lunes, febrero 08, 2010

Álvaro Vázquez en Barcelona, 8


Álvaro Vázquez tiene un punto irreal, de personaje de una novela. Mi novela, por ejemplo. Hay en él un toque marcadamente estético, una especie de pose canalla que recuerda al primer Sabina, al de "Malas compañías", "Juez y parte", etc. Lo sabe y le gusta. Lo alimenta. Eso no es todo: además, lo hace bien.

La pena con Vázquez es que no se prodigue más, que dé conciertos tan de vez en cuando: hablamos de un tío que pasa por completo de las servidumbres del circuito, que tiene claro que va a su bola y que disfruta con lo que hace sin necesidad de dar una lección a muchas de las mediocridades que hay por ahí sueltas. Un tipo que hace música por que le gusta y punto, sin mayores pretensiones.

Pasa de Sabina a Chaouen y de Chaouen a Lichis con una facilidad asombrosa. Tiene voz para eso y para más. Sus canciones, la mayoría al menos, no son aburridas ni simples. Gasta mala hostia y luego se pone tierno. Juega. Todo el rato. Con la seguridad del que no parece importarle si pierde o no. Con Vázquez, las cosas claras y el chocolate espeso. Su concierto de ayer en Barcelona, 8 fue menos exitoso en cuanto a público de lo que él pensaba y mucho más de lo que pensábamos los demás: domingo, relativo frío, diez de la noche...

Pero Vázquez, ya digo, hace sus cuentas en su mundo y luego ya se va adaptando.

A pesar de que el concierto se podría considerar una especie de oportunidad, no sé bien de qué, por aquello de que era en un sitio conocido y que toca más bien poco, a Álvaro no le importó sacar a sus amigos para que se lucieran: Pablo Ager tocó su última canción -"siempre digo que es la última y luego voy y hago otra, que se jodan", dijo Pablo y fue el mejor chiste de la noche- y yo desafiné "Carne de canción" de La Cabra Mecánica.

Seguro que a Lucía le pareció un auténtico desastre, pero esta vez sonrió y dijo lo contrario. Sonreír y decir lo contrario de lo que uno piensa es algo tremendamente minusvalorado y que habría que hacer más a menudo. La honestidad mata.

En lo que a mí respecta, ya saben, haciendo historia: puedo decir que he cantado en Galileo, en El Trece, en Barcelona 8, en el Astrolabi y en un sitio llamado La Leyenda. Eso sin saber tocar la guitarra ni haber compuesto una canción en mi vida. Un ejemplo de autosuperación. O vayan a saber de qué. Justo antes de todo ese "por no despertar solo otra mañana" monté un corto maravilloso -cada día más maravilloso- y me uní a un grupo musical llamado Mandanga. Con percusionistas, rastas y perroflautas.

Ah, y con Pablito, claro. Todo con la esperanza de que algún día una chica pueda decir "Tía, me he tirado al de Mandanga", que queda mucho mejor que decir "Tía, me he tirado a Guille Ortiz". Al menos, a mí me suena mejor, pero ya saben cómo funciona mi autoestima... Con autoestima no haría falta historia.

Con autoestima igual yo era Álvaro Vázquez y él escribiría sobre mí

Entrevista a Emite Poqito



Segunda entrega de las colaboraciones en Freek! de este mes. Con ustedes, Emite Poqito:

JOL OF FEIM > Emite Poqito
Fecha: 4 de Febrero de 2010 / Autor: Guillermo Ortiz

No es la típica chica mona con guitarra y voz aterciopelada cantando en inglés. Emite Poqito, o Julia Molano, como prefiráis, va del pop al jazz y del piano al bajo pasando a la vez por Beck o PJ Harvey.

¿Emite Poqito o Emite Poquito?

Emite Poqito, mucho más japonés. Hay que salvaguardar las raíces.

¿A qué se debe esa extravagancia?

Poquito era demasiado explícito, y Pokito, como solían escribírmelo, poco elegante. Poqito me gusta más, aunque los correctores tipográficos que hacen las cartelerías y las programaciones no me lo perdonen nunca.

¿Es otra chica folk o podemos respirar tranquilos?

El folk ha ampliado mucho sus límites, así que podríamos decir que sí y aun así seguir respirando. De todos modos creo que Emite Poqito está dentro de un pop de amplio espectro, como los antibióticos, y en cualquier caso me encanta esta sobreabundancia de chicas folk de los últimos tiempos.

"Lo difícil no es llegar sino mantenerse", dicen. O sea que llegar es fácil...

¡Ja ja! Pues que me digan cómo. Yo debo ser muy torpe, porque la meta se aleja siempre un poco más. ¿Llegar adónde? Supongo que lo que todos buscamos es que se llenen los conciertos de gente a la que le gusta escucharte. Casi nada.

Tengo una discográfica modesta pero competente, convénzame de que tengo que editar su disco.

El disco está hecho, a mí me encantan los escenarios, y creo que hay un público de lo más heterogéneo que lo está esperando: de los sabineros a los de Radio3.

Estudió Filosofía y trabaja en una editorial, ¿cómo es posible que no se le llenen los conciertos de gafapastas?

Como todo el mundo sabe, muchos gafapastas se disfrazan por las noches y se quitan las gafas. Yo misma soy una de ellos. Pero sinceramente creo que a los auténticos gafapastas no les gusta EP. Mi sonido es poco indie (sea lo que sea eso), aunque logísticamente, como suele decir Alber, mi guitarrista, somos más indies que el viento, ¡ja ja!

Como los niños, ¿a quién quiere más: a Mamut o a Emite Poqito?

Querer querer, a Emite Poqito, que es donde me vuelco y puedo decidirlo todo. Pero por eso mismo con Mamut puedo despreocuparme más y dedicarme sólo a cantar y bailar, que me divierte mucho.

"No me quiero enamorar del mal", dice. ¿Esa canción la entendemos los hombres?

¡Ja ja! Pero bueno... Conozco a muchos que se enganchan siempre de la que no quiere saber nada de ellos...¡¡el mismísimo mal!! Pero en sentido amplio, creo que cualquiera que se enamora lo hace del mal, porque desde ese momento está expuesto y es más vulnerable.

Regáleme una fórmula secreta para acabar esta entrevista.

Si la tuviera no la regalaría, la vendería carísima.

domingo, febrero 07, 2010

Entrevista a We Are Standard


Por un momento, pensé que la crisis había arramplado también con la revista "Freek!". Hubiera sido un absoluto desastre. Puestos a trabajar gratis, mejor trabajar donde uno se sabe querido. Todo se ha limitado a un descanso navideño y ya están dando guerra otra vez. Cuelgo aquí la entrevista que hice al grupo vasco We Are Standard. Mañana, colgaré la de Emite Poqito. Mientras no tenga ideas propias es la mejor manera de ir pasando los días.

WE ARE STANDARD > SE ACABARON LAS CHORRADAS Fecha: 4 de Febrero de 2010 / Autor: Guillermo Ortiz

Tras consagrarse internacionalmente con su segundo disco, grabado en Londres y publicado por Mushroom Pillow, y pasarse el verano de festivales, los chicos de Getxo hacen resumen de su trayectoria mientras preparan su mini-gira invernal.

En la Wikipedia, biblia de todo entrevistador moderno, se os define como "grupo de punk-funk/dance-rock", ¿se puede ser todo eso a la vez?

¿Por qué no? Nos gusta todo lo fino, de todas las épocas y todos los estilos. No estamos cerrados a nada realmente, sólo buscamos el buen rollo.
¿Qué importancia tiene el FIB Heineken en vuestra carrera?

Pues la verdad es que ha sido importante por varios motivos. Primero veíamos a nuestros grupos favoritos tocar, luego ganamos el concurso del Proyecto Demo y tocamos allí nuestro 5º concierto, lo cual ya nos dio bastante prensa y algunos fans... Y por último, hemos tocado este verano en el escenario grande a las 2:30 A.M. con todo el mundo patas arriba. Este último bolo nos ha dado muy buenas críticas de prensa y de público. Nos ha ayudado a seguir creciendo.

"Somos We Are Standard y se acabaron las chorradas", ¿siempre os presentáis así o sólo cuando tocáis después de Oasis?

Sólo después de Oasis y grupos coñazo del estilo.

Un amigo mío dice que vais de sobrados, yo digo que es que sois muy buenos, ¿vosotros qué decís?

Que a tu amigo le falta un poco de humor... Todas esas coñas y provocaciones son para meter a la gente en el concierto, no nos gusta dejar a la gente indiferente. No podemos gustar a todos, así que mejor despejar esas dudas desde el principio.

¿Cuánto hay de The Happy Mondays y otros grupos británicos de los 80 en vuestra música?

Hay mucho de los Mondays, pero también de The Clash, Primal Scream o Joy Division. Hay muchos grupos y como te he dicho, nos gusta todo lo fino. La comparación que más gracia nos hizo fue una chica que decía que éramos los Clash pijos... Mola. (Risas).

Si la música no sirve para bailar, ¿para qué sirve?

Para todo lo demás. Para vivir.

Contadnos algo de la escena dance del País Vasco, para los que no sepan que hay algo más que Fito Cabrales y Álex Ubago.

No creemos que exista una escena dance. Están Delorean que lo hacen de puta madre y son buenos amigos, pero además de eso y Olimpic, poco más hay. No tenemos mucho contacto con otros grupos de por aquí, somos un poco autistas, no necesitamos de una escena.

¿Cuál es el concierto más impresionante que habéis dado?

Hay muchos, pero el último que hemos hecho en el FIB Heineken fue mundial. Había como 30.000 personas y bailaron y botaron desde el primer acorde hasta el último. Ha sido un concierto muy importante para el grupo.

¿Qué opináis de otros fenómenos que salen de pequeñas compañías como Vetusta Morla, Lori Meyers o las omnipresentes chicas folk?

Que están muy bien. Todo lo que sea presentar una propuesta y defenderla dignamente nos parece perfecto. Y lo de Vetusta, pues lo que te da es confianza para seguir sabiendo que se puede hacer, que puedes llegar hasta lo más alto saliendo de un sello pequeño haciendo las cosas bien.
Típica pregunta para acabar cualquier cuestionario: ¿Londres o Getxo?

¡Getxo! Londres está muy bien para muchas cosas, pero es una ciudad dura y cara. Está bien para pasar una temporada, pero en Getxo y Bilbao vivimos como Dios.

viernes, febrero 05, 2010

De amor y política

Hache dijo algo parecido a "cuando uno pierde la militancia política, pierde su capacidad de enamorarse" y yo desde entonces no he dejado de darle vueltas a la frase, aun habiendo constatado mi incapacidad de enamorarme tanto antes como después de la pérdida de militancia perdida o, aún peor, dejando de lado el hecho de que mi concepto adolescente del amor estaba vinculado sin más al idealismo y al sufrimiento. A no conseguir nunca lo que buscaba. A no mirar, por si acaso. A vivir en un mundo maravilloso y fantástico que dolía cada vez que se chocaba con la realidad.

Sí, quizás eso tenga algo de militancia política. La capacidad de comprometerse con una idea irreal y luchar contra todas las injusticias es la condición de posibilidad de comprometerte con alguien irreal y luchar contra la tremenda injusticia de que esa persona no te quiera o simplemente no sea como nosotros nos hemos empeñado en que sea. Matilde Urbach.

Uno tiene la esperanza de que con los años la cosa cambie y, efectivamente, deje de enamorarse de manera agónica, es decir, concebida como una forma de hacer daño gratuito a un montón de gente y especialmente a uno mismo, y pase a querer, que sin duda es otra cosa pero no tiene por qué ser peor, porque, de entrada, para querer a alguien hay que mirar y ver a ese alguien, oírle y escucharle, y aceptar la gravedad con todo su peso. Hay gente que a eso le llama conformarse y prefieren gritar que otro amor es posible, pero sin duda hay en eso un prurito pancartero y estético, es decir, político.

De repente, uno pasa de preguntarse si realmente estaba enamorado de sus parejas a preocuparse de si ellas se sentían queridas. Una especie de giro copernicano. Nos hacemos mayores y conservadores pero eso no tiene por qué ser malo, insisto. Supongo que tarde o temprano se pasará esa necesidad de marcar la vida de alguien, de que te recuerde como su gran amor perdido, de que no te olvide nunca, de que cuente su pasado empezando por ti. De que sufra por ti, en una palabra.

Supongo que a partir de la pérdida de compromiso político o aquello que tendemos a llamar madurez, el sufrimiento empieza a ser una responsabilidad demasiado grande y simplemente tendemos a prescindir de él.

Desde luego no a glorificarlo.

Lo supongo, es decir, en realidad no tengo ni puta idea.

jueves, febrero 04, 2010

Aquellos maravillosos 90: Smells like teen spirit



Se subía a la cabeza, como la cerveza de Palito Ortega. Era inevitable. No sólo la tristeza sino la ironía. Es muy fácil quedarse con los posters de Kurt Cobain y con su cara de ángel derrotado y su innegable tendencia al victimismo, pero había algo irónico y juguetón en las chicas moviendo sus pompones en aquel gimnasio de instituto de Aberdeen, Seattle, Washington. Las reinas de la promoción. Todo adolescente en cualquier país quiere ser el rey o la reina de su promoción. Incluso Carrie, ¿por qué no yo?

Yo canturreaba “Here we are now, entertain us” en el patio mientras todos los pijos madrileños sacábamos nuestras camisas de leñador canadiense, rasgábamos los vaqueros y nos dejábamos barba -¡barba!- de tres días. “Aquí estamos”, les decía. “Aquí estamos”. De repente, el adolescente se da cuenta de que el mundo le pertenece, sin límites, sin matices. Noches de borrachera y llanto. De gloria y rabia.

El chico no llama. La chica se ha ido con el malote del barrio.

La adolescencia es un eterno “nosotros” frente a “ellos” y ese “nosotros” podía ser cualquier cosa. A mí me gustaría haber compartido toda esa mística de rabia e inconformismo y “oh, dios mío, no hay empatía, lo mejor que puedo hacer es buscar una buena escopeta”. A mí me hubiera encantado, en serio, me hubiera sentido completo y comprometido, pero sencillamente no fue posible. Mis sufrimientos eran sufrimientos de la calle Serrano. Mi adolescencia era la de un chico triste que gritaba entre pinos “My girl, my girl, don´t lie to me”. En mi vida no había coches pero sobraban chicas.

Y en medio de todo eso, Nirvana. O Soundgarden. O Sonic Youth. Nosotros, en definitiva. Todo el mundo sabe que en la vida, durante muchos años, uno no elige sino que le eligen. Lo sabe desde el primer día que baja al parque y dos capitanes deciden los equipos y le dejan para el final. A mí me hubiera gustado ser un perdedor social y revolucionario, pero solo pude ser un perdedor estético. La peor clase de perdedor.

“Smells like teen spirit” era nuestro himno porque no entendíamos nada pero ese tipo de la mirada desencajada se parecía a nosotros. Ese tipo se reía de las animadoras pero quería animadoras, podíamos verlo en su sonrisa. Ese tipo era una excusa perfecta para perderse en algo parecido a una marea. Para pertenecer. Aquí estamos, entretenednos. A mí, en la adolescencia, todo el mundo me dejó bien claro que el mundo estaba podrido y que no quedaban esperanzas. Desde Ray Loriga hasta Thom Yorke. ¡A ver si es que Kurt Cobain va a tener la culpa de todo, ahora!
A mí lo del “mundo podrido” me daba igual, podía soportar el olor. Lo de las esperanzas sí que me fastidió bastante. A nuestra generación se nos puede exigir muchas cosas, pero ser feliz no es una de ellas.

Encima ser feliz, sólo faltaría eso. Haberlo dicho antes.

miércoles, febrero 03, 2010

Nostalgia de Factual



Yo era crítico con Factual. Tengo una exagerada tendencia a la crítica en general y al proyecto de Arcadi Espada le exigía la perfección absoluta. Si titulaban "Al menos veinte ayuntamientos del PSOE apoyarán el referéndum sobre la independencia de Cataluña" yo me revolvía contra el titular y ese "al menos" que me recordaba a "Todo a cien y más". Imprecisión. Las imprecisiones de Factual fueron muchas, en el fondo y en la forma. De entrada, a mí no me ha pagado nadie todavía. Muchas veces, mi nombre o mi columna salían mal editadas o no salían directamente.

Pero ahora que no está Factual, vaya si lo echo de menos. Algunos periódicos digitales son como las lavadoras o las uretras, que no los aprecias de verdad hasta que te fallan. Factual era un proyecto precioso, de una calidad impresionante: sus blogs casi disparatados, su línea editorial esquizofrénica, su regusto en las formas, su capacidad para hablar de resfriados, villancicos y tabletas de Apple como si nada. El cuidado en cada una de las palabras. La simple imagen en la pantalla del ordenador dejando claro que eso era algo distinto.

Puede que en Factual no estuviéramos los mejores periodistas del mundo, pero lo intentábamos. El intento por superarse en cada crónica, aunque fuera la previsión del tiempo, era enternecedora. Nos obligaban a ser los mejores. Sin más indicaciones, es cierto, pero la exigencia estaba ahí. No nos obligaban a mentir ni a manipular ni a tener visitas ni a resultar graciosos ni a generar polémicas. Factual obviaba su contexto digital y pedía excelencia.

¿Qué queda de eso? Un periódico más. Sin ninguna pinta de que vaya a ir a ningún lado bueno. Un periódico que empieza por el "yo". Es curioso, porque Arcadi nunca utilizó la frase "mi periódico" para hablar de su periódico, un periódico marcadamente de autor, pero al nuevo director la frase no se le cae de la boca. Quizás el nuevo director haga un excelente trabajo, de momento ni siquiera se ha presentado a sus lectores.

Si es que quedan lectores.

Solo les ha devuelto el dinero. Como si todo se pudiera medir de esa manera: moviendo el dinero de un lado a otro.

No, señores; no era esto, no era esto.

De parranda en Haiti


Definitivamente, hemos visto demasiadas películas de Vietnam. Nos gustan los francotiradores torturados por su pasado. La tragedia en su esplendor. Napalm y sudor frío por las noches y gritos de terror en una apacible urbanización de Kansas.

Nuestro desprecio por la tragedia real es insultante. Nuestro desprecio por la realidad, en general, no deja de preocuparme.

Vivimos demasiado bien.

Hace poco aparecieron en Facebook varias fotos como la que pueden ver arriba: son médicos cooperantes que están destinados en Haiti y que se están tomando una copa. Falta contexto, claro, y para eso tenemos los periódicos y la mala conciencia: "Ellos de parranda mientras los demás se mueren". No, claro, de parranda solo podemos estar usted y yo aquí en Madrid cuando no estamos zapeando entre bebé en ruinas y anciana mutilada, pero ellos no. Ellos tienen que ir a Haiti, salvar cientos de vida, ver el desastre, sentirlo, ser conscientes de su propia impotencia, convivir con el dolor y por las noches, dormir y no roncar.

¡No se van de copas, los muy frescos! Si supiéramos algo de tragedias de verdad, intuiríamos en qué situaciones una copa está más justificada que nunca, hasta el punto de que sin esa copa, sin esa relajación, sin ese atisbo de la comodidad perdida en sacrificio de los otros, la única solución sería subirse al monte con un cinturón de balas sobre el hombro y amenazar a esos malditos charlies.

Y fuera de la prensa, los gobiernos investigan.

Gobiernos y prensa, digo, como si fueran cosas distintas.

domingo, enero 31, 2010

Federer se hace con su "sweet sixteen"


Las crónicas se llenan de halagos a la profundidad de su derecha, a la regularidad -por una vez- de su revés, o incluso a sus subidas a la red para acabar los puntos. Todo eso estuvo ahí, claro. No se gana en tres sets a Andy Murray en pista rápida sin ser agresivo y acabar las jugadas. Sin embargo, dejarlo ahí no sería justo. La final del Open de Australia 2010 demostró otra cosa: cuando está centrado y con ganas, Federer puede llegar a ser el mejor defensor del circuito ATP.

Me explico: en Eurosport -sinceramente, paso de Nico Abad y sus comentarios de graciosete de barra- comentaban que Murray no estaba sacando igual que contra Nadal. Solo era en parte cierto. El problema no estaba solo en que el escocés no conectara suficientes primeros servicios sino que, incluso cuando lo hacía, la bola volvía casi en la línea. Pelotas imposibles que Federer devolvía a base de colocar la raqueta intuyendo la dirección, como un portero ante un penalti, aprovechando la velocidad y la fuerza con la que llegaban.

En Wimbledon 2009 pasó algo parecido. Aquel día Roddick sacó mejor que nunca en su vida. Aun así, hizo unos 25 aces menos que el suizo. ¿Razón? No supo defenderse igual de bien.

Cada vez que Murray quiso tomar la iniciativa -y no fue algo muy frecuente, su táctica de "pasabolas" fue impropia de la final de un Grand Slam- se encontró con un muro. A un ángulo abierto le respondía otro más abierto, a una bola profunda y ajustada le respondía otra cortada pero colocadita para que el británico no pudiera rematar el punto. Realmente, así a uno se le quitan las ganas.

Tengo un vago recuerdo de los primeros años de Federer, los primeros años triunfales, me refiero. Me impactó la final ante Lleyton Hewitt en el US Open 2004, cuando Hewitt era aún uno de los tres mejores del mundo. Le metió dos 6-0 y se quedó tan tranquilo. Nunca, en mi vida, había visto tal superioridad y tal belleza en una pista de tenis. El problema de tanto título y tanta final y tanto record es que se nos va a olvidar lo maravillosamente bien que juega Federer al tenis, el estilo en cada golpe. Cierto es que Nadal ha demostrado ser un excelente antagonista durante años, una especie de Deportivo de la Coruña que siempre se le atragantaba al Madrid, pero los datos son los que son: en los dos últimos años de Federer, que todo el mundo ha considerado como "regulares", el suizo ha jugado las mismas finales que Rafa en toda su carrera.

El debate Nadal-Federer no es justo para ninguno de los dos. Si uno mira el número total de títulos y la calidad del juego, Nadal parece un jugador mediocre y no lo es, ni mucho menos. Desde 2004, Federer ha ganado 16 grandes, Nadal ha ganado 6 y los demás han ganado como mucho uno por raqueta. Eso quiere decir algo. Por otro lado, si uno mira simplemente los enfrentamientos personales -la inmensa mayoría sobre tierra batida- parecería que Federer es un jugador menor incapaz de imponerse al único rival decente que ha tenido en estos años.

Simplemente, sobre tierra batida, Nadal es el mejor jugador de la historia. En las demás superficies, lo es Federer. Disfrutemos de los dos como ellos disfrutan de su competencia. No se volverá a repetir en décadas.

sábado, enero 30, 2010

Chéri, de Stephen Frears


Mi última colaboración hasta la fecha en Notodo.com, como siempre pongo aquí el enlace chulo y paso a copiar y pegar la reseña:

Stephen Frears es un amante de la decadencia y los códigos. Gente que vive fuera de su tiempo y ve cómo los soplos de aire fresco revolucionan su estado de cosas. El cerrado mundo de Valmont con su espantoso tedio en Las amistades peligrosas, la opresiva familia católica y sus valores morales en Café irlandés o la anticuadísima mentalidad de la corte británica y su empeño en mirar la realidad desde un bunker donde todo sigue igual que en 1945 en La Reina. Si uno se fija, todas esas películas tienen un punto en común: un mundo que se tambalea. Que agoniza y muere. En “Chéri”, la difunta se llama Belle Epoque y se sitúa en un momento impreciso entre finales del XIX y principios del XX. En realidad, es la historia de un grupo de gente que se empeña en vivir el siglo XX como si siguieran en el XIX. Lógicamente, las consecuencias son terribles.

El otro gran tema de Frears es el amor prohibido. El regusto por el amor prohibido y fuera de edad: Uma Thurman desvirgada por John Malkovich, Tony Blair derrumbado ante Isabel II entre los reproches de su mujer Linda… y ahora Michelle Pfeiffer, cortesana de élite –puta- enamorándose perdidamente de un bala perdida parisino, hijo a su vez de otra cortesana de élite y que dedica su juventud a mujeres y drogas. Casi todos los personajes de Frears sienten una común fascinación por la madurez. En vez de buscar lo nuevo en los jóvenes, lo buscan en los viejos. Decadentes, de nuevo. Los viejos, mientras tanto, disfrutan, se sienten halagados pero se dan cuenta: se dan cuenta de que ellos son los últimos juguetes de la infancia de esos niños y que más temprano que tarde les abandonarán. Precisamente porque son viejos son sabios. La gravedad siempre vence.

Chéri es una película agradable, bien hecha, y con el sello de un gran director. En ocasiones, resulta un poco plana. Emociones fuertes busquémoslas en otras películas. Es un retrato de un mundo que se acaba y no siempre es divertido observar un edificio derrumbándose. La soberbia actuación de sus intérpretes lo salva de todo. Michelle Pfeiffer, pasados de largo los 50, sigue deslumbrante; Rupert Friend ha tenido la suerte de nacer con mirada de enfant terrible y Kathy Bates remata lo que le tires. Así da gusto.

viernes, enero 29, 2010

Federer llega a su quinta final en Australia


En enero de 2008, a Roger Federer le tocaba jugar las semifinales del Open de Australia ante Novak Djokovic, pujante revelación serbia de apenas 21 años y que ya le había empujado al límite meses antes en la final del US Open. Aquello no fue un partido, fue una masacre: Djokovic pudo con el número uno y todo el mundo anunció el cambio de guardia. Era la primera vez desde Roland Garros 2005 que Federer no llegaba a la final de un Grand Slam y de poco sirvió la excusa de que había jugado con mononucleosis: el suizo perdió contundentemente la final de Roland Garros ante Nadal, volvió a perder ante el propio Nadal en Wimbledon y los aficionados y críticos coincidieron: está en la cuesta abajo de su carrera.

Con 27 años y 13 Grand Slams a sus espaldas.

¿Saben qué ha hecho Federer desde entonces? Seguro que lo saben y si no lo saben seguro que no han leído hasta aquí, pero déjenme que me deleite: ganó el US Open 2008, fue finalista otra vez en Australia 2009 (y sí, lloró de emoción, sí, cébense nadalistas), ganó Roland Garros 2009, ganó Wimbledon 2009 y solo perdió la final del US Open en cinco sets ante un jugador en estado de gracia, Juan Martín del Potro. En medio, se casó y tuvo gemelas. Por supuesto, recuperó el número uno del mundo.

Lo de las gemelas no pasó desapercibido para nadie. Para mí tampoco. Un año más (28) y dos hijas que cuidar. Resultados regulares en Doha y Abu Dhabi. Yo no diría que acabado, pero Federer parecía que estaba a otra cosa. Tras sus talones no solo Nadal, sino Djokovic, Murray, Del Potro y un enrachado Davydenko. ¿Acabaría su racha de 22 semifinales consecutivas en Grand Slam, desde Roland Garros 2004? ¿Quedaría eliminado antes de la final por primera vez desde el citado encuentro ante Djokovic dos años antes?

Pues no. Se cargó a Hewitt en su casa en tres sets, luego a Davydenko con un set en blanco incluido y ahora en semifinales se ha cepillado a Tsonga cediendo solo siete juegos en todo el partido. Jugará ante Andy Murray su vigésimosegunda final de Grand Slam, octava consecutiva: cinco en Australia, cuatro en París, siete en Wimbledon, seis en el US Open. No puedo saber si ganará o no. En principio, el partido debería estar igualado. Lo que me fascina es la resistencia de un jugador que en 2003 ya ganó su primer Wimbledon y siete años después sigue número uno y venciendo a todos sus rivales.

¿Dominará como en los años anteriores? Todo indica que no. Pero si quieren echarlo, va a tener que ser a raquetazos, porque está claro que él no se va. Siete años como número uno con un breve lapso de 45 semanas en medio. Ahí queda eso.

jueves, enero 28, 2010

La muerte de J.D. Salinger



Hemos estado aquí más veces así que ya saben: quien quiera datos que vaya a la Wikipedia. Ahora hablemos de mí una vez más. Me pasé la adolescencia oyendo hablar de "El guardián entre el centeno". Es más, oyendo hablar a la Chica Langosta de "El guardián entre el centeno", motivo más que suficiente para haberse lanzado sobre el libro de manera inmediata. No fue así. Creo que ya lo he comentado antes pero fui un lector muy tardío y probablemente la de Salinger fuera mi primera gran novela por placer... ya con 18 años y en la Universidad.

Obviamente, fue un palo. Fue un palo para todos, creo. Holden Caulfield, su hermanita, los patos de Central Park, putas en hoteles de mala muerte, esa estética del desamparo que luego hemos ido repitiendo una y otra vez todos los escritores peterpanistas del resto del siglo XX... Si dicen que la filosofía occidental es una nota al pie de página de la obra de Platón, gran parte de la literatura desde 1955 no es sino una nota al pie de  "El guardián entre el centeno".

Desamparo. Esa es la palabra. Adolescencia. Rabia. Orgullo. Lágrimas. Cariño. Responsabilidad desbordante. Que nadie caiga del campo de centeno, que los niños estén protegidos. La infancia que se niega a marcharse y tiene miedo de lo que viene. ¿Qué viene? Nueva York. Así, ni más ni menos.

Me volví loco con el libro. Tan loco que pocos años después, cuando empezó a popularizarse Internet yo coloqué "holden" como contraseña de todas mis cuentas (no se esfuercen, ya las he cambiado). Tan loco que me puse a escribir mi propia novela adolescente que no llegó a ningún lado pero en la que el protagonista se dirigía a los lectores de "usted". Tan tan loco que me leí frenéticamente "Franny and Zooey", ese tratado budista lleno de claves ocultas que, sinceramente, se me escapaban entre los dedos.

Me gustaba el personaje. La persona ya está suficientemente descrita por su hija y por la foto que encontrarán allí arriba. Pero el personaje estaba bien, ahí perdido, encerrado. Llegó una periodista y se la quedó. Luego nada más, hasta los 91 años. Iba a escribir sin más que su muerte no es relevante para la literatura porque total ya llevaba años literariamente muerto, pero puede que eso no sea cierto. Puede que su muerte y la llegada de los ávidos herederos suponga un florecer de inéditos maravillosos uno tras otro, garabateados en los papeles higiénicos de los distintos cuartos de baño de su casa perdida.

Lo digo en serio. Si Bolaño puede sacar nuevo libro en 2010, ¿por qué no Salinger?

En fin, a lo que íbamos, es decir, a mí. Conseguí una edición de Alianza Editorial llamada "Nueve cuentos". Los nueve eran soberbios. Dicen que había más, pero no recuerdo haberlos leído. De los nueve, me quedo con "Un día perfecto para el pez plátano", uno de esos títulos tan estadounidenses. Me produjo exactamente la misma sensación de desamparo. Un desamparo rutinario e incluso alegre, pero desamparo al fin y al cabo. El resto de mi vida lo he pasado esbozando diferentes Holden Caulfields en relatos, novelas, blogs, etc.

No he sido el único.

miércoles, enero 27, 2010

Arcadi Espada abandona Factual


Supongo que, por un lado, yo no puedo hablar de mi ex director porque está feo. Además, todo el mundo sabe de mi admiración por Arcadi, así que no puedo ser objetivo. Por otro lado, tampoco puedo contar nada de lo que sé ni de lo que pienso sobre el asunto porque estaría aún más feo. Pero, claro, que el director de un periódico digital que pretendía revolucionar la manera de entender el periodismo digital dimita a los dos meses es una noticia que no puede quedarse fuera de este blog.

Sobre todo, insisto, si el que hace el blog trabaja en ese periódico. O trabajaba, la verdad es que ahora mismo estoy totalmente en ascuas.

Nada nuevo, por otro lado.

Creo que el proyecto Factual, tal y como lo entendía Arcadi, merecía mucho la pena y sé lo que han trabajado todos por ponerlo en marcha. Pedimos utopías y cuando alguien se pone manos a la obra miramos a otro lado. La idea es que Factual continúe sin Arcadi como una especie de franquisimo sin Franco. No sé si el "contrato Factual" sigue vigente al menos mientras haya suscriptores o si los editores buscarán fórmulas más atractivas, rápidas y comerciales. Mentiras, en una palabra.

En Factual, la gente se esfuerza de manera brutal por conseguir algo que yo tampoco sé si es posible. Pero verles intentarlo era realmente motivante. Un ejemplo. Veamos qué sale de aquí, les iré informando dentro de lo posible.