martes, julio 06, 2010

Abierto hasta el amanecer



A mí me encantaba Tarantino y no tanto Robert Rodríguez. Me encantaba como director, claro, pero también como actor: sus apariciones más o menos fugaces en "Reservoir Dogs" y "Pulp Fiction" prometían grandes cosas. En "Abierto hasta el amanecer" hacía pareja con George Clooney, justo en la primera película que Clooney hizo mínimamente en serio, hasta entonces solo era un guaperas de la tele salido casi de la nada. Los dos estaban soberbios.

Vimos la película a principios de verano de 1996. Sesión de noche. No de madrugada, de noche. Al día siguiente nos íbamos de acampada y yo estaba dispuesto a que mi vida cambiara. Acababa de leer a Carver, en definitiva.

La primera parte era soberbia, aquella historia de dos hermanos delincuentes: el asesino bueno y el asesino malo, la clase de Clooney y la mirada desquiciada de Tarantino. Juliette Lewis encerrada en una caravana con Hervey Keitel haciendo de padre y sorteando controles policiales. La tensión y los diálogos rápidos, directos. Luego la cosa decaía porque "la cosa" pasaba a manos de Robert Rodríguez y se convertía sin más en una película de vampiros.

Algunas cosas sobre Robert Rodríguez: vi "El mariachi" en su momento, 1993 creo, y me dejó completamente frío. Probé de nuevo con "Desperado" y, aun apreciando la fantasía, me pareció una chorrada. De hecho, no me reconcilié con Rodríguez hasta "Planet Terror", más de diez años después. Tuvimos una entrevista en el Hotel Ritz de Madrid: él llevaba un gorro de vaquero, botas con espuela y no paraba de comer patatas fritas con ketchup.

Lo dicho: la parte de Robert Rodríguez se limitaba a Salma Hayek bailando con serpientes y un montón de tiros y chistes fronterizos. Más de lo mismo. Mató a Tarantino al poco de empezar y convirtió aquello en una sangría de serie B. Me imagino lo bien que se lo pasaron haciéndolo. No les culpo. Para la historia ha pasado el baile y la sugerente balada country-chicana que la acompañaba. Ni rastro de Clooney ni de caravanas ni de sonrisas pervertidas. Nada de niñas malas buscando aventuras.

Por las noches veía "Amor a quemarropa" en versión original y me preguntaba por qué, en el fondo, todas las películas de Tarantino tenían un punto tan triste.

domingo, julio 04, 2010

España vence a sus demonios


Seamos sinceros. España no jugaba hoy contra Paraguay. Si hubiera jugado solo ante Paraguay, aunque hayan demostrado ser un muy buen equipo, bien organizado, con una colocación y un despliegue físico admirables y una indudable nobleza en todas las acciones, probablemente el partido hubiera sido más bonito y más fácil. Pero no. España jugaba hoy contra Corea del Sur, Italia y Bélgica. Contra Al Ghandour, Tassotti y Jean-Marie Pfaff. No solo eso: jugaba incluso contra sí misma. Jugaba contra la España de la Eurocopa que sí consiguió pasar esa ronda y ganar el título.

Jugaba contra el fracaso y contra el éxito. Contra los titulares de prensa del día siguiente.

Yo no voy a decir que España jugó un buen partido. Sería mentira. Jugó atenazada, nerviosa, imprecisa, especialmente en la primera parte y hasta el cambio de Torres. Yo sé que Torres es un buen chico, un jugador muy bueno y que ha sido y será clave en muchísimas competiciones internacionales, pero dudo que esté ahora mismo para jugar a este nivel en un Mundial. Si hace unos días, Fernando Llorente revolucionaba el partido como sustituto, en esta ocasión la entrada de Cesc ha hecho que España jugara por fin con once. Y digan lo que digan, con once se juega mejor.

A lo que iba, no fue un buen partido. Lo que he dicho siempre del acierto. Si hay propuesta, pero no hay acierto... mala cosa. Pases cortos fallados, controles defectuosos, tiros que iban a las nubes. Acierto. España seguía teniendo la pelota, seguía apostando por la victoria, sin concesiones, pero no tenía ningún acierto. La gente se cree que uno llega a los cuartos de final de un Mundial y juega como contra el Rácing de Santander, pero lógicamente no es así.

Paraguay ayudó mucho a este desconcierto. Ya sé que los analistas sin matices dirán que a Paraguay hay que ganarle siempre y fácil. Eso es porque no han jugado contra este Paraguay. A este Paraguay no le gana nadie fácil: da siempre la sensación de que juegan con más hombres y solo sus evidentes problemas ofensivos le privaron de dar aún más guerra. El árbitro fue figura clave. No hizo nada por ahuyentar los demonios, antes al contrario. Todas sus decisiones fueron imprevisibles: no pitó faltas clarísimas y pitó otras inexistentes. Señaló un clarísimo (y absurdo) penalti de Piqué pero no ordenó repetir el lanzamiento tras el fallo cuando tres jugadores españoles invadieron claramente el área antes del disparo. En la jugada siguiente, pita un penalti a Villa que a mí me deja dudas. Cierto es que cuando un defensa pierde de esa manera la posición queda a expensas de que el delantero se tire. Pero que el delantero se tiró está más claro que el agua. Penalti y expulsión. Sólo que la cosa se quedó en amarilla, Xabi Alonso marcó... y el árbitro ordenó repetir porque un español había metido ¡un pie! en su carrera por el posible rechace.

Siguiendo la maldición de cuartos, Alonso falló en la repetición y a Cesc le hicieron un penalti escandaloso que se fue al limbo.

No quiero decir que España fuera perjudicada por el árbitro. Al contrario. El gol anulado a Paraguay me deja unas dudas enormes y ya digo que el penalti de Villa también. Lo que digo es que un arbitraje imprevisible no ayuda a un equipo con ansiedad, angustias y una afición detrás movida por el melodrama histórico. Pese a todo, España fue la que propuso y la que mantuvo la posesión. La que combinó y profundizó. La que venció los nervios y se lanzó adelante. ¿Pudo haber perdido en una contra? Desde luego, pero España es un equipo que solo deja al contrario la opción del contraataque y eso para mí es ser valiente y decidido.

¿Qué pasará en la semifinal contra Alemania? Imposible saberlo. Alemania es un equipo que parece vivir por encima de sus posibilidades, como si sus propios jugadores no se creyeran que están jugando tan bien al fútbol. Y es que juegan como los ángeles. El mejor equipo del Mundial con diferencia. Ante Inglaterra y Argentina abusaron del medio campo rival. Ante España no podrán. Ante Inglaterra y Argentina marcaron muy pronto y pudieron salir a la contra. Eso aún no sabemos si pasará pero sí sabemos una cosa: a España, por fin, le vale el 0-0. Puede tocar sin miedo porque España no tiene que ganar ese partido. No es su obligación. No habrá quejas nerviosas conforme pasen los minutos: "Esto tiene mala pinta, ya estamos otra vez igual". No, ante Alemania, no habrá urgencias.

Será un partido para disfrutar. Y un partido para disfrutar lo puede ganar cualquiera.

sábado, julio 03, 2010

La soledad de Messi


Antes de empezar el Mundial, Maradona acallaba las críticas a su selección con un demoledor: "Messi está mejor acompañado este año que yo en 1986". Por supuesto, la frase tenía dos intenciones: una, resaltar el mérito que tuvo lo suyo, faltaba más, y dos, motivar a Messi, decirle: "No nos puedes fallar". Teniendo en cuenta la desconexión evidente de Messi en los partidos de Argentina, comparado con los del Barcelona, decidió que el equipo jugara alrededor suyo dándole la posición de mediapunta centrado, como juega en ocasiones con Guardiola.

Ahí empezó el problema: Messi jugaba de mediapunta, es decir, de enganche, en un equipo que no tocaba la bola. Argentina no toca la bola. Ni lo hizo hoy contra Alemania ni lo hizo contra Nigeria, Corea del Sur o México. Los defensas despejan, Mascherano hace lo que puede y los delanteros -cuatro por partido- en cuanto cogen la bola meten los cuernos y para adelante. Messi mira lo que pasa. Cuando está más fresco, en las primeras partes, baja a recibir a 50-60 metros del área contraria e inicia una jugada. Contra equipos más flojos esas jugadas han acabado en gol. Contra Alemania resultaban intrascendentes: Messi llegaba, se daba la vuelta, buscaba un compañero con un toque y se movía para recibir la vuelta de la pared en velocidad.

Solo que el balón nunca volvía.

Efectivamente, esta Argentina tiene mejores jugadores que la de 1986 y es probable que eso la haya matado. Tévez, Di María, Higuaín, Maxi Rodríguez, Pastore... son excelentes futbolistas. El problema es que los cuatro primeros son idénticos: necesitan recibir e irse en carrera hacia adelante. En arrancada, son imparables, se supone. Cada uno de ellos a lo largo del Mundial y en especial hoy se han creído lo que la prensa decía de ellos y han decidido ser Messi. Todos querían ser el mejor jugador del mundo, algo impensable en el 86 o en el 90.

Messi, entre tanto, solo y deprimido. En el Barcelona ha marcado tantos goles que resulta difícil buscar generalidades, pero digamos que sus puntos fuertes son: 1) recibir en velocidad después de una pared con un compañero, 2) tirar una diagonal al hueco cuando entra desde la banda, 3) recibir cerca del área, recortar y soltar un zurdazo. Nada de eso fue posible ante Alemania porque 1) nadie le tiró una pared, 2) jamás pisó la banda y las diagonales las tiraban -cuando había suerte- Higuaín y Tévez 3) teniendo en cuenta que empieza las jugadas a cincuenta metros del área, cuando realmente consigue que se la pasen cerca de la frontal está asfixiado o con cuatro rivales -y dos compañeros- molestando en medio.

Maradona ganó cuatro partidos intrascendentes y se convirtió en un buen entrenador. Él se lo creyó el primero. Se creó esta moda absurda de "hay que jugar vertical y tener pegada" y se fió del destino. La Copa del Mundo es su habitat natural y siempre habrá un Tévez que la clave en la escuadra. O no. El desprecio de Argentina por el fútbol, por el balón, en este Mundial, ha sido tremendo. Nunca hasta ahora había visto jugar a un equipo con un 4-1-5, solo con Mascherano en medio. Solo hay fútbol cuando Messi baja a organizar y entonces pasa todo lo que se menciona arriba.

Por supuesto, a la hora de defender es lo mismo: equipo roto, Mascherano desquiciado -aunque jugó francamente bien- y todo fiado a unos defensores tirando a regulares. Si Alemania no metió cuatro goles antes fue porque realmente no se creían lo que estaba pasando. Ellos, tan jóvenes, tan de tapado, y ganándole a Maradona y Messi. En cuanto se lo creyeron, cayeron uno tras otro.

Argentina tiene ahora cuatro años para moldear un equipo, un equipo de verdad, alrededor de Messi, que tendrá 26 años en 2014, es decir, los que tenía Maradona en 1986. Está por ver que lo haga. Lo más probable es que se pierda en reproches y críticas y desapegos. "No pudiste hacer lo que Diego", le dirán al traidor. No, no pudo. Ni siquiera se acercó. Ni siquiera le dejaron.

Cómo (intentar) aprobar un examen


Un año en el que has pasado dos  veces por quirófano y has visto a siete especialistas distintos -de la misma especialidad... pero distintos- no es un gran año. Y el problema no son las consultas ni los quirófanos sino las angustias intermedias. A eso añádanle el intento por llevar una vida propia y un trabajo diario, a veces en localidades tan improbables para un malasañero como pueden ser Tres Cantos y Torrejón. Añádanle un corto y una novela y un libro de relatos. Es decir, más angustias.

En esas, se presenta uno a las Oposiciones de su especialidad. No son ninguna tontería, las Oposiciones. Si no sacas buena nota, no trabajas los próximos dos años. Yo sé que está muy bien eso de decir "los funcionarios tienen un trabajo fijo y no les pueden echar y por eso tienen que hacer un sacrificio", pero el caso es que yo no tengo un trabajo fijo porque soy interino y una vez que me cogen no me pueden echar salvo que queme una Escuela Oficial de Idiomas -y dependería de quién estuviera dentro- pero no tienen por qué cogerme. Así que estabilidad laboral, cero.

Unos exámenes importantes, en definitiva, en un momento pésimo, justo dos días después de acabar las últimas revisiones del último examen de Avanzado 2 en mi trabajo. El mes que más he trabajado de toda mi vida.

Les voy a explicar cómo lo he hecho, por si les sirve y con "cómo lo he hecho" no me refiero a esquemas ni a libros ni a mochilas con apuntes en el Cercanías, sino a la liturgia que sigo, año tras año, en todos los exámenes, desde 1995. El día anterior al examen se sale siempre a dar una vuelta. Por la noche, cuando vuelves, coges un esquema y oyes entero el "Surfer Rosa" de los Pixies, la versión editada junto al "Come on Pilgrim". Una vez escuchado, te duermes. Al día siguiente, mientras vas al centro de examen, te pones el "Casa Babylon", de Mano Negra, desde el principio. Desde el "Viva Zapata".

Los exámenes, como decía Luis Aragonés de las finales, no se hacen, se aprueban, así que habrá que ver si estas recetas de instituto y facultad siguen funcionando. En dos semanas, les digo.

jueves, julio 01, 2010

EMF-Unbelievable



A principios de los 90, incluso finales de los 80, empezaron a echar en Telemadrid las listas de éxitos de Gran Bretaña. Telemadrid, como cualquier cadena que empieza, era por entonces un solar pero un solar muy divertido, compuesto casi todo por producciones inglesas: "Sí, señor ministro", "Alló, alló", el grupo ese de enloquecidos que hacían sketches sobre un tal "Cabeza de Canoa". En uno de esos programas vi por primera vez el vídeo de Sinead O´Connor llorando como una magdalena, "I know that living with you baby was sometimes hard, but still I´m willing to give it another try".

Ahí descubrí también a Stone Roses y Happy Mondays. De una manera muy lateral porque, insisto, yo por entonces ni siquiera había entrado en el instituto, estaba en ese año intermedio de Parques de Atracciones y primeras discotecas light de Palma de Mallorca. Algo entre "Ritmo de la noche" y "Xuxuxu-Xaxaxa". Supongo que la cultura del tecno, de lo que nosotros llamábamos tecno y luego algunos llamaron bakalao y que en realidad es algo bastante indefinible, nos resultaba atractiva porque nos hacía sentirnos mayores.

Con 12 años compré mi cinta de "Acid Mix", con los emoticonos de las pastillas en la portada. Dudo que nadie con más de 15 años comprara aquello.

¿Dónde quedaba EMF en todo eso? Hasta donde yo recuerdo, la canción es de 1990 ó 1991 y fue un exitazo. Eso quiere decir que fue "mainstream" y desde luego tenía un punto Happy Mondays, un toque Madchester, pero también la ponían en las discotecas y la bailaban, extáticas, las chicas de la televisión. Bailar EMF como comprar "Lo más disco" o "Zona de baile" o el "Ponte las pilas" era una señal de madurez. Sé que suena irónico, pero lo era.

Piensen que la alternativa era Modestia Aparte. O Rick Astley. Puede que "Unbelievable" fuera la primera canción rencorosa que me gustara de verdad. Una canción de dejar las cosas claras. Yo no sé si después de dejar las cosas claras van a mejor. Diría que no, pero hay que intentarlo. Todos hemos pensado varias veces en decirle a la chica, sin más, "no te lo crees ni tú". Con 13 años y con 33. La rabia es lo único que no cede con la edad.