martes, octubre 21, 2014

Cambalache



La charla con Toño Angulo es la más triste del mundo: terraza del Café Gijón, un mundo que se acabó y otro que va a acabarse en breve. Le digo: "Bueno, habrá que seguir intentándolo" y él dice: "O no". Rendirse, por tanto. Ir a por el dinero, allá donde esté el dinero si es que hay dinero más allá de Miguel Blesa y Francisco Nicolás. Lo demás es el Titanic hundiéndose y a mí no me parece mal que el Titanic se hunda porque esas cosas pasan, lo que me molestan son los que están metidos en los botes dándote remazos para que no te subas, como si hubiera un Carpathia dispuesto a rescatarles.

Así que lo importante ya no es nadar bien sino nadar rápido. Quizá siempre lo haya sido.

Le hablo de la degradación. No ya de la profesional sino de la personal. Los emails no contestados, las llamadas no devueltas... la sensación de que con 37 años tú estás mejor que con 23, pero todo alrededor es más complicado. "Para cada espacio en una revista que paga hay 25 pidiendo paso", me dice, resignado, mientras vemos cómo los grandes medios siguen derrumbándose o empiezan a balancearse como Torres Gemelas. Da igual, insisto, eso siempre pasa. Una industria se acaba y se convierte en algo clandestino. La manera de morir, sin embargo, es importante, y esta manera altiva, de amiguetes que buscan salvarse a cualquier precio, de desesperación por ponerse el primer salvavidas que ves, las faltas de respeto que aguantas con un "lo siento, lo siento" como un perrito apaleado... todo esto me parece francamente evitable.

Toño está de acuerdo. Los dos tenemos un hijo. Nuestros dos hijos son muy pequeños, no llegan al año. Siguiendo la teoría que dice que un padre siempre preferirá que le pase algo malo a él a que le pase algo malo a su hijo, solo puedo desear que su generación tenga más dignidad que la mía.

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Si el discurso de Podemos caló tanto entre los descontentos fue en parte por todo lo anterior: la miseria económica acompañada de la miseria moral y la conciencia de que hay una "casta" que te pone la pierna encima para que no levantes cabeza. Todo muy televisivo, como ven. Políticamente, en este momento, me parece una estrategia brillante y un concepto muy bien empleado: señalando la "casta" política, cada uno puede imaginar la propia "casta" que le machaca día a día: el grupo de poderosos al que es imposible acceder.

La "guerra de clases" transformada en "guerra de castas" desde el momento en el que se ha demostrado que un sindicalista con tarjeta opaca deja de ser sindicalista al instante.

El problema, y esto no es solo cuestión de Pablo Iglesias, es que, igual que en el marxismo pasar de una clase a otra era imposible, o al menos improbable, lo de las castas no está tan claro. Joder, si hasta un niño de 20 años ha estado llamando al Rey para consolarle. Colarse en la "casta" no es tan complicado y convertirte en la "casta" de tu propio entorno, mucho menos. Quizás esa es la decepción que muchos han sentido en Vistalegre estos días, la conciencia de que detrás de todo no estaba "la gente" sino que estaba el pastor que guiaba al rebaño. O conmigo o contra mí. Si no te gusta, apártate. No hacía falta regenerar la democracia para acabar diciendo esas cosas.

En cualquier caso, qué quieren que les diga, el tipo puso su propia cara como logo electoral del partido político. Su cara repetida en un millón de papeletas que acabaron en las urnas. Tampoco era tan difícil de ver.

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En la consulta del internista ponen las mismas canciones que ponían en Italia el año pasado y nosotros nos aprendimos de memoria mientras recorríamos la Toscana. RDS Grandi Sucesi. Eran malas entonces y ahora, además, son aburridas. Tengo el "Cuaderno Gris" de Josep Pla sobre las piernas pero me cuesta concentrarme: primero, porque la música no acompaña; segundo, porque estoy agotado, realmente agotado, todo culpa de la citada incapacidad para rendirme. La constancia. La última bola, recuerden.

Con todo, parece que nos vamos a llevar bien. El prólogo lo firma Dionisio Ridruejo, que si no es una de las figuras españolas más fascinantes del siglo XX se aproxima. Pla utiliza signos de admiración cada cuatro líneas y yo recuerdo inevitablemente a Arcadi Espada. Leí hace un tiempo un diario suyo sobre Madrid durante la proclamación de la República y me pareció exquisito. Sé que hay un neo-plaísmo vigente como hay un neo-cambismo porque a algo hay que agarrarse y si no quedan transatlánticos pues habrá que subirse a galeones, a ver si queda oro en algún lado.

No avanzo demasiadas páginas, un poco de biografía y ya está. Al rato, me llama el médico, él también con un aire cansado, y me rellena cuatro volantes de Adeslas aunque insiste en que él cree que o duermo mal o simplemente es un cansancio psicológico, sin descartar que sean las dos cosas. Al salir, ya es noche en Madrid, un Madrid de nuevo primaveral y el Niño Bonito tiene el culete un poco mejor, que es lo que realmente importa. Toño me manda un mensaje al móvil diciéndome lo bonito que es el crío y yo solo puedo contestarle: "Es precioso. Como su madre. Soy un hombre afortunado". Y es una verdad como un templo.

lunes, octubre 20, 2014

Stoner



Cuando escribo que "Stoner" me está pareciendo floja y se me ocurre copiarlo en mi muro de Facebook, el escritor Matías Candeira se asoma indignado a los comentarios. Ni siquiera indignado, estupefacto. "¿Stoner floja, Guille?, ¿en serio?", dice, y yo me defiendo como puedo porque sigue habiendo partes de la novela que me parecen algo tediosas y a la vez vertiginosas, como si el propio escritor estuviera todo el rato queriendo cambiar de tema y avanzar corriendo para llegar por fin a la parte que le interesa contar, de manera que todo lo anterior no fuera sino un molesto preámbulo.

Eso sí, nada más acabar la última página -me quedaban 40 cuando escribí el comentario- vuelvo a contestarle y me rindo a la evidencia: es una delicia de libro.

Hay en "Stoner" dos historias de amor: una insufrible, exagerada incluso, y la otra maravillosa. Supongo que el contraste con la primera es la que hace que el lector se emocione con la segunda. Ahora bien, la verdadera historia de amor del libro, y se nota que es también la del autor es la que el protagonista vive con la universidad y más que con la universidad con la docencia y con el objeto de esa docencia, en este caso, la lengua y literatura inglesas. La pasión con la que habla Williams de las luchas internas en las facultades, del placer de la clase bien dada y la angustia de la clase que no sabes cómo dar... el regocijo a la hora de explicar las influencias latinas, medievales, renacentistas en toda la literatura inglesa posterior es una pasión y un regocijo que se contagian al lector.

Uno, al fin y al cabo, abre un libro y no otro con la esperanza de ser contagiado de alguna manera y si sabe de qué va el juego es capaz de tener toda la paciencia del mundo hasta que llegue el primer análisis positivo. Que yo no sepa de qué va el juego a estas alturas puede resultar sorprendente pero es lo que hay.

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Vienen Carlos y Álida a merendar a casa y muestran el mismo entusiasmo que yo cuando hablamos de "La gran belleza". La Chica Diploma y el Niño Bonito quedan un poco al margen: ella porque no ha visto la película aunque adora Roma y se le van poniendo los colmillos largos conforme avanzamos en la conversación y él porque ha aprendido a rodar por el suelo y a ver quién le convence ahora de que deje de hacerlo.

Proponemos una locura, lo que ahora mismo es una locura para nosotros con la fobia de Álvaro a los biberones: hacer un visionado conjunto de la película pero a lo fanático: parando en las escenas y comentando. No sé si eso es muy intelectual o muy hooligan, pero me resulta una idea atractiva: intentar encontrar las referencias ocultas en cada escena; no ya las referencias de Sorrentino que también, claro, sino las nuestras. Hay obras de arte que no hay que entender de manera objetiva sino subjetiva: ¿En qué te ha cambiado a ti la vida? Pues eso es lo que cuenta.

Después, la cosa se complica porque el niño está con una pequeña infección y entre el dolor, la infección y el atontamiento de los antibióticos se pone a llorar desconsolado y así, su madre y yo nos turnamos para dormirlo o al menos tranquilizarlo y Carlos y Álida, los pobres invitados, se quedan a media charla sobre el liberalismo de los siglos XVII y XVIII y la inesperada -o no- previsibilidad de Pablo Iglesias en Vistalegre. Ese marxismo-leninismo adaptado a los tiempos pero con las mismas ideas de base: el enemigo, el líder, el partido, el asalto a los cielos... Con qué poco se revoluciona un país decadente. A veces me da miedo de que todo lo que hubo en el 15-M se acabe resumiendo en lo más obvio: el "a ninguno de los anteriores" de Richard Pryor en "El gran despilfarro".

Pero con piolet.

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La Chica Langosta contestó el mensaje y lo hizo con una educación impecable. Yo contesté también educadísimo, como si ninguno de los dos quisiera pisar ningún callo. Es una lástima que nuestra adolescencia sea un campo de minas que nadie se haya preocupado de desactivar. Por supuesto, hicimos muchísimas tonterías pero no recuerdo que nadie matara a nadie. Éramos un montón de adolescentes con talento, con aficiones comunes, con una gran capacidad para aprovechar el tiempo libre... y con mucho miedo a querernos.

Quizá el problema fuera ese, que cuando nos decidimos a querernos estábamos tan aterrados que lo hicimos todo con una torpeza enorme hasta llegar a odiarnos o algo parecido, porque odiarnos, se ha visto, tampoco sabíamos, y lo que ha quedado es este respeto tenso, esta reunión de viejos amigos que no ha llegado en 19 años y que todo apunta a que tampoco llegará el año que viene, cuando se cumplan 20 de cuando dejamos el Ramiro de Maeztu.

A mí me gusta recordarles y quererles a mi manera. A esta manera también de escribir sobre ellos casi cada día y  la cantidad de cosas buenas y malas que hicimos. Darle un poco de normalidad al asunto. Pero eso es aquí, jugando en casa, en cuanto me sacan tengo la sensación de que todos los campos son de tierra y que, mira, con no lesionarse y, sobre todo, no lesionar a nadie, ya es más que suficiente.

domingo, octubre 19, 2014

La grande bellezza



Los primeros 15 minutos de "La gran belleza". La saturación visual, la explosión de impactos imposibles de asimilar, la editora enana caminando por la mesa como si estuviéramos en "La parada de los monstruos". El hermosísimo homenaje a la cocaína que son esos 15 minutos y el resto de la película, con la sutileza de no hacerlo explícito hasta casi el final. La decadencia, por supuesto. La decadencia del lujo, a lo Capote, porque a mí Jep siempre me recordó a Capote, en cada escena de la película. Un Capote europeo, si quieren, un Capote más refinado y menos artificioso.

Un libro de Scott Fitzgerald que tuviera a Capote como protagonista.

Algunas cosas de Sofía Coppola, algunas de Jean-Pierre Jeunet (pocas) y esa estética video-clip que enamora al pesado de Baz Luhrmann y que aquí alcanza lo sublime. Me habían dicho que a veces era pedante pero no vi la pedantería en ningún lado. Me alertaron de su pretenciosidad pero lo que encuentro es genio y talento puro. Una obra de una densidad que obligaría a cualquiera a planificarla y desarrollarla durante una vida entera. A Sorrentino, en cambio, le bastaron unos pocos años. Sorrentino, por tanto, como genio contemporáneo, genio del vacío -"cuando el vacío llegue, recuerde que siempre podrá contar conmigo"-, Roma de noche y el Coliseo debajo de las fiestas, debajo de los políticos esposados.

Una panda de inútiles enclaustrados en el siglo equivocado. Un camarero que espera en la mesa del catering pidiendo ayuda. La "cara B" de Fellini, Mastroianni envejecido, viejo cínico y venido a menos. Roma, en general, venida a menos, sin Anita Ekberg en la Fontana de Trevi, solo la misma belleza artificial repetida en cada rostro. Una belleza que no alcanza nunca el ideal porque el ideal es la adolescencia. En realidad, la película no es sino la búsqueda adolescente de esa belleza primigenia: el mar, el faro, el amor de verano, la primera chica enamoradiza que te dejó ver sus senos. "Sois tan bellos", le dice emocionado a Jep a una pareja cuyo único afán antes de dormir es cenar y ver la tele un rato.

La mediocridad como posibilidad de belleza o, más bien, como rendición. Renuncia a la gran belleza para concentrarse en la belleza rutinaria. Bailarinas de strip-tease que ven olas en un techo blanco como putas de Girondo.

Y, sin embargo, ¿es de verdad bella la mediocridad?, ¿es de verdad al menos "deseable"?, ¿por qué no la cocaína, el dinero derrochado, el happening estúpido, la niña artista, el ático con vistas imposibles? La tentación de la decadencia, la fiesta continua, la mañana como desconocida. Piénsenlo un momento, ¿quién preferirían ser?, ¿Jep Gambardella o su entrañable criada sudamericana? La mediocridad pequeñoburguesa como ansiolítico, pero poco más. En serio, poco más. Cocainómanos frente a resignados. Ficción contra ficción. El truco no es hacer desaparecer la jirafa es conseguir que todos crean que están viendo una jirafa.


sábado, octubre 18, 2014

Tan distintos



El Búho Real varios años después. Creo que desde que lo dejó Darío solo he ido una vez, a ver a Jorge Marazu presentar un disco que ya no está ni en Spotify. Ambiente parecido, más cuidado. Algunas cosas fuera de sitio, como es normal cuando compras un local que es algo más que un local, es una leyenda que conoces solo en parte. Es el concierto de Pablo y de Álvaro y la cosa está bien de público.

Sin embargo, yo no conozco a nadie porque ya pasó demasiado tiempo. Reconozco, eso sí, los ritos, las sonrisas, los coqueteos, la tensión del viernes noche en un bar pequeño con música y treintañeros primerizos. Me hace gracia verlo desde fuera, completamente desde fuera. Durante muchos años -durante casi toda mi vida, diría- he sido dos o más personas de una manera completamente natural: el que observa y el que hace. En el mismo lugar, al mismo tiempo, todo muy Henry Miller. Ahora, obviamente no, es decir, hay uno que observa y hay otro que hace pero en diferentes sitios y momentos. El que lleva a su hijo al hospital para ver si le tienen que sajar un granito con pus y el que se regodea en las sonrisas ajenas, en las exageraciones, en esa manera adolescente de llamar la atención que rodea cualquier concierto que se precie.

Lo que he contado mil veces en mil artículos como este.

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La Chica Diploma se queja de que hable de L. dos veces seguidas. A ver, no se queja, lo comenta irónicamente. Si de verdad tuviera que quejarse por eso la pobre no pararía. La primera es al reconocer su peinado en una vecina del barrio y la segunda es en las inmediaciones del Niño Jesús, una calle con valla a la derecha por la que anduvimos en 2002, día de San Valentín, después de unas prácticas suyas en algún lado. Le regalé un bocadillo de jamón que se comió con entusiasmo y probablemente acabáramos tirados en el Retiro.

Dice: "Ya verás, acabarás hablando de ella en el blog". Bueno, se lo dice al niño, que es una de las maneras que tienen todos los padres de comunicarse entre sí cuando el niño a lo que está es a comerse el sonajero. Dice: "Ya verás, Alvarito, luego papá acabará escribiendo algo sobre L. en el blog". Pero no. Lo cierto es que yo lo que quería aquí era hablar de A. porque es lo primero de lo que me acuerdo cuando entro al Búho. Un día que fuimos a un concierto, creo que de Emite Poqito, y me empezó a molestar mucho el ojo y aun así cenamos algo en algún lado porque acabábamos de empezar a salir -probablemente ni siquiera hubiéramos empezado a salir, probablemente ella seguirá afirmando que nosotros nunca llegamos "a salir"- y como la cosa no iba a mejor le pedí que me acompañara a Urgencias pero ella dijo que no, que odiaba los hospitales.

Todo acabó en una conjuntivitis vírica que me tuvo con gafas de sol y metido en casa durante una semana. Bueno, en realidad todo acabó en un completo desastre, como habrán imaginado, pero yo lo que quería contar ahora era lo de la conjuntivitis.

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Esos anuncios de famosos en los que un subtítulo en la esquina de abajo a la derecha nos explica quién es el famoso en cuestión. El miedo atroz a que al famoso no le conozca nadie, que no sea famoso ni nada y hayas pagado una pasta para seguir en el anonimato. El subtítulo como confesión de ese pánico y por extensión del fracaso.

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Mariano Rajoy explica una vez más que lo peor de la crisis ya ha pasado para los españoles y los europeos. Al mismo tiempo, en Francia, François Hollande alerta de la posibilidad de estancamiento y recesión basándose en los últimos datos nada alentadores y que incluyen el posible pinchazo de la burbuja borsátil y un descenso brutal de las exportaciones. Uno de los dos se está equivocando y no tiene por qué ser Rajoy, pero es Rajoy el que utiliza los mantras al margen de la realidad porque Arriola se los está susurrando al oído... y eso no invita al optimismo.

Lo que más odio del PP es que me haya hecho caer en esa vulgaridad que consiste en odiar al PP. A mi tercer RT sobre Rato, el pequeño Nicolás y Esperanza Aguirre me doy cuenta de que ya no tiene remedio y así, como decía, el odio se retroalimenta de odio. Una buena definición de la política española. Mientras, los mejoradores de la humanidad hablan de "asaltos" y todo el mundo se escandaliza, dejando a un lado la palabra clave en todo esto, que es, sin duda, "cielo".

Es decir, religión o muerte.

Sondeo elecciones generales 2015


Les paso los resultados de la encuesta de Eldiario.es pero hagan el favor de clicar al menos en el enlace para ver más detalles. No es una encuesta con un muestreo brutal -1.100 llamadas en todo el país y aun así consiguen distribuir escaños circunscripción a circunscripción- pero consolida determinadas cuestiones que habíamos visto antes y apuntan a otras nuevas. Primero, los datos:

PP 137-141
PSOE  90-98
Podemos  42-51
IU 13-15
CiU 10-11
ERC 8-9
Ciudadanos 7-9
UPyD 6-8
Amaiur 6-7
PNV 5-6
CC-NC 2-3
Compromís 2-3
BNG 1-2
FAC 1
Equo 0-1
Geroa Bai 0-1
VOX 0

Abstención: 38,30%

Algunas conclusiones al respecto, siempre teniendo en cuenta que no deja de ser un juego a partir de una encuesta algo limitada de un medio claramente posicionado políticamente:

1- Al PP le dan un 32,5% de los votos. No he visto encuestas en las que le den mucho más, así que ahora mismo esa parece su expectativa electoral. Recuerden que en las europeas superaron por poco el 25%. En eso ha quedado el centro-derecha español e incluso en el mejor de los casos, conseguir 141 escaños, parece complicado encontrar 35 aliados más que le den posibilidad de gobernar. No son resultados desastrosos en términos de diputados por el tema de la ley electoral, pero sí lo son en términos de votos: pueden perder tres o incluso cuatro millones en cuatro años.

2- El PSOE tiene algo malo, que es muy obvio, y que se llama 25% de los votos, que, abstención incluida, daría un resultado que ni en 1979, pero tiene un par de cosas buenas: parece que sigue siendo la opción de "izquierdas" preferida y esquiva de momento el apocalipsis PASOK al que muchos le condenaban. De hecho, con estos resultados, sería muy probable que Pedro Sánchez se convirtiera en presidente del Gobierno con el apoyo de Podemos e IU y la abstención de los nacionalistas y los de la tercera vía ... salvo que decidiera dejar gobernar al PP en solitario y no presentar alternativa. Una excelente manera de conseguir, ahora sí, convertirse en el PASOK en cuatro años más.

3- En su apogeo, el fenómeno Podemos llega al 17% de los votos, que es una barbaridad y podría llegar a los 50 escaños, algo inaudito en una tercera formación. Con todo, es lo que hay. Queda un año para las elecciones generales y necesitan tres o cuatro millones de votos más para convertirse en alternativa al poder. No es probable que lo consigan. Es más, su principal objetivo en tiempos de asambleas y de definiciones es que el movimiento ciudadano o el partido o como prefieran calificarse mantenga una cierta unidad y no se subdivida en pequeños crupúsculos que arrastren a su pequeño núcleo de electores, opción nada descartable. 

4- Eso sí, Podemos se ha merendado a IU en términos de voto de izquierda y a UPyD en términos de voto de castigo al bipartidismo. Lo de IU es particularmente sangrante porque ha sido incapaz de convertirse en alternativa durante los tiempos de Felipe, los de Aznar, los de Zapatero y ahora los de Rajoy, los peores del centro-derecha en su historia. Tiene un techo y cuando parece que lo va a superar, se le escapan un millón de votantes a cualquier otro lado.

5- Volviendo a UPyD, es complicado que un partido pueda ponerse a sí mismo tantas zancadillas, hasta el punto de que la encuesta le coloca debajo de Ciudadanos, el otro partido de moda, aunque quizá con más escaños. En cualquier caso, es un pequeño fracaso de la "tercera España": juntos, el partido de Rivera y el de Díez quizá consiguieran algún escaño más pero parece difícil que superaran el 7% de votos que les da la encuesta. Exactamente el mismo porcentaje que obtuvo IU en 2011.

6- En clave nacionalista, ERC no consigue superar a CiU en el voto estatal aunque parece que vaya a hacerlo en el autonómico. Supongo que el votante independentista pone menos interés en las elecciones españolas que en las catalanes y tiene todo el sentido del mundo. Curiosamente, en el País Vasco sucede al revés: Bildu-Amaiur podría conseguir más escaños y votos que el PNV de nuevo, cuando se supone que su posición respecto a la independencia es más contundente.

7- Pequeños partidos: Compromís aguanta muy bien el empuje de Podemos y creo que tendrá excelentes resultados en las autonómicas y municipales valencianas de mayo de 2015, el BNG mantiene su electorado y suponemos que recupera el de Beiras, que no sé si presentará su Alternativa Galega a las generales. Álvarez Cascos mantendría su escañito en Asturias y CC tendría los mismos resultados que en los últimos 30 años, un archipiélago inmutable.

8- No me choca que Equo no consiga representación, más que ese posible escaño, supongo que por Madrid, simplemente porque el fenómeno Pablo Iglesias le ha arrasado buena parte de su electorado. Me choca algo más que no lo consiga VOX. De hecho, creo que lo hará si Santiago Abascal sigue adelante con el proyecto y no se derrumba. Hay mucho votante de derechas muy cabreado, especialmente por la retirada del proyecto de ley del aborto y lo que consideran tibieza ante la situación de Cataluña, un simple no hacer nada que les irrita. Si Abascal agita ese árbol, caerán manzanas. No sé cuántas pero más que en las Europeas y ahí VOX ya habría sacado su escaño por Madrid con esos resultados.

9- La abstención. Sube siete puntos y tiene lógica: en 2004 y en 2008, en pleno auge del bipartidismo, votaron el 75% de los censados. En 2011 ya lo hizo solo el 71% y cuatro años más tarde no llegaría al 62%. Sí, hay mucha gente cabreada con las preferentes, los Gurtel, los EREs, las tarjetas opacas, las responsabilidades nunca asumidas, etc. y se lanzan a los brazos de Pablo Iglesias pero la inmensa mayoría se limita a retirar su voto y quedarse en casa o votar en blanco o nulo, que es una opción que el año que viene puede batir récords. Para que se hagan una idea, en 2011 votaron 24,666,441 ciudadanos; en 2014, si se confirma el dato lo harían en torno a 20 millones, no mucho más. 20 millones que deciden el futuro de 47. El PP obtendría algo menos de 7 millones de esos votos y el PSOE no llegaría a cinco. Podemos se quedaría en tres y medio, que aun así me parece una barbaridad. En cualquier caso, sigue habiendo un problema de representatividad que no sé cómo se puede solucionar.

10- Finalmente, ¿qué parlamento, qué gobierno nos cabe esperar? Hay dos opciones: el PP llega de verdad a los 140 escaños o incluso los supera y consigue crear un clima de "unidad nacional" que incluya el apoyo del PSOE... o el PSOE se anima a encabezar una especie de "Frente Popular" que incluya al menos a Podemos e IU y tenga el beneplácito en forma de abstención de los demás partidos. Desde luego, con 130 escaños o menos, el PP no gobierna ni de coña. Estará todo más sujeto por los pelos y la posibilidad de una inestabilidad que derive en parálisis a la italiana asoma más tenebrosa que nunca. Es lo que tienen los tiempos interesantes.

viernes, octubre 17, 2014

When the going gets tough, the tough get going



Escuchar "Modo Avión" de Lichis una vez tras otra. Como un heroinómano. La palabra que más se repite es "rabia" y entiendo que es por algo. Conozco a Miguel desde hace ya bastantes años, los suficientes para saber que a él, como a mí, le repatea la imagen de antihéroe, de nostálgico, de quejica. Y sin embargo no puede evitarlo. Eso sí, es su queja tan hermosa, tan desnuda. Lichis ya se desnudó cuando era tremendamente feliz en su disco de Terrassa y se desnuda ahora que toca retratar un período más oscuro. Lo que queda, siempre, es la música. A veces, con esta clase de cantantes carismáticos, apariencia de abandono canalla, se olvida lo esencial: lo buenos músicos que son. Nada en "Modo avión" desentona. Nada es en exceso complicado pero a la vez es distinto a toda la basura repetitiva que se suele escuchar en las radios.

La penúltima canción, por ejemplo, es un hallazgo aunque solo sea por el título: "Televisión de madrugada". Solo pronunciarlo ya produce una imagen y es una imagen decadente: Sandro Rey mandando bendiciones y un montón de modelos convenciéndote para que juegues en su casino. Lo que queda cuando no queda nada. Televisión de insomnes o televisión de borrachos. Gente rara. Por lo que me contó Pablo, Lichis dejó Rivas hace unos años y se compró una casa cerca de Malasaña donde aseguraba que había un fantasma que le abría y cerraba las ventanas.

Lichis y sus fantasmas, esa productiva combinación.

No tengo pruebas porque yo nunca he estado en casa de Lichis. Detesto molestar. Estuve una vez, con Conchita, Dani Flaco, Cobre, Vicky y Pepo en el "Hotel Lichis" del disco, un modesto chalet con piscina. Tarareábamos canciones de Nena Daconte y si no éramos felices, desde luego lo parecíamos. Todos. Luego, lo de siempre, es decir, las distancias. Las distancias en ocasiones son buenas cuando se basan en el respeto. Bailar sin pisarse. Cinco años después, las cosas han dado mil giros pero él sigue siendo un genio y yo sigo escuchando en bucle sus canciones. Quiero pensar que algún día se reconocerá todo su talento, pero es tanto que quizá acabe quedndo como algo clandestino.

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Antes de ir a la Alameda de Osuna, la Chica Diploma tiene puesto 40TV para que el Niño Bonito se entretenga. No es que le haga ascos a Draco, Charlie, Hyppa y toda la entrañable colección de mermados de Baby TV, pero a él lo que le gusta es la música. Un vídeo clip tras otro mientras piensa en sus cosas. Es la parte de la mañana que la cadena dedica a la música española y resulta que la música española de 2014 es mi música española de hace siete años: Miki Ramírez, Marwan, Georgina, Zahara, Kim Fanlo... Cuando sale la venezolana junto a un tal Pedro López, le digo a mi esposa: una vez estuve comiendo tallarines en su casa, estaban muy ricos.

A ella le llama la atención que yo comiera tallarines y más que el fugaz momento de fama, que no da para mucho, se centra en el plato: "¿Tallarines con qué?", pregunta, y yo digo: "Con nada, bueno, creo que con tomate", pero ahora recuerdo que fueron con pollo y que el pollo también estaba muy rico y que estaban Awil, Cristian, Arturo y Álex Ferreira y hacíamos chistes sobre actrices que eran atacadas con ballestas a la salida de su propia obra de teatro.

Años antes de conocer a la actriz en cuestión, los dos junto a la Chica Imán viendo los restos de hogueras en una noche de San Juan madrileña que es algo así como un San Isidro valenciano.

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Hace unos años, el objetivo era endurecerse. "Toughen up", que cantaba Pavement. Ahora, a veces, me sorprendo y no sé si eso es bueno o malo, pero creo que todo el mundo debería tener en cuenta que si alguien va a devolver la última bola voy a ser yo. Last man standing. Quizá fuera eso lo que decía Diego Salazar cuando aseguraba admirar mi "constancia", algo que yo no veía por ningún lado, al menos hasta que pasé de hijo a huérfano y de huérfano a padre.

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Camino a la biblioteca veo el anuncio de una adaptación de "Los justos", de Albert Camus. Se activan los prejuicios porque si de algo ha pecado el mundo de la actuación en España es en esa manía de arrogarse siempre la justicia y el escándalo. Por lo que recuerdo -leí el libreto hace once años, en francés, no pidan tanto de mí- la posición de Camus era bastante crítica con los que se ponen en lo alto de su columna y empiezan a pontificar. Un francés criado en Argelia tiene que ser necesariamente alguien que entienda de matices en la vida. Matices que le ganaron un Nobel y le costaron un distanciamiento sonoro con la ortodoxia dominante.

Probablemente por eso le gustara tanto el fútbol, aunque el tema da para una tesis.

Es curioso porque yo a Camus le he leído muy bien en francés y terriblemente mal en español: "El extranjero", "La náusea" y "Los justos" me encantaron. "El mito de Sísifo" o "El primer hombre" me costaron una barbaridad. También recuerdo haber disfrutado enormemente a Oriana Fallaci en italiano. Cuestión de expectativas, supongo. Crees que no lo vas a conseguir y de repente lo consigues. La última bola, ya saben. Por lo demás, la obra se estrenará en el Matadero y como yo no voy a ir -no encontraré tiempo, lo sé, es una de esas certezas de la nueva vida- igual pueden ir ustedes y me lo cuentan.

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Y sí, de Billy Ocean habría mucho que hablar.

jueves, octubre 16, 2014

Cambio de idea



"Sentía que por fin empezaba a ser profesor, lo cual era simplemente un hombre al que el libro le dice la verdad". Encuentro esta definición en "Stoner", un libro de John Williams de 1965 que publicó Baile del Sol en 2010. Es una frase preciosa, que vale por el resto de la novela, en general algo floja salvo cuando habla precisamente de la docencia y de la vida universitaria, normal en un autor que fue profesor toda su vida en Misuri. Es un regalo de la Chica Diploma por recomendación de Curro, uno de los ilustres Tipos Infames, y me pregunto cuánto ve Curro de mí en Stoner con una cierta preocupación.

Algunas cosas me son cercanas pero eso él no lo sabe. Por ejemplo, en 1999, mi último año de licenciatura, también hubo en mi propia universidad una lucha a muerte por una cátedra entre un profesor muy popular y otro profesor con fama de riguroso pero algo soso. Yo era amigo del segundo así que me alegré cuando le dieron la plaza. El resto de la facultad pareció algo decepcionada. En realidad, la carrera del derrotado no hacía sino empezar: dos años después consiguió su propia cátedra, poco después llegó a rector de la universidad y en 2009 fue nombrado ministro de educación.

Como profesor me pareció un tipo muy entrañable. Algo impreciso, quizás, demasiada querencia a frases como la que encabeza este post y que quizá deberían restringirse a la literatura.

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En medio del sueño compongo una canción. Es una canción preciosa, que sale de manera completamente natural como las cosas en los sueños. Creo que estoy tocando una guitarra pero ya saben que podría ser un piano, algo indefinido. Lo mejor es la letra, la letra que fluye con alegría, con ritmo, con la sensación de que estás haciendo algo que le puede cambiar la vida a la gente. No estaba siendo un gran sueño hasta entonces, más bien agitado, gente gritando mientras yo intentaba componer y después una cierta sensación de que, ahora sí, podía morirme tranquilo.

Cuando desperté -puede que el niño llorara, puede simplemente que tuviera que ir al baño- no recordaba nada pero sonreía como un idiota.

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La Chica Langosta reaparece en Facebook con un "me gusta" a un enlace que he colgado. No es un artículo mío sino de Manuel Jabois. Casi todo en esta vida es de Manuel Jabois y habrá que ir haciéndose a la idea. En cualquier caso, me quedo algo paralizado. La última vez que vi a la Chica Langosta fue en 2007, en la presentación de un libro mío en Barcelona. El resto de su vida la he seguido en capítulos separados por dos o tres años, reconstruyéndola de foto en foto colgada en la red social.

Pienso si tiene sentido mandarle un mensaje privado, aprovechando que está conectada o acaba de estarlo. Quedaría raro. Se conecta por una vez en no sé cuánto tiempo, le da a un "me gusta" y de regalo recibe inmediatamente un mensaje que probablemente no desee. Si lo deseara, lo habría escrito ella. Estos ataques hay que frenarlos porque son peligrosos y le hacen quedar a uno como algo parecido a un acosador. Más tentaciones: esta mañana acompañé a la Chica Diploma y al Niño Bonito a la Avenida de Cantabria y acabé delante del vídeo-club donde M. y yo alquilamos "El club de la lucha" en el verano de 2003, el día antes de que la Chica Berklee se fuera para siempre a Estados Unidos.

Uno tiene que evitar mandarle mensajes de Facebook a gente que ha decidido echarse a un lado como tiene que evitar los WhatsApps absurdos a ex novias de otra década cuando pasa justo por delante de sus casas. Sin embargo, uno, que aún está aprendiendo, acaba enviando el mensaje, claro que sí, y comprobando que ya hubo uno anterior que se quedó sin respuesta. ¿Y qué iba a responder la Chica Langosta a estas alturas de su literatura?

El WhatsApp al menos no lo mandé. Supongo que hay gente con la que no se juega.

miércoles, octubre 15, 2014

We let the stars go



Me levanto en medio de la noche tarareando "She sings, Paddy Joe, Paddy Joe, don´t you remember me? Long ago, one gorgeous night we let the stars go free". Es una canción preciosa y nostálgica, como a mí me gusta y está a punto de cumplir 25 años. Lo que no sé es de dónde viene, o, más bien, por qué llega justo ahora, a las seis de la mañana, el Niño Bonito pidiendo su ración de leche y presentando signos evidentes de haberse hecho caca en el pañal. Era un buen grupo con buenos discos, amables. A mi hermano le gustaban más que a mí y eso que a mi hermano la música amable nunca le ha vuelto loco. Pasábamos tardes en casa de nuestros padres jugando al ordenador y escuchando de fondo Prefab Sprout en distintos cassettes. Éramos pre-adolescentes y nunca habíamos soltado a las estrellas en libertad. Él un poco más que yo pero solo un poco.

Por la mañana, en pleno desayuno, con la canción aún en la cabeza, leo un tuit de Inma Turbau en el que recuerda el "King of Rock and Roll" y ese enloquecido estribillo: "Hot dog, jumping frog, Albuquerque" y pienso que hay algo raro en esa coincidencia de treintañeros, pero no sé exactamente qué es.

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Juan Carlos Monedero justifica la demanda de su partido contra Esperanza Aguirre porque asociar Podemos con ETA no es solo un insulto hacia ellos sino hacia el millón nosécuántos de votantes. Ese gusto de Monedero por las cantidades jugosas. Nadie le hace ver que acaba de decir un disparate, porque eso sería como afirmar que si llamo a alguien del PP corrupto o inútil estoy llamándoselo a once millones de ciudadanos. La peligrosa bandera, el peligroso escudo de la masa. Arcadi Espada, que se aburre en el programa tanto que no para de reírse de todo, le da la razón en una cosa: uno puede tener opiniones pero debe andar con cuidado con las afirmaciones factuales.

No es lo mismo decir: "Podemos me recuerda a lo peor del socialismo cubano y venezolano" que decir: "Podemos está financiado por el socialismo cubano y venezolano". Lo segundo es factual y necesita verificación en el mundo real. Por lo demás, ya digo, a Arcadi se le ve incómodo en televisión como ya se le veía incómodo en la radio. De algo hay que vivir. En radio y en televisión las cosas van demasiado rápidas y los discursos apenas permanecen. Hay además en Arcadi una cierta contradicción: la defensa, en mi opinión loable, de este mundo como el mejor de los posibles y su desprecio hacia la gran mayoría de los que lo conformamos.

Un mundo poco real, en definitiva, o, al menos, muy poco Ana Rosa Quintana.

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Tarde de martes con José Miguel Antúnez. Está bien, en forma, no aparenta los 47 años que tiene. Una vitalidad envidiable. Habla del Ramiro de Maeztu como si hablara yo mismo y pienso en el enorme malentendido del aficionado, del forofo, el de convertir a tu ídolo en tu enemigo en cuanto cambia de equipo. Un malentendido inevitable, supongo, pero cruel. "Pasé 15 años sin pisar La Nevera", me dice, asombrado. El hombre estuvo en el Ramiro desde primero de EGB y jugando en Estudiantes desde los 9 años, pasó por todas las categorías y en un momento dado acabó contrato y se fue a otro equipo que le pagaba cuatro veces más.

Nunca se lo perdonamos. Nunca se lo perdoné, que me parece más grave. Se lo digo porque creo que es bueno que lo sepa: "Yo era de los que te llamaba de todo". Creo que él lo entiende porque además de ir al Ramiro y jugar en las categorías inferiores era de los primeros en llegar al Magariños para apoyar a Russell, Pinone y compañía. Recuerdos de Fernando Martín y El Sapo-pó. "Yo también he gritado barbaridades", dice, y supongo que uno podría pensar que, si sabes cómo es el juego, no deberías necesitar quince años en volver a tu casa, pero eso son tonterías: un hombre que siente que durante quince años no es bienvenido en un lugar donde ha pasado toda su infancia y su adolescencia es un hombre al que se le ha robado algo.

Lo peor es sentir que, en parte, ese algo se lo he robado yo.

martes, octubre 14, 2014

Horas de vuelo



Hay un chico en la biblioteca que huele realmente mal. Sudor de otoño. De vez en cuando se anima a sí mismo y habla con su ordenador en voz baja, suficiente como para que llame la atención en medio del silencio absoluto. A la salida, una loca de manual insiste en que si no se hacen responsables de sus efectos personales dentro de la sala, la próxima vez vendrá en bragas con solo un boli y unas gafas. Daños colaterales de lo público: el infierno muchas veces son los otros y tú, a su vez, eres su propio infierno. El bibliotecario le quita importancia: en su anterior destino venían borrachos y le amenazaban con navajas. Lo que no acabo de entender es exactamente qué querían, ¿el último libro de Blue Jeans para la novia?

Una de las pestañas de mi navegador está ocupada por la foto del Niño Bonito el día que ha cumplido sus cuatro primeros meses de vida. Le echo de menos. A él y a mi mujer. Sigo mandando emails que nadie contesta, mensajes a móviles que no reciben respuesta y trabajo como loco para pensar que al menos me merezco algo, pero yo lo que querría es algo parecido a lo de esta mañana: Álvaro y yo en la cocina, en el baño, los dos solos mientras la pobre Chica Diploma duerme tras una noche toledana. Un día entero de Álvaro con mimos y sonrisas. 

Exactamente lo mismo que me he pasado haciendo todo el verano. Entonces, por supuesto, me parecía angustioso.

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Mas quiere consultar a sus ciudadanos pero no tiene bien claro quiénes son. Hay que convenir en que las definiciones en Cataluña son complejas. Sin censos no hay garantías, sin garantías no hay referéndum. ERC pide una declaración unilateral de independencia, que habíamos quedado que no era lo que se votaba. Si era un plebiscito y no una consulta, haberlo reconocido desde el principio, y si el resultado del plebiscito se daba por hecho, también.

Otros problemas para consultar a la ciudadanía en Cataluña, más graves: la tendencia a la abstención. Incluso en las autonómicas de 2012 quedó por encima del 30%. Si consideramos a ERC, CiU y CUP como únicos partidos genuinamente independentistas -y habría que ver cuántos de Unió no lo son- tendríamos en torno a 1.750.000 de partidarios potenciales de la secesión. En un país con siete millones y medio de habitantes no parece demasiado. Si la gente no va a votar en las elecciones que le son más cercanas -en Barcelona, por ejemplo, al 48% de abstención de las municipales de 2011 hubo que sumarle otro 6% de votos nulos y en blanco, y eso que estaba en juego que la alcaldía pasara a CiU después de 30 largos años-, ¿cuántos van a votar en una consulta difusa y cuántos van a hacerlo en la investigación demoscópica esa que quiere hacer la Generalitat?

Sin embargo, no parece que hayan sido esos los motivos para desconvocar la consulta sino la torpeza de querer saltarse la ley con otra ley y luego desobedecer también tu propia ley. "Firmamos una ley que no podemos aplicar" viene a decir Mas, "así que aplicaremos otra cosa, lo que se nos vaya ocurriendo". A alguien le están tomando el pelo y no se lo está tomando Rajoy.

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Rajoy, por cierto, hablará del ébola en el Congreso durante dos minutos y medio. La oposición se queja pero, bueno, dos minutos y medio es más o menos todo lo que ha hablado del tema durante los pasados diez días. Puede que la cosa no dé para más y al fin y al cabo es el método del presidente: no hago nada en Cataluña en la esperanza de que los nacionalistas se autodestruyan, no hago nada con el ébola y poco a poco el ébola se irá volviendo a África. ¿El Prestige? Unos hilitos y tal. Al igual que Arcadi, yo tampoco creo que España sea un país especialmente terrible. Lo que no es, desde luego, es normal. En un país normal uno no tiene la sensación de estar gobernándose a sí mismo.

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Ah, y Lichis saca disco completamente nuevo después de nueve años. Motivos para celebrar.

lunes, octubre 13, 2014

So young



Leo en ABC unas declaraciones de Rajoy en las que afirma que no sabe quién manda en Cataluña. La noticia me alarma. En Cataluña, hasta donde yo sé, manda el estado a través de unas instituciones y uno de los encargados de hacer valer y respetar esas instituciones, entre ellas la propia Generalitat, es Mariano Rajoy. Si el presidente de España no sabe quién manda en una parte de España no es ya que el país esté en un buen lío sino que él es un incompetente de tomo y lomo.

Luego me meto en la noticia y la alarma disminuye. En realidad, Rajoy, y de manera coloquial ante unos periodistas ha dicho: "No sé muy bien quién manda ahí". A mí me gustaría que el presidente del gobierno fuera menos coloquial y más pedagógico y que esas cosas, a ser posible, las dijera en ruedas de prensa donde pudiera haber preguntas y por lo tanto debate. Esa falta de concreción es lo que permite al periodista de ABC asimilar que "ahí" no es el movimiento pro-consulta o el soberanismo o incluso la atribulada mente de Artur Mas sino "Cataluña".

Una asimilación peligrosa, especialmente extraña en un periódico conservador, pues viene a redundar en lo que el nacionalismo viene diciendo durante décadas: "Cataluña somos nosotros"

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Me meto en una discusión sobre un artículo de Arcadi Espada en el que viene a decir que las cosas van mejor que nunca y mejor irían sin unos cuantos idiotas que andan incordiando. En lo básico, estoy de acuerdo, pero estar de acuerdo y felicitarse de lo listos y sensatos y cínicos que somos no arregla demasiado: habrá que hablar con esos idiotas porque los acuerdos comunes también les afectan. Qué coño les afectan, ¡les incluyen! No son sujetos pasivos, sino agentes de esas decisiones.

¿Me gusta a mí que lo sean? A veces, no, claro. Si el taxista enloquecido del otro día no fuera tan ciudadano como yo y no tuviera los mismos derechos que yo a la hora de definir los acuerdos sociales y el modelo de convivencia, tengo la presuntuosa sensación de que el mundo iría mejor. El problema es que a ver si al final la democracia liberal vamos a ser mis amigos y yo y la única diferencia con los socialismos de izquierda o de derecha es que nosotros somos más listos. Ahí sí que no, hombre.

Cuando me meto en estas discusiones que a menudo acaban en pelea -cuando entran los idiotas, normalmente, o cuando tú caes en la más absoluta idiotez, esa idiotez que siempre acecha- me acuerdo mucho de Gonzalo Vázquez. De la amabilidad, la paciencia y la sensatez de Gonzalo Vázquez  Ayer estuve hablando con él de muchas cosas, incluido Dino Meneghin. Luego me fui muy contento a explicarle a mi mujer que si Gonzalo Vázquez  me considera su interlocutor -y no, insisto, un idiota- es que algo estaría haciendo bien. Ella me miró con cara de cierta condescendencia y me recordó que eso llevaba mucho tiempo diciéndomelo ella. Luego siguió viendo su capítulo de "Masters of Sex" en el iPad con esa tranquilidad que solo te da el saber que llevas la razón.

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La canción de la mañana ha sido "So young" de Suede. Bueno, antes de "So young" sonaron "Trash", "The beautiful ones" y "Animal Nitrate", pero yo me quedo con "So young" y esa sensación de alegría adolescente. Podría decir que cuando empecé a escucharla compulsivamente, allá por mis dieciséis años, sentía un subidón tremendo y un ataque de autocomplacencia juvenil, pero no era solo eso y esta mañana me he dado cuenta: me sentía seguro. No es fácil de explicar pero la sensación era esa: seguridad, todo va bien. Somos jóvenes y estamos perdidos pero si Brett Anderson lo dice, nada puede irnos mal.

Antes, por la noche, entre despertar y despertar del Niño Bonito, que tiene un concepto del dormir aún algo difuso, soñé con un examen de una asignatura a la que hacía mucho tiempo que no iba. Una asignatura abandonada de una carrera que no era filosofía. No era la primera vez que me pasaba: he soñado con carreras no terminadas, exámenes sorpresa, cambios de planes de estudios que me dejaban sin título... Pensando un poco en ello, quizá sea una expresión de lo mismo: inseguridad, falta de control sobre lo que me está pasando sin una banda sonora que venga a arroparme y me vuelva a dejar dormido.

En una palabra: miedo.

viernes, octubre 10, 2014

Mr. Medicine



El taxista empieza fuerte y nada más darle la dirección me comenta: "Bueno, ¿qué?, al final parece que la chica se va a salvar" y aunque yo respondo con evasivas e incluso mantengo una conversación por teléfono, aquello se convierte en algo parecido a lo de Roberto Benigni en "Noche en la tierra", una deriva de manual que acaba en la apología de España ante todo y la retahila de males de la izquierda. Hasta ahí todo normal, pero hay dos cosas que me inquietan: una, tiene mi edad. Lo dice orgulloso: "Que yo tengo 37 años, ¡eh!", como si tener 37 años fuera un argumento de autoridad. Dos, en un momento dado cita una película o un libro que no corresponde con el resto del estereotipo. La pena es que no recuerdo cuál.

Es una sensación horrible porque el nombre no vuelve, está ahí pero no lo alcanzo: lo que queda es el taxista enloquecido que cita también a los Fragel Rock como ejemplo y repite: "Yo una dictadura no se la deseo a  la gente que quiero" varias veces, como si le gustara tanto la frase que no dejara de repetírsela a cada cliente: una de la tarde en un Madrid lluvioso, calles cortadas por la preparación del desfile militar, atasco que nos acompaña hasta Padre Damián. Es otoño y hay algo triste en la noticia. Algo de "ya no hay vuelta atrás" que choca con lo que siempre ha sido mi idea de octubre: un nuevo comienzo, un nuevo curso, nuevas oportunidades.

A mí me gustaba tanto el otoño que pensé en empezar una novela con su apología, pero luego me di cuenta de que ningún lector de editorial iba a pasar de esa primera página. Al final, escribí cualquier otra cosa. Dio igual, nadie la leyó tampoco.

Esto del ébola me está dejando un poco tocado. Me llega a cabrear tanto como si me obligaran a ver un maratón de ocho horas de "Punto pelota". Quizá se trate de eso, de intentar cabrearte hasta el límite, pero no veo las ventajas más allá de tenerme enganchado a los informes matinales de Ana Rosa Quintana o Susanna Griso, las miserias bien remuneradas de los tertulianos afines y la indignación sin matices de los otros. En medio, algún que otro familiar, algún experto al que le dejan hablar y luego olvidan lo que ha dicho.

Esta noche, mientras el niño decidía que él no iba a dormirse salvo que nos lo curráramos un poco, me puse a pensar en aquello de "el guante le golpeó la cara", lo peligroso que era dar por buena una versión tan incomprobable. Ya lo dije el otro día: el testimonio de una enferma de ébola en estado crítico con ya diez días de fiebre y agotamiento detrás igual no es el más fiable. En cualquier caso, me sorprendió lo alegremente que decimos aquello de "la cara" y todo lo que esa tesis tan generalista conlleva: el simple contacto cutáneo con el virus podría transmitir el virus.

Obviamente, es de imaginar que eso no fue así: que el contacto fue con alguna mucosa, fueran ojos, boca o nariz o que alguna secreción del traje pudo contactar con sudor de la auxiliar, pero, en ese caso, ¿por qué no se especifica? "El guante no rozó sino que tocó una mucosa facial y hubo suficiente exposición como para que pudiera haber contagio". Supongo que porque no se sabe, que es la raíz de todo esto. Se habla sin saber y a partir de ahí es todo una bola de nieve.

Ahora bien, puestos a decir cualquier cosa, que al menos tenga sentido y no sea demasiado alarmante: "Se tocó la cara", repiten, "accidentalmente", matizan, como viniendo a decir que no lo hizo por joder aunque en algunas tertulias parece que lo pongan en duda. Yo no soy un hombre religioso, pero sí quiero pensar que algo de piedad hay en mí. El uso de cadenas que pertenecen a la iglesia católica para atacar salvajemente a alguien que si contrajo el virus probablemente lo hiciera por cambiar el pañal a un sacerdote moribundo me parece repugnante. No ya repugnante para la sociedad, sino para los propios católicos de base.

Ayer hablaba con mi madre sobre la repatriación de los dos enfermos. Ella seguía defendiéndolo. Yo no. Entiendo la defensa por una cuestión de empatía humana y de deseo de ayudar a prójimo. Entiendo la prevención con respecto a la crítica porque ésta ha abusado de la condición religiosa de los enfermos obviando lo principal: esos señores eran médicos y actuaban como tales. Mi crítica nunca irá contra ellos, que para mí son héroes, sino contra los que les trajeron sin saber qué demonios estaban haciendo.

Puede que, como mi madre decía, en medicina no siempre se sepa qué demonios se está haciendo y haya que improvisar a menudo, igual que hemos visto que en política no siempre se sabe qué demonios se está diciendo y hay que soltar la más gorda. Otra cosa es que convenga confundir lo que es con lo que debe ser en un sentido o en otro. Un país del primer mundo debería estar preparado para repatriar a sus moribundos... pero el nuestro no lo estaba. La medicina tiene un importante grado de improvisación pero no debería abusar de él. Yo entiendo que, como Savater el otro día en la librería Lé, la preocupación por lo que "debe ser" ocupe buena parte del discurso racional, pero que eso no nos haga olvidarnos de lo que realmente existe: los políticos torpes, los medios inadecuados y la ciudadanía iracunda. Y entre esos dos mares, navegar, ahí sí, como buenamente podamos.