jueves, marzo 11, 2010

Dani Mateo y el apocalipsis


El cómico descansa en la cocina del Hotel Senator, dando sorbos de una lata de Red Bull. A veces todo es tan glamouroso como eso: el público pide sus raciones y sus copas, ríe en medio de una música de jazz en un teatro enorme y supone que el actor está en un camerino maravilloso rodeado de luces y representantes.

Pero no.

Dani se sienta en una encimera metálica y cuando llego me sonríe y me abraza. Está contento. Eso es algo obvio y desde luego no tiene ninguna razón para no estarlo. La primera parte del monólogo, una mezcla entre su anterior espectáculo, "Tiempos modernos" y el que está en gestación, "El apocalipsis", ha enganchado a la gente y por la Chocita hay un ambiente de buen rollo generalizado, con parejas entrecruzando manos y sonrisas en la cara.

"La segunda parte te va a encantar", me dice, sobrio, como siempre, esa voz distintiva. El problema es que yo no me quedo a la segunda parte y se lo digo. Le digo que estoy cansado y que tengo que madrugar al día siguiente -es cierto, al día siguiente toca INEM y todo lo que eso conlleva-. Le digo también que ha mejorado muchísimo desde la última vez que le vi en directo, allá por 2007 en Galileo.

Es verdad.

Por entonces, Dani ya era gracioso, por supuesto, pero quizás un poco encorsetado en aquello del "humor inteligente". De madrugada, la gente se perdía en tanto giro y tanta referencia cruzada. A él se le notaba tenso, como si tuviera que defender algo en lo que creyera demasiado y se pusiera nervioso. Ahora no. Ahora, Dani mezcla juego y sabe aprovechar las ventajas. Los tres años en directo en una televisión nacional. La influencia de otro tipo de humor más directo, más de sketch, más, por así decirlo, Miki Nadal.

Si hay que decir "polla", se dice "polla" y dejamos a Bergman para más tarde. Aparte, ya lo he dicho, está contento y eso se transmite. Donde yo digo "contento" pongan ustedes "confiado" porque supongo que se puede estar terriblemente triste y aun así ser un excelente cómico. De hecho, abundan los tópicos al respecto. Pero cuando uno está confiado, haga lo que haga, ya ha recorrido la mitad del camino y Dani sabe que vale, que no es un tipo minoritario y que no tiene por qué tener miedo a ser ambicioso.

Lo sabe, bebe más Red Bull, un tipo esquiva al pinche y le dice: "Dani, dos minutos" y yo me despido con una entrevista bajo el brazo y un chiste dedicado. "De todo se aprende", dijo él, o algo parecido. Soy muy bueno tergiversando declaraciones.

martes, marzo 09, 2010

Laura no está



La Chica Langosta se llamaba Laura. Era divertido. Yo llamaba a su casa y su hermano me decía "Laura no está" y no advertía mi sonrisa. Recuerdo los últimos años de los 90 como una época divertida y hasta cierto punto vitalista. Tiempos buenrollistas, con su puntito Estopa, inicios del chill-out, Moby, Weezer, Supergrass, Mambo Number Five, algo menos de gravedad en las formas... Tampoco puedo darles demasiada información al respecto porque siempre he tenido la sensación de que a mí la segunda mitad de la década me pilló en otro lado, no sabría decir dónde.

I didn´t belong there.

Me hizo gracia lo de NEK, para qué engañar a nadie. Incluso me gustaba la canción porque era rencorosa y a mí me encantan las canciones rencorosas incluso las traducidas del italiano con peinado a lo Sting en los 70 y que son capaces de incluir frases tan maravillosas como "lo mucho que me duele este dolor". Que, puestos a ser cursis, y nadie se lo hubiera echado en cara, podrían haber traducido "lo mucho que me duele el corazón", por ejemplo.

Yo me aprendí la letra en italiano. Desubicado, puede, pero pedante, siempre. En italiano era más rencorosa y tenía todo sentido. Me enamoré de la última frase, ya dicha con un cabreo mayúsculo -yo le pido a un cantante que se cabree, se lo exijo, una canción rencorosa debe estar acompañada por un cabreo notorio, algo así como Alanis Morrissette en "You oughtta know"-, aquel "... mi dispiace, mà non posso... Laura c´è, Laura c´è". Comparen esa rotundidad del "Lo siento, pero no puedo, Laura está, Laura está" con la flojeza casi insoportable de "los besos que Laura me robó". ¡Cómo que te los robó si estabas encantado de dárselos, muchacho!

Yo siempre quise besar a una Laura y me pasé años hasta que lo conseguí. Un nombre que me estuvo persiguiendo como una plaga de langostas durante demasiado tiempo, arrasando con todo el pasado. Miraba hacia atrás un momento y no veía nada, no quedaba nada, sólo Laura. La chica del nombre langosta. La Chica Langosta. Si hay un hombre en este mundo que entiende a NEK, señores, ese hombre soy yo. Debe de ser como enamorarse de una Matilde y ser lector de Borges.

En fin, a lo que iba, yo llamaba y Laura no estaba y fantaseaba con vidas paralelas llenas de rencor y algo de esperanza. Siempre, en cualquier situación, se me puede reconocer porque soy el que está buscando una salida. Luego llegó Tiziano Ferro, pero dudo mucho que se tratara de la misma década. Tiziano Ferro era más guapo pero considerablemente más blando. Sí es posible que fueran los tiempos de Lunapop y "Qualcosa di grande". El pop italiano molaba. Macarrillas horteras con Vespas. Estaba bien. Ellos sabían, al menos, que componer consiste básicamente en ajustar cuentas.

domingo, marzo 07, 2010

Quiniela de los Oscars


No tengo Canal Plus, así que me temo que este año no veré los Oscars. En realidad, hace bastantes años que no veo los Oscars, aunque en mi juventud fuera una tradición arraigada, aún no sé por qué: la mayoría de las películas o no las habíamos visto o no nos gustaban. En fin, me lanzo al terreno de la intuición y mañana por la mañana, cuando me levante, comprobaré si efectivamente sigo sin tener ni idea de esto:

- Mejor película: "Avatar"

- Mejor director: James Cameron por "Avatar"

- Mejor actor: Jeff Bridges por "Crazy Heart"

- Mejor actriz: Sandra Bullock por "The blind side"

- Mejor actor de reparto: Christophe Waltz por "Inglorious basterds"

- Mejor actriz de reparto: Mo´Nique por "Precious"

- Mejor guión original: Quentin Tarantino, por "Inglorious basterds"

- Mejor guión adaptado: Jason Reitman, por "Up in the air"

- Mejor película en lengua no inglesa: Haneke por "La cinta blanca"

Supongo que todos los de efectos serán para "Avatar", un desastre de película, y puede que el corto de animación se lo lleve el español, que desde luego está a la altura. Mañana comprobamos.

sábado, marzo 06, 2010

Pepu Hernández y el DKV Joventut


Entrevisté a Pepu Hernández hace cuatro años y medio. Por entonces, él no había ganado un Campeonato del Mundo y yo ni siquiera tenía este blog. Comparen la trayectoria de cada uno desde entonces.

El caso es que "inventé" una entrevista a Pepu para poder conocerle. Convencí a mis jefes de El Semanal Digital de que estaría bien contar con las declaraciones del nuevo seleccionador de baloncesto y quedamos en un bar al lado del Ramiro de Maeztu, uno de esos bares de la plaza de la República Argentina que se ponían hasta arriba cuando nos íbamos de pellas.

Estuvimos charlando dos o tres horas. Baloncesto, baloncesto, baloncesto... Sabonis, Arlauckas, Herreros, Pinone, Winslow, Sergio Rodríguez, Carlos Suárez, Pau Gasol -por entonces sólo había un Gasol digno de ese apellido, recuerden-, Navarro, la Demencia, la directiva de Adecco y la nueva directiva de Bermúdez, el traspaso de Felipe Reyes, el frustrado de Carlos Jiménez... La condición fue que yo no publicara nada de lo que habláramos así que cerré la libreta y me puse a escuchar.

Luego hice ocho o nueve preguntas amables, copié las respuestas típicas y eso fue lo que salió en el medio en cuestión.

Desde entonces, he coincidido con él pocas veces. En partidos del Estudiantes, a los que él siguió yendo pese a ser seleccionador y desde luego cuando ya era ex-seleccionador. No al palco ni a una grada VIP: a su asiento de socio, al lado del de mis tíos. Nos saludábamos y yo le daba la enhorabuena por algo, normalmente siempre encontraba algún motivo. Nos quejábamos de la defensa del equipo y poco más.

Como entrenador siempre me ha parecido una maravilla. Pepu tiene el mismo problema que Del Bosque: como es un tipo tranquilo, didáctico, que sabe manejar grupos, la gente cree que no tiene recursos técnicos y lo fía todo al buen rollo. Los recursos técnicos de Pepu son tremendos. Lo demostró durante años en el Estudiantes, consiguiendo que un club casi en quiebra ganara Copas del Rey y jugara Euroligas, y lo demostró en el Mundial de Japón de 2006, especialmente en la final contra Grecia.

Mucha gente le culpó de la derrota en la final contra Rusia en el Europeo de 2007. Aquel partido fue un desastre. No sé qué responsabilidad tuvo el entrenador en ese instante concreto. Sí sé que, títulos al margen, España no ha vuelto a jugar tan bien como en esos dos años mágicos. Ha sido finalista olímpica y campeona de Europa, pero si uno hace memoria apenas le salen cuatro o cinco grandes partidos. Quizás es que al principio todo nos emocionaba más, también es posible.

El caso es que, un año y medio después de ser cesado vergonzosamente por la FEB, Pepu vuelve a los banquillos de la ACB. Recuerden la excusa de la FEB: "Pepu no puede seguir en el puesto porque ha fichado ya por el Unicaja". Excusa repetida mil veces por el diario Marca para desestabilizar primero y justificar después. ¿Qué hizo entonces José Luis Sáez? Fichar a Aíto García Reneses, quien, por cierto, había fichado ya por el Unicaja, y dejar a Pepu en el paro.

No sé qué esperar de su vuelta. De entrada, que todo le vaya bien. La cantera del Joventut tiene ahora mismo un potencial enorme. Vuelve a funcionar como en sus mejores años. Si algo ha demostrado Pepu es que sabe trabajar con los jóvenes, no solo dándoles minutos sino enseñándoles conceptos y actitudes. Honestamente, creo que se ha sido injusto con Sito Alonso, el anterior técnico de la Penya. Sito colocó a ese equipo en la Copa del Rey, está empatado con los puestos de play-offs y sigue vivo en la Eurocup. Todo eso después de que en los últimos cuatro años el Joventut haya perdido a Ricky Rubio, Rudy Fernández, Marcelinho Huertas, Lubos Barton, Jerome Moiso, Pau Ribas...

Pepu se encuentra con un equipo lleno de jóvenes y una sola estrella, Clay Tucker. Tiene que recuperar a los veteranos desmotivados -Sonseca, Bueno, Bogdanovic- y encauzar la carrera de los prometedores Tripkovic, Valters o Mario Fernández. El resto, es decir, los Norel, Franch, Tomás, Eyenga y canteranos restantes, serán los que determinen si el futuro del Joventut -y de Pepu- será más parecido a su pasado reciente o al pasado reciente del Estudiantes.

Toda la suerte del mundo para él.

viernes, marzo 05, 2010

Cuando Aznar encontró a González

Nos interesaba la política, claro que nos interesaba la política. Todo el mundo decía que no, que éramos una generación vaga y sin ideales y sin voluntad de lucha ni cambio, pero yo creo que era mentira. Lo que pasa es que quizá no nos la tomábamos tan en serio como debíamos o que llegó un momento en el que se inculcó -también en eso- la idea de que en realidad no podíamos cambiar nada o de que no sabíamos cómo demonios cambiarlo ni con quién.

Pero, vamos, nosotros secundábamos las huelgas generales, escuchábamos a Juan Diego Botto en el Ramiro de Maeztu hablar de exactamente lo mismo de lo que sigue hablando ahora -pero entonces el malo era Leguina- y si había que faltar a clase reivindicando una calefacción de calidad, ahí que faltábamos y nos íbamos a jugar al baloncesto. En la Autónoma, íbamos a las asambleas del Sindicato de Estudiantes y éramos de lo más educado: nunca les interrumpíamos. Tampoco es que dieran mucho margen para ello.

En fin, que éramos de izquierdas. No sólo eso: yo diría que muy de izquierdas. Entrañablemente. Recuerdo cuando la Cámara de los Lores decidió continuar con el proceso de extradición de Pinochet y mis lágrimas al teléfono con T. "Qué bonito es ser de izquierdas", repetía, "qué bonito". Compraba El Jueves y odiaba a EEUU, Israel, la banca y los empresarios. Es decir, en el fondo, igual podía haber sido Ricardo Sáenz de Ynestrillas, pero por aquella época los chicos de Ynestrillas no advertían muchos matices y cada fin de semana en Moncloa era una lucha por la supervivencia.

Aunque nosotros no íbamos mucho por Moncloa, la verdad.

Eran tiempos parecidos a estos: crisis económica brutal, falta de ideas por parte del PSOE, una oposición muy dura y escándalos de corrupción diarios hasta un punto ya casi cómico. No le tenía ningún cariño a Felipe González, desde luego. Para parte de nuestra generación, Felipe González era el enemigo a batir. El jefe cansino y repetitivo. Siempre había sido nuestro presidente. Desde los 5 años hasta los 19. Toda una vida. Queríamos superarle por la izquierda al coste que fuera. Echarle de ahí y que llegara la revolución. ¡Acción directa!

No recuerdo ningún amigo que votara al PP, aunque estadísticamente tenía que haberlos. Los seguía habiendo muy PSOE pero la gran mayoría simpatizábamos con Anguita e IU. Era una época de agravios, como siempre: Anguita odiaba a González, González odiaba a Aznar, Aznar odiaba a González y despreciaba con cierta condescendencia a Anguita. Todos se reprochaban todo. En 1994, el PP ganaba sus primeras elecciones nacionales: las Europeas. ¡Y de qué manera! Aquello fue una sangría en plena era Roldán. En 1995, Gallardón logró mayoría absoluta en Madrid y Vázquez Montalbán preparaba un libro maravilloso titulado "Un polaco en la corte del rey Juan Carlos" y que consistía básicamente en analizar la retirada a los cuarteles de la élite socialista y la "llegada de los bárbaros".

Mis primeras elecciones fueron las de 1996. Por supuesto voté a IU. Por supuesto, estaba convencido de que el PP ganaría y Aznar sería presidente. Su campaña era "La nueva mayoría", la del PSOE puede que insistiera en lo del "cambio sobre el cambio" y esas metafísicas de político pasado de vueltas. Teníamos sentimientos ambiguos. Pasa en el fútbol y en la política: aquí tampoco sabíamos con quién ir, es decir, no queríamos a Aznar, pero tampoco queríamos a González. Por convicción, por estética, tendríamos que apostar por un presidente de izquierdas, pero para nosotros González era un peligroso fascista, igual que Ibarretxe lo es ahora para los jóvenes independentistas catalanes.

¡Ibarretxe!

No hubo debates pre-electorales y si los hubo yo no los recuerdo. Recuerdo los de 1993, cuando las cosas aún eran de otra manera. GAL, pero menos.

El recuento fue agónico. Por un momento pareció que el PSOE volvía a ganar, luego el PP consiguió una mínima ventaja y la mantuvo hasta el final. Menos de un punto, no voy a consultar ahora la diferencia exacta. Unos cien mil votos o algo así. Nos entusiasmó el resultado. En el fondo, no habían ganado ninguno de los dos. Nosotros tampoco, pero estábamos acostumbrados. Salimos a la calle al grito de "¿Dónde está la nueva mayoría?" y aquello de "Por consiguiente, Felipe presidente", un eslogan bastante logrado. Bajo los balcones de Génova, la gente gritaba "Tongo, tongo" y "Pujol, enano, aprende castellano".

Cuando a Rubalcaba -sí, Rubalcaba- le pidieron su valoración del resultado como ministro saliente sonrió unos segundos y preguntó con cierta sorna "¿Saliente? ¿Está seguro de eso?". A nosotros no nos entraba la idea de ver a Aznar de presidente. Era un chiste. Años después me pareció un chiste que lo fuera Zapatero, pero al final te acostumbras a todo.

Yo no creo en ninguna superioridad moral de la izquierda. Estoy muy lejos de creerlo. Sí creo que cuando era de izquierdas era más feliz, pero esa es otra historia y no conviene confundir ambas cosas.