viernes, julio 16, 2010

El lado oscuro del corazón

"Pero eso sí, y en esto soy irreductible. No les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar, pierden el tiempo conmigo". Oliverio buscaba a la mujer imposible en lupanares y rincones de Montevideo y Buenos Aires. Recitando poemas a los coches atascados mientras los niños vendían kleenex. Iba a las fiestas a mirar a las vacas. Vivía a una distancia estética de todo, incluso de la muerte. A su alrededor, la gente se enamoraba y follaba. Él follaba y pedía imposibles. Todos ponemos listones.

Oliverio recitaba a Benedetti continuamente. "Mi táctica es mirarte, aprender cómo sos, quererte como sos". Qué gran mentira todo eso. ¡Querer a alguien como es, y además un poeta! No, Oliverio no las quería como eran, las quería como él quería que fueran. Por eso se las buscaba putas. Por eso nunca volaban. Hasta que...

Hay en "El lado oscuro del corazón" toda la pedantería que me resultaría insoportable en este momento y sin embargo mi cariño por la película sigue intacto. Darío Grandinetti, sublime, con pelo largo, andando lento y pausado, gabardina y cigarro, arrastrando casi los pies y entrando por vaginas gigantes. Benedetti, el mismo Benedetti al que yo veía comprar papel higiénico y comer tortitas con nata en el VIPS de Clara del Rey, haciendo de veterano marinero alemán, susurrando, nostálgico, "Weil ich dich habe... und nicht habe".

Nos aprendimos todas las poesías de la película y si descubrimos a Don Mario, si en algún momento nos llegamos a coger de la mano en Santander, bajo la lluvia, y recitamos "Táctica y estrategia" o "Corazón coraza". Si alguna vez amé y si algún día después de amar, amé, probablemente fuera por esos versos y esa pose. La pose de perdedor encantador de serpientes. Estética, estética, estética. 1993. Vi la película tres, cuatro veces, no lo recuerdo. Mi línea favorita era "Porque has venido a recoger tu imagen y eres mejor que todas tus imágenes".

Porque eres linda desde el pie hasta el alma, porque eres buena desde el alma a mí.

Weil ich dich habe...


Recitábamos Neruda también, casualidades. Mi visión de la literatura era en dos dimensiones. Un tuerto de la poesía, todo plano, sin matices. Neruda y Benedetti, punto. A la gente que no nos gusta la poesía nos gusta Benedetti y Neruda, igual que a la gente que no le gusta la música clásica les gusta Pachelbel y Albinoni. Esta frase es de mi madre, al menos la mitad, pero es que es muy buena. La Chica Langosta, en aquel banco de Príncipe de Vergara, me miraba a los ojos, como si no pudiera entender nada y se limitaba a decir: "En tu casa, ir al teatro es algo bueno, en la mía es perder el tiempo".

La Chica Langosta no fue mi novia de los 90.

Igual la Chica Langosta volaba, ponerme a pensar en ello ahora mismo me resulta un poco obsceno, la verdad, porque los personajes quedan pero las personas siguen vivas. Volvamos a Oliverio y su programa de máximos. Puede que todos debiéramos tener un programa de máximos. Hace poco escribí: "He conocido a una chica con una vitalidad envidiable. Le perdono cualquier cosa a una chica de 21 años salvo que no tenga una vitalidad envidiable".

Yo no tuve la culpa, la chica apareció literalmente de ninguna parte. Jamás pude imaginar que sabría alemán.

jueves, julio 15, 2010

Para qué sirve una Constitución


Voy a ser un rancio y un inmovilista. Es lo que tiene la edad. Y el miedo, claro. Hay gente Hobbes y hay gente Rousseau, eso está claro, y probablemente yo sea de los primeros. Al grano: cuando era pequeño, la Constitución era lo más grande que había. Enorme. Un avance en todos los sentidos. Una garantía frente a la amenaza militar y golpista. Un acuerdo entre todos para garantizar la convivencia basándose en unos mínimos.

Por supuesto, hubo concesiones. Negociar implica conceder. Los que tenían todo el poder tuvieron que ceder ese poder y compartirlo, los que habían estado en la ilegalidad durante décadas tuvieron que renunciar a cualquier venganza y convivir como si nada. Ninguna de las dos cosas era fácil y sin duda, las dos partes tenían miedo. Pero había que hacerlo y había que hacerlo entre todos.

¿Puede modificarse la Constitución Española? Por supuesto. En cuanto nos pongamos todos de acuerdo otra vez y este matiz no es trivial. Una Constitución sirve esencialmente para evitar los caprichos. Los caprichos de los gobernantes y de los gobernados. Evita que la mayoría se coma a la minoría y hace respetar unos derechos y unas obligaciones.

A algunos les molesta que no recoja el derecho de autodeterminación de sus partes. Esa es otra garantía. La autodeterminación es un proceso en dos direcciones, me explico: puede que Cataluña en un momento dado decida, mediante sus instituciones y con el respaldo de la mayoría de sus ciudadanos -no digo un millón y medio, digo la mayoría- que no quiere ser España y punto. Del mismo modo, el presidente del Gobierno español mirando las cuentas podría decir: "Joder, es que Extremadura nos sale carísima" y decidiera, con el respaldo de su mayoría parlamentaria y un eventual referendum que Extremadura a partir de ahora no era España y que ahí se las tuvieran.

Las Constituciones se pueden modificar pero por supuesto que tienen que durar. Esa chorrada de "La Constitución no puede ser un monolito" no se sostiene. La Constitución es un monolito, o al menos una piedra fundacional. No se entiende de otra manera. ¿Se puede cambiar la Constitución a petición solo de una parte? Imposible. Entonces no estaría constituyendo nada. Exactamente eso es lo que se les exigía a los militares y post-franquistas en 1978: tenéis que respetar a los demás, aunque vosotros penséis exactamente lo contrario de esto, aunque os parezca una salvajada izquierdista.

El hecho de que ahora mismo la asonada militar no sea un riesgo no quita para que el pacto siga siendo el mismo: hay cosas que a mucha gente no le gustan pero que tiene que acatar para poder convivir con el resto. No me parece que esté diciendo ninguna barbaridad. En el fondo, el hecho de que ahora defender la Constitución sea una cuestión de fachas retrógrados y las acusaciones de coacción represiva a la hora de llegar al acuerdo original surjan por todas partes parece implicar una petición a que la otra parte también rompa el acuerdo. Quebrar una Constitución unilateralmente, sin consenso, supone quebrar el acuerdo democrático y de convivencia y es la antesala de una Guerra Civil.

¿Es eso ahora mismo una amenaza en España? No, claro. Pero no le veo el gusto a andar con esos juegos en un país que consiguió sumar tres guerras civiles y cinco golpes de Estado en lo que fue de 1833 a 1936.

Por supuesto, la Constitución es un traje incómodo porque no está hecha a medida. Al jovencito Aznar no le gustaba en absoluto. A mis abuelos, tampoco. Probablemente, los suyos tampoco estaban muy de acuerdo, pregúnteles si puede. Los cambios consensuados me parecerán perfectos. Pero mucho cuidado con los cambios no consensuados, los cambios basados en el "somos el 51% y a partir de ahora se hace lo que yo digo". Una Constitución, un Estado de Derecho, legisla para el 51% y para el 49%. Más que nada porque igual el mes que viene el 51 se convierte en el 49 y viceversa. De lo contrario, al final, unos tendrían que acabar matando a otros y que gane el más fuerte.

Eso me apetece más bien poco. En cualquier caso, si lo desean, en los comentarios pueden empezar a llamarme fascista.

martes, julio 13, 2010

Sombrero y Mississippi, de Ray Loriga

Quiero dejar claro desde el principio que poner mal un libro de Ray Loriga es para mí doloroso. No digo que sea un compromiso ni un mal trago, digo que es doloroso, sin eufemismos. Yo crecí con Loriga y me parece uno de los mejores escritores a los que he leído nunca. Pero me encargaron la reseña de este libro y no me gustó. No ya como crítico sino como lector. Espero que si Ray lee esto alguna vez pueda entender que no a todos nos gusta lo mismo y que mi admiración por él sigue intacta. Disculpen el desahogo pero para mí, como persona, era necesario. Tienen la reseña en formato completo en CulturaMas, su portal amigo.



No me puedo quitar de la cabeza una frase de Ray Loriga a finales de la pasada década y lo peor es que ni siquiera me acuerdo de cómo era literalmente. Venía a decir que llegó un momento en el que cada vez que un nuevo escritor sacaba un libro había un crítico dispuesto a darle un palo a él, aunque ni siquiera pasara por ahí. Creo, sinceramente, que la crítica fue muy injusta con la primera etapa de Loriga y creo también que Loriga se tomó muy en serio todas aquellas comparaciones con Mañas, Lucía Etxebarría y un largo etcétera.

¡Cómo culparle!

Habría que calibrar cuánto daño hizo aquello en el escritor y cuánto en sus lectores, entre los que me hallo. No voy a ser objetivo con Ray a estas alturas y si quieren pueden dejar de leer aquí pero se van a perder un montón de cosas. “Sombrero y Mississippi”, publicado por El Aleph Editores, continúa una marcada senda barroca que se vislumbraba en “Trífero”(2000) y que alcanzó su esplendor en “Sólo habla de amor” (2008) y sobre todo en aquellos prolijos relatos que formaban “Los oficiales y el destino de Cordelia” (2009). Puede que sea un camino correcto pero no se ven señales. Se ve a un hombre caminar entre la niebla y eso tiene un punto valiente, casi estoico, pero a la vez angustioso.

No voy a llevar esta reseña a una apología del minimalismo. Tampoco está claro que lo que hiciera Loriga en sus primeros libros, en aquel “Tokio ya no nos quiere” o el magnífico “El hombre que inventó Manhattan” fuera minimalismo, pero sí daba la sensación de resultar simple y vivo. Había vida por todos lados en la prosa de Loriga. Había ritmo y había sangre. Incluso en las peores páginas de “Héroes” había algún sentimiento que rescatar, algo que habías vivido en algún momento, probablemente en torno a los 18 años.

Yo entiendo que, como Lichis, Loriga acabara “hasta el culo de los Doors, la Velvet y Malasaña” y que, como cantaba Sabina, yo corro aquí el riesgo de convertirme en el crítico que indignado le acusa de jugar demasiado a la ruleta rusa. Sí me extraña cierta necesidad de reivindicación que en este libro se hace demasiado patente. No es un libro sobre literatura, es un libro sobre sus lecturas. Por supuesto, lecturas interesantes y normalmente bien entendidas pero que a menudo provocan digresiones que llevan al solipsismo. Yo sé que Loriga quiere decir algo pero no acabo de entender el qué. No lo explica. No hay ninguna voluntad de explicación en el libro y así ningún ensayo o tratado o crítica tiene posibilidad de avanzar.
En los mejores momentos, cuando Loriga baja a las cosas mismas, “Sombrero y Mississippi” es un libro interesante, que descubre aspectos del oficio de escritor que probablemente solo un escritor con 20 años de carrera ya a sus espaldas pueda ver. En los peores, no es más que una sucesión de nombres propios sin demasiado sentido. 

Solo en las primeras 13 páginas se cita a 21 autores distintos. La cifra en las 25 primeras se acerca a los 50 y en el total del libro debe superar con creces los 100. Insisto: no pretendo criticar la erudición. Suficientes mediocres tenemos en el mundo y eso incluye a la literatura como para pegar otro palo más a los que sí saben algo sobre algo y hablan con conocimiento de causa. Critico la enumeración. El afán por la lista. Todas las cosas que he hecho. Todo lo que he leído. Todo lo que sé.

Sinceramente, abruma.

Es curioso porque Loriga sigue siendo un excelente articulista. Las cosas mismas, de nuevo. La realidad. Es un cirujano maravilloso y un teórico con problemas. No sé en qué momento decidió evitar el entusiasmo o fingir que lo evitaba. Se ha vuelto en un escritor inaccesible y esto no es una crítica, insisto, es la constatación de un lector.

Es muy probable que todos estemos equivocados, y yo el primero. Es muy probable que estos libros, esta etapa, este encontrar de nuevo su voz, su estilo desemboque en algo grandioso. Eso esperamos. De momento miramos el río como los suicidas, desde una distancia infinita.

lunes, julio 12, 2010

El once ideal del Mundial


No voy a ser el tipo más original del mundo, pero sí me servirá para comentar algunas cosas más sobre el Mundial al hilo de cada jugador. Formamos con un 4-4-2 más o menos clásico.

Portero: Iker Casillas (España).- No ha sido un gran Mundial para los porteros, desde luego. Llámenlo Jabulani o como quieran, pero las cantadas han abundado en casi todos los partidos. Con Buffon lesionado, Cech en su casa y Julio César buscando todavía el gol del empate de Holanda, el trono ha quedado libre para Casillas, que ya estuvo inmenso en la Eurocopa y lo volvió a estar en el Mundial. Con 28 años es el jugador que más veces ha vestido la camiseta española, acumula una Eurocopa, un Mundial, cuatro ligas y dos Champions. Algunos dicen que es el mejor jugador español de la historia. No está muy lejos. El mejor portero, seguro. Acostumbrado al milagro diario desde hace una década en el Madrid, aquí ha tenido menos exigencias pero las ha resuelto con el mismo éxito. Suplente: Sketelenburg (Holanda), pese al gol que le cuela Forlán en semifinales.

Laterales: Maicon (Brasil) y Lahm (Alemania).- Uno de los pocos "grandes" que han estado a la altura en el Mundial. Durante cinco partidos, Maicon estuvo sensacional, sólido en defensa y subiendo continuamente al ataque en una exhibición de fuerza y de técnica. Ni siquiera la pronta eliminación de su equipo -cayó en cuartos, tampoco fue tan pronta pero parece que hace un mundo de aquello- hace discutible su puesto como mejor lateral derecho del mundo. Lahm cambió la banda izquierda por la derecha, pero su amplia trayectoria como lateral zurdo le hace un sitio en esta lista. Cumplió como siempre hace con su selección y solo sufrió cuando Del Bosque le colocó detrás a Pedro y le impidió subir alegremente al ataque. Suplentes: Sergio Ramos (España), impresionante en ataque, algo descolocado en defensa y Capdevila (España), nadie ha hablado de él pero no ha cometido ni un solo error en siete partidos, impresionante.

Centrales: Carlos Puyol y Gerard Piqué (España).- Cuando un equipo pasa cuatro rondas consecutivas, incluida una prórroga, sin encajar un gol y concediendo pocas oportunidades es porque sus centrales han estado soberbios. Ambos han sabido anticiparse a las jugadas, tirar el fuera de juego cuando era preciso e imponerse una y otra vez al juego aéreo del rival. Solo pasaron apuros en los contraataques, donde la colocación -ninguno de los dos, pese a las apariencias de Puyol, es demasiado rápido- es más diícil de controlar. Como lunar negro quedará el penalti absurdo de Piqué ante Paraguay, pero lo arregló Casillas. Suplentes: Juan (Brasil) y Metersacker (Alemania).- lo de Juan, durante cuatro partidos, fue un auténtico espectáculo.

Mediocentros organizadores: Xavi (España) y Schweinsteiger (Alemania).- Y mira que lamento no meter a Busquets, pero tampoco conviene abusar. Xavi es tan perfecto que se nos olvida que es perfecto. Además, no sabemos qué pedirle, porque no regatea, no tira, no marca goles... se limita a tocar e irse, conducir a la perfección, buscar siempre el pase imposible... y el posible. Sabe que solo de pases geniales no se vive y genera toda la fluidez de la selección. Probablemente el mejor jugador del Mundial junto a Iniesta. Schweinsteiger dio una demostración de poderío físico y técnico. Siempre ha sido un jugador amenazante por su verticalidad y su disparo, pero este año, junto a Khedira, dominó el centro del campo de su equipo en casi todos los partidos y ante Argentina, en concreto, dio una auténtica exhibición. Suplentes: Busquets (España) y Van Bommel (Holanda). Sí, da hostias como panes, pero sin él no se entiende que Holanda llegara a la final.

Mediocentros ofensivos: Sneijder (Holanda) e Iniesta (España).- Sneijder me gusta por lo que no aparece en los resúmenes y no me vuelve loco lo que sí aparece. Me explico: la gran mayoría de sus goles, como le pasaba a Deco en el Barcelona, son churros. Ahora bien, si consigue que el tiro rebote en tres tíos y acabe dentro es porque siempre está al rechace, siempre sabe colocarse, siempre controla todo el campo. Aparte de sus tres goles y medio (cinco según la FIFA), Sneijder fue clave en otros cuatro goles de Holanda, dando el pase final o iniciando la jugada definitiva, casi siempre a la contra. Probablemente, un jugador infravalorado en el Madrid y ligeramente sobrevalorado en la actualidad. El enfrentamiento directo con Xavi e Iniesta debería dejarle fuera de la lucha por el Balón de Oro.

En cuanto a Iniesta, poco que añadir. Es complicado que a lo largo de una carrera uno pueda ganar el Mundial, la Eurocopa, la Champions, el Mundial de Clubs, la Liga y la Copa. Más aún lo es que todo eso se haga en un lapso de dos años y marcando goles clave. Es esa clase de jugador especial que hace que todos los espectadores se levanten del sillón en cuanto toca el balón porque saben que va a pasar algo. Le falta creerse que puede marcar más goles. En realidad, no se le da tan mal, pero casi nunca lo intenta. Camino de ser el mejor jugador de la historia del fútbol español, recordemos que solo tiene 26 años y recién cumplidos. Suplentes: Müller (Alemania) y Robben (Holanda), la gran sensación del Mundial y un jugador determinante que, si falló en la final, fue porque al menos apareció en la final. Fue de los pocos.

Delanteros: David Villa (España) y Diego Forlán (Uruguay).- Mundial difícil para los porteros... y para los delanteros. No ha habido prácticamente sorpresas: Villa, Forlán y Klose se han encargado de los goles, pero sí que ha habido decepciones enormes como Torres, Van Persie, Rooney, Drogba o incluso Eto´o, a pesar de sus dos goles. No incluyo a Messi porque jugó de medio centro y jugó un Mundial más que digno, sin ningún tipo de apoyo. Villa metió a España en semifinales monopolizando el gol. No sólo eso, jugó muy bien pegado a la banda izquierda. Es el que da el pase a Iniesta para su gol frente a Honduras y supo entenderse a la perfección con sus nuevos compañeros del Barcelona. Forlán fue un ejemplo de constancia y orgullo: después de una agotadora temporada con el Atlético de Madrid, de 60 partidos oficiales, en la que fue decisivo, lleva a una selección casi desconocida a las semfinales del Mundial y además marca en los tres partidos finales: cuartos, semifinales y final de consolación. Impresionante. Probablemente no sea el mejor jugador del mundo y no mereciera el MVP del Mundial, pero también es verdad que poco más se puede hacer. Suplentes: Klose (Alemania) y Asamoah Gyan (Ghana), la experiencia y la juventud.

España, campeona del Mundo


Por un momento, nos volvimos a olvidar de que España era España. De que Iniesta, Xavi, Xabi Alonso, Busquets, incluso Navas, son los jugadores que son y no otros. La pasan, la dominan, la tienen, buscan al mejor compañero, avanzan casi como un equipo de rugby moviendo de banda a banda mientras el rival persigue como puede. Pero no chutan a puerta. Y cuando chutan, lo suelen hacer mal.

Por un momento, renegamos, igual que lo hicieron tantos ante Suiza. Tanto toque para nada. Tanta horizontalidad absurda. Tanta generosidad y tan poca mala leche. Los chicos buenos se acabarían yendo a casa con las manos vacías frente a los chicos malos en cualquier contraataque de Robben.

Pero no. Es probable que España haya jugado el mejor fútbol en décadas y sin embargo sea el campeón que menos goles ha marcado en un Mundial: ocho en siete partidos, y uno de ellos en la prórroga. España no es un equipo goleador pero es el mejor equipo del mundo. Es el equipo que es y no sé por qué nos asustamos a estas alturas. A todos nos gustaría que Ramos metiera los cabezazos solo ante el portero, que Iniesta mirara la portería, que Xavi tuviera llegada desde segunda línea, que Busquets se animara de vez en cuando, que Navas regateara hacia dentro en vez de hacia afuera, etcétera...

Pero gracias a Ramos, a Iniesta, a Xavi, a Busquets, etc. somos campeones del mundo. Campeones del mundo.

La final adquirió tintes trágicos. Honestamente, yo no los esperaba: yo esperaba un 2-0 o un 3-0 cómodo. Esperaba el gol de Pedrito de cada competición, algún balón suelto de Villa e incluso la reivindicación tardía de Torres. No fue posible. Holanda demostró ser un rival agotador y peligroso en todos los sentidos: que el árbitro les permitiera jugar con once hasta el minuto 109 fue un milagro y una vergüenza. Perder una final siempre es lamentable pero perderla así, además. Sin jugar a nada. Dando patadas alevosas y con mala intención. Buscando tan solo un error y el contraataque.

Corrieron mucho, eso sí. Y corrieron con suficiente organización como para no descomponerse nunca. A España, como es habitual, le faltó el primer gol y empezaron los nervios. Robben pudo marcar dos veces, pero jugarte toda una final a la carta Robben es lo que tiene. En España pudo marcar Ramos dos veces, Navas, Villa completamente solo y en el área pequeña, Cesc en un mano a mano con el portero... imposible. Lo impresionante de esta selección es que ha sabido aceptarse como es. Algo que no han hecho muchos de sus aficionados. ¿No tenemos facilidad para el gol? Muy bien, pues entonces esperaremos con la puerta a cero hasta que caiga.

Permítanme que insista en un detalle. Entre las eliminatorias de la Eurocopa 2008 y el Mundial 2010, España ha jugado siete partidos con dos prórrogas. En total, 690 minutos más descuentos. Ha metido solo ocho goles y tres vinieron en un solo partido... pero no le han metido ninguno. A mí me parece espectacular que un equipo volcado al ataque, con la posesión constante del balón, sin ningún miedo, con la convicción de ir a ganar siempre y ser valiente pueda a la vez mantener un registro así. 690 minutos de eliminatorias al más alto nivel sin recibir un gol.

Y me gustaría contar las oportunidades concedidas, prácticamente todas al contraataque.

España es el fútbol total. Es la armonía de la defensa, la creación y el juego ofensivo. Obviamente, le falta la brillantez del gol, pero su superioridad con los demás equipos es tan grande que aun así acaba ganando. 1-0 a Portugal, 1-0 a Paraguay, 1-0 a Alemania, 1-0 a Holanda. ¿Ustedes saben la presión que supone jugar siempre al filo en una competición así? No, ninguno tenemos ni idea. Estrellarse una y otra vez en los postes, los porteros contrarios o los botes raros del balón. Ver que dominas y dominas y no hay manera. Y sin embargo, sigues dominando.

Reconozcamos que la final fue aburrida. Para todo el que no fuera español u holandés tuvo que ser algo parecido a un suplicio. Rugby en estado puro. Reconozcamos, incluso, que el juego español, con su falta del espectáculo del gol corre el riesgo de no calar demasiado hondo. Pero el que sabe de fútbol, el que ve a Iniesta y a Xavi, a Puyol y a Piqué, a Sergio Ramos en su mejor partido y a Busquets y Alonso sabiendo qué hacer en todo momento, lo apreciará. No solo eso sino que se acordará, con los días, de que Torres, Cesc y Silva, llamados a ser tres grandes estrellas de la Premier del año que viene, apenas participaron en el campeonato, aunque el pase de gol de Cesc de hoy hace justicia con un hombre llamado a ser el futuro de la selección.

Y hablando del futuro, tengamos claro que esto no acaba aquí. Yo no digo que vayamos a ganar siempre. Ganar es algo muy azaroso. Robben la ajusta un poco más y en Amsterdam ahora estarían de fiesta. Yo digo que este estilo sigue y que sus jugadores también: Ramos, Iniesta, Cesc, Piqué, Busquets, Navas, Mata, Pedro, Llorente, Silva, Javi Martínez y Albiol no tendrán ni siquiera 30 años en el próximo Mundial de Brasil. Casillas tendrá 33, una edad perfecta para un portero. Villa y Xabi Alonso, con 32 llegarían justos, y obviamente habrá que relevar a Xavi, Puyol, Capdevila y Marchena. Pero aparecerán, seguro. Están apareciendo: los Bojan, Muniaín, Jeffrén, Thiago, Canales, Domínguez...

El anuncio de Nike de la Puerta del Sol, siempre tan exagerado, decía "Es nuestro año, será nuestra era". A veces, pienso que, después de todo, puede que no estén tan desencaminados.