jueves, octubre 30, 2014

DJ Culture



Me sorprende ver que la tercera canción más popular de los Pet Shop Boys en Spotify es "Suburbia". De hecho, entre las cinco recomendadas, cuatro vienen de su primero o de su segundo disco. Ayer, en el programa de Julia Otero, sonaba el "Always on my mind" y la locutora gallega nos contaba que había sido elegida la mejor versión de la historia con un tono que demostraba que no estaba de acuerdo. "Estoy haciendo tiempo escuchando la canción a ver...". La canción tenía 25 años y alguien del equipo se la podía haber puesto antes.

Es una gran versión, en cualquier caso, no sé si la mejor de la historia y creo que no tiene importancia. Yo era un fanático de los Pet Shop Boys como luego lo fui de Roxette, es decir, tenía todas las papeletas para que en el colegio se burlaran de mí pero sorprendentemente nadie lo hizo. A veces, las orejas de soplillo sirven de perfecto dique de contención. De aquellos años recuerdo cuando Gure me grabó la cinta del "Actually" y cuando Juan Carlos me pasó la del "Please". Si no me equivoco, "Introspective" corrió a cargo de mi padre.

Compré también una cinta VHS que se veía regular -probablemente fuera un formato que no encajaba con el de mi reproductor- con los vídeos de "Domino Dancing" y sobre todo el de "What have I done to deserve this", que era mi favorita. Pet Shop Boys tuvieron una época exitosa manifiestamente gay pero durante años tenían el encanto de la decadencia y el escapismo. De sus canciones, yo me quedo con "Being boring", como todos, pero también con "DJ Culture", precisamente por su aire triste, ilusionista, de mundos paralelos a los que podría aspirar en el futuro. Tenía 15 años. Julia Otero, 32.

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Probablemente, las cosas se pudieron hacer de otra manera. Era lo que yo les decía todo el rato, a los unos y a los otros: "Las cosas se pueden hacer de otra manera, las cosas se pueden hacer mejor". Yo lo repetía en las plazas y en las columnas y advertía de los peligros de que todo se solventara con un "son unos perroflautas, unos muertos de hambre, ensucian las plazas, coquetean con ETA, si quieren algo que hagan como todos y se presenten a unas elecciones". Las cosas podrían haberse hecho mejor y limitar las acampadas a menos días y podrían haberse hecho mejor y evitar la violencia policial en las postrimerías, los servicios de limpieza, la condescendencia estúpida de los cínicos.

Lo digo porque ahora parece que se hará a las bravas, de una manera revanchista y, fundado el partido por muchos de los de allí -no los míos, pero qué le vamos a hacer si no tengo ni idea de quiénes son los míos ni ellos me conocen- es de temer la revancha. Incluso es de desear porque el tema me toca la fibra sensible y quizá Sol pueda volver a dejar de ser de Vodafone y la placa que ponía "Dormíamos. Despertamos. Plaza Tomada" pueda volver a su lugar, al pie de la fuente, donde no estorba a nadie y simplemente reconoce lo que fue un movimiento cívico y sin violencia alguna.

Esa sería mi primera medida como alcalde, así están las cosas.

No era necesario cortar el acceso durante todo un mes de verano, no era necesaria la manipulación constante, no era necesario el ninguneo porque la demagogia alimenta demagogia y si no querían jacobinos, no haberles instado a juntarse y reproducirse.

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Me preguntan de "El Estado Mental" sobre qué quiero escribir. Digo: "Cualquier cosa menos deporte" y recito innecesariamente mi currículum de intelectual. Acto seguido vuelvo a poner el vídeo de Robin Thicke, esta vez la versión en que las modelos salen en pelotas.

El Imperio Contraataca



En la presentación del libro de Juan Antonio Corbalán: es mi misma editorial y he entrevistado a la mitad de los que asisten, pero aun así, sigue esa incomodidad de las grandes citas, ese sentir que no pintas demasiado. No tiene nada que ver con que la mayoría de los invitados sean ex jugadores del Real Madrid porque yo me voy a acabar llevando muy bien con los ex jugadores del Real Madrid, sino más bien una incómoda sensación de intruso, de haberte colado en la fiesta de bautizo de una familia que no es la tuya.

Cruzo dos palabras con Iturriaga hasta que decide cortarme en medio de una frase para iniciar otra conversación por otro lado y yo me quedo ahí, esperando a que termine para acabar la pregunta hasta que me doy cuenta de que no va terminar y que mejor que me vaya a tomar tortilla con Vicente Azpitarte y Guillermo Domínguez. Hay gente que es tal y como te la imaginas y tampoco pasa nada. Yo, tarde o temprano, también seré mi propio estereotipo.

En cualquier caso, hay algo que admiro del Real Madrid y es precisamente ese aire de familia más o menos bien avenida, con sus jerarquías y sus patriarcas: Emiliano y Lolo Sainz en primera fila; Paniagua y Vicente Ramos, detrás, y así sucesivamente. Antes de irme, José Luis Llorente me pide que le eche un vistazo a su blog y yo le hablo de lo cansado que estoy por mi hijo, algo que hago con todo el mundo. Él parece cansado también. La mejor frase de la velada la dice el propio Corbalán, emocionado: "Comete tú tus propios errores". Nada más llegar a casa, se la digo a mi esposa.

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Lo de la familia me recuerda a una Nochevieja en la que cené en casa de una amiga. Ni siquiera era una gran amiga pero nos llevábamos bien y, sobre todo, ella se llevaba bien con la Chica Langosta. Estuvimos ahí los dos, de pegote, moderadamente elegantes, sonriendo en todas las fotos y cogiéndonos de la mano durante las campanadas. Por entonces, la Chica Langosta vivía en Toulouse, donde estudiaba Ciencias Políticas. Luego viajaría a Brujas y a Iowa City antes de instalarse en Bruselas. A mí siempre me pareció una chica valiente.

No fue una noche en absoluto incómoda, casi al contrario. Nadie espera nada de ti y todo es más fácil. El caso es que ahora hay unas cincuenta fotos de aquella velada en la que dos familias comparten su alegría y un adolescente con barba se cuela sonriente como si de Francisco Nicolás se tratara. Es prácticamente imposible que nadie sepa que ese soy yo. Puede que alguien recuerde a la Chica Langosta porque ella sí era más o menos asidua, ¿pero a mí? No, mi intención simplemente era pasar un buen rato, estar con ella antes de que volviera a Francia y asegurarme de que mi cara quedaba grabada en los recuerdos de un montón de desconocidos.

 Lo que se podría llamar "pasar a la historia".

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De la "Operación Púnica" me inquieta el silencio en torno a Tomás Gómez. Es verdad que cabe la posibilidad de que la gente se haya olvidado de que Tomás Gómez sigue en política y dirige el PSOE madrileño, pero igual que Aguirre tiene su colección de alcaldes corruptos, a Gómez se le ha colado en plena línea de flotación algo así como un delfín, el alcalde de Parla, José María Fraile, con jefe de gabinete incluido. Es complicado que Gómez no supiera lo que se estaba haciendo en Parla después de haber sido alcalde él mismo durante tantos años, hasta que dejó la ciudad en bancarrota pero muy bien amueblada.

La ausencia de Gòmez en la mayoría de los titulares y en la práctica totalidad de las declaraciones del PP me escama. ¿Acuerdos bajo mesa? Sorprende también el escaso "y tú más" que se está viendo. Solo lo ha utilizado Rajoy y probablemente porque no se entera de nada. Hace poco alguien dijo que habíamos tenido al peor presidente de la democracia y ahora tenemos al que perdió dos elecciones contra él. Imagínense la situación en Madrid, donde hay unos que llevan 20 años perdiendo elecciones contra Granados y compañía.

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"El rumor de que Podemos ganaría en Madrid", dice El Plural. Todo en torno a Podemos es un enorme cuchicheo. Montano, el otro día, se indignaba: "Que Podemos guillotine a la casta para luego poder guillotinar a Podemos, como se ha hecho siempre". A mí Podemos me funciona mal como Syriza y muy bien como Beppe Grillo. Callados y haciendo lo justo podrían acabar gobernando, sí. Solo lo puede impedir su tendencia a la verborrea, curtida en asambleas universitarias y tertulias televisivas, además de sus tics, claro.

En la reunión de Vistalegre, las tres propuestas de Iglesias -ética, organizativa y política- ganaron con el mismo porcentaje de votos:  80,71%. Pregunté a Jacobo Rivero cómo era eso posible y me aclaró que Iglesias había presentado los documentos en paquete: votar uno era votar los tres. Me pareció muy poco "transversal", sinceramente. O conmigo en todo o en nada, y, sin mí, se acabó el asalto a los cielos. Dicen que van a presentar a Monedero para las elecciones municipales a las que en principio no se presentan. Me parece un pésimo candidato condenado a obtener un excelente resultado.

Nada nuevo en Madrid, por lo tanto.

¿Saben lo raro en todo esto? Que me pasa como a Daniel Arjona: no les votaría en la vida pero me fascinan. O, más bien, me fascina todo lo que arrastran y en el fondo, o no tan en el fondo, que vengan los bárbaros y arrasen la decadente Roma me resulta hasta atractivo. No sé si organizativa, ética o políticamente pero de alguna manera estética, como cuando Kant hablaba de las tormentas en las montañas vistas desde la seguridad de la llanura. Él, que nunca salió de Königsberg.

Ahora habría que saber si de verdad estamos en las llanuras o en las montañas, pero quizás hasta que no empiece la lluvia no lo sepamos seguro.

Otro rumor, este mío: Ciutadans lo va a petar en las próximas elecciones. Y no solo en Cataluña. Y tampoco sé si me gusta del todo pero diría que no.

martes, octubre 28, 2014

Ultraviolence



Lana del Rey en los auriculares mientras la biblioteca del Reina Sofía va amaneciendo. Si Sorrentino es la cocaína, Lana del Rey es algo parecido a la heroína, pero más sutil, supongo. Un ansiolítico. Realidades paralelas. Tengo a Lana por una artista infravalorada aunque igual es que no me entero de nada y está sobrevaloradísima. Empezar la semana un martes tiene estas cosas: un descontrol total. En la puerta, una chica me avisa de que el museo está cerrado y hay que entrar por otra puerta. No entiendo nada. ¿Cerrado un lunes? He venido mil lunes y siempre ha estado abierto. La miro con cara de "no sabes lo que estás diciendo" y me voy al lateral de la Ronda de Valencia sin ninguna fe en que el acceso esté abierto.

Obviamente, lo está.

Floto en ultraviolencia y tengo unas ganas horribles de dormirme aquí mismo. La rendición definitiva. Las canciones hablan de un mundo que no es el mío pero que puedo imaginar como mío. Demasiado "reverb", quizás. La chica era extranjera y yo no le di las gracias. Me fui refunfuñando, ausente. Ahora, como siempre, me siento culpable.

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En "Espejo Público" -ahora Antena 3 se ve donde antes se veía Telecinco y a saber qué otros estragos ha hecho este fin de semana- por fin sale el nombre de Aguirre, aunque muy de pasada. Si yo digo que todo empieza y todo acaba en Aguirre es simplemente porque ella lo decidió así: pudo no ser presidenta del partido en 2004 y pudo haberse marchado en 2012. Se negó en redondo. Hace años trabajé en un medio de comunicación donde el director nos enviaba periódicamente las reacciones de Aguirre a lo que publicábamos: de qué consejeros hablar bien, de qué consejeros hablar mal. No recuerdo en qué categoría entró Granados, aunque por entonces, dos años después de la comisión de Sáez y Tamayo, entiendo que la historia de amor seguía en su apogeo.

Para cuando Granados presidió esa comisión -ninguno le conocíamos, pero tampoco conocíamos a Ruth Porta ni a Beteta ni al señor Nolla y su frondosa barba- Valdemoro llevaba ya cuatro años en manos de David Marjaliza. Eso, por supuesto, Aguirre no lo sabía ni lo sabía Pío García-Escudero, entonces presidente del PP madrileño, ni lo sabía Alberto Ruiz-Gallardón, presidente saliente de la Comunidad y que durante meses tuvo que combinar ese puesto en funciones con el de alcalde de la capital. Tampoco sabía nada María Dolores de Cospedal, a quien Aguirre eligió como Consejera de Transportes, meses antes de que el partido la mandara a agitar fuegos contra Barreda en Castilla la Mancha y tuviera que ser sustituida en el cargo por... Francisco Granados.

Por cierto, aquel medio de comunicación en el que trabajé tenía sede en Madrid, estaba controlado por el PP de Valencia -la excusa para apoyar a Camps era que Zaplana era un corrupto, así que imagínense el nivel- y era propiedad de un constructor leonés que acabó implicado en la Gurtel pero que, por lo que leo, sigue comprando medios de comunicación sin mayor cortapisas. El director del medio, que sigue existiendo, se ha acostumbrado a salir en tertulias televisiva. Se le da bien, siempre me pareció un tipo con talento. Para que no haya confusiones, diré que al menos ese medio de comunicación no lo compró Acebes con dinero negro.

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¡Lo que cundía hace unos años una fiesta en casa de Joaquín Sabina! Daba para artículos sucesivos de Mendicuti, Prado, Grandes e incluso Montero o Cruz. Mis amigos y yo como forma de periodismo. No digo yo que eso no corresponda a unos diarios o incluso a un blog, pero periodismo no me pareció nunca. Parasitismo, quizá. Al menos en las fiestas de Umbral, la noticia era él y pocas veces su anfitrión. Con los años, la siguiente generación copia los mismos vicios: un periodista cuenta que otro periodista estuvo en su casa y quiso emborracharle después de cambiarle medio artículo y días después un periodista cuenta que estuvo en casa de otro periodista y quiso emborracharle después de cambiarle medio artículo.

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María lo tenía fácil. Una vez quise grabarle un disco con todas las canciones que incluían su nombre y que iban desde Bernstein a Modestia Aparte pasando por Cómplices. Lo jodido era hacerle eso a alguien que se llamara Tatiana, por mucho que la quisieras con toda el alma. Yo, en perspectiva, no recuerdo por qué me enamoré tanto de ella, pero sé que me enamoré como un adolescente. Quizá porque fuera un adolescente de 25 años. Lo nuestro duró dos meses y todo lo que podíamos hacer mal lo hicimos mal. Aun así, quería escribir aquí que estaba completamente enamorado por si me da por morirme mañana y ella acaba leyendo esto.

Hay que darle las gracias a la gente que has querido siempre que puedas. Darles las gracias, ya digo, como si te fueras a morir mañana. No porque te vaya a hacer más feliz, eso déjenselo a Paulo Coelho, sino porque te morirás más tranquilo. Considérenlo una póliza de seguros.

lunes, octubre 27, 2014

Granados y el "Pequeño" Nicolás


Algo que no me gusta de lo de Francisco Nicolás desde que apareció la noticia: la condescendencia, la risita. Sí, hubo una película sobre un caso parecido en Estados Unidos y Leonardo di Caprio salía muy guapo, pero no nos quedemos en la anécdota porque Francisco Nicolás no es un suplantador de identidad, es mucho más que eso: un caso extremo de lo que se puede hacer en España sin hacer nada. Iré más lejos: lo que se puede hacer en Madrid sin hacer nada. "Mando mucho en Nuevas Generaciones de Moncloa-Aravaca" y de ahí al cielo.

Hay dos posibilidades: una, que el citado Nicolás de verdad tuviera esos padrinos o al menos alguno de ellos; dos, que los padrinos no existieran más que como gancho y que solo el gancho ya fuera suficiente para crear una red de afectos, contactos y, no seamos inocentes, dinero, que permitieran al post-adolescente ocupar día a día uno de los chalets más ostentosos de El Viso. Lo que se conoce como poder. Hablamos, en cualquier caso, de polítiqueo, de "conseguidores", de chanchullos... siempre dentro de un ámbito muy claro: el PP de Madrid y su entorno, esa enorme cloaca.

Insisto, no hay nada de divertido en ello, y menos cuando ese mismo partido acaba de ver cómo le han detenido a unos cuantos alcaldes y ni más ni menos que al que fuera número dos de la Comunidad de Madrid durante años. Dice Aguirre que hace tres años "perdió la confianza en él" pero no nos dice por qué Ignacio González ganó aquel pulso. Tampoco dice qué ha pasado con los otros alcaldes. Ni con los que ya estaban imputados o en la cárcel con anterioridad. Si Esperanza Aguirre no se ha llevado un euro ni lo ha pedido, si no ha ejercido ese poder que Nicolás ya disfrutaba solo con amagar, como mínimo ha sido una inútil. Controlar a un país es complicado pero controlar a un partido en una comunidad uniprovincial no debería serlo tanto.

Aguirre se empeñó en 2004 en ser ella la presidenta del partido y se empeñó en seguir siéndolo después de su retirada de la presidencia de la Comunidad en 2012. Se ve que piensa que es el cargo ideal para ella porque no la sacan de ahí ni con aceite hirviendo. ¿Por qué es ideal? Lo desconozco, pero mirar hacia otro lado, en lo pequeño y en lo grande, durante diez años es complicado de narices.

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Dice Lupe en Twitter que la buena noticia de todo esto es que al menos ahora ya no son impunes. Mi madre opina lo mismo y en eso las dos tienen razón. Hay algo dulce en lo amargo pero no deja de haber algo muy amargo en lo amargo: constatar que durante muchos años lo han sido, que no era solo nuestra imaginación. Uno puede soltarle al taxista de turno que sí, que son todos unos chorizos  y repetirlo en la cena de Navidad pero, en el fondo, tiene la secreta esperanza de que no sea así, que el nuestro sea un juicio sumario e injusto y que los políticos con responsabilidades realmente se tomen esto en serio y no anden vendiendo lo público a un montón de constructores.

Desgraciadamente, no ha sido así. Y jode. En una conversación de la misma red social hablamos de "House of Cards" y "Crematorio". Son dos de mis series favoritas, apasionantes. La segunda, reconozcámoslo, es una sucesión de estereotipos como podía serlo "El Padrino": el empresario valenciano corrupto, el alcalde que no pinta nada y delega en su concejal de urbanismo y el concejal, el empresario y el alcalde que hacen piña frente a la amenaza exterior, que puede ser un juez, pero normalmente es otro empresario.

Una España de "Crematorio". Una España de estereotipos. Habrá quien diga que no solo España y no solo estereotipos y tendrá razón, porque se ha visto que tener razón es lo más sencillo del mundo, pero sinceramente no supone ningún alivio.

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En el AVE de vuelta a Madrid. Un señor llega muy digno a su asiento y observa que el portaequipajes está ocupado por otra maleta. Pregunta en alto: "¿De quién es esta maleta?" El vagón está medio lleno -acabará lleno del todo, pero eso será un poco más tarde- pero nadie contesta. Lo repite y un padre joven con su niña de dos años en las rodillas acaba diciendo: "Es mía, ¿por qué?". El señor le mira con cierta indulgencia y le dice: "Pues porque es mi sitio" y, aunque el padre intenta justificarse -no hay más sitios libres, qué quiere que haga-, se encuentra con la maleta en el pasillo, sin más. Inician una discusión y la mujer les pide por favor que paren.

Hay algo feo en todo aquello. Como pegar a alguien con gafas, que decíamos de chavales. No se grita a un hombre que tiene a su hija de dos años en las rodillas. No se le intimida. No se le pone la maleta en el pasillo. Puede que ese hombre haya cometido un error pero hay algo horrible en ridiculizarle delante de su familia. Yo, que nunca podría ser el hombre que humilla porque me falta carácter, pienso en qué clase de respuesta daría si fuera el hombre humillado. La reflexión no dura mucho: al minuto estoy recolocando el coche del niño para dejar más hueco y dando gracias por haber llegado a tiempo de colocar el maletón en las baldas de la entrada.

Luego le doy vueltas a maneras posibles de derrotar al matón, todas violentas. Una posible unión de pusilánimes que consiguiera derribar a Gulliver. Moral de esclavos, que diría Nietzsche. Al final, ni eso. Sobreponerse es todo.

domingo, octubre 26, 2014

Málaga 2014.III. El patio


Solo conocí a una bisabuela. Eso sí, la conocí durante veinte años, que no es poca cosa. Al principio, la cosa me resultaba un poco confusa porque ya se sabe que un niño, en cuanto empieza a colocarse en el mundo, lo primero que quiere es que le expliquen el escalafón para así ir haciéndose a la idea de dónde queda él. Así, mi bisabuela era "la abuela mayor", una especie de "primus inter pares" de la senectud y jugábamos a la canasta en su cuarto del fondo del pasillo a la izquierda.

Mi bisabuela vivió en Asturias, México, Cuba, Marruecos, País Vasco y Madrid. Fue cuñada del presidente del gobierno y se quedó viuda, como tantas, en 1936. Todo esto antes de cumplir 42 años. Yo recuerdo que, cuando era pequeño y me acostaba por la noche le pedía a dios -todo niño que tenga una idea de escalafón tiene a la fuerza que tener una idea de dios, aunque ambas sean borrosas- vivir hasta los 80 y que todos mis familiares llegaran a la misma edad. Dios, a lo que se ve, ha decidido hacer media, aunque con la bisabuela se le paró el cronómetro, a lo Byron Moreno, y se le fue a los 103, momento en el que decidamente mandó parar.

Una de las cosas en las que piensas cuando te conviertes en padre y no hay algún agujero urgente que tapar es en qué personas serán importantes en la vida de tu hijo. Uno de los motivos para venirnos o no venirnos a vivir a Málaga será ese: ¿qué clase de futuro le espera a él aquí, qué encontrará cuando se pinche la burbuja? Por esa misma deriva, mi abuela ha dejado de ser mi abuela y ha pasado a ser la bisabuela del Niño Bonito, que, como he dicho, no me parece poca cosa. No solo eso: es la madre del abuelo del niño, el que no está, el que centrará la mayoría de las preguntas.

Quizá algún día jueguen juntos a la canasta o al continental en alguna mesa camilla. La puerta hay que dejarla abierta aunque es cierto que mi abuela ha sido la que con mayor ánimo ha recibido la noticia de la posible mudanza. A ella le gusta Málaga y no le gusta del todo Madrid. Tomamos algo en la azotea a la que invitamos a todas las visitas como si fuera nuestra pequeña sala de estar y después la llevamos a El Patio, el maravilloso restaurante donde ayer disfrutamos de arroz y patatas bravas.

Digo "la llevamos" pero lo cierto es que a mi abuela no la lleva nadie. A sus 84 años y medio se coge el tren desde Fuengirola, viene andando al hotel, sube y baja escaleras como hace veinte años y pasea por Larios sin la menor muestra de cansancio, antes del camino de vuelta a la estación, el tren, Fuengirola... No sé si mi abuela llegará a los 103 años, solo faltaría que yo supiera eso. Desde luego, tiene toda la pinta. Eso serían 19 años con Álvaro, una suerte inmensa para el niño.

Recuerdo la muerte de mi propia bisabuela como algo inevitable y a la vez con el miedo del gol que "abre la lata". No fue así. Hubo que esperar otros diez años hasta el siguiente entierro, el de mi abuela Gloria, para que las cosas se embalaran. De todas formas, es verdad que su longevidad hacía de dique y que con diques siempre vive uno más seguro.

Por lo demás, un día excelente en Málaga capital, un domingo con todo lo que no tuvo el sábado. Pasó el fin de semana y nuestro hotel se ha vaciado, solo quedamos los raritos que viajamos en lunes y los turistas que preguntan por Gibraltar. Esta mañana, el niño ha deleitado al resto del comedor con unas bonitas canciones que no sé si han sido suficientemente apreciadas. Luego nos las ha repetidoa nosotros en la intimidad. Yo a veces le llamo "bicho" y "monstruito" y "bobezno, el superhéroe bebé". Quizá, después de todo, haya en mí un escritor de literatura infantil en potencia.

sábado, octubre 25, 2014

Málaga 2014. II. Muelle Uno



Pensamos en mudarnos aquí, en cuánto puede costar alguno de los pisos con terraza que dan a la Malagueta. No es una playa espectacular pero es un mar hermoso. Hay en torno a Málaga un cierto malentendido: el hecho de que no sea una ciudad bonita no quiere decir que sea fea y desde luego no quiere decir que no se esfuerce en intentarlo. Estamos en un chiringuito que no es el Waikiki pero nos vale. La Chica Diploma fantasea con mojarse los pies mañana, yo fantaseo con dormir en algún momento. Dormir y que se note.

Todo el día es un duermevela desde que el Niño Bonito decidió despertarse a las siete de la mañana y a partir de ahí ha tenido sus bajos y sus altos, uno de ellos, sin duda, las patatas bravas del restaurante de la calle Granada. También, por supuesto, el café con Montano en la azotea; a sus pies, su ciudad. Tanto se nos va la charla -nuestros temas son tristes aunque yo diría que nosotros somos moderadamente alegres- que empieza el partido y ahí seguimos, con la Chica Diploma y el enano de nuevo con nosotros, hablando de revolucionarios que se quedaron en Lluis Llach.

"Esto es exactamente lo que me interesa el deporte", digo, algo estupendo, cuando Jose me pregunta si no debería estar viendo el partido y de hecho hasta la media hora no conseguimos bajar a la habitación a ver el inicio del naufragio. Él se queda en lo alto, la piscina rodeada de rubias germánicas, dispuesto a sacar unas cuantas fotos más.

Luego llega la parte rara, la del bajón. El Niño Bonito se duerme y se despierta y se duerme y mi esposa se preocupa y se angustia y yo no sé cómo ayudarles a ninguno de los dos así que hago lo que puedo: bajar a la calle a por pañales. El problema es que son las ocho y estoy medio dormido y la ciudad vive una agitación de sábado tarde que me es ajena y me toma media hora llegar al supermercado, comprar el paquete y volver por un camino más corto.

En medio, una novia. Dos novias. Tres novias. Con la de esta mañana, cuatro novias malagueñas recién casadas tomando algo tranquilamente en una terraza mientras anochece. Novias con sus vestidos blancos y su buena suerte y gatos negros como el carbón que corren por las aceras. En medio, yo; yo y los pañales del niño, yo y la pomada antibiótica del niño, yo y mi dolor de cabeza. Una versión de mí que no me gusta y con la que no me acostumbro a convivir.

Esta mañana, en el Muelle Uno, antes del chiringuito y después del madrugón, viendo los barcos pirata zarpar y los escaparates de la tienda de ropa, todo parecía más fácil. Mi mujer me dice que no me preocupe, que mañana volveremos. Yo no sé muy bien qué decir.

Málaga 2014.I. AC Málaga Palacio


Esto no lo sabe mi esposa, pero cuando salgo de la habitación, en vez de bajar al hall subo a la terraza con mi iPad en la mano y una cara de cansancio que choca por completo con el ambiente. La piscina sigue iluminada y los camareros pasan entre las mesas. Al borde de la azotea diversos grupos toman sus copas de pie mientras ven el final del mediterráneo y las luces de los yates del puerto. Hace frío. Si no hiciera frío quizá me quedaría. Si estuviera ella, quizá me quedaría porque aquello tenía un aire a la terraza que nos descubrió Marina en Lisboa.

Pero ella no está. Ella intenta meter al Niño Bonito en una cuna quemada por un lateral, cortesía del hotel.

De camino desde el restaurante donde cenamos, me preguntó si cambiaba esto por lo de antes. "Esto" es nuestro hijo y "lo de antes" es la sucesión de recuerdos malagueños agazapados en torno al Albéniz pero también somos nosotros en distintas ciudades, sin carritos ni farmacias. No es una pregunta justa porque el niño me mira con cara de sorpresa y es precioso y quererle es un sentimiento que no se puede comparar con nada anterior, mucho menos con un festival de cine. 

Antes era esta misma azotea y un montón de chicas apostadas a las puertas del hotel gritando cuando les saludabas desde arriba, como si fueras alguien. Ahora es la angustia del niño con mocos y tos, la alegría del niño dando vueltas por la cama o partiéndose de risa cuando le dices "mba" muy cerquita y luego le pasas la mano por la cara. Ahora es el orgullo cada vez que nos paran a decir lo bonito que es y hacerle monerías.

Es nuestro primer viaje juntos. El primero de los tres solos y nada más llegar la Chica Diploma se echa a llorar porque no quiere volver a Madrid, no quiere el agobio, el estrés y las decisiones. Mucho mejor el mar, el puerto, los yates y la ilusión de que la vida puede ser diferente y eso no depende del enano sino de ti. Comemos en un sitio mejorable y nos quedamos dormidos los tres en la cama. El niño y sus mocos cae rendido abrazado al pecho de su madre y su madre cae rendida apoyada en mi almohada.

Yo intento leer a Iturriaga pero no puedo: demasiado cansancio. Dormimos así durante dos horas pero cuando nos despertamos solo conseguimos estar algo más preocupados, así que farmacias y Rinomers y ya todo un poco mejor hasta que la macedonia empieza a tardar demasiado en llegar y yo me quedo frío, la Chica Diploma recuerda Roma y el niño se vuelve a dormir con una gasa en la cara.

Cansancio, sí, el mismo que me echa de la azotea porque no es tiempo de azoteas sino de salones. Descafeinados con leche. Miembros de los Rotary subiendo y bajando por los ascensores mientras el botones se multiplica para colocarlos a todos. Holandeses que murmuran "fucking football" cuando ven el anuncio del partido de mañana y portugueses que vuelven algo curda a la habitación.

Hay algo raro en el Málaga Palacio y es algo que va más allá de las cunas chamuscadas: la ausencia de un término medio. Pasa del lujo al caos a una velocidad que nos irrita a los impacientes. Los walkie-talkies y las luces que se van apagando poco a poco como para que me vaya marchando. Como si hicieran falta sutilezas a estas horas de la noche.

jueves, octubre 23, 2014

I will survive



Cuando Manuel Jabois fichó por "El Mundo", Pepe Albert de Paco me llamó inmediatamente muy ilusionado, repitiéndome: "Y ahora te toca a ti, Guille, ahora te toca a ti". Yo ya intuía por entonces que aquello no era más que uno de esos ataques de entusiasmo de Pepe que le hacen tan querible, lo que quizá no intuíamos ninguno de los dos es que el de Jabois iba a ser el penúltimo fichaje como tal de la prensa nacional española. El último, probablemente, fuera Hughes, que pasó del blog a La Gaceta y de La Gaceta, triunfal, al ABC.

Los tres tenemos un grupo de WhatsApp que utilizamos para quedar alguna tarde y luego poder desquedar esa misma mañana. Es la nuestra una finalidad sin fin y así la cosa se irá prolongando hasta que al menos dos de los tres se rindan y aparezcan en el mismo lugar a la misma hora. A Hughes le conozco de Twitter, supongo que como casi todos. Cuando fundé una revista online fue mi primera opción como columnista. En su caricatura aparecía enfurruñado frente a la tele apretando un mando y a mí me gusta imaginármelo así, algo errático y abúlico a la vez. Nostálgico e insatisfecho.

A Jabois le conozco de antes, pero no mucho antes. Llega un momento en que las biografías tienen sentido pero hasta ese momento no son más que un laberinto inglés. Trabajamos juntos en Factual -Manu dice que él trabajó poco, algo casi testimonial, yo apenas lo recuerdo, como no recuerdo a casi nadie, solo a Montano- y luego nos dedicamos unos cuantos elogios cuando él vivía aún en Pontevedra y yo en Malasaña. Después, todo fue muy rápido: escribió un libro, vino a Madrid, la ciudad se enamoró de él y acabó haciendo himnos coreados por Florentino Pérez.

Si no me equivoco nos hemos visto cinco veces, no más, y eso no justifica que le eche tanto de menos.

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En la plaza de Antonio Vega cuelga un cartel enorme que dice "Malasaña es muy de Mahou" y yo pienso, como siempre, que si de verdad lo fuera no tendrían que recordárselo con tanto estrépito. Justo en la esquina de Churruca con Apodaca, delante de la farmacia que fue mi farmacia durante cuatro años, un grupo de técnicos lo prepara todo para el rodaje de algo que puede ser una película pero también puede ser un anuncio de Campofrío mientras Ricardo Darín habla tranquilamente con Javier Cámara, los dos sentados en unos taburetes. El encanto del barrio, pienso, es que a su manera consigue ser una especie de Manhattan diminuto: nadie te molesta salvo que tengan que venderte una suscripción a Médicos Sin Fronteras.

Pero en ese caso, al menos, a todo el mundo le molestan por igual.

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Busco un libro de Iturriaga y acabo encontrándome a mí mismo en El Corte Inglés, la FNAC y La Central. Los dos libros siguen expuestos y bien a la vista, salvo quizás en un sitio, donde lo coloco hábilmente encima del de la Décima. Sí, es emocionante, pero no le demos más vueltas. Al salir del metro de Delicias, un hombre de unos 35 años me pregunta por la entrada al Museo del Ferrocarril, le indico por dónde ir y le advierto de que igual no está abierto a esas horas. Sin mirarme, dice muy digno, "tiene que estarlo porque hay un evento" y al decir "evento", como afirmaría Protágoras, un evento pasa por su boca.

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Actividad en clase con "I will survive" de Gloria Gaynor. Éxito moderado. Moderadísimo, vaya. La cosa solo se anima cuando el segundo pase lo hago con la versión de Cake. Cuando busco la canción en YouTube para insertarla en esta entrada, entre los vídeos recomendados me aparece un corto que vi en 2006, puede que 2007 y del que no había vuelto a saber nada. ¿Desde cuándo me conoce Google? Es el típico pensamiento que viene acompañado de la frase "Da miedo pensar...", pero en mi caso más que miedo lo que siento es algo parecido a la coquetería, el halago, como cuando te hacen una entrevista y te citan cualquier chorrada que dijiste años atrás.

Una parte de ti se avergüenza pero la otra agradece infinitamente el esfuerzo.

miércoles, octubre 22, 2014

Tre Parole



A Vicente Ramos se le pone de vez en cuando un acento marcadamente madrileño, de la Prospe. "He vivido en Mantuano, Marcenado y Nieremberg", matiza. Yo viví 30 años en la siguiente paralela al otro lado de López de Hoyos. Habla sobre tiempos en los que todo era más fácil: "No había contratos, la ficha federativa se renovaba año tras año y ya está". No había contratos pero había derecho de retención, eso también es verdad, aunque tal y como lo cuenta Vicente todo es sencillo: el Ramiro, los ligoteos, incluso Pedro Ferrándiz...

Cuando salimos del bar, frente a la ABP -antes hemos estado tomando un café con Alfonso Reyes, pero Alfonso guarda esa distancia que guardamos todos los nacidos del 70 en adelante-, le vuelvo a insistir en la necesidad de que los legados se respeten, que los chavales de ahora sepan quién fue él, quién fue Juan Martínez Arroyo, quién fue José Luis Sagi-Vela... "Los chicos tienen que aprender historia, no baloncesto", dice, y en eso estamos de acuerdo porque historia, además, cada vez se aprende menos.

Pero esta manía de empezar cada vez de cero, que cada generación conozca solo a sus héroes, me resulta de una pobreza enorme. En vez de tenerlo todo, querer tener la mitad. O un cuarto. Tu cuarto. "Los chicos de ahora van con sus cascos y su iPad, nosotros nos pasábamos el viaje de risas". Los chicos de ahora lo último que quieren es que les molesten, como si cualquier noticia que les pudieran dar fuera, por definición, mala.

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A la salida de la reunión, recorro andando el pasillo verde de Vallejo Nájera silbando "La soledad" de Laura Pausini. No me doy cuenta hasta pasado un buen rato y en ese momento me siento ridículo: un casi cuarentón barrigudo con su barba malasañera y sus folios bajo el brazo silbando canciones adolescentes de hace veinte años. Luego pienso que la única posibilidad de que eso sea realmente ridículo es que alguien reconozca la canción, cosa poco probable.

Y, en ese caso, el ridículo sería tan suyo como mío.

Por cierto, Álida y Carlos se sorprendían el otro día por mi facilidad para aprenderme canciones en italiano. Tiempos locos del Instituto de Cultura. Raffaella Carrá, Tiziano Ferro, Jovanotti, incluso la entrañabilísima Valeria Rossi y su canción que no tenía ningún sentido en castellano. Propuse un tema así para el próximo número de JotDown. También propuse un viaje por la Toscana, un viaje maravilloso de un par de enamorados recién casados que conciben su primer hijo en algún lugar entre Florencia y Pisa mientras a ella le pican mosquitos gigantes.

Me acabó tocando Dino Meneghin. 

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Pienso de nuevo en la metáfora del Titanic. Volviendo a casa desde Cuzco, entrevista con Quique Villalobos. El problema no es que el barco se hunda y los de los botes nos echen a palazos, esa no es la metáfora correcta. La metáfora correcta, por manida que esté, es la de una orquesta que sigue tocando pese a que el barco se va a pique y no solo toca sino que todos se matan entre sí por ser los músicos. 

Eso le genera al director de orquesta la sensación de que realmente está dirigiendo algo, cosa que, obviamente, hace tiempo que no sucede.

martes, octubre 21, 2014

Cambalache



La charla con Toño Angulo es la más triste del mundo: terraza del Café Gijón, un mundo que se acabó y otro que va a acabarse en breve. Le digo: "Bueno, habrá que seguir intentándolo" y él dice: "O no". Rendirse, por tanto. Ir a por el dinero, allá donde esté el dinero si es que hay dinero más allá de Miguel Blesa y Francisco Nicolás. Lo demás es el Titanic hundiéndose y a mí no me parece mal que el Titanic se hunda porque esas cosas pasan, lo que me molestan son los que están metidos en los botes dándote remazos para que no te subas, como si hubiera un Carpathia dispuesto a rescatarles.

Así que lo importante ya no es nadar bien sino nadar rápido. Quizá siempre lo haya sido.

Le hablo de la degradación. No ya de la profesional sino de la personal. Los emails no contestados, las llamadas no devueltas... la sensación de que con 37 años tú estás mejor que con 23, pero todo alrededor es más complicado. "Para cada espacio en una revista que paga hay 25 pidiendo paso", me dice, resignado, mientras vemos cómo los grandes medios siguen derrumbándose o empiezan a balancearse como Torres Gemelas. Da igual, insisto, eso siempre pasa. Una industria se acaba y se convierte en algo clandestino. La manera de morir, sin embargo, es importante, y esta manera altiva, de amiguetes que buscan salvarse a cualquier precio, de desesperación por ponerse el primer salvavidas que ves, las faltas de respeto que aguantas con un "lo siento, lo siento" como un perrito apaleado... todo esto me parece francamente evitable.

Toño está de acuerdo. Los dos tenemos un hijo. Nuestros dos hijos son muy pequeños, no llegan al año. Siguiendo la teoría que dice que un padre siempre preferirá que le pase algo malo a él a que le pase algo malo a su hijo, solo puedo desear que su generación tenga más dignidad que la mía.

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Si el discurso de Podemos caló tanto entre los descontentos fue en parte por todo lo anterior: la miseria económica acompañada de la miseria moral y la conciencia de que hay una "casta" que te pone la pierna encima para que no levantes cabeza. Todo muy televisivo, como ven. Políticamente, en este momento, me parece una estrategia brillante y un concepto muy bien empleado: señalando la "casta" política, cada uno puede imaginar la propia "casta" que le machaca día a día: el grupo de poderosos al que es imposible acceder.

La "guerra de clases" transformada en "guerra de castas" desde el momento en el que se ha demostrado que un sindicalista con tarjeta opaca deja de ser sindicalista al instante.

El problema, y esto no es solo cuestión de Pablo Iglesias, es que, igual que en el marxismo pasar de una clase a otra era imposible, o al menos improbable, lo de las castas no está tan claro. Joder, si hasta un niño de 20 años ha estado llamando al Rey para consolarle. Colarse en la "casta" no es tan complicado y convertirte en la "casta" de tu propio entorno, mucho menos. Quizás esa es la decepción que muchos han sentido en Vistalegre estos días, la conciencia de que detrás de todo no estaba "la gente" sino que estaba el pastor que guiaba al rebaño. O conmigo o contra mí. Si no te gusta, apártate. No hacía falta regenerar la democracia para acabar diciendo esas cosas.

En cualquier caso, qué quieren que les diga, el tipo puso su propia cara como logo electoral del partido político. Su cara repetida en un millón de papeletas que acabaron en las urnas. Tampoco era tan difícil de ver.

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En la consulta del internista ponen las mismas canciones que ponían en Italia el año pasado y nosotros nos aprendimos de memoria mientras recorríamos la Toscana. RDS Grandi Sucesi. Eran malas entonces y ahora, además, son aburridas. Tengo el "Cuaderno Gris" de Josep Pla sobre las piernas pero me cuesta concentrarme: primero, porque la música no acompaña; segundo, porque estoy agotado, realmente agotado, todo culpa de la citada incapacidad para rendirme. La constancia. La última bola, recuerden.

Con todo, parece que nos vamos a llevar bien. El prólogo lo firma Dionisio Ridruejo, que si no es una de las figuras españolas más fascinantes del siglo XX se aproxima. Pla utiliza signos de admiración cada cuatro líneas y yo recuerdo inevitablemente a Arcadi Espada. Leí hace un tiempo un diario suyo sobre Madrid durante la proclamación de la República y me pareció exquisito. Sé que hay un neo-plaísmo vigente como hay un neo-cambismo porque a algo hay que agarrarse y si no quedan transatlánticos pues habrá que subirse a galeones, a ver si queda oro en algún lado.

No avanzo demasiadas páginas, un poco de biografía y ya está. Al rato, me llama el médico, él también con un aire cansado, y me rellena cuatro volantes de Adeslas aunque insiste en que él cree que o duermo mal o simplemente es un cansancio psicológico, sin descartar que sean las dos cosas. Al salir, ya es noche en Madrid, un Madrid de nuevo primaveral y el Niño Bonito tiene el culete un poco mejor, que es lo que realmente importa. Toño me manda un mensaje al móvil diciéndome lo bonito que es el crío y yo solo puedo contestarle: "Es precioso. Como su madre. Soy un hombre afortunado". Y es una verdad como un templo.

lunes, octubre 20, 2014

Stoner



Cuando escribo que "Stoner" me está pareciendo floja y se me ocurre copiarlo en mi muro de Facebook, el escritor Matías Candeira se asoma indignado a los comentarios. Ni siquiera indignado, estupefacto. "¿Stoner floja, Guille?, ¿en serio?", dice, y yo me defiendo como puedo porque sigue habiendo partes de la novela que me parecen algo tediosas y a la vez vertiginosas, como si el propio escritor estuviera todo el rato queriendo cambiar de tema y avanzar corriendo para llegar por fin a la parte que le interesa contar, de manera que todo lo anterior no fuera sino un molesto preámbulo.

Eso sí, nada más acabar la última página -me quedaban 40 cuando escribí el comentario- vuelvo a contestarle y me rindo a la evidencia: es una delicia de libro.

Hay en "Stoner" dos historias de amor: una insufrible, exagerada incluso, y la otra maravillosa. Supongo que el contraste con la primera es la que hace que el lector se emocione con la segunda. Ahora bien, la verdadera historia de amor del libro, y se nota que es también la del autor es la que el protagonista vive con la universidad y más que con la universidad con la docencia y con el objeto de esa docencia, en este caso, la lengua y literatura inglesas. La pasión con la que habla Williams de las luchas internas en las facultades, del placer de la clase bien dada y la angustia de la clase que no sabes cómo dar... el regocijo a la hora de explicar las influencias latinas, medievales, renacentistas en toda la literatura inglesa posterior es una pasión y un regocijo que se contagian al lector.

Uno, al fin y al cabo, abre un libro y no otro con la esperanza de ser contagiado de alguna manera y si sabe de qué va el juego es capaz de tener toda la paciencia del mundo hasta que llegue el primer análisis positivo. Que yo no sepa de qué va el juego a estas alturas puede resultar sorprendente pero es lo que hay.

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Vienen Carlos y Álida a merendar a casa y muestran el mismo entusiasmo que yo cuando hablamos de "La gran belleza". La Chica Diploma y el Niño Bonito quedan un poco al margen: ella porque no ha visto la película aunque adora Roma y se le van poniendo los colmillos largos conforme avanzamos en la conversación y él porque ha aprendido a rodar por el suelo y a ver quién le convence ahora de que deje de hacerlo.

Proponemos una locura, lo que ahora mismo es una locura para nosotros con la fobia de Álvaro a los biberones: hacer un visionado conjunto de la película pero a lo fanático: parando en las escenas y comentando. No sé si eso es muy intelectual o muy hooligan, pero me resulta una idea atractiva: intentar encontrar las referencias ocultas en cada escena; no ya las referencias de Sorrentino que también, claro, sino las nuestras. Hay obras de arte que no hay que entender de manera objetiva sino subjetiva: ¿En qué te ha cambiado a ti la vida? Pues eso es lo que cuenta.

Después, la cosa se complica porque el niño está con una pequeña infección y entre el dolor, la infección y el atontamiento de los antibióticos se pone a llorar desconsolado y así, su madre y yo nos turnamos para dormirlo o al menos tranquilizarlo y Carlos y Álida, los pobres invitados, se quedan a media charla sobre el liberalismo de los siglos XVII y XVIII y la inesperada -o no- previsibilidad de Pablo Iglesias en Vistalegre. Ese marxismo-leninismo adaptado a los tiempos pero con las mismas ideas de base: el enemigo, el líder, el partido, el asalto a los cielos... Con qué poco se revoluciona un país decadente. A veces me da miedo de que todo lo que hubo en el 15-M se acabe resumiendo en lo más obvio: el "a ninguno de los anteriores" de Richard Pryor en "El gran despilfarro".

Pero con piolet.

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La Chica Langosta contestó el mensaje y lo hizo con una educación impecable. Yo contesté también educadísimo, como si ninguno de los dos quisiera pisar ningún callo. Es una lástima que nuestra adolescencia sea un campo de minas que nadie se haya preocupado de desactivar. Por supuesto, hicimos muchísimas tonterías pero no recuerdo que nadie matara a nadie. Éramos un montón de adolescentes con talento, con aficiones comunes, con una gran capacidad para aprovechar el tiempo libre... y con mucho miedo a querernos.

Quizá el problema fuera ese, que cuando nos decidimos a querernos estábamos tan aterrados que lo hicimos todo con una torpeza enorme hasta llegar a odiarnos o algo parecido, porque odiarnos, se ha visto, tampoco sabíamos, y lo que ha quedado es este respeto tenso, esta reunión de viejos amigos que no ha llegado en 19 años y que todo apunta a que tampoco llegará el año que viene, cuando se cumplan 20 de cuando dejamos el Ramiro de Maeztu.

A mí me gusta recordarles y quererles a mi manera. A esta manera también de escribir sobre ellos casi cada día y  la cantidad de cosas buenas y malas que hicimos. Darle un poco de normalidad al asunto. Pero eso es aquí, jugando en casa, en cuanto me sacan tengo la sensación de que todos los campos son de tierra y que, mira, con no lesionarse y, sobre todo, no lesionar a nadie, ya es más que suficiente.

domingo, octubre 19, 2014

La grande bellezza



Los primeros 15 minutos de "La gran belleza". La saturación visual, la explosión de impactos imposibles de asimilar, la editora enana caminando por la mesa como si estuviéramos en "La parada de los monstruos". El hermosísimo homenaje a la cocaína que son esos 15 minutos y el resto de la película, con la sutileza de no hacerlo explícito hasta casi el final. La decadencia, por supuesto. La decadencia del lujo, a lo Capote, porque a mí Jep siempre me recordó a Capote, en cada escena de la película. Un Capote europeo, si quieren, un Capote más refinado y menos artificioso.

Un libro de Scott Fitzgerald que tuviera a Capote como protagonista.

Algunas cosas de Sofía Coppola, algunas de Jean-Pierre Jeunet (pocas) y esa estética video-clip que enamora al pesado de Baz Luhrmann y que aquí alcanza lo sublime. Me habían dicho que a veces era pedante pero no vi la pedantería en ningún lado. Me alertaron de su pretenciosidad pero lo que encuentro es genio y talento puro. Una obra de una densidad que obligaría a cualquiera a planificarla y desarrollarla durante una vida entera. A Sorrentino, en cambio, le bastaron unos pocos años. Sorrentino, por tanto, como genio contemporáneo, genio del vacío -"cuando el vacío llegue, recuerde que siempre podrá contar conmigo"-, Roma de noche y el Coliseo debajo de las fiestas, debajo de los políticos esposados.

Una panda de inútiles enclaustrados en el siglo equivocado. Un camarero que espera en la mesa del catering pidiendo ayuda. La "cara B" de Fellini, Mastroianni envejecido, viejo cínico y venido a menos. Roma, en general, venida a menos, sin Anita Ekberg en la Fontana de Trevi, solo la misma belleza artificial repetida en cada rostro. Una belleza que no alcanza nunca el ideal porque el ideal es la adolescencia. En realidad, la película no es sino la búsqueda adolescente de esa belleza primigenia: el mar, el faro, el amor de verano, la primera chica enamoradiza que te dejó ver sus senos. "Sois tan bellos", le dice emocionado a Jep a una pareja cuyo único afán antes de dormir es cenar y ver la tele un rato.

La mediocridad como posibilidad de belleza o, más bien, como rendición. Renuncia a la gran belleza para concentrarse en la belleza rutinaria. Bailarinas de strip-tease que ven olas en un techo blanco como putas de Girondo.

Y, sin embargo, ¿es de verdad bella la mediocridad?, ¿es de verdad al menos "deseable"?, ¿por qué no la cocaína, el dinero derrochado, el happening estúpido, la niña artista, el ático con vistas imposibles? La tentación de la decadencia, la fiesta continua, la mañana como desconocida. Piénsenlo un momento, ¿quién preferirían ser?, ¿Jep Gambardella o su entrañable criada sudamericana? La mediocridad pequeñoburguesa como ansiolítico, pero poco más. En serio, poco más. Cocainómanos frente a resignados. Ficción contra ficción. El truco no es hacer desaparecer la jirafa es conseguir que todos crean que están viendo una jirafa.