domingo, julio 11, 2010

Los Rodríguez -Disco Pirata

"Mis amigos me dijeron Andrés, no te enamores la primera vez". No entendíamos esa frase. Yo no la entendía y hasta donde recuerdo, Vicente directamente la reformulaba: "Andrés, no te enamores por primera vez". Eso era más fácil porque estábamos en edad de enamorarnos por primera vez todos. Lo de los rollos de una noche con continuidad sufriente nos pillaba un poquito lejos a los 15 años, si hay que ser sinceros.

Todavía lo llevamos mal.

La primera vez que escuché a Los Rodríguez fue en el coche de mi tío Pancho, algún día de mayo. Él tenía una cinta grabada y a su vez me la grabó a mí. Me encantó. ¿Cómo se llamaba aquel disco? ¿"Buena suerte"? Escuchaba "Mi enfermedad" y "Engánchate conmigo" como un loco adolescente. Voy a sacar a pasear mi dolor como un tonto hasta acabar conmigo. Eso y Nirvana, ya ven, una alegría de chico. Era uno de esos grupos que gustaban a todo el mundo: suficientemente comerciales -"Hace calor"-, suficientemente rockeros -"el canal 69"-, suficientemente reivindicativos -"No podemos hacerlo" y suficientemente depresivos para la época que les tocó vivir, es decir, los 90.

Viví el éxito de "Sin documentos" con ese orgullo de los idiotas que dicen "yo ya lo dije antes". Como si hubiera descubierto América. Fue un éxito redondo, de concierto en Las Ventas con Manolo Tena, cuando Manolo Tena era Dios. Aquel loco año de 1993. En aquel concierto conocí en persona a Christina Rosenvinge y Ray Loriga. Obviamente, ellos no se acuerdan; yo, sí. El caso es que viví sus éxitos como algo propio y los incluí en mi cuarteto de grupos favoritos junto a los ya muy mencionados Nirvana, U2 y Radio Futura.

Aún no me había empapado suficientemente de los Pixies y Radiohead llevaban camino de "one-hit wonder".

Para mantener ese encanto secreto, confidente, de descubridores de tesoros, Vicente y yo nos poníamos continuamente el "Disco Pirata". No fue un disco muy popular: caras B y versiones en directo de todos los éxitos, incluyendo el clásico y desgarrador bolero "La copa rota". En la portada había unas mozas muy guapas vestidas de pirata. "Eso sí que son piratas y no lo de Sabina", decía un comentario del anuario de la música que sacaba Los 40 Principales.

Su gira de despedida fue precisamente con Sabina. Les vi un par de veces: en Las Ventas, otra vez, en medio de una marea de gente y en Santander. Lo de Santander fue especial porque todo era más familiar y yo pululaba por el hotel y en una de esas me encontré viendo con Calamaro y Roth la final de los Juegos Olímpicos de 1996. Argentina-Nigeria. El Piojo López y el Burrito Ortega. Ganó Nigeria, por cierto, pero eso no importa. Mi recuerdo de ese concierto es Andrés Calamaro completamente serio y concentrado antes de salir a versionear "Princesa" y haciendo eses en cuanto salió al escenario.

Estética.

Aquello me encantó.

Juré repetirlo algún día. Probablemente lo haga.

sábado, julio 10, 2010

Gainsbourg. La vida de un héroe


Desde luego, Serge Gainsbourg no tenía nada de héroe, salvo la estética. Más que de héroe, uno diría de semi-dios, hijo consentido de algún dios de segunda fila o, como mucho, de héroe muy, muy pícaro, es decir, un Prometeo más que un Heracles. La de Gainsbourg es la vida de un esteta, por completo. Un hombre con talento que vence sus inseguridades a base de tirar hacia adelante sin pararse nunca a pensar por qué. Sin pararse nunca.

El bio-pic de Joann Sfar es formidable. Con un personaje así era difícil hacer una película aburrida, desde luego, y puede que haya quien eche de menos más dramatismo y más introspección. Más sufrimiento. Si Gainsbourg sufría, lo intuimos. Él jamás lo reconocería, así que dejemos que sus biógrafos no desvelen el secreto. Gainsbourg ser limitaba a destruirse y en eso era muy bueno. El rey de la auto-destrucción: tabaco, alcohol, mujeres, barba sin afeitar, muecas al hablar, gestos irónicos de desesperación...

Un seductor, en definitiva.

La película sigue claves francesas, por supuesto. Es inevitable. Eso no le resta interés, todo lo contrario. Supongo que si alguien me contara la vida de alguien conocido acabaría aburriéndome. Lo bueno de la sucesión de composiciones, romances y episodios polémicos de Gainsbourg es que son relativamente desconocidos en España. Aquí, este hombre es el que escribió Je t´aime, moi non plus y se tiraba a Jane Birkin, razón suficiente para odiarle. El caso es que para entonces ese hombre era un compositor multimillonario -Poupée de cire, Comment te dire adieu, Baby pop...-, había vivido un sonoro adulterio con Brigitte Bardot y era un habitual de las pantallas de televisión francesas como hombre ingenioso y extravagante.

Sfar hace mucho hincapié en la fealdad de Gainsbourg. Que un feo tenga éxito es algo desconcertante y mucho más que lo tenga con las mujeres. Más que desconcertante, es una esperanza para todos: si él ha podido... Lo bueno de Gainsbourg es que decidió no ser feo desde que era un niño y eso le ayudó mucho. Si usted tiene complejos y ve esta película con 33 años, bueno, sencillamente le diré que ha llegado tarde pero aun así puede aprender algo.

No presta la misma atención a su decadencia, cuando todo en él -incluyendo orgías en habitaciones universitarias- era de una decadencia abrumante. Si algo se puede reprochar a esta película es que pase por encima de sus últimos años con una velocidad vertiginosa, de manera que uno acabe creyendo que se puede ser Serge Gainsbourg sin acabar como Serge Gainsbourg. Por supuesto, están las peleas, los divorcios, los infartos, el deterioro y la muerte. Hasta ahí podríamos llegar. Pero uno tiene la sensación investigando sobre el personaje de que tenía que ser un auténtico hijo de puta y que por alguna razón, Sfar no nos ha querido mostrar a un auténtico hijo de puta. Sin matices. Y no acabo de entender por qué, el propio Gainsbourg no tuvo nunca ningún problema en mostrarse en público como un borracho imbécil y maleducado sin ningún tipo de empatía. Miren este vídeo con Whitney Houston y piérdanse en la inmensidad del YouTube.

En fin, todo esto son detalles y uno no va al cine a perderse en los detalles. Gainsbourg, con su estética de judío venido a más y a menos, con sus aires de galán orejudo y su voz acazallada, sus trepidantes romances y sus aventuras bohemias, sigue siendo un personaje de referencia en el siglo XX. Algo así como el francés que todo estadounidense querría ser. La película refleja todo eso a la perfección y nos da un montón de información que sería aburridísima de buscar por nuestra cuenta sobre el personaje. Disfrútenla. Es, sin duda, una de las grandes películas del verano.

viernes, julio 09, 2010

¿La generación del Barbú?


Llego a casa y tengo un email de Jeffrey Brown. Jeff es un escritor de comics americano, de Chicago para más señas, que va contando su vida por entregas en distintas novelas gráficas o incluso libros de relatos (gráficos). Un tipo algo maniático, hipocondríaco, obsesivo y con frases del tipo "Empujo a las chicas al matrimonio con otros". En Evanston, Inés me compró "Clumsy" y "Little things", no sabía decidirse. A mí me gustaron -los he leído en tres días- y me decidí a escribirle y desearle una buena vida.

Él me da las gracias y me la desea a mí también.

Mi vida: Santi Balmes en los antiguos cines Luna, ahora reconvertidos en un espacio de Nike para vídeos promocionales y conciertos acústicos. La cola da la vuelta a la calle Desengaño y con la ayuda de Laura consigo entrar por los pelos. Incendios de calor y nieve. La segunda canción es "Domingo astromántico", que sería la canción en español más bonita de la década si no fuera por "Allí donde solíamos gritar". Me cuesta un poco entrar en el concierto porque últimamente me cuesta entrar, así, en general, pero al final logro disfrutarlo y silbar y cantar y cerrar con los demás fans de John Boy, salir con una sonrisa, hablar con Hache sobre distintos cataclismos sentimentales y desembocar en el Búho solo quince minutos después.

Reencuentro con Rafa Pons y no solo con Rafa Pons. La maravillosa sensación de poder cantar a grito pelado "Tú eres malaputa, malaputa, eo" como cuando éramos jóvenes, en aquellos inciertos meses de 2007 y 2008, con Nuria Galimany sentada en la barra y arrogantes pibones adolescentes pidiendo el teléfono de Fito Cabrales. Ahora, la que está sentada en la barra es Rosa y algunos de mis ex compañeros de Solmeliá bailan por la pista y piden canciones. Es curioso todo esto. Rosa, ocho años después. Juan Carlos, ocho años después. Yo, ocho años después, y de nuevo la melancolía.

Rafa está brillante, como siempre. No toca "Rafita Perestroika" y aún no sé por qué porque sigue siendo un pedazo de canción. No tanto como "Nieve en la ventana" pero un pedazo de canción.

Me despido de Andre y Antonio y me voy para el Barbú, andando, así que llego tarde no, tardísimo, y Ceci me mira con cara de "has sido un niño malo" y yo ni siquiera tengo tiempo para explicarle. En el Barbú todo el mundo es guapo y amable. Es el sitio donde uno querría morir un jueves por la noche: Ceci, Karola, Tere, Azucena, Manuela, Rut, Aitana, Terri... Sometimes there's so much beauty in the world I feel like I can't take it, like my heart's going to cave in.

Hay una generación ahí por descifrar y no sé si soy el más indicado. Belleza, sí, pero también mucho valor y talento. Las chicas y los chicos: Alejandro, Kiko, Javier, Ángel, Carlos... Yo aquí doy nombres pero tampoco sé si son todos los nombres. Sinceramente, no sé quiénes son. Ellos tampoco saben quién soy  yo y eso es divertido. Hay algo de baile de máscaras en el Barbú y me parece bonito. Por lo menos hay algo y lo hacen ellos y yo me considero un agradecido invitado.

El clásico invitado que llega tarde y se va pronto.

Es decir, un maleducado.

jueves, julio 08, 2010

España, finalista del Mundial


No hubo nada de épico. Ese punto rutinario de las victorias aplastantes, como la de hace dos años. Balón, organización, profundidad, bandas, remate... todo. España jugó hoy contra Alemania el mejor partido de su Historia, mucho mejor que el de la final de la Eurocopa y aun así dio la sensación de estar guardándose algo, probablemente goles.

El partido tuvo muy poca historia. Como en un Barcelona-Valladolid, la duda era cuándo caería el primero. Solo eso. No hay palabras suficientes para definir lo que está haciendo esta generación de jugadores, sencillamente, no las hay. Es muy difícil encontrar a un equipo en la historia reciente que domine los partidos de esta manera y que además consiga ganarlos casi todos. Pensar que eso se consigue solo con talento es mucho pensar. Es una mezcla de talento, de valor y de orden.

Talento: para empezar el de Xavi e Iniesta. Habría que volver a ver el partido entero y darse cuenta de los pases a un toque de Xavi. Es un espectáculo. El único hombre capaz de hacer un regate sin siquiera tocar el balón. Una jugada en la segunda parte resumió el talento español: Pedro tira, para Neuer, el propio Pedro coge el rechace, la pasa atrás a Xavi, que amaga con irse a un lado, se va al otro, pega un taconazo a Iniesta que entra en velocidad, llega a la línea de fondo y centra hacia atrás, donde hasta tres jugadores españoles se tiran sin tocar el balón. Todo esto ¡en el área alemán! Con 0-0. En unas semifinales de un Mundial.

Valor: lo pedimos antes de debutar y lo agradecimos después del varapalo con Suiza. Esta selección siempre es valiente. Eso no quiere decir que vaya a ganar. Quiere decir que casi siempre va a merecerlo. Sale a unas semifinales -y saldrá en la final- como el que sale contra un Segunda B: mandando, atacando, arriesgando. El balón es mío y ya veré lo que hago. A veces, no queda más remedio, tendré que dar toques insustanciales porque el contrario también juega y presiona. De repente, picadura hacia delante y oportunidad de gol. No ha habido en todo el Mundial, ni siquiera en las peores rachas de acierto, la menor duda acerca del modelo y sus posibilidades. Había que tocar el balón y jugarlo. En algunos partidos se hizo muy mal, en otros, muy bien. Pero se hizo siempre. Y mientras Italia, Francia, Inglaterra, Brasil y compañía se iban yendo a casa, España pasaba rondas y mejoraba el juego.

Orden: España ha recibido dos goles en seis partidos. En los tres partidos de eliminatorias, aún no le han marcado un gol. Si juntamos estos tres partidos a los tres que nos dieron la Eurocopa, son seis partidos (uno con prórroga, ante Italia) sin recibir un gol. 570 minutos más los correspondientes descuentos. Redondeen en 600. Eso no se consigue sin orden y sin sistema. A Del Bosque se le ha dado sin piedad, olvidándose de hasta qué punto fue relevante en el Real Madrid. La Champions de 2000 la ganó casi él solo. Supo gestionar lo ingestionable y conseguir que el equipo jugara a un nivel que no se ha vuelto a ver desde 2003.

En la selección no ha innovado mucho. Se limitó a mantener los pasillos de seguridad que creó Luis Aragonés, pero mejorando los jugadores. Quitó a Senna y le dio toda la responsabilidad a Busquets, pese a las críticas del primer partido. Quitó a Marchena y dio paso a la exuberancia de Piqué. Lo impresionante de España, como sucede con el Barcelona, no es la cantidad de veces que llega al área o la cantidad de pases que puede llegar a dar con sentido, sino su facilidad para recuperar constantemente el balón, ahogar en la presión, tapar todos los huecos.

"Pero nos hacen oportunidades", dirán algunos. Sí, claro. Unas dos por partido. Esto es un Mundial, señores. No solo quieren ganar el Mundial con la portería a cero sino que ni siquiera quieren que le chuten a su portero.

En definitiva, España ha conseguido pasar a la Historia. Durante años, la gente hablará de estos locos bajitos que ganaron la Eurocopa y llegaron a la final del Mundial: Villa, Torres, Iniesta, Xavi, Ramos, Casillas, Puyol, Piqué, Cesc, el infalible Capdevila... La gente hablará de este equipo y lo recordará como recordamos a la Holanda del 74, al Brasil del 70, a la Hungría del 54. Lo que no puedo asegurarles es que vayamos a ganar el Mundial. Eso no se lo puede asegurar nadie y si alguien lo hace, desconfíen. Es un embustero. No voy a decir que me dé igual porque sería una mentira como un piano. Solo puedo decir que estoy tranquilo. En la final no habrá miedos ni angustias ni esperas: pitará el árbitro, cogeremos el balón y Holanda tendrá que fiarlo todo a nuestros errores.

Si es que hay errores.

miércoles, julio 07, 2010

Fuera de Contexto (II)

Segundo Fuera de Contexto en el Costello. Una mala planificación. Algo dejado. Prueba de sonido a las seis y media y charla opositora hasta las nueve. Una Coca-Cola de más. Pequeña taquicardia. Ensayos, cero. En el Costello la encargada nos dice que tenemos hasta las once, como mucho hasta las once y cuarto. Es un pequeño desastre porque el otro día empezamos a las diez y media y estuvimos más de una hora y cuarto. El nuevo horario -que no es nuevo, es lo habitual, lo que debería haber sido desde el principio- nos obliga a empezar a las diez y no sé quién va a estar a las diez.

Ni siquiera yo contaba con estar a las diez.

Además, hay fútbol.

Me da un ataque de ansiedad. Horroroso. Cuando recito y cuando no recito. Nadie se da cuenta. No entiendo por qué pero nadie se da cuenta. Sonrío, soy encantador, recito, bebo agua, me sujeto al micrófono para no caerme, y hago como que es un recurso de orador. La gente aplaude, yo ingiero ansiolíticos. Le toca el turno a Emite Poqito, que está soberbia, luego a Laura, que ha tenido que reducir la cantidad de poemas por las prisas. Luego, Alfon, elegante y sobrio. Estoy contento de que estén ahí y tengo la sensación de que me han salvado. De que han salvado el espectáculo, pero sobre todo a mí, que estoy superado.

Sólo que ahora me toca volver a leer y no hago más que sudar por la nuca. Empapado, me siento en el taburete, frente a los focos, sin poder distinguir caras y recito poesías. Tres. Cuatro poesías. Pienso en el desmayo como opción pero llego a la quinta y acabo. Una chica me escribe "se te vio suelto, tranquilo y socarrón". So fucking charming. Ese es el que yo parezco y este es el que yo soy. "Hasta yo sé que no soy yo", dice mi última poesía, y aquí el ejemplo. El que soy yo se mete en el camerino a echarse agua. Agua sobre agua. La gente aplaude a Alfon de nuevo, aplaude a Laura, que está magnífica y se queda de piedra cuando Emite Poqito acaba con "No me quiero enamorar del mal" y "El día llegó".

Para entonces, el ataque de ansiedad ha pasado. Todo el mundo está contento. Arriba y abajo. Nosotros y ellos. Yo, en mis múltiples versiones. Sonrisas y alegrías. Y sólo puedo darles las gracias, a los de arriba por estar ahí conmigo y ayudarme, aunque no supieran nada. A los de abajo, por estar, casi 40 personas en un martes de julio, una locura, y por tener tanta confianza en mí que ni siquiera contemplan la posibilidad de que en vez de jodidamente encantador sea jodidamente frágil. Sure we all make mistakes, but people see me so large they think I´m immune to pain.

Lo dicho, gracias y de corazón. Del que lo parece y del que lo es. A Alfon, a Laura, a Julia, a Andre, a Alma, a la otra Laura, a Vega, a Álida, a Fer, a Gloria, a Gure, a Simón, a Clara, a Dani, a Irene, a Nieve, a Aída, a Tere, a Guille, a Jorge, a José Manuel, a Ceci, a todos los que ahora no recuerdo o no conozco y a todos los que sé que hubieran venido si hubieran podido.

El 7 de septiembre es nuestro aniversario. Y estaremos ahí arriba de nuevo, pase lo que pase. Porque merece la pena.

Pronto, fotos y vídeos, cortesía de Andrea Aller, esa delicia de muchacha gallega.