martes, febrero 24, 2015

Los buenos


Si pienso en qué ciudad, sin contar Madrid, he sido más feliz, probablemente me encuentre con San Sebastián. Es raro, porque igual que Santander o Barcelona o incluso algunas partes de Málaga se han dejado conocer, han tenido ese punto amistoso de permitir que me sintiera como en casa, San Sebastián siempre ha mantenido una distancia casi maleducada, como un niño que entra en un museo y se empeñan en recordarle cada cinco minutos; "No toques nada, no lo vayas a romper".

Sin embargo, ha sido así, y se podría decir que nada he tenido yo que ver en ello: mi madre y Gure decidieron pasar un mes allí en 1988, tardes en el Aniceto viendo a Perico Delgado ganar su único Tour. Mi hermano y sus amigos se apuntaron al festival de cine y me limité a unirme a la fiesta: pisos alquilados con futuros Premios Goya en el Barrio Antiguo, al final de una cuesta interminable, y pensiones en la calle Easo.

De San Sebastián era, pura casualidad, una de mis ex novias y ahí pasamos cinco días de verano, ella luciendo bikinis negros por Zurriola y yo visitando oftalmólogos.

Mi primer viaje con la Chica Diploma fue a Guadalajara, pero el primero de verdad, de los de coger el coche y tirar millas fue a San Sebastián. Concretamente, a un concierto de Vetusta Morla. Tres años después, entiendo la elección del grupo pero no veo tan clara la de la ciudad. No hemos vuelto a hablar de ella, no es un tema recurrente en nuestras ensoñaciones viajeras. Quizás a ella le pase lo mismo que a mí: siempre se ha sentido de paso, una sucesión de "one night stands" que pueden durar semanas pero no dejan de ser aventuras.

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Le envío un email a Iñaki Uriarte por una cosa de Borges, en concreto de nuestra admirada Matilde Urbach. No tiene demasiada importancia pero se lo hago notar y me comprometo a mandarle el enlace en el que Borges explica la rectificación del poema, el cambio de "abrazo" por "amor". Luego, una vez Iñaki me contesta -"eres el primer lector que me hace esa observación, no sabía nada"- ya mi afán investigador va menguando y pienso en el placer que sería escuchar de nuevo las dos entrevistas con Soler Serrano pero a la vez en el coñazo que sería pasarme una de mis dos tardes libres haciendo de arqueólogo. Al final, le mando un enlace a un post en el que repito exactamente lo mismo que le he contado por email. Él, amable, vuelve a responderme. Tengo la sensación de que a ninguno de los dos nos gustan los excesos cara a la galería.

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Jordi Pujol Ferrusola declara en el parlamento catalán su profunda amistad con Artur Mas y cómo está convencido de que, llegado el momento en el que necesite ayuda, Mas levantará el teléfono o contestará el mensaje. Un imputado y un presidente de gobierno mandándose mimitos a la espera de la entrada en la cárcel por un delito económico. ¿Dónde demonios habré visto eso yo antes?

Curiosamente, el comentario, que no sé si era un acto de sinceridad o una amenaza velada, no ha trascendido demasiado en la prensa, quizá porque nadie tiene claro que Artur Mas vaya a seguir ahí cuando Pujol Ferrusola necesite marcar su número de teléfono.

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Aparte de Sergio Busquets, el otro gran tema de mis conversaciones con Diego Salazar era la depresión. Los dos habíamos pasado por ello y coqueteábamos con la recidiva. Parecíamos estar de acuerdo en que uno de los primeros síntomas era el insomnio por la noche y el sueño horrible por la mañana. No te quieres acostar cuando debes sino que te dedicas a hacer cualquier cosa que no exija demasiado y por la mañana no quieres levantarte, de hecho preferirías pasar el día dormido o al menos acostado.

Supongo que este síntoma se podría resumir como una renuncia al cambio: si ya estoy despierto, que me quede como estoy. Si he conseguido dormir, ¿para qué esforzarme en levantarme y hacer algo?

Los demás síntomas ya son confusos. Por ejemplo, este cansancio atroz, esta mirada perdida, esta culpabilidad cada vez que la Chica Diploma se viene abajo por verme así. Las vueltas y vueltas por la Colonia Conde de Orgaz sin conseguir encontrar lo que busco y la sensación de profunda frustración cuando llego a casa y me doy cuenta de que he perdido casi dos horas de mi vida en una tontería enorme, una frustración que me lleva, como a los niños, a meterme en la cama sin comer ni nada, enfurruñado. Para eso, sinceramente, podría haberme puesto con lo de Borges.


lunes, febrero 23, 2015

Pablo Laso y el eterno descontento



Puede que el problema fuera que el aficionado madridista no se había dado cuenta de hasta qué punto su equipo se había vuelto irrelevante. Desde 1995, año de la marcha de Sabonis, coincidente con la última Copa de Europa, hasta 2012, cuando Messina y Molin dejan el club, el Real Madrid de baloncesto ganó tres ligas -una con Scariolo, otra con Maljkovic y una tercera con Plaza-, ninguna Copa del Rey y apenas se asomó dos veces a las semifinales de la Final Four, con contundentes derrotas. En ese período en el Madrid jugaron grandísimas estrellas y entrenaron los mejores técnicos del mundo, desde Zeljko Obradovic a Bozidar Maljkovic pasando por Sergio Scariolo o el propio Ettore Messina. Nadie pudo reflotar la nave más allá de títulos muy puntuales y sin continuación.

De hecho, cuando Messina se fue del equipo a mitad de temporada por enfrentamientos directos primero con Garbajosa y luego con Felipe Reyes, el club era un solar. Críticas constantes, un entrenador de paja, una clasificación agónica para la Final Four donde el Maccabi les pasó por encima, y constantes derrotas contra el Barcelona cuando no llegaba el Bilbao o el Caja Laboral de turno y se adelantaba. La llegada de Laso fue recibida con el escepticismo que siempre levanta un entrenador de "perfil bajo". Paró el traspaso -ya acordado- de Sergio Rodríguez, pidió a Felipe Reyes que no se buscara equipo y le dio a Sergi Llull los galones de base puro, frente a la mofa general que criticaba constantemente sus "mandarinas" y su caótica dirección de juego.

De eso hace solo tres años y medio. En el camino, sin contar Supercopas, que no son sino torneos de verano, el Madrid ha ganado tres Copas del Rey, una liga y ha llegado a dos finales de Euroliga. No solo eso, ha jugado el mejor baloncesto que yo recuerdo desde la Yugoslavia unida de Petrovic, Kukoc, Radja y Divac. Un baloncesto de equipo, sin estrellas, veloz, de alta anotación y fuerte defensa... un baloncesto histórico al que se le exigen títulos que nadie consiguió en los veinte años anteriores.

La típica contestación que recibo a este entusiasmo por Pablo Laso es que ha tenido plantillas maravillosas. Es cierto. El Madrid siempre ha tenido plantillas maravillosas. Ha tenido a Arlauckas, a Bodiroga, a Herreros, a Djordjevic, a Bullock... Las plantillas son más o menos buenas según el uso que haga de ellas el entrenador. Ignorar eso es absurdo. Si se compara la plantilla de 2013 con la que tenía Messina en 2012 no hay tantas diferencias, solo una: los buenos jugaban. Y jugaban con confianza. Y cuando fallaban, seguían en el campo y volvían a intentarlo. Dicen que es la mejor plantilla de Europa pero yo no sé qué significa eso. Sí es probablemente la plantilla con mayor confianza en sus posibilidades. Aparte de los fichajes de Rudy y de Bouroussis, quizá el de Ayón este año, es una plantilla incluso barata para lo que fue el esplendor turco-griego de los años pasados: una colección de Pocius, Carrolls, Dardens, Drapers, Begics, Mejris, Rivers, Campazzos, Slaughters, etc.

Me van a disculpar, pero eso no es un "dream team". Solo puede parecerlo cuando cada uno hace exactamente lo que debe dentro de un engranaje perfecto. Si me quieren convencer de que eso no es mérito del entrenador, lo siento, pero no lo van a conseguir.

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Leo una columna deportiva en un periódico nacional. Está bien escrita. La verdad es que nuestra generación ha salido bastante apañada. Sin embargo, hay algo que me molesta y que no es culpa del autor en concreto: la consagración de un columnismo que consiste en muchas citas ingeniosas y dos o tres anécdotas por artículo. Al autor, de hecho, prácticamente no se le ve entre tanto golpe de efecto. Es un periodismo atractivo y necesario, pero que no puede copar los medios. No puede ser todo una eterna cita ingeniosa porque entonces ¿qué queda del ingenio propio?

Echo de menos la sangre, la vida... Incluso Arcadi Espada, con todas las diferencias que hemos tenido, mantiene ese punto de "yo aquí me mojo y me mojo a lo bestia, con mis palabras, sin metáforas, sin subterfugios". Cuando cita no lo hace porque queda bonito, sino porque corrobora sus tesis. Ojalá hubiera más Arcadis y menos estetas. Un justo equilibrio, al menos. Un columnismo con sangre, una literatura con sangre... y que esa sangre sea propia, claro,

A este tipo de columna se le ha venido a llamar "costumbrista" y viene de todo ese rollo Pla-Umbral-Camba del que hablaba el otro día. Puede ser. A mí me recuerda un poco a las primeras novelas de Loriga y ese punto casi musical, de letra de canción que no sabes bien lo que quiere decir pero suena de maravilla y te quedas con una sonrisa en la boca. Insisto, sonreír es bueno, pero no basta. Quiero vida y rabia, si es preciso. Inteligencia, por supuesto. No ironía ni pose, inteligencia. Que me descubran un mundo presente y no me lo llenen de pasado. Eso quiero, pero desgraciadamente no está de moda.

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Le comento a la Chica Diploma durante el desayuno que me siento olvidado. Si se fijan, es la culminación de la decadencia y ya puedo descansar tranquilo: sentirse olvidado cuando nadie te recordó nunca. Esto de la estética me está matando, porque la estética, ojo, nos mata a todos y no quiero salirme yo del cuadro. La incómoda sensación de que te están adelantando, que ha llegado ese punto en tu vida en el que quizá tocaste techo, aunque nadie se enterara, y ahora solo queda ver cómo los demás suben y tú bajas.

También puede que no sea verdad, que esa sensación no sea sino otra muestra de eterno descontento a lo Pablo Laso: jugamos bien, muy bien incluso, conseguimos cosas que no habríamos soñado en la vida pero nos quedamos a una prórroga de la Copa de Europa y ahora a ver cuándo se presenta de nuevo la oportunidad.

No puedo decir que no las haya tenido ni que haya renunciado a aprovecharlas. Simplemente, las cosas no salieron bien. Para un ludópata eso es difícil de aceptar porque un ludópata siempre está intentando recuperar las pérdidas de algo que en realidad no ganó nunca. No sé, es todo tan raro. Me dice María Alcaraz que necesito a alguien que me diga lo bueno que soy antes de que me pierda por completo. Tiene razón, al final es todo una cuestión de ego. Aun así, le insisto a la Chica Diploma: "Si yo tuviera dinero, dinero de verdad, esto no me supondría ningún problema: escribiría en mi blog, daría alguna clase de inglés y me dedicaría a haceros felices a ti y al Niño Bonito".

"Ya nos haces felices", contesta ella y quizá, ya digo, el asunto es ese: ya publiqué mis libros, ya me siguieron miles de personas en redes sociales, ya firmé en la Feria, ya conseguí a la chica de mis sueños, una chica preciosa que me quiere con locura. Tuve un hijo y no necesité ni matar al padre porque el padre murió solo. ¿Qué nos cabe esperar, cómo motivarse ? Hice lo que tenía que hacer y lo hice a mi manera. Ahora quedan cuarenta años por delante sin saber muy bien dónde ubicarme.

domingo, febrero 22, 2015

A doce años del Tamayazo



Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo, menciona en su carta de los domingos una visita del tránsfuga Eduardo Tamayo a Francisco Granados en la que le habría pedido seis millones "por guardar silencio". Lo curioso es que el testimonio no encabeza el artículo y ni siquiera forma parte de la línea argumental, no es más que un añadido casi en forma de anécdota dentro de ese cenagal que es el PP de Madrid. Como recordarán, Tamayo, junto a su compañera de partido María Teresa Sáez, impidieron con su abstención la investidura de Rafael Simancas en 2003, una decisión tan sospechosa que la Asamblea de Madrid montó un paripé llamado "comisión de investigación" presidido por el entonces alcalde de Valdemoro.

A mí todo esto me deja perplejo. El director de un periódico insinúa tranquilamente que el PP acordó pagarle seis millones a Tamayo o por lo menos insinúa que Tamayo consideraba que tenían una deuda con él de seis millones... pero prefiere no elaborar al respecto. No lo da como noticia sino como comentario dentro de un larguísimo artículo; no encarga una investigación detallada sino que lo presenta casi como algo banal. No solo eso, sino que, consciente de la situación, contrata a la gran beneficiada de toda aquella operación, Esperanza Aguirre, como columnista de su propio periódico.

Convendrán conmigo en que la situación es chocante. Con todo, las circunstancias -que algún día sabremos cuáles son y cuáles han sido durante los últimos doce años al menos- no le impiden al periodista concluir su artículo con un demoledor: "Mejor estar seguros de que a los candidatos no les va a estallar un escándalo una vez nominados" para explicar la tardanza de Rajoy y el PP de Génova en anunciar sus cabezas de cartel. Pues sí, casi mejor, aunque si los escándalos los refugiamos en la sexta línea del quinto párrafo, tampoco van a llegar muy lejos.

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Quedo para tomar un café con Manuel Jabois a las seis en Avenida de América y acabo cenando con Ana, Manolito y sus padres a las diez y media de la noche en su casa de General Pardiñas. Está emocionado aún por el artículo que se publicará al día siguiente sobre el padre de Umbral. Sin duda, Jabois era lo que necesitaba El País para desprenderse de ese aire predecible que a veces le rodea. Por lo demás, es una velada agradable: hablamos de los motivos de su fichaje, de guarderías y de la rivalidad Pontevedra-Sanxenxo. La rivalidad futbolística, quiero decir.

Como en realidad no soy más que un invitado en una reunión familiar, me voy más bien pronto, a tiempo para dar un paseo a casa sin agobios. Al despedirme, me doy cuenta de que estoy tratando a los padres de Manuel de usted y yo mismo me corrijo y les empiezo a llamar de "tú" y es obvio que estoy nervioso, que la propia figura de "los padres", como cuando era un adolescente, me impone. Algo absolutamente ridículo teniendo en cuenta que ahora el padre soy yo, por mucho que me empeñe en no darme cuenta.

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Leo que Ciudadanos es la opción de Planeta y del IBEX35 para desgastar a Podemos.. A mí estas conspiraciones a lo Club Bilderberg me aburren un poco, la verdad, así que dejémoslas a un lado y centrémonos en algo evidente: Ciudadanos, no sé por qué, se ha puesto de moda. Sobre el partido y la confianza que me inspiran ya hablé en su momento y sería absurdo repetirse, más que nada porque, ya lo dije, probablemente se base en un prejuicio y los prejuicios son malos compañeros de viaje.

Sobre el trato de los medios de comunicación, eso sí, no puedo evitar reconocer que me tiene extrañadísimo, más que nada porque hablamos de un partido con nueve años de historia y unos cuantos cadáveres en el armario que todo el mundo está muy preocupado en dejar ahí guardados.

Lo mejor que han aportado Podemos y Ciudadanos al debate político español, dos partidos pujantes cuyos argumentarios se desmontan por sí mismos a poco que se pierda la pereza, es la refutación del cargante "Cuando alguien dice que no es de izquierdas ni de derechas es que es de derechas". Como los dos lo dicen, y obviamente al menos uno de los dos no es de derechas, igual pronto podemos empezar a decirlo los demás sin que se convierta en una "excusatio non petita". Y en nuestro caso, igual hasta es verdad.

jueves, febrero 19, 2015

America



Fue una tarde de septiembre, después de ver a Marta en el campus de la Autónoma. Ella salía de un examen, creo que de biológicas, y yo quedé en recogerla y acompañarla al Cercanías. Como no quería darle demasiada importancia al asunto -obviamente no le dije: "Voy a irme de Madrid a Cantoblanco solo para verte mientras volvemos de Cantoblanco a Madrid"- le pedí a una amiga que me acompañara y así podríamos hacernos un poco los encontradizos. Para rematar la faena estética, me llevé un libro, creo que de Carver.

La "cita" fue el desastre que los dos esperábamos, la típica conversación en la que dejas caer cinco veces que ahora mismo no quieres una relación seria con nadie. Ella no la quería y yo tampoco, pero igual sí, quién sabe. Tenía diecinueve años y había pasado el mejor verano de mi vida. Llegué a casa de mi madre algo aturdido, sin saber si me habían dejado o si había dejado yo a alguien o si se puede dejar algo que en rigor no comenzó nunca. Me tumbé en la cama y me puse a canturrear una y otra vez: Cathy, I´m lost, I said, though I knew she was sleeping.

La idea era, por entonces, buscar América y encontrarla, y desde luego en el camino reconocer que estabas perdido. Completamente perdido. I´m empty and I´m aching and I don´t know why, el himno de todo adolescente. No volví a ver a Marta hasta tres meses después en una fiesta en la facultad de Psicología. El recuerdo que tengo es que flirteó descaradamente conmigo, aunque este puede que sea un recuerdo algo exagerado.

Dio igual, yo por entonces ya tenía novia.

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Les digo a mis alumnas que el próximo día escucharemos "Hearts and bones", dentro de este cursillo básico de Paul Simon en el que las he metido aprovechando que el televisor no funciona y no podemos poner "La vida de Brian". Les explico más o menos lo importante que es la canción para mí, incluido el vínculo familiar, y hasta qué punto Paul Simon es bueno para una clase de inglés porque sus canciones no dejan de ser historias -¿qué será lo próximo, "Train in the distance"?- por lo general, tristes.

No les digo que por las mañanas me ha dado por ponerme el "Fascinado" de Sidonie para recordar cuando era diez años más joven y había restos de mí en tu almohada, flores heladas salidas de mi jardín polar. No sé si es un gran disco, uno pierde la perspectiva con las emociones, pero es un disco que me cambió la vida, una excelente banda sonora a todo lo que estaba a punto de pasar. Voy al baño, estás ahí, trágico y lunar, me estás mirando...Ella no era lunar pero sí era trágica. Quizá también fuera lunar porque no sé muy bien lo que significa ese adjetivo. Nos besamos en el baño y luego ella apartó la boca y se volvió al salón. En el salón estaban otro chico y otra chica y por las habitaciones medio abiertas, un montón de ordenadores encendidos.

Aquello olía a redada policial en cualquier momento.

Salí de la casa cuando ya había amanecido con una enorme sensación de silencio, de que jamás podría explicar todo lo que había pasado más que nada porque lo que había pasado era muy poco con respecto a lo que parecía estar a punto de pasar en cualquier momento. Me fui antes, eso es todo. Ahora, a veces, me gustaría volver, pero ya no hay nadie esperando.

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La tercera edición de los Diarios de Iñaki Uriarte. Montano da la noticia en Twitter y al día siguiente yo ya estoy en Tipos Infames comprándolo como un yonqui y aprovechando el trayecto del 40 para empezar la lectura. Un ansiolítico. Es mi manera de definir a Uriarte: una enorme paz al pasar las páginas. No hay grandes metáforas, grandes juegos de palabras, expresiones estupendas esperando que alguien aplauda cuando se acaban de leer... pero es todo maravilloso, tranquilo, hospitalario.

Sí, ese sería el otro adjetivo para definir a Uriarte: "hospitalario". Supongo que solo para los que nos sentimos cómodos en algunas casas y no en otras, claro. No solo leer a Uriarte sino soñar con ser Uriarte. Yo creo que Montano y Jabois están conmigo en esto, aunque puede que me equivoque. En la segunda página -¡la segunda página!- del libro ya me obliga a subrayar un párrafo entero: "Días buenos en los que apenas he hecho nada. Días de los que, si yo fuera a vivir quinientos años, obtendrían un notable. Pero, como no es el caso, entran prisas de no sé qué".

"Prisas de no sé qué", qué maravillosa manera de definir mi vida, así de un plumazo.

miércoles, febrero 18, 2015

Risto Mejide en VOGUE



Estos días encontrarán en tiendas y quioscos el nuevo número de la revista VOGUE, con entrevista incluida a Risto Mejide. Es una buena entrevista, es un buen entrevistado y espero que les parezca un buen entrevistador, más que nada porque se trata de mí. La colaboración con VOGUE esperemos que no sea esporádica, aunque en tiempos de crisis, mejor disfrutar de lo que tienes que andar con fantasías sobre lo que puedes tener. En cualquier caso, llegar hasta ahí no ha sido fácil, y la publicación de la entrevista me ha animado a repasar todos los medios de comunicación en los que he colaborado en algún momento, aunque solo sea para reafirmarme un poco y sacarles una sonrisa si es posible.

El Fútbol Diario.- Yo estudié filosofía así que tuve muy claro desde el principio que no iba a poder dedicarme a lo mío. Cuando cumplí 23 años, recibí una oferta extraña de una empresa llamada Miguélez Sports. Se habían asociado con una empresa holandesa que llevaba el portal The Daily Soccer y que quería sacar una página similar en castellano. Buscaban tres periodistas bilingües y ahí nos juntamos dos chicos que no hablaban una palabra en inglés y yo, que no era periodista. Fue todo raro desde el principio, aunque agradable: no había nada que hacer. La página retrasaba y retrasaba su lanzamiento y nosotros no hacíamos sino artículos de prueba que no llevaban a ningún lado.

Un día me encargaron desde la matriz de Haarlem un artículo largo sobre la selección española, en los tiempos de los penaltis de Raúl a los cielos. Les gustó, les gusté yo y cuando rompieron con Miguélez, me contrataron e incluso me tuvieron una semana, gastos pagados, en Amsterdam, para reflotar el proyecto, cobrando el dinero propio de la época de la burbuja punto com. No sirvió de nada: la burbuja explotó, los corresponsales latinoamericanos no consiguieron aprender inglés de la noche a la mañana y de Fútbol Diario solo quedaron unas gorras y unas camisetas que creo que siguen en el chalet de mi madre.

Escribir y Publicar.- Corría el año 2000, mi novia me acababa de dejar y yo leía compulsivamente a Bret Easton Ellis, Ray Loriga y José Ángel Mañas. Como no tenía mucho que hacer aparte de deprimirme, me junté unos días con mi madre y escribimos a cuatro manos un artículo de crítica literaria sobre los tres. No sé si fue gran cosa o no, pero sé que lo recuerdo con cariño y que fue lo primero que me publicaron en español en un medio impreso, así que aquí lo dejo.

El Mundo .- Es anecdótico pero divertido: Antonio J. Sanchidrián, "Sanchi" para los amigos, tenía el encargo de cubrir un Estudiantes-Fórum de Valladolid pero le coincidía con el partido del Atleti y propuso mi nombre como colaborador esporádico. Hice el breve para la edición nacional y la crónica para la de Valladolid, rueda de prensa incluida. Recuerdo que el partido fue horrible, que ganó el Fórum y que la estrella fue Carles Marco.

Almiar .- Saltamos a 2003, cuando me puse en serio con las colaboraciones, aunque fueran no remuneradas. El lugar donde mejor me acogieron, el que fue mi casa durante cinco años y ojalá lo hubiera sido toda mi vida, fue la Revista Almiar, o Margen Cero, nunca me quedó claro el nombre y mira que estuve tiempo. Conocí a una de las mejores personas que uno puede conocer: Pedro Martínez, y me dio toda su libertad. Con Almiar pude entrevistar a los chicos de La Hora Chanante antes de ser fenómenos mediáticos, a Dani Mateo, a Nena Daconte, a Manuela Velasco... pero también a mis propios y talentosos amigos. Hice reseñas de cine y me fui a San Sebastián de enviado especial unos cuantos años. Creo que lo mejor que he hecho está ahí publicado, y, si no es lo mejor, desde luego lo parecía en su momento.

Notodo,- Estuve en dos etapas: en 2003, les escribí yo y me encargaron una sección llamada "El temazo", eso sí completamente gratis. Trabajé con Camino Brasa y con Emilio Ruiz Mateo y todo fue muy bien, la verdad. Como necesitaba cobrar para vivir, decidí apartarme pero me volvieron a llamar en 2009, creo. La revista la dirigía entonces Nani Fernández y el redactor jefe era David Cano. Me trataron con todo el cariño del mundo y estuve reseñando películas y libros para ellos por una buena cantidad de dinero durante un año y medio o así. Luego, de nuevo, la crisis se nos llevó por delante.

El Semanal Digital.- Empecé como columnista, que es como dice Arcadi Espada que deben empezar los periodistas jóvenes. Mandé cuatro o cinco artículos de forma gratuita, influenciado por mis lecturas de Savater y luego me retiré sabiamente. Lo curioso es que al poco tiempo, me volvieron a llamar. Tanto su director, el muy televisivo Antonio Martín Beaumont como el redactor jefe, Carmelo López-Arias, querían que hiciera unos artículos sobre deporte y otros sobre "música moderna", bien pagados también. Con el tiempo, me encargaron una sección llamada "Última hora" y que pretendía, ya en 2005, que el periódico se renovara a cada instante. Como no había para pagar una redacción, me tuve que encargar yo solo de levantar la sección: al mes ya funcionaba a todo trapo, a los dos meses era la más leída del periódico y en el año y medio que estuve al frente, las visitas en total puede que se quintuplicaran. Yo creí que eso merecía un mayor reconocimiento y ellos no lo tuvieron tan claro. Acabamos mal y me parece una pena, pero espero que la cosa se pueda reconducir. A las dos partes nos fue demasiado bien como para no tenernos cierto cariño.

Neo2.- Conocí a Pedro Collantes en el Festival de Medina del Campo de 2007 y un año después ya estaba viviendo en la casa que acababa de dejar en pleno Malasaña, pero esa es otra historia. El caso es que Pedro conocía a Tere Vaquerizo, de Neo2, y había trabajado en la revista, así que me recomendó. Fue todo un flechazo: estuve en Neo de 2008 hasta 2011 o así. A veces, más; a veces, menos. No pagaban una barbaridad, pero te permitían lujos como entrevistar a Robert Rodríguez, a Bret Easton Ellis, a Terry Gilliam... Dejamos de colaborar porque no podían permitírselo, pero fue una experiencia fascinante.

Tendencias .- Como la crisis aún no había llegado, podía compaginar Neo2 con su competencia, es decir, Tendencias. Ahí los proyectos fueron más modestos, aunque recuerdo una maravillosa sesión de fotos con Macarena Gómez y un reportaje sobre cortometrajistas con Borja Cobeaga, Eduardo Chapero Jackson, Nacho Vigalondo, Borja Crespo,Koldo Serra y Marta Belenguer como actriz invitada. Pasó lo de siempre: espaciaron las colaboraciones y al final ni contestaban los emails con las propuestas. 2009 fue un año horrible en ese sentido.

WWE Magazine .- Esto fue en 2008. Había aprobado una oposición sin plaza y no tenía un duro, así que mi buen amigo Nano me recomendó a Paloma Llorente, que estaba por entonces buscando a gente que hablara inglés y supiera algo de "Pressing Catch", porque el fenómeno se había vuelto a poner de moda y la WWE quería sacar su revista en España. Fue divertidísimo. Durante cuatro días al mes nos poníamos a traducir como locos los contenidos americanos y a sacar los nuestros propios si procedía. Llegué a viajar a Valencia para un evento en vivo, con pase VIP y Laura Cuello como fotógrafa. Fue solo un día pero, en fin, yo estuve ahí, y vi al Enterrador e incluso llegué a entrevistar a Batista en un hotel de lujo de la Carrera de San Jerónimo. Tiempos locos.

Factual .- Pepe Albert de Paco estaba convencido de que yo tenía que estar en Factual. Creo que Verónica Puertollano también. Con los dos cené una noche de verano de 2009 y me explicaron el proyecto. Parecía una locura y a la postre lo fue pero una locura que merecía la pena. Primero, Pepe me propuso para un blog sobre Madrid, pero ese no era mi sitio, y acabé escribiendo con él unas "Cartas Esféricas" sobre la jornada de liga del fin de semana anterior. Sé que a Arcadi Espada, que ya me conocía de antes, le gustaba mi trabajo, pero todo acabó como acabó, con la fuga del director, el despido inmediato de los colaboradores, y los sueldos por pagar hasta hoy, sin un mísero email explicando la situación y pidiendo algo parecido a disculpas.

Zona de Obras .- Uno de los colaboradores de Factual era Diego Salazar, aunque yo no lo sabía porque tengo la fea manía de no leer las revistas en las que colaboro. Diego acabó haciéndose muy amigo mío gracias a Busquets y su perfeccionamiento de la posición del pivote defensivo, pero eso, de nuevo, es otro tema. El caso es que Diego conocía a Rubén Scaramuzzino, nos puso en contacto, y tuvimos algunas colaboraciones bastante provechosas aunque demasiado trabajadas para el dinero que él me podía ofrecer. Hizo un hueco a mis maravillosos noventa y lo último que le mandé fue una entrevista con Nacho Vigalondo y Sasha Grey. No sé ni si lo publicó, nunca obtuve respuesta. Fue algo raro, pero con Rubén las cosas eran así y así hay que quererlo porque es un gran tipo.

Freek!.- A Tali Carreto lo conocí en el Festival de Málaga de 2008 y nos lo pasamos tan bien que me animé a escribir algunas entrevistillas para su revista. La verdad es que eran cosas muy a tiro hecho y que requerían poco esfuerzo, aunque teniendo en cuenta que no pagaban tampoco se podía pedir más. Entrevisté a mis amigos Andrea Trepat y Dani Pérez Prada, hicimos una cosa muy chula con Julián López en el Hotel de las Letras, con Marian Laorden de fotógrafa improvisada y en general pude reseñar bastantes películas y colarme gratis en los pases de prensa, que no es poca cosa.

Culturamas.- Creo que fue en 2009, casi 2010: me llamó Recaredo Veredas, antiguo profesor mío en la Escuela de Letras y me explicó todo el proyecto. Tenía buena pinta pero quería que me hiciera cargo de la sección de novela sin remuneración alguna. Aquello era excesivo para mi nivel de trabajo de entonces, así que me limité a hacer reseñas y con el tiempo conseguí una columna propia que iba un poco en la sintonía de este blog, mezclando nostalgia con actualidad. Esa columna me dio la oportunidad de compartir espacio con amigos como Jorge Díaz, Elvira Navarro o Coradino Vega y, por lo que dicen, tenía bastantes lectores, pero Recaredo decidió cargársela. Él sabrá por qué. Desde entonces, la verdad, nos hablamos lo justo y ya lo siento por Javier Vázquez Losada, que siempre intentó mediar entre nosotros.

Sigueleyendo .- Yo creo que incluso en 2011, año y medio después del fiasco de Factual, Cristina Fallarás seguía sin tener muy claro quién era yo, y a mí me daba una rabia enorme que encargara relatos -"bichos", los llamaban- a otros escritores sin tenerme en cuenta. El caso es que, a falta de ficción, conseguí reseñas, algo que me encanta y que he tenido que dejar de hacer por cuestión de tiempo, como todo. Muchas de las reseñas de Sigueleyendo han aparecido después en solapas de libros como los de Andrés Barba, Javier Gutiérrez o Jorge Carrión, así que supongo que estaban bien. No solo eso, sino que además conseguí publicar mi relato sobre una Cenicienta cocainómana que acaba como puta de lujo y un breve ensayo sobre el 15-M, que aún andará por ahí, supongo.

Fiebre de Fútbol.- Otra aventura suicida pero divertidísima: durante dos temporadas enteras, me encargué de hacer la crónica de TODOS los partidos del Barcelona. Y además esas temporadas fueron la de la Champions League de 2011 y el último año de Guardiola, en 2012. Coincidió con mi entrada en Twitter y creo que de alguna manera me puso en el mapa deportivo. No sé cuántos lectores tenía y no cobraba nada, pero me imponía una disciplina brutal y la maravillosa excusa de poder ver los partidos como "obligación".

MSN .- De nuevo, Paloma Llorente. El encargo esta vez era rellenar de contenido el portal de Microsoft, el que aparece como página de entrada en todos los Outlook Express. En principio, las condiciones eran muy aceptables, pero tuvimos mala suerte y nos tocaron los primeros meses de 2011: tsunamis en Japón, alertas nucleares, revoluciones en Túnez, Egipto, Libia... Aquello era un no parar y lo tuve que dejar. Creo que Paloma y Olga se enfadaron pero de verdad que no tenía otra opción.

Panenka.- Mal rollo y ya lo siento porque gracias a Panenka entrevisté a Daniel Brühl y me encargaron unos artículos bastante chulos en una revista que estaba empezando. Supongo que me empeñé demasiado en estar ahí y no sabía con quién estaba. La revista sigue funcionando y espero que ahora pague a sus colaboradores, a mí desde luego me acabaron pagando una de las entrevistas, creo que, también, con Julián López. Poco tacto, en cualquier caso. Probablemente, también por mi parte, ojo.

El Imparcial .- Durante dos años, un sueño: mi columna semanal sobre política o lo que quisiera, en términos orteguianos, con total respeto a mi independencia y en un medio que pagaba y con cierto prestigio. ¿Qué más podía pedir? Creo que hice un excelente trabajo aunque pasó un poco desapercibido. De los columnistas era con diferencia el más leído pero las cosas se complicaron en 2013 y tuvimos problemas económicos que acabaron con un acuerdo en los tribunales. Ojalá pronto vuelva a encontrar un espacio así para salir del encasillamiento del deporte y poder escribir sobre algo más parecido a mi formación intelectual.

JotDown.- Un antes y un después. Sin duda. Con sus altos y sus bajos, como toda relación de ya casi cuatro años, pero JotDown ha supuesto un espejo que no podía ni soñar, aparte de pagar religiosamente cada mes, que se agradece y mucho en estos tiempos. Si no recuerdo mal, me recomendó Manuel Jabois y aunque debuté con una entrevista a Javier Coronas, en seguida me quedé algo arrinconado en los deportes, aunque, eso sí, la cantidad de lectores y de seguidores que eso me ha supuesto es inmensa. Unir tu nombre a un medio de prestigio es siempre un honor. 

Revista Eñe .- La verdad es que a mí me habría gustado hacer más cosas, teniendo en cuenta que es una revista de un grupo en el que he trabajado mucho, pero de momento solo me han pedido una lista de libros generacionales para un adolescente noventero. Espero repetir.

Cuadernos Hispanoamericanos.- Por mediación de mi tío, llegué a Benjamín Prado, que me encargó una reseña de "La casa de Dostoievsky", de Jorge Edwards. El libro era espantoso y así lo expliqué durante seis o siete largas páginas. Sé que a Edwards le sentó muy mal pero Benjamín, también ex profesor mío en la Escuela de Letras, decidió confiar en mí de nuevo y encargarme la crítica del segundo libro de relatos de Lara Moreno. No sé qué pasó, pero una vez entregada la reseña, ni se publicó, ni me pagaron lo acordado ni Benjamín tuvo a bien contestar ninguno de mis emails, lo que, para mí, demuestra a las claras cómo se comporta la gente cuando toca algo parecido al poder.

UNFOLLOW .- La co-fundé y la co-dirigí durante seis intensos meses de 2012 y 2013. Fue, de nuevo, una locura agotadora y que nos costó un dineral a Ana Boyero y a mí, pero mereció tanto la pena... Tuvimos a Miguel Noguera, a Xavi Puig, a Hughes, a Albert de Paco, a Jacobo Rivero, a Carlos Camino... a tantísima gente fantástica que aceptó trabajar con nosotros que casi me emociono al recordarlo. Yo colaboré con un artículo de Ellis, un reportaje sobre los Juegos Olímpicos de la II Guerra Mundial y otro sobre el único enfrentamiento entre Roger Federer y Pete Sampras, una auténtica delicia. Luego mi padre murió y todo fue demasiado difícil de soportar, la verdad.

Cadena COPE .- Nunca pensé que haría radio, pero Lartáun de Azumendi confió en mí durante dos años: de octubre de 2012 a septiembre de 2014. Mi sección de madrugada se llamaba "Historias de la Historia" y cada semana tocaba inventar durante quince minutos de directo. Una experiencia acojonante. Desgraciadamente, hubo recortes y acabé fuera. Quién sabe, cualquier día vuelvo a entrar.

Perarnau Magazine.- A Martí le conocí por Twitter y, cuando no era un hombre tan ocupado, solíamos tomar algo antes de comer en La Esquina del Bernabéu. Al principio tenía un blog, sin más, y cuando pasó a revista me propuso hacer algunas cosas de baloncesto, de ciclismo... Nunca he sido un colaborador habitual, más allá de la cobertura del baloncesto olímpico de 2012 y el Mundial de 2014, pero siempre ha sido un sitio excelente para colocar aquellos artículos de deporte que no quiero que se "pierdan" sin lectores en mi blog.

Cuadernos de Cine- Caimán.- Una cortesía de Emiliano Allende. Caimán, antigua "Cuadernos de Cine" me da un dinerito cada Semana del Cine de Medina del Campo para hablar de los mejores cortos. No es mucho, pero compensa, desde luego.

GQ .- Muchas veces me quejo de que no tengo contactos, que no me conoce nadie, que debería moverme un poco más... pero la realidad no sé si se corresponde del todo a esa idea. Preparando mi libro sobre Real Madrid y Estudiantes, tuve la oportunidad de charlar con José Miguel Antúnez. El ex jugador de baloncesto se interesó por mi situación, me recomendó a un par de contactos y uno de ellos era Dani Entrialgo, director de GQ, que amablemente decidió darme una oportunidad con un artículo sobre Patrick Bateman. Le debió de gustar porque me ha encargado otro sobre el replicante Roy Battie. A mí, desde luego me gusta su revista, así que espero que sean más.

Zoom News.- Una apuesta arriesgada, pero trabajar con Rafa Latorre y al lado de mis queridos De Paco y Montano merecía la pena. De momento, la cosa está en stand-by pero yo confío en Agustín Valladolid y en que pronto pueda volver a un medio que me es muy querido.

El País.- O, más bien, la edición digital. Durante la promoción de "Amaneceres imprevistos", Tatiana me consiguió una columna en el blog Eros, que llevaba Analía Iglesias. Lo quise titular "Follar se llama el juego" pero les pareció excesivo. Iba sobre el sexo como ludopatía, como vampirismo sin fin. Se quedó en "El amor ludópata" o algo así y a Javier Gutiérrez le gustó mucho, así que lo doy por bien empleado.

El Estado Mental.- Para mí, es una de las referencias actuales de la intelectualidad de mi generación, así que de alguna manera u otra tenía que estar. Con lo complicado que es entrar en el papel, Fidel Moreno, con la recomendación del entrañable Toño Angulo Daneri, me consiguió un rincón en el Dietario Web que vengo aprovechando mes tras mes para hablar de las elecciones legislativas americanas, los Simpsons, Woody Allen o incluso la leyenda de los Reyes Magos. Un poco de todo, como pueden ver.

Cuadernos de Basket .- Estando Lartaun de por medio es normal que acabara haciendo algo para ellos, aunque la calidad de sus colaboradores y sus textos me sigue intimidando bastante. Fui a lo fácil: el Estudiantes y Nacho Azofra, un jugador cuya carrera coincidió íntegramente con mi apogeo como fanático del club.

Gigantes del Basket.- Yo creo que aquí me acabaron cogiendo por pesado. ¡La de emails que les he mandado a César Nanclares y a David Sardinero pidiendo un rincón en la revista! Tiene toda la lógica del mundo: cuando tenía once años ya coleccionaba Gigantes, he sido abonado varios años y es la gran revista de mi infancia y adolescencia. Ver por fin mi nombre y mi foto al lado de una entrevista a Jaime Fernández resultó todo un honor.

Líbero.- Todo empezó con Óscar en La Central, durante el Mundial de fútbol, cuando organizaron unas charlas previas a los partidos. Yo creo que iba de telonero del Brasil-México, pero el caso es que por ahí no apareció nadie, solo Begoña Minguito, el propio Óscar y el otro contertulio. Ahí hablamos de posibles colaboraciones y me saqué de la manga un artículo que unía a Andrés Calamaro y a Emmanuel Amunike en el mismo titular, y además con sentido. Ahora que parece que Diego va a asumir más responsabilidad, tiene pinta de que me voy a consolidar como entrevistador de músicos o actores a los que les guste el fútbol. Mucho más relajado que investigar sobre la Nigeria de 1996.

lunes, febrero 16, 2015

Elígeme



A mediados de los ochenta, Joaquín Sabina se hizo socio  de la Sala Elígeme, en la calle San Vicente Ferrer, 23, barrio de Malasaña. Los fundadores habían sido, un año antes, Víctor Claudín y Pedro Sahuquillo y la cosa estaba más o menos encauzada pero sin duda la presencia del de Úbeda, camino a la fama, fue un atractivo para el local, no sé si para el negocio. Eran los tiempos en los que todo era fácil y Joaquín me dedicaba canciones en los conciertos o venía a casa a comer con mi abuela, mi madre y mi tío, incluso amagábamos con grabar los coros de una canción del "Hotel, dulce hotel" en la habitación de Pancho.

Con esto no quiero decir que Joaquín no tuviera ya estatus por entonces. Lo tenía, pero era un estatus de concursos de cantautores, de colaboraciones con Batanero, Pastor y Ruibal. Como resumía ayer mi madre, era "de la familia" y por supuesto recuerdo la excitación de sus primeros éxitos de verdad, los del "Juez y parte" y sobre todo aquel mítico doble concierto en el Teatro Salamanca, donde teníamos la sensación de que nos iba la vida a todos, desde mi abuela a sus 66 años hasta yo mismo a los ocho o nueve.

Lo curioso de aquella época, en cualquier caso, no es que mi abuela y yo fuéramos a los grandes conciertos sino que fuéramos a los pequeños, es decir, a los que se celebraban precisamente en el Elígeme. Solo en una década como los ochenta podía un niño de menos de diez años entrar en un garito, pedir su cocacola y ver un montón de actuaciones muerto de sueño mientras le presentaban a Miguel Pardeza. Era el principio de Viceversa como grupo, una época brillante, llena de buenas canciones, pero demasiado corta, con demasiados vaivenes. Yo, en realidad, no acababa de enterarme bien nunca de qué pasaba: si Javi, si Manolo, si Susanita, si Amparo, si Paco Espínola, si Pilar, si Encarna... Recuerdo, eso sí, los partidos de baloncesto en casa de Paco Beneyto, quinto piso de la calle Ramos Carrión, 3. Los recuerdo tanto que ya han aparecido en dos de mis libros.

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Por cierto, sobre Elígeme, en general, imprescindible la página de Víctor Claudín.

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A Sergio Blanco lo recuerdo en el Búho Real, en uno de los primeros conciertos de su hija María. Lo recuerdo tal y como lo recuerdan todos ustedes: espigado, algo deslavazado y con una sonrisa siempre en la boca. Aplaudía a rabiar y sabía sentirse orgulloso sin necesidad de acaparar protagonismo alguno. Años antes, muchos años antes, organizamos una fiesta familiar en Salamanca y a mí me tocó cantar "Cantinero de Cuba" con Manolo Morán. No sé exactamente lo que pasó pero creo que metí la pata en algo y Manolo me quería matar. Esto fue antes de los años del Elígeme, pero no mucho antes, no crean.

La muerte de alguien conocido evoca en cada uno sus propios retazos de vida. A mí, inevitablemente, me une a María, los tiempos del Trovadicta y la sorpresa diaria, o los tiempos del Costello y cuando se vino a tocar, ya como Mäbu, a nuestro Fuera de Contexto. Ayer, en cuanto me enteré, le mandé un mensaje por Facebook. Juraría que tenía su móvil pero debí de perderlo en algún traslado. Era un pésame raro, el pésame a alguien que no estás seguro de que te recuerde pero que por alguna razón se ha quedado atrapada en tu cariño.

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A rebufo del sensacional e inesperado resultado electoral de Ciutadans en las elecciones catalanas de 2007, algunos de sus impulsores, encabezados por Arcadi Espada, decidieron fundar un periódico que pudiera llegar también a esa "tercera España" que pretendía huir de etiquetas y que vivía, al menos en parte, en los comentarios del blog de Arcadi. Así me lo explicaron Pepe y Verónica cuando me contaron el proyecto en el verano de 2008, probablemente 2009. El periódico se acabó llamando Factual y acabó en un derrumbamiento lleno de impagos, desapariciones y estupendismos.

Desde entonces, y no sé muy bien por qué, no puedo evitar sentir una cierta desconfianza hacia la matriz, es decir, Ciutadans. La desconfianza del que intuye que, si las cosas salen mal, se comportarán con la misma arrogancia y miseria moral. Un partido que ha estado a la deriva durante muchos años, con candidatos como Miguel Durán o Javier Nart, es un partido que no me interesa en absoluto, por mucho que Albert Rivera, con ese pelazo que gasta ahora, me parezca un orador francamente brillante.

Mi falta de interés en Ciutadans, o Ciudadanos, o como lo quieran llamar, no evita que esté convencido de que sus resultados electorales van a ser excelentes dentro de un populismo chic, es decir, la moda de nuestro tiempo. Me dan miedo, eso sí, lo erráticas que puedan llegar a ser sus coaliciones posteriores de gobierno, incluso su posible apoyo al PP o al PSOE en comunidades donde el PP y el PSOE han arrasado con todo. Por muy bien que hable Rivera, conmigo sigue teniendo un problema: que no me lo creo. Ni siquiera me creo que él se lo crea, que es peor. Obviamente, estos son prejuicios que la realidad colocará en su sitio pero alguien que lleva desde los nueve años rodeado de gente rara sabe detectar el peligro con una facilidad desoladora.

domingo, febrero 15, 2015

Birdman


El género de la película dentro de la película o, mejor aún, la obra de teatro dentro de la película, siempre ha sido un auténtico filón. Mi adolescencia fue en parte aquel "En lo más crudo del crudo invierno", de Kenneth Branagh, "Buscando a Richard", de Al Pacino, o las disparatadas "Balas sobre Broadway", de Woody Allen, y, por encima de todas, "¡Qué ruina de función!", de Peter Bogdanovich. El enfoque de Iñárritu en "Birdman" toma un poco de cada una: actor famoso pero con un prestigio que ganarse, la complejidad de levantar un proyecto y las relaciones entre bambalinas de los distintos protagonistas.

Cuando se ciñe a eso, la película es brillante, entretenida e incluso -raro en Iñárritu- graciosa. El problema con el director mexicano es que nunca consigue quedarse ahí. Al igual que el protagonista de su película, no puede evitar querer pasar a la historia en cada cosa que hace y al igual que la crítica implacable del New York Times no soporta que el cine se haya convertido en una sucesión de explosiones y superhéroes en mallas. Extraña de "Birdman" que el primer acto empiece con Carver, Galifianikis y el excelente Edward Norton y acabe -OJO, SPOILER- con un tío volando sobre Nueva York en una ensoñación de medusas sobre la playa.

De hecho, la desaparición de Edward Norton es especialmente llamativa. Entra en la película como un torrente, parece que va a cambiarlo todo y de repente no se vuelve a saber más de él como tampoco se sabe nada ni hay segundas lecturas de "De qué hablamos cuando hablamos de amor" de Carver. En un momento dado, un periodista le pregunta al protagonista: "¿Por qué has elegido a Carver?" y la misma pregunta se le podría haber trasladado a Iñárritu porque en realidad la obra y el autor representados podrían haber sido otros cualesquiera.

Con todo, hay momentos sin duda brillantes: la maravillosa escena de Times Square, esa filmación como un plano secuencia constante, la música siempre presente, incluso el envejecimiento no disimulado de Michael Keaton. Puede que arrase en los Oscars, porque estas historias de la actuación que redime y la hija que va a rehabilitación suelen funcionar. Ahora bien, se queda tan por debajo de lo que anuncia, que el sabor de boca no puede ser sino algo agridulce, como cuando Clint Eastwood decidió acabar "Million dollar baby" media hora más tarde sin que aún haya llegado a entender por qué.

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Por cierto, Raymond Carver. Cuando le leo la sinopsis de la película a la Chica Diploma -es nuestro día sin niño, nuestro día de paseos por La Latina, cine y cena en una hamburguesería donde suena "Hey la, my boyfriend´s back"-, de repente se me pone un nudo en la garganta. Raymond Carver. Supongo que siempre estará ahí, desde esa primera lectura en Londres, en la buhardilla del hotel Orchard, con sus camareras rusas y su recepcionista griega. Carver en la cama mientras Induráin se derrumbaba en Larrau y Carver en Kensington Gardens por las mañanas, esperando que Dani volviera de trabajar para comer unas salchichas o descongelar un "fish and chips" en su casa.

Toda una vida copiando a Carver y a Cheever. Al menos hasta que descubrí a Hemingway. La melancolía del chico que se iba a comer el mundo y pensaba en adaptar "La colonia penitenciaria" de Kafka o llamaba a Albert Espinosa para devolver su "Tu vida en 65 minutos" al teatro. Cuando Albert Espinosa no era Albert Espinosa, claro. El chico que tenía fuerzas para afrontar esos proyectos y escribir una ópera en tres actos sobre incendios en Galicia. El chico que ya es un hombre y un marido y un padre y se arrastra por las calles en su tarde libre, agarrado a un café del Starbucks para no caer de sueño en cualquier acera, algo ausente, distante, su esposa preocupada.

El hombre que, pese a todo, tiene tiempo para aguantar las lágrimas, mirar su biblioteca y sacar un libro verde, el único que tiene de Carver, sin saber dónde está el resto, y enseñárselo orgulloso a su mujer. "¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?". Aquí soy el chico que quiere ser Bret Easton Ellis y en otro lugar, en otro momento, fui el chico que quiere ser Raymond Carver. Ahora, como me escribió Arcadi Espada en su día, antes de los impagos y las peleas, me conformo con ser el chico que soy. Sea eso lo que sea.

jueves, febrero 12, 2015

Magas y Talitas



A raíz de mi reivindicación de Ortega, Juan Soto Ivars me responde por Twitter que con Camba y Pla se liga más. Tiene toda la razón del mundo. En cualquier caso, Camba y Pla se quedan en nada si se comparan con Julio Cortázar, de cuya muerte se han cumplido hoy treinta y un años. Cortázar es el recurso fácil de cualquier follarín que se precie y eso en parte ha estropeado su legado, que es inmenso. El cíclope y todo ese rollo facilón de Magas, Ossips y Rocamadours.

Una vez le envié el famoso capítulo siete de "Rayuela" a una chica a la que acababa de conocer y que me proponía tomar cafés en el tanatorio. Su respuesta fue un mohín en forma de email cansado, ¿cuántos lo habrían intentado de esa misma manera, con esas mismas palabras? Hubo otra vez que Cortázar se cruzó en el camino y no fue tan mal. La chica se empeñaba en hablar de Israel y Palestina a las cinco de la mañana en el Delic y acabamos besándonos en la calle, coreados por los viandantes mientras decidíamos qué hacer con Traveler.

La vida, en general, es una elección entre Magas y Talitas. La primera chica tenía mucho de Maga, quizá por eso estaba tan aburrida de que se lo repitieran. La segunda era decididamente Talita, aunque quizá ella pensara lo contrario o le gustara ser lo contrario. A mí, en general, las Magas me aburren mucho y las Talitas me acaban encandilando con su constancia. Un personaje odioso, la Maga, dentro de una novela magnífica de un escritor soberbio al que, no sé por qué, desde hace unos años se viene haciendo de menos.

Quizá por todos los cursis de barra de bar que se lo han apropiado.

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Sofía viene a casa a las ocho de la tarde. Tiene pinta de cansada, igual que yo. Es la nuestra una relación lánguida desde su inicio, una relación de descafeinados y tés por las cafeterías vintage de Malasaña. Siente que se merece algo mejor, que está capacitada para algo mejor y que no encuentra oportunidades. La entiendo. El talento de Sofía es enorme, demasiado como para estar perdido dando clases de inglés por horas en colegios privados, ordenando a los pequeños salvajes en fila para el recreo o el comedor.

Los dos pensamos que sería distinto, supongo. No sabíamos cómo, pero distinto. Los dos, probablemente, estemos deprimidos y lo bueno es que no nos molestamos en ocultarlo ni en dramatizarlo. Ha sido así siempre. El Niño Bonito la mira con cara rara, cara de "¿quién es esta chica y por qué demonios no me coge como todos los demás?" Porque la gente deprimida no tiene puntos medios con los niños, o les besa y les achucha todo el rato como yo o mantiene una distancia casi aséptica, no les vayan a contagiar algo.

"Veo a otros con menos talento que consiguen dedicarse a esto y se me llevan los demonios", dice mientras yo intento bañar al enano, empeñado en ponerse a cuatro patas dentro del agua. Siempre hay alguien con menos talento ocupando el puesto que tú quieres y siempre hay alguien con más talento que querría ocupar el tuyo. Lo que queda en medio es la expectativa y la melancolía, el niño llorando desesperado porque tiene hambre o sueño o simplemente echa de menos a su mamá -¿y quién no?- y Sofía yéndose a casa con la sensación de que en su vida pasan demasiadas cosas, como un álbum que hubiera que rellenar cuanto antes, para, una vez acabado, tirarlo y empezar otro.

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En el año 2000, Ángel Gabilondo y Julio Quesada compitieron por la misma plaza de catedrático en metafísica. Fue algo inaudito porque normalmente los departamentos no sacan plazas al azar sino bien diseñadas para alguien en concreto. El caso es que a Gabilondo y a Quesada les debieron vender la misma burra, asuntos de poder dentro del claustro, y ahí se presentaron los dos, sorprendidísimos por que el otro hubiera tomado la misma decisión.

Fueron unos días agitados dentro de un campus por lo demás bastante tranquilo en el cambio de siglo. Los partidarios de Gabilondo hicieron mucha campaña y los de Quesada la hicieron más efectiva, lo que hizo que al final ganara la plaza. Siempre vi en Gabilondo, una excelente persona, a alguien torpe en lo político, demasiado ensimismado en la poesía de Hölderlin y los raptos románticos de Heidegger. Si Quesada era Talita, Gabilondo desde luego se daba aires de Maga,

Es curioso que la pérdida de aquella plaza desatara una tormenta perfecta que ha hecho pasar al candidato derrotado de profesor a catedrático en la siguiente convocatoria, luego a rector, ministro con Zapatero y ahora, parece, candidato a la Comunidad de Madrid. Hay muchas cosas que me provocan dudas de Gabilondo, entre ellas está, me temo, su propio talento. No era un gran profesor, aunque ponía todo el empeño. Sí era, o parecía, un tipo honesto. Quizá dejó de serlo cuando empezó a ganar todo el rato, las cosas no pasan por casualidad, pero si al final se presenta es posible que cuente con mi voto. En Madrid hace falta gente hábil y con capacidad para cambiar las cosas pero sobre todo hace falta gente que no venda su alma por un tranvía. Con eso, ahora mismo, nos basta.

miércoles, febrero 11, 2015

La izquierda en los tiempos de la Casera-Cola



Hace una semana, Pablo Iglesias ya declaró a La Vanguardia su antipatía por "Doctor Zhivago", la novela escrita por Boris Pasternak, disidente ruso que fue obligado a renunciar al Premio Nobel en 1958, dos años antes de su muerte. En opinión de Iglesias, estábamos ante nada más que una representación de la visión estadounidense de la guerra fría, pura propaganda. Obviamente, solo había visto la película y no sabía muy bien de qué le estaban hablando pero hay gente que tiene a los enemigos siempre en la cabeza y le saltan como resortes. Este miércoles, Tania Sánchez, en El País, ve imperialismo estadounidense hasta en Fraggle Rock y reconoce que su padre no le dejaba ver "Sensación de vivir", donde además de americanos, los protagonistas eran ricos, consumistas y tenían nombres "ridículos" como Brenda o Brandon.

Hay que entender que lo ridículo de estos nombres para Tania es precisamente su origen anglosajón. No imagino otro motivo, la verdad, porque en sí no tienen nada de raro. Me pregunto en qué momento dejaron Iglesias y Sánchez de disfrutar de la vida y ver imperialismo en todos lados. Tuvo que ser una infancia difícil y sé de lo que hablo: en casa de mi padre no se compró una botella de Coca-Cola hasta que yo tuve unos quince años. Cuando me puse muy pesado, lo más que conseguí fue que trajera un engendro derivado de La Casera, que era un poco como la Kremlin-Cola que querían fabricar los tres agentes de la KGB que Billy Wilder nos regaló en "Uno, dos, tres".

Con todo, mi padre nunca dijo nada de Fraggle Rock y creo recordar que incluso alguna mañana veía "Melrose Place" porque a mi padre, además de los westerns y las películas de Charles Bronson le encantaban los culebrones. Como ven, era un antiamericano de lo más particular. En cualquier caso, a lo que iba: el cambio en España lo quieren liderar dos personas que parece que veían los dibujos animados con un manual de interpretación escrito por Marcuse. Es una pena, con la de jóvenes que hay dispuestos a colaborar en el cambio que necesita este país y nos han tocado dos que siguen en los tiempos de la Casera-Cola.

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Por cierto, la entrevista-reportaje sobre Tania Sánchez la firma Manuel Jabois. Creo que es un registro que le puede venir de maravilla, de hecho ya en El Mundo tenía aquello de "Personajes en sucio" que merecía mucho la pena. Eso sí, fichar a Jabois para que pase el día con Tania Sánchez es desperdiciar tiempo, dinero y talento. Jabois hace lo que puede, entre otras cosas filtrar lo de los Fraggle Rock. Supongo que a él le habrá dejado tan patidifuso como a mí pero en vez de decirlo tan indignado se limita a decirlo, que es mucho más efectivo. Eso sí, el personaje no da para más.

Anda estos días Jabois en boca de Esperanza Aguirre. Al parecer, le llama mentiroso por un artículo en el que afirmaba que la presidenta por antonomasia obligó a pedirle perdón de rodillas a uno de sus subordinados. La respuesta de Manuel ha sido contundente: no solo es verdad sino que es verosímil. Lo primero, por supuesto, por delante de lo segundo, pero acompañando. Aguirre, la que mandaba listas a los periódicos sobre qué consejeros de su propio gobierno merecían buen trato y cuáles merecían mal trato, la adalid del liberalismo que consigue una columna en un periódico mientras su partido infla a ese periódico a publicidad institucional...

Esperanza Aguirre, en definitiva, para qué seguir. Si Iglesias anda renovando la izquierda, Aguirre es la gran esperanza de la derecha. En medio, todos nosotros.

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La nueva casa tiene sus cosas: por ejemplo, la librería que me ha construido mi suegro. No están todos mis libros pero sí da como para rescatar a Nietzsche, Borges, Platón y Ortega, desterrados a Moralzarzal durante demasiados años. Creo que podría pasarme la vida releyendo a los cuatro, especialmente a este último. El olvido de Ortega, quizá por la apropiación que determinados políticos mediocres han hecho de su figura o los ataques que ha recibido por los del otro lado, los Gregorio Morán de turno, es uno de los grandes problemas del país. No ya en términos prácticos, porque usted puede dormir perfectamente cada noche sin pensar en Ortega y Gasset, estoy seguro de ello, sino intelectuales: al más grande filósofo español no se le enseña ni en su facultad.

De hecho, el olvido de Ortega llega hasta a los periódicos y no hay que olvidar que Ortega fue entre muchas cosas un enorme periodista, o, más bien, un enorme articulista. Su empeño en explicar las cosas, en hacerlas llegar a todo el mundo y no quedarse sin más en el círculo académico más formado, es un rasgo de estilo que se agradece y que tiene más que ver con el periodismo que con el ensayo propiamente dicho.

Ahora que todos los articulistas de talento miran hacia atrás y encuentran a Julio Camba, a Josep Pla o incluso el costumbrismo de un Mesonero Romanos, se echa en falta a alguien que quiera ser Ortega y Gasset, que quiera pelearse con la realidad y con el lector: ni agradarle con cuatro anécdotas bien escritas ni tratarle despectivamente con todo el cinismo del mundo. Yo he de reconocer que lo intenté en el que fue su periódico, El Imparcial, pero ni lo conseguí por una cuestión lógica de capacidad propia, ni desperté el más mínimo interés entre los lectores. Ser Ortega es demasiado aburrido, supongo. Mejor la enésima repetición de Umbral recordando sus borracheras.

domingo, febrero 08, 2015

La "generación callcenter"



La noche de los Goya fue la del triunfo de "Ocho apellidos vascos" y en particular el de Borja Cobeaga y Diego San José, sus guionistas. Sé que esto no lo verán en muchas crónicas pero yo lo leí en Twitter y me pareció acertado: de las manos de Cobeaga y San José nacieron tres personajes que acabaron en premio: los de Carmen Machi, Karra Elejalde y Dani Rovira. Rovira, por cierto, un presentador completamente imposible sin la película que más ha recaudado de la historia del cine español y que, sin menospreciar el enorme talento de Emilio Martínez Lázaro para encauzar cualquier buena idea, no deja de ser el proyecto desde hace casi diez años de esta pareja de guionistas.

A Diego San José no le conozco demasiado, pero de Cobeaga puedo hablar con conocimiento de causa. Su importancia en la historia reciente del audiovisual español, aun a sus 37 años, es tremenda: apellidos vascos aparte, ha firmado uno de esos éxitos generacionales que consiguen que una palabra trascienda más allá de su uso habitual con "Pagafantas", viajó a Hollywood a luchar por un Oscar con "Éramos pocos" y fue pieza clave en la consolidación de "Vaya semanita", el proyecto de la ETB que cambió en buena parte la idea española del humor como un señor que se viste de mujer y trata de imitar a la Pantoja.

Me pregunta la Chica Diploma cómo llevará Cobeaga el hecho de que su nombre ni aparezca en la gala, como si no existiera. No lo sé porque Cobeaga no es un hombre de fácil escrutinio, pero quiero pensar que lo lleva bien. Borja siempre ha sido un profesional. Cuando hubo que trabajar en Gran Hermano trabajó en Gran Hermano, cuando tuvo que formar parte de Confianza Ciega -doce años después se impone una segunda parte- lo hizo. No hay en Cobeaga el menor rastro del "artista" en el peor sentido de la palabra. Quizás él se considere un artesano, sin más, y quizá por eso a la Academia le parezca que no pasa nada por no reconocerle su enorme trabajo. Obviamente, se equivoca.

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Yo no sé si un periódico en busca de su identidad y la recuperación de lectores puede permitirse una encuesta como la que publica hoy El País. No ya por los resultados concretos de este domingo, que, fíjense, a mí me cuadran: Podemos gana las elecciones con algo de ventaja sobre el PP (esto probablemente sea al revés), el PSOE ronda el 20% en clara tercera posición y Ciudadanos supera con mucho el 10% de los votos, acercándose peligrosamente a los socialistas, confirmando la eclosión mediática de Albert Rivera.

Tiene lógica, salvo la parte que deja al centro-derecha español en solo un 20,9%, pero contradice todas las últimas encuestas que la propia Metroscopia ha ido publicando en el periódico durante los últimos meses. Una cosa es adelantarse y otra cosa es decir una cosa y la contraria en apenas tres meses. Este otoño, mientras todas las encuestas confirmaban la sangría del PSOE provocada por el avance de Podemos, El País insistía en ponerle como partido más votado en todas sus encuestas con ventajas de incluso siete puntos y medio sobre el PP. Ahora, de la noche a la mañana, vuelve la cordura y baja al tercer lugar que parece que le corresponde. Ciudadanos no existía y ahora sería casi decisivo en el gobierno. Vale que la demoscopia es una disciplina complicada y que las percepciones ciudadanas pueden variar, pero si ha enloquecido, que no ocupe la portada de tu periódico.

Otros sondeos para las generales: Libertad Digital da como ganador al PP con tres puntos de ventaja sobre Podemos pero le infla los escaños hasta llegar a cincuenta de diferencia, algo muy improbable. La Sexta da un empate entre Rajoy y Pablo Iglesias, con Sánchez a seis puntos y donde El País da a Rivera el 12% de los votos, Invymark no le concede ni el 4%. Alguien está siendo un genio y alguien un inútil de tomo y lomo. Aún no sabemos quién. Todo esto, y mucho más, lo pueden consultar en Electomanía, como hago yo en mis madrugadas de insomne.

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Dice Tania Sánchez que lleva desde 2003 viviendo de la política pero que antes ha trabajado "incluso cogiendo teléfonos". Coger teléfonos es el nuevo ESADE. Cuando trabajé en Solmeliá haciendo reservas en hoteles de mar y playa, los requisitos para hacer el curso de formación eran ser licenciado y hablar tres idiomas. Las mentes más privilegiadas de mi generación ahí estaban: hablando con el Sol Patos a ver si se podía conseguir una cama supletoria.

No sé si lo de Tania es verdad o no. No me interesa en absoluto. Sí me hace gracia el fenómeno, la cantidad de futuros miembros de la élite de este país que puedan haber estado en algún momento atendiendo al cliente de Telefónica o algo así. La "generación call-center". Me gusta más ese nombre que cualquier otro más pedante. Luis Arribas, el excelente escritor metido a runner o viceversa, me regala el concepto de "Sillycall Valley". Ahí aprendimos a manipular, no tener escrúpulos y aguantar los chubascos en forma de insultos. Algo bueno tendrá que salir de todo eso.

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Muere René Lavand, el prestidigitador manco. Lo trajo Juan Tamariz en varios de sus programas de los ochenta y noventa y nos quedamos todos los enanos con la boca abierta delante del televisor, con esa parsimonia argentina, ese "no se puede hacer más lento" mientras las cartas cambiaban de lugar, de color y de palo. Lavand y Tamariz como base fundacional de mi fascinación por la magia, no tanto por lo esotérico, que también, sino por lo meramente manual. La habilidad. Yo siempre he destacado por ser muy torpe en todo, no solo con las manos. La imagen de aquel anciano sereno derrapando las eses y tratándote como si nada tuviera importancia me resultaba de lo más relajante.