domingo, febrero 07, 2010

Entrevista a We Are Standard


Por un momento, pensé que la crisis había arramplado también con la revista "Freek!". Hubiera sido un absoluto desastre. Puestos a trabajar gratis, mejor trabajar donde uno se sabe querido. Todo se ha limitado a un descanso navideño y ya están dando guerra otra vez. Cuelgo aquí la entrevista que hice al grupo vasco We Are Standard. Mañana, colgaré la de Emite Poqito. Mientras no tenga ideas propias es la mejor manera de ir pasando los días.

WE ARE STANDARD > SE ACABARON LAS CHORRADAS Fecha: 4 de Febrero de 2010 / Autor: Guillermo Ortiz

Tras consagrarse internacionalmente con su segundo disco, grabado en Londres y publicado por Mushroom Pillow, y pasarse el verano de festivales, los chicos de Getxo hacen resumen de su trayectoria mientras preparan su mini-gira invernal.

En la Wikipedia, biblia de todo entrevistador moderno, se os define como "grupo de punk-funk/dance-rock", ¿se puede ser todo eso a la vez?

¿Por qué no? Nos gusta todo lo fino, de todas las épocas y todos los estilos. No estamos cerrados a nada realmente, sólo buscamos el buen rollo.
¿Qué importancia tiene el FIB Heineken en vuestra carrera?

Pues la verdad es que ha sido importante por varios motivos. Primero veíamos a nuestros grupos favoritos tocar, luego ganamos el concurso del Proyecto Demo y tocamos allí nuestro 5º concierto, lo cual ya nos dio bastante prensa y algunos fans... Y por último, hemos tocado este verano en el escenario grande a las 2:30 A.M. con todo el mundo patas arriba. Este último bolo nos ha dado muy buenas críticas de prensa y de público. Nos ha ayudado a seguir creciendo.

"Somos We Are Standard y se acabaron las chorradas", ¿siempre os presentáis así o sólo cuando tocáis después de Oasis?

Sólo después de Oasis y grupos coñazo del estilo.

Un amigo mío dice que vais de sobrados, yo digo que es que sois muy buenos, ¿vosotros qué decís?

Que a tu amigo le falta un poco de humor... Todas esas coñas y provocaciones son para meter a la gente en el concierto, no nos gusta dejar a la gente indiferente. No podemos gustar a todos, así que mejor despejar esas dudas desde el principio.

¿Cuánto hay de The Happy Mondays y otros grupos británicos de los 80 en vuestra música?

Hay mucho de los Mondays, pero también de The Clash, Primal Scream o Joy Division. Hay muchos grupos y como te he dicho, nos gusta todo lo fino. La comparación que más gracia nos hizo fue una chica que decía que éramos los Clash pijos... Mola. (Risas).

Si la música no sirve para bailar, ¿para qué sirve?

Para todo lo demás. Para vivir.

Contadnos algo de la escena dance del País Vasco, para los que no sepan que hay algo más que Fito Cabrales y Álex Ubago.

No creemos que exista una escena dance. Están Delorean que lo hacen de puta madre y son buenos amigos, pero además de eso y Olimpic, poco más hay. No tenemos mucho contacto con otros grupos de por aquí, somos un poco autistas, no necesitamos de una escena.

¿Cuál es el concierto más impresionante que habéis dado?

Hay muchos, pero el último que hemos hecho en el FIB Heineken fue mundial. Había como 30.000 personas y bailaron y botaron desde el primer acorde hasta el último. Ha sido un concierto muy importante para el grupo.

¿Qué opináis de otros fenómenos que salen de pequeñas compañías como Vetusta Morla, Lori Meyers o las omnipresentes chicas folk?

Que están muy bien. Todo lo que sea presentar una propuesta y defenderla dignamente nos parece perfecto. Y lo de Vetusta, pues lo que te da es confianza para seguir sabiendo que se puede hacer, que puedes llegar hasta lo más alto saliendo de un sello pequeño haciendo las cosas bien.
Típica pregunta para acabar cualquier cuestionario: ¿Londres o Getxo?

¡Getxo! Londres está muy bien para muchas cosas, pero es una ciudad dura y cara. Está bien para pasar una temporada, pero en Getxo y Bilbao vivimos como Dios.

viernes, febrero 05, 2010

De amor y política

Hache dijo algo parecido a "cuando uno pierde la militancia política, pierde su capacidad de enamorarse" y yo desde entonces no he dejado de darle vueltas a la frase, aun habiendo constatado mi incapacidad de enamorarme tanto antes como después de la pérdida de militancia perdida o, aún peor, dejando de lado el hecho de que mi concepto adolescente del amor estaba vinculado sin más al idealismo y al sufrimiento. A no conseguir nunca lo que buscaba. A no mirar, por si acaso. A vivir en un mundo maravilloso y fantástico que dolía cada vez que se chocaba con la realidad.

Sí, quizás eso tenga algo de militancia política. La capacidad de comprometerse con una idea irreal y luchar contra todas las injusticias es la condición de posibilidad de comprometerte con alguien irreal y luchar contra la tremenda injusticia de que esa persona no te quiera o simplemente no sea como nosotros nos hemos empeñado en que sea. Matilde Urbach.

Uno tiene la esperanza de que con los años la cosa cambie y, efectivamente, deje de enamorarse de manera agónica, es decir, concebida como una forma de hacer daño gratuito a un montón de gente y especialmente a uno mismo, y pase a querer, que sin duda es otra cosa pero no tiene por qué ser peor, porque, de entrada, para querer a alguien hay que mirar y ver a ese alguien, oírle y escucharle, y aceptar la gravedad con todo su peso. Hay gente que a eso le llama conformarse y prefieren gritar que otro amor es posible, pero sin duda hay en eso un prurito pancartero y estético, es decir, político.

De repente, uno pasa de preguntarse si realmente estaba enamorado de sus parejas a preocuparse de si ellas se sentían queridas. Una especie de giro copernicano. Nos hacemos mayores y conservadores pero eso no tiene por qué ser malo, insisto. Supongo que tarde o temprano se pasará esa necesidad de marcar la vida de alguien, de que te recuerde como su gran amor perdido, de que no te olvide nunca, de que cuente su pasado empezando por ti. De que sufra por ti, en una palabra.

Supongo que a partir de la pérdida de compromiso político o aquello que tendemos a llamar madurez, el sufrimiento empieza a ser una responsabilidad demasiado grande y simplemente tendemos a prescindir de él.

Desde luego no a glorificarlo.

Lo supongo, es decir, en realidad no tengo ni puta idea.

jueves, febrero 04, 2010

Aquellos maravillosos 90: Smells like teen spirit



Se subía a la cabeza, como la cerveza de Palito Ortega. Era inevitable. No sólo la tristeza sino la ironía. Es muy fácil quedarse con los posters de Kurt Cobain y con su cara de ángel derrotado y su innegable tendencia al victimismo, pero había algo irónico y juguetón en las chicas moviendo sus pompones en aquel gimnasio de instituto de Aberdeen, Seattle, Washington. Las reinas de la promoción. Todo adolescente en cualquier país quiere ser el rey o la reina de su promoción. Incluso Carrie, ¿por qué no yo?

Yo canturreaba “Here we are now, entertain us” en el patio mientras todos los pijos madrileños sacábamos nuestras camisas de leñador canadiense, rasgábamos los vaqueros y nos dejábamos barba -¡barba!- de tres días. “Aquí estamos”, les decía. “Aquí estamos”. De repente, el adolescente se da cuenta de que el mundo le pertenece, sin límites, sin matices. Noches de borrachera y llanto. De gloria y rabia.

El chico no llama. La chica se ha ido con el malote del barrio.

La adolescencia es un eterno “nosotros” frente a “ellos” y ese “nosotros” podía ser cualquier cosa. A mí me gustaría haber compartido toda esa mística de rabia e inconformismo y “oh, dios mío, no hay empatía, lo mejor que puedo hacer es buscar una buena escopeta”. A mí me hubiera encantado, en serio, me hubiera sentido completo y comprometido, pero sencillamente no fue posible. Mis sufrimientos eran sufrimientos de la calle Serrano. Mi adolescencia era la de un chico triste que gritaba entre pinos “My girl, my girl, don´t lie to me”. En mi vida no había coches pero sobraban chicas.

Y en medio de todo eso, Nirvana. O Soundgarden. O Sonic Youth. Nosotros, en definitiva. Todo el mundo sabe que en la vida, durante muchos años, uno no elige sino que le eligen. Lo sabe desde el primer día que baja al parque y dos capitanes deciden los equipos y le dejan para el final. A mí me hubiera gustado ser un perdedor social y revolucionario, pero solo pude ser un perdedor estético. La peor clase de perdedor.

“Smells like teen spirit” era nuestro himno porque no entendíamos nada pero ese tipo de la mirada desencajada se parecía a nosotros. Ese tipo se reía de las animadoras pero quería animadoras, podíamos verlo en su sonrisa. Ese tipo era una excusa perfecta para perderse en algo parecido a una marea. Para pertenecer. Aquí estamos, entretenednos. A mí, en la adolescencia, todo el mundo me dejó bien claro que el mundo estaba podrido y que no quedaban esperanzas. Desde Ray Loriga hasta Thom Yorke. ¡A ver si es que Kurt Cobain va a tener la culpa de todo, ahora!
A mí lo del “mundo podrido” me daba igual, podía soportar el olor. Lo de las esperanzas sí que me fastidió bastante. A nuestra generación se nos puede exigir muchas cosas, pero ser feliz no es una de ellas.

Encima ser feliz, sólo faltaría eso. Haberlo dicho antes.

miércoles, febrero 03, 2010

Nostalgia de Factual



Yo era crítico con Factual. Tengo una exagerada tendencia a la crítica en general y al proyecto de Arcadi Espada le exigía la perfección absoluta. Si titulaban "Al menos veinte ayuntamientos del PSOE apoyarán el referéndum sobre la independencia de Cataluña" yo me revolvía contra el titular y ese "al menos" que me recordaba a "Todo a cien y más". Imprecisión. Las imprecisiones de Factual fueron muchas, en el fondo y en la forma. De entrada, a mí no me ha pagado nadie todavía. Muchas veces, mi nombre o mi columna salían mal editadas o no salían directamente.

Pero ahora que no está Factual, vaya si lo echo de menos. Algunos periódicos digitales son como las lavadoras o las uretras, que no los aprecias de verdad hasta que te fallan. Factual era un proyecto precioso, de una calidad impresionante: sus blogs casi disparatados, su línea editorial esquizofrénica, su regusto en las formas, su capacidad para hablar de resfriados, villancicos y tabletas de Apple como si nada. El cuidado en cada una de las palabras. La simple imagen en la pantalla del ordenador dejando claro que eso era algo distinto.

Puede que en Factual no estuviéramos los mejores periodistas del mundo, pero lo intentábamos. El intento por superarse en cada crónica, aunque fuera la previsión del tiempo, era enternecedora. Nos obligaban a ser los mejores. Sin más indicaciones, es cierto, pero la exigencia estaba ahí. No nos obligaban a mentir ni a manipular ni a tener visitas ni a resultar graciosos ni a generar polémicas. Factual obviaba su contexto digital y pedía excelencia.

¿Qué queda de eso? Un periódico más. Sin ninguna pinta de que vaya a ir a ningún lado bueno. Un periódico que empieza por el "yo". Es curioso, porque Arcadi nunca utilizó la frase "mi periódico" para hablar de su periódico, un periódico marcadamente de autor, pero al nuevo director la frase no se le cae de la boca. Quizás el nuevo director haga un excelente trabajo, de momento ni siquiera se ha presentado a sus lectores.

Si es que quedan lectores.

Solo les ha devuelto el dinero. Como si todo se pudiera medir de esa manera: moviendo el dinero de un lado a otro.

No, señores; no era esto, no era esto.

De parranda en Haiti


Definitivamente, hemos visto demasiadas películas de Vietnam. Nos gustan los francotiradores torturados por su pasado. La tragedia en su esplendor. Napalm y sudor frío por las noches y gritos de terror en una apacible urbanización de Kansas.

Nuestro desprecio por la tragedia real es insultante. Nuestro desprecio por la realidad, en general, no deja de preocuparme.

Vivimos demasiado bien.

Hace poco aparecieron en Facebook varias fotos como la que pueden ver arriba: son médicos cooperantes que están destinados en Haiti y que se están tomando una copa. Falta contexto, claro, y para eso tenemos los periódicos y la mala conciencia: "Ellos de parranda mientras los demás se mueren". No, claro, de parranda solo podemos estar usted y yo aquí en Madrid cuando no estamos zapeando entre bebé en ruinas y anciana mutilada, pero ellos no. Ellos tienen que ir a Haiti, salvar cientos de vida, ver el desastre, sentirlo, ser conscientes de su propia impotencia, convivir con el dolor y por las noches, dormir y no roncar.

¡No se van de copas, los muy frescos! Si supiéramos algo de tragedias de verdad, intuiríamos en qué situaciones una copa está más justificada que nunca, hasta el punto de que sin esa copa, sin esa relajación, sin ese atisbo de la comodidad perdida en sacrificio de los otros, la única solución sería subirse al monte con un cinturón de balas sobre el hombro y amenazar a esos malditos charlies.

Y fuera de la prensa, los gobiernos investigan.

Gobiernos y prensa, digo, como si fueran cosas distintas.