.

A Iglesias se le vio nervioso el día aquel de la encerrona en el Canal 24 Horas y todos lo excusamos por el percal con el que le habían juntado. Quizá ahí haya estado el gran error de Iglesias y de sus compañeros: no habérselas visto jamás con un periodista de verdad, no uno de los que están a sueldo de tal o cual partido ni cualquier loco desinformado dispuesto a soltar la más gorda. Su enfrentamiento del sábado con Eduardo Inda fue grosero, por mal que pueda caer Inda, cuyas formas nunca han sido tampoco las mejores. Un aspirante a presidir el gobierno no le puede decir a un periodista: "Tú te callas, Pantuflo" varias veces durante un coloquio, pero la verdadera falta de encaje, la muestra del estado de nervios en el que está Iglesias ahora mismo, no se vio con Inda, se vio con Rubén Amón, Lucía Méndez e Hilario Pino, es decir, con tres periodistas en sentido estricto.

Ninguno de los tres se alteró en las formas ni buscó tres pies al gato, simplemente le mostraron algunas objeciones que a mí me parecieron razonables, sobre todo en lo que respecta a Juan Carlos Monedero y -no sé cómo se metió en ese fregado- Tania Sánchez. Iglesias no salió de un estado de enfado continuo, crispación y tiroteo en todas las direcciones. Le preguntaba alguien por la sociedad creada por Monedero -un recurso legal para no pagar impuestos- y él se indignaba, sacaba a Aguirre a pasear, hablaba de una conspiración contra Podemos, se rasgaba las vestiduras y el periodista en cuestión miraba con cara de incrédulo, hasta que Lucía Méndez se lo explicó más o menos con estas palabras: "Hay temas que necesitan explicación y que la pidamos no quiere decir que odiemos a tu partido ni a ti ni que estemos en campaña".

El círculo de paranoia en el que ha entrado Podemos es alarmante. Una política nueva requiere de formas nuevas y entre ellas está huir del victimismo. Casos de corrupción ha habido en todos los partidos y todos los partidos han reaccionado igual: indignándose, negándolo todo y acusando a la humanidad de una supuesta doble vara de medir contra ellos. Podemos lo va a llevar tan lejos que el domingo que viene tiene preparada una manifestación de desagravio al líder. La defensa cerrada a Errejón, a Monedero y a Sánchez, incluso no siendo esta última de su partido, recordaba más a la de un presidente que lleva dos legislaturas en La Moncloa que a la de un aspirante cuyo partido no ha cumplido como tal ni cinco meses.

Se equivoca mucho Iglesias si sigue por ese camino. Por supuesto, puede explicar las cosas y defender a sus compañeros, pero no a gritos ni a insultos ni apelando al odio de todos contra él y los suyos. Por echar broncas, se la echó incluso a la chica de los gráficos, que se quedó completamente perpleja, como si quisiera que la tierra la tragara ahí mismo. Miren, yo lo de la indignación lo entiendo y lo comparto. Si me han leído antes, lo sabrán, y, si no, busquen su propio prejuicio, pero la indignación hay que saber encauzarla hacia algo creativo, ilusionante y nuevo, no un montón de gritos en un plató de televisión. Eso ya lo he visto antes.

La situación política del país es crítica porque el partido del gobierno es una estructura de corrupción en sí mismo, el principal partido de la oposición no sabe aún qué líder quiere ni qué votar cuando llega el momento, no sea que alguien se enfade, y las terceras opciones tienen ese empeño en la autodestrucción tan español y que ya ha asolado a IU y UPyD, a la espera de que Ciudadanos empiece la suya, aunque igual Rivera es más listo que todo eso. En ese contexto, uno puede desear de una manera algo abstracta la aparición de un Podemos que rejuvenezca y ponga sentido común al expolio de estos años, pero cuando baja a los detalles, ¿qué ve? Un imaginario viejo, anclado en Lluis Llach y su estaca, Iñaki Gabilondo como referente de progresismo y coletillas impropias de un treintañero como "lo siguiente será culparnos de matar a Manolete" o "ya solo nos falta que digan que matamos a Kennedy". Frases que ya sonaban sobadas incluso en mi infancia, que, por cierto, es más o menos la suya.

En lugar de la afirmación, empezaron con la negación y muchos aspiraron a escuchar la síntesis fichteana, pero no, en la negación seguimos: Errejón es un héroe, Monedero es un filántropo que se lo gasta todo en una productora audiovisual por el bien de la sociedad, y Tania Sánchez no tiene hermanos, solo rivales políticos ligados a Tamayo y Sáez. Atacar es fácil, defenderse es complicado. La manera de Iglesias de defenderse cuando ha tenido que hacerlo preocupa. Preocupa mucho. Merkel y los mercados y poco más. La ausencia de matices, como si nadie le hubiera llevado la contraria nunca o como si él no se hubiera planteado en ninguna ocasión que igual preguntar no es acusar de nada.