viernes, junio 04, 2010

Patricio B. "Me gustas"


Yo ya escribí en su momento sobre Patricio Barandiaran y su "Me gustas", pero alguien quitó el vídeo de YouTube en el que tocaba con Vega, así que aquella entrada se quedó en muy poco. Pues bien, "Me gustas" será el primer single ya anunciado de Patricio en su segundo disco, "El beso", con una importante discográfica detrás, un videoclip que supongo se estrenará en breve y una promoción que esperemos sea la adecuada.

Sé que mucha gente no soporta a Patricio y él lo sabe también. Vivimos con ello. Mucha gente no me soporta a mí y también lo sé. Para el resto, quede este enlace a su MySpace, donde está la canción ya tal y como aparecerá en el disco.

Veruca Salt


A mí me recordaban a los Pixies porque no había escuchado a las Amps. A la Chica Langosta le recordaban a las Amps y a los dos nos recordaban un poco a las Breeders: es decir, un bajo potente y canciones facilonas pop con algún solo de guitarra herencia del post-punk. Hacer de Kim Deal pero sin Kim Deal. El nombre era impronunciable, sacado de "Charlie y la fábrica de chocolate": Veruca Salt. Cuando le preguntabas a alguien si conocía a Veruca Salt, siempre entendía Luz Casal. Cómo culparles.

Estuvimos en un concierto en Aqualung. 1995, supongo, como casi todo en nuestras vidas. La cantante se tiró desde el escenario e hizo el clásico dejarse llevar a lo Michael Stipe en "Drive", mirando al techo, pasando de mano en mano hasta acabar volviendo allí arriba. Sinceramente, más de uno se puso las botas. Menuda era la cantante de Veruca Salt.

Su primer disco se llamaba "American thighs" y era impresionante. Sigue siendo impresionante. Lo tenía en una cinta, grabado. No recuerdo la cara B, es raro. Por ejemplo, recuerdo perfectamente que el "Suede" de Suede y el "Foo Fighters" de Foo Fighters estaban en una misma cassette, pero con Veruca Salt me pierdo. Puede que, precisamente, la otra cara fuera el "Automatic for the people". Tendría sentido.

A lo que íbamos, a mí al principio la que me gustaba se llamaba "25" y eso que por aquella época los 25 me resultaban lejanísimos, casi imposibles y sentía mucho más afinidad por los "21" de los Cranberries. La letra decía "You can bend me, shape me anyway you want to" o al menos eso entendía yo. La chica langosta entendía "You can´t bend me, shape me anyway you want to". En mi canción, la cantante se abandonaba. En su canción, la cantante se resistía. No creo en las casualidades.

Eso fue al principio, en cualquier caso. Luego "Wolf", "Seether" y sobre todo "Get it back", con su aire misterioso y una canción sobre persianas -"be my blind, be it all the time"-. Por mi cumpleaños, ya en 1996, los chicos me regalaron un EP con cuatro canciones, incluyendo "Shimmer like a girl", que, por supuesto, es una canción rencorosa e incluso violenta y desgarrada porque parecerse a los Pixies también implica eso.

Por entonces, yo estaba intentando seducir a una chica en pleno ataque de melancolía. Le escribía la letra de "Twinstar": "Breathing, when all I wanna do is drown, you keep on breathing, and I keep on sinking down". En la metáfora, la que se hundía era ella y el que se empeñaba en no ver lo que pasaba y seguir respirando como si nada era yo. You want to lift me up but you don´t know and you don´t see I´m stuck in my ways.

Seduje a la chica, aunque quede mal decirlo. A mí me suena mal. Lo contrario, decir "no conseguí seducir a la chica" me suena bien. Estéticamente, digo. Pero uno no puede perder siempre, eso lo saben hasta en Montecarlo. Seduje a la chica y Veruca Salt sacó un segundo disco llamado "Eight arms to hold you" que era el título que los Beatles le iban a dar a uno de sus discos y no recuerdo cuál. El disco tenía dos canciones impresionantes: "Volcano girls" y la citada "Shimmer like a girl". Un incio rockero y batallador. Chicks on speed. El resto defraudaba mucho, demasiado.

Supongo que sacaron más discos pero yo no me enteré. Igual, algún día, las invitan al Primavera Sound para tocar con Pavement.

jueves, junio 03, 2010

Primer Fuera de Contexto


Lo importante era demostrar que éramos capaces de hacer algo bueno y que le gustara a la gente y nos hiciera sentir cómodos. Piensen que el ciclo "Fuera de contexto" lo hemos sacado un poco de la nada, quiero decir, obviamente la mezcla de música y literatura ya estaba en las presentaciones de mis dos libros. Yo leía y Dani Flaco o Pancho Varona o Pablo Ager o Emite Poqito cantaban sus canciones. Me parecía una cosa que, como espectador, me podría atraer. Luego, sin duda, vino el festival Acróbatas y me ratificó en la idea.

Lo nuestro es mucho menos que Acróbatas, que es un proyecto enorme y precioso. Somos dos chicos llamando a amigos, intentando ensayar un ratillo dos días antes de la función, sujetando todos los platos con palillos chinos y organizando de mes en mes entre exámenes propios y ajenos e historias varias. Se corría el riesgo del fracaso, claro, y con "fracaso" no me refiero a "ha venido poca gente". No, me refiero a "esto es un coñazo", "no hay coordinación", "me aburro" o la posibilidad siempre presente de que me diera un ataque de pánico en pleno recital, hiperventilara y me desmayara en medio del escenario del Costello.

Una muerte como otra cualquiera.

El caso es que funcionó. Con unas 30 personas en el público, que a mí ya me parece mucho para un martes caluroso de junio, y sobre todo con muy buen rollo dentro del escenario entre nosotros, una indudable calidad en textos y canciones y el entusiasmo de los que vinieron a vernos. Eso invita a pensar que sí, que esto tiene su sitio en la noche madrileña y que irá asentándose, porque la idea es buena y nosotros sabemos llevarla a cabo. Podemos llevarla a cabo. Yes we can!

Leer poesía se me hizo rarísimo. Nunca he leído poesía en público. Ni en privado. Escribo de vez en cuando, pongo cosas en mi página web pero no se me ha ocurrido nunca recitárselas a mi novia, no sé cómo decirles. Me entienden, ¿no? No soy esa clase de chico y tampoco creo que pase nada. La parte de prosa actuada, mejor. Ya saben que yo soy un actor frustrado. Y un cantante frustrado. Así que actué y luego, muy brevemente, canté, y eso me dio a su vez un par de ideas muy buenas para eventos futuros...

Recuerden, si se lo perdieron, el 6 de julio repetimos. Misma hora, mismo sitio. No serán las mismas canciones ni los mismos textos. Ni siquiera nosotros, los de entonces, seremos los mismos.

Mamut

Reseña publicada en Notodo.com sobre la nueva película de Lukas Moodysson con un inconmensurable Gael García Bernal. Me encanta el adjetivo "inconmensurable", especialmente cuando no tiene sentido utilizarlo como es el caso, Gael García Bernal es perfectamente mesurable: es uno. Mi otro adjetivo favorito es "inmarsecible". En cuanto lo leo, paso la hoja. En fin, a lo que íbamos...



Cuando empiezas a ver Mamut piensas que es una película sobre niños. Niños filipinos que tienen lejos a su madre, cuidando de otros niños en Nueva York para conseguirles un mejor futuro. Esos mismos niños de Nueva York casi abandonados por sus padres, envueltos en jornadas laborales eternas. Niños de Tailandia que se venden al mejor postor y que hurgan entre la basura, roban bicicletas y tienen a su vez más niños, bebés que, por supuesto, tienen también lejos a... No hay mucho margen para la alegría en Mamut, desde luego. Juega con momentos de humor, con una fotografía descomunal y con cierta ironía nórdica, pero no da tregua. Todo lo que rodea a los protagonistas es desolador y cruel, aunque la mayoría de las veces ellos ni se dan cuenta.

Lo que pasa es que cuando sigues viendo la película, te das cuenta de que el tema no son los niños sino los juguetes. Juguetes de niño rico: Gael García Bernal, una especie de Peter Pan multimillonario gracias a Internet y los videojuegos, con su doble moral y su incapacidad para entender el mundo. Michelle Williams, con su idea de una niñera de quita y pon, según sus caprichos y los de su hija. Ahora te necesito, ahora no te necesito. El tedio del primer mundo reflejado en las plazas superpobladas y los vertederos del sudeste asiático. Tedio de niños ricos y aburridos. El otro lado de Lost in Translation. Sin duda, Mamut es una película incómoda porque lanza la tópica pregunta de "¿en qué nos estamos convirtiendo?" y el nos señala a Occidente, sea eso lo que sea. Es una pregunta tan tópica que hay que formularla y contestarla con cuidado. Un paso más allá y entramos en el cliché. Moodysson se apoya en unos excelentes actores -lo de García Bernal empieza a ser muy, muy serio- para añadir sutileza. Ahí de verdad que nadie parece darse cuenta de lo que está haciendo, hasta qué punto cada uno necesita a los demás y a su vez los utiliza. El egoísmo infantil llevado al límite.

El uso de la música en cada momento también es muy importante. Hay algo de estética de video-clip en la película que evita cualquier moralina barata. Desde luego, en Mamut hay un trasfondo moral y no te lo vamos a negar, pero no hay rastro de moralinas y eso se agradece mucho. En los títulos de crédito aparece la soberbia Destroy Everything You Touch, de Ladytron, y solo en esa canción ya están la película y la reseña.

miércoles, junio 02, 2010

El sexto Tour de Induráin



La portada del Marca decía "Abrígate, que hace frío" y ponía una foto de Induráin sujetando un maillot amarillo justo antes de la primera etapa de montaña del Tour de 1996. Efectivamente, hacía frío. En Francia. En Pamplona hacía un calor horroroso y los toros pisaban las cabezas de los corredores. Viajamos en un autobús de madrugada, canción va y canción viene, minis de calimocho y cerveza. Llegamos a las 6 aproximadamente y nos pusimos en la Plaza del Castillo, como si nada, sentados frente a unos cafés. A las 12 estábamos llenos de harina, huevo, sidra y no podíamos respirar.

El chupinazo.

Nos fuimos a lavar a las duchas de una piscina municipal. La ropa estaba perdida, pero bueno, aquello era San Fermín así que tampoco pedian etiqueta precisamente. En la hierba pusimos una radio y escuchábamos a José María García retransmitir la etapa. Llegaban a Les Arcs y a cinco kilómetros de meta, Induráin estaba en el grupo con los favoritos: Rominger, Olano, Riis, Ulrich, Leblanc, Berzin... El coche de Banesto le ofreció algo de comida pero él la rechazó. García, en uno de sus ataques de soberbia irónica, empezó con "este tío no necesita comer, es de otro planeta, que no le vengan con historias". Y todo el coro "jajaja, jijiji".

Cinco minutos después, Induráin se quedaba y se quedaba, desnutrido y congelado, arrastrándose en los últimos tres kilómetros de una ascensión inexistente hasta entonces, dejándose tres-cuatro minutos y medio Tour de Francia. Pamplona era de todo menos una fiesta. Caras largas.

Al día siguiente volvimos a Madrid. Había una cronoescalada e Induráin lo hizo moderadamente bien. No ganó, perdió algo de tiempo con Berzin y Riis, pero al menos no acusó el desfallecimiento. Era el más grande de las últimas dos décadas: no solo contaban los cinco Tours y los dos Giros y el record de la hora sino la exhibición del verano anterior en el Mundial de Colombia. Para mí ese fue el mejor momento de Induráin, cuando, escapado junto Gianetti, Olano y Pantani, y aun sabiendo que era el mejor de largo, dejó que su compatriota se escapara y se quedó ahí detrás, de pie, mirando a Pantani y a Gianetti con cara de "y vosotros dos, quietos, que si no voy yo y va a ser peor". Olano ganó el oro e Induráin se llevó la plata al sprint. Un año después, en los Juegos Olímpicos de Atlanta, se invirtió el orden: Induráin ganó el oro contrarreloj y Olano quedó segundo.



Pero eso fue en agosto. En julio, Induráin se quedaba en cada ascensión y los comentaristas de Eurosport se lamentaban. Stephen Roche estaba emocionado. El gran campeón se retorcía en la bici a golpe de riñón y sus rivales, todos sus rivales, cuando pasaban a su lado, le daban una palmadita y le ofrecían la rueda para subir juntos. El hundimiento. Yo, por entonces, andaba en Londres, en el Hotel Orchard, uno de los cientos de bed and breakfasts de Sussex Gardens, con una recepcionista griega y camareras rusas. No quedaban habitaciones así que me quedé con el ático y paseaba con la Chica Langosta por los alrededores de Hyde Park como dos Martínez Sorias en la gran ciudad.

Dio mucho de sí el verano de 1996, si se piensa. Hoteles en Barajas y vuelos suicidas con Aerolíneas Argentinas.

En fin, lo dicho: Induráin acabó décimo ese Tour, creo. El famoso sexto Tour consecutivo. Eran los tiempos anteriores a Nadal, Alonso, Contador, Gasol, Xavi... y nunca habíamos visto algo parecido. Ganó los Juegos Olímpicos y corrió la Vuelta a España de septiembre obligado. Tan obligado que a media ronda cogió la bici y se bajó y para que nadie le dijera nada anunció su retirada. Tonterías, las justas. Yo, reivindicativo también, decidí cumplir 19 años.

P.D. Recuerdo que todas estas entradas las podéis encontrar recopiladas en un solo blog: Aquellos Maravillosos 90