martes, diciembre 08, 2009

Almería en Corto IV. Una segunda posguerra




Me hace gracia cuando la gente me presenta a Carlota Coronado y Giovanni Maccelli. Carlota, Giovanni y yo nos levantábamos a las 7,30 en una casa del Barrio Antiguo de San Sebastián, allá por 2003, justo cuando nuestros compañeros de piso se acostaban, y cogíamos un autobús que rodeaba la ciudad y nos dejaba en el Kursaal para nuestro pase de prensa de las 9.

Éramos insultantemente jóvenes. Meses después pasé una semana con la hermana de Carlota, Penélope, en una pensión de Valladolid. Fue una semana larguísima por mil razones y ninguna tuvo que ver con la pobre Penélope, que pasó del entusiasmo de saberse acompañada en la Seminci al conformismo de darse cuenta de que un compañero melancólico es cualquier cosa menos un compañero.

Me hacen gracia las presentaciones y por supuesto me llenan de orgullo. Me llena de orgullo que la gente vea su corto y aplauda igual que me llena de orgullo que a Manuel Burque lo reconozcan por la calle, por ese prurito estúpido de "yo le conocí antes" que me da cuando la gente a la que admiro acaba triunfando. Y para mí, que 300 personas abarroten un teatro en Almería y se rían con cada chiste de tu corto es un triunfo, sin duda.

Manuel Burque, su talento extraordinario y esa simpatía brutal, entrañable. Para los que dicen que en este blog solo se habla de mujeres...

En fin, segundo pase de cortos nacionales en el Teatro Cervantes y, como quedó dicho, lleno hasta la bandera, hasta el "No hay localidades". Una sesión excelente, he de decir. Irregular, claro, pero con un nivel altísimo. Sonia y yo sonreíamos satisfechos: la gente reía, la gente aplaudió, la gente salió a la calle con una sonrisa en la boca. Yo, que soy un hombre de debilidades, me inclino por "La segunda posguerra", supongo que no solo porque es el corto que me gustaría hacer sino el que me veo capaz de hacer algún día: humor cáustico, fluidez en el diálogo, gran dirección de actores, simplicidad máxima...

Almería, este segundo año, y contra todo pronóstico, ha sido una bendición: una manera de sentirse en casa un tanto absurda. Una ciudad en la que te tomas cafés con Kika y su madre, te tomas tapas con amigas de la post-adolescencia y sientes que conoces a todo el mundo y todo el mundo te conoce a ti. Como si todo esto hubiera merecido la pena, y si quieren saber qué quiero decir con "todo esto" empiecen a leer desde marzo de 2006.

Esta mañana, apoyado en mi poyete de la playa de Almería hablé con Pedro, mi compañero de dirección en "Do not disturb". Dice que el montaje está acabado, que solo falta etalonar y hacer la mezcla de sonido. Tengan en cuenta que yo soy un cortometrajista con boina, un cortometrajista que no sabe si el verbo correcto es "etalonar" o "talonar" y que en cualquier caso no tiene ni puta idea de en qué consiste eso, aparte de conseguir que todo se vea más bonito.

Fantaseo con que el año que viene esté aquí como director invitado y presente mi propio corto. Sería bonito. No necesario. El año que viene estaré aquí como cualquier cosa, no soy un hombre que necesite cargos para labrarse un Puente de la Constitución.

Un día la vida me cruzó con Óscar de Julián y el tiempo ha demostrado que aquél fue un gran día.

lunes, diciembre 07, 2009

Almería en Corto III. Playa y paella


Perdido en el mundo de los tópicos, observo un aire de familia entre Almería y Benicassim. Que nadie se escandalice. Es el punto de vista de un paleto al que el olor a mar, el viento en la cara y esas entrañables terracitas de primer piso con su tumbona y su pelota de fútbol de plástico le recuerdan a una misma cosa: al Mediterráneo, sin matices.

El Mediterráneo delante de mí, un Mediterráneo desbordante como es el de Almería. Aquí el mar no está lejos, no, el mar está siempre acechante y es inmenso, no tiene límite y, como en las películas, el sol se extiende desde el horizonte manchando el azul de amarillo y uno entiende en ese momento lo de "disfrutar del aquí y ahora". Claro, es muy sencillo, así cualquiera. Aquí: sentado entre la playa y el paseo, la espalda apoyada en una especie de columna, el Marca entre mis manos, las piernas estiradas. Ahora: mañana de día semifestivo, recién desayunado pero ya hambriento, momentos antes de una paella con vistas, niños y perros que saltan y juegan.

Me pregunto, casi con miedo, si la gente de aquí se habrá acostumbrado a todo esto, si este es su "aquí y ahora" que les oprime y les impide relajarse y ellos soñarían con sortear borrachos y orina de camino a la calle Churruca.

Paseo lento y sin música, compra en "Zebras", la tienda del marido de Lola Parra. Por cierto, Lola Parra sale hoy en casi todos los periódicos locales por su video-exposición y Lola Parra es un encanto con mayúsculas: un Encanto. Vuelta a los chiringuitos y parada para la paella y la tapita de patatas a lo pobre. Igual que hace un año, pero algo más de frío. Será el viento. Creo que la otra vez incluso me atreví con la intemperie, ahora me cubro dentro de una especie de invernadero de plástico.

Vuelta al hotel. Vuelta parsimoniosa porque hoy es todo lento. Manuel Burque -algún día ustedes se maravillarán de haber oído hablar de Manuel Burque aquí, cuando no era "nadie"- delante del ordenador en uno de nuestros múltiples encuentros del día. De las primeras cuatro horas del día. A las 18,30 echan los mejores cortos de la Seminci, pero igual a mí me pilla durmiendo, no prometo nada. A las 21,00 sesión nacional de vídeo. Nuestra sesión.

Almería en Corto II. Torreluz y alrededores


Yo no vi esto el año pasado. O si lo vi, no lo recuerdo. No vi colas que dieran vueltas a esquinas ni el teatro abarrotado durante tres sesiones distintas: vídeos nacionales a las 5, cortos ingleses a las 7, certamen internacional a las 9. No vi reacciones tan elegantes como aplaudir fervientemente un corto que nadie ha entendido porque está en inglés y no hay subtítulos, de manera que sí, uno puede más o menos saber que el corazón, los sentimientos y el amor están relacionados, pero para eso tampoco hacía falta gastarse un euro y meterse en una sala.

Pero no, la gente aplaude igual y Óscar pide perdón y no sé si el director de "Tu(a)mor" lo acepta o no, pero se lleva otro aplauso y la promesa de que le echarán el corto, ya bien arreglado, otro día.

Una putada, desde luego.

Por lo demás, mi vida aquí es una vida de hotel y alrededores. Óscar lo llama agenda apretada, yo lo llamo "comer, dormir y ver cine" y suena menos alarmista. Creo que hoy he sonreído menos o no con tanta regularidad. Al final todo será un problema de consistencia más que de número.

Somos pocos y nos conocemos todos. Desayuno con los chicos del subtitulado, como con el director de DocumentaMadrid, veo la primera sesión con Sonia Sola, compañera de fatigas selectoras, y a la salida hablo con Manuel Burque, Giovanni Maccelli, Carlota Coronado y los chicos de "Telemarketing Nation". Tomo una cerveza con Óscar y Mariela -ellos toman una cerveza, yo tomo agua- y de vez en cuando robo Kit-Kats del minibar.

Organizamos reuniones secretas en los bares. Reuniones escalonadas, típicas de estos eventos donde todo el mundo se encuentra en el mismo sitio. Reuniones de no-vips. Me encantan los no-vips, eso ya lo saben. Entre vips me siento muy extraño, como si fueran ellos los que esperaran algo de mí y no al revés. En la Bodeguilla, sin embargo, con Lola Parra y el resto de sospechosos habituales, uno expone sus proyectos con la misma inocencia que todos los demás y suenan mejor cuando ellos los oyen.

Si lo pienso, soy un tipo extraño: acabo de atacar la inocencia en un artículo que saldrá publicado mañana y ahora me encuentro defendiéndola. Si no lo pienso -si no me pienso- no soy nada, y si me piensa José María Albert de Paco soy mucho mejor de lo que nunca he soñado.

Dejémosle el trabajo a él, entonces. Buenos días.

domingo, diciembre 06, 2009

Almería en Corto I. Messi y El Clavo


Uno no va a festivales para encontrarse a gente pero inevitablemente lo hace. De hecho, uno va a festivales para ver cortos y partidos de fútbol y para navegar por Internet con su portátil. Es decir, uno va a otra ciudad para poder sentir que sigue en la suya pero cambiando el decorado. Por ejemplo, acaba la sesión de cortos internacionales y me meto en un partido a ver al Barcelona arrollar al Deportivo y me quedo con esa sensación absurda e intransmitible a no-futboleros de haber visto algo parecido a una obra de arte. Algo que no volveremos a ver en años.

Pero ese es otro tema. Como el que un tipo en crisis lleve ya 9 goles en 12 partidos de liga.

Nuestro tema es Almería en Corto en su segunda jornada. Avión de sobremesa -observen lo improbable de la comida del aeropuerto: aros de cebolla con baguette de chorizo y dónut- y encuentro con la Chica Diplomática, rumbo al Cabo de Gata. ¡Ah, si yo hubiera sido otro hombre también habría estado en el Cabo de Gata! But then again...

Yo estoy en el coche de la organización rumbo al hotel, peleándome con la visera -o cómo se llame- de mi lado del parabrisas y recogiendo acreditaciones y cheques comida. ¿Saben qué me he propuesto para estos cuatro días? Ser el tipo más sonriente de Almería. Pase lo que pase. Sonrío a Miriam, sonrío a Antonio, sonrío a Elena. Sonrío a Óscar de Julián cuando nos cruzamos en el ascensor del Torreluz y me promete que mañana me reservará una horita para tomar una caña.

Sonrío a Natalia Mateo y a Marta Aledo. La gratificante sensación de que la gente conozca tu nombre, como en Cheers. Incluso la gente que va a recoger premios por su trayectoria y por su futuro y que se emociona cuando pronuncia determinados nombres con toda la lógica del mundo. Sonrío cuando me cuelo en el palco de la organización sin ningún derecho y sonrío con los cortometrajes.

Primero, con "Carisma", de David Planell, pese a los problemas objetivos de sonido y el problema subjetivo que supone ver este corto después de haber visto "Banal", del mismo director. Luego, ya en sección oficial, sonrío con "Horn dog", de Bill Plympton, una pieza de animación divertida. Sin alardes, pero divertida. A mí no me gusta la animación, pero si dura cuatro minutos y hay perros follando puedo vivir con ello.

Después, dos conocidos: "Flat love", de Andrés Sanz, un prodigio de fotografía y realización y post-producción. Un recreo narrativo y experimental. Algo distinto. Como cuarto plato, "La rubia de Pinos Puente", que vuelve a ser desternillante y que se lleva una ovación cerrada que dura casi un minuto. Por último -al menos para mí- Óscar presenta "El clavo", una inquietante comedia absurda islandesa de humor macabro y contundencia a veces excesiva.

Perturbadora.

Cuando la gente salga del teatro hablará de ello: de la de Pinos Puente -aquí, en el sur, este nombre hace especial gracia- y la del clavo. Lo dirán así, "la del clavo". Cuando la gente salga del teatro lo hará contenta, eso seguro. Como todos los años, o casi. Y yo sonreiría -les sonreiría como sonrío a la camarera del bar donde he huído a ver la citada segunda parte del Deportivo-Barcelona, sin poder creer lo que veo- pero me es imposible estar en dos sitios a la vez, así que salen y se quedan sin mi sonrisa y yo, en vez de seguir encontrándome gente, me vengo aquí y les cuento esta historia de un día largo pero tremendamente agradable.

Un día mediterráneo y soleado, claro que sí. Un día peor que mañana, primera sesión del Certamen Nacional de Vídeo, la selección que hicimos entre Sonia, Lola y yo. No es que nos juguemos nada, pero estaría bien que la gente aplaudiera.

Otro motivo para la sonrisa.

viernes, diciembre 04, 2009

El manifiesto desastre: blogueros contra la ministra


Fotografía de la reunión colgada por Jesús Encinar, su autor, en Flickr

De todos es sabido que cuando un español se asoma a la palabra "manifiesto" empieza a sublimar: por fin puede dar un aire revolucionario a sus caprichos. El último gran manifiesto se supone que nos representa: es el de los "blogueros" contra la ley de acción contra la piratería que presentará el Ministerio de Cultura en las Cortes. Viendo el nombre de algunos de los abajofirmantes, el entusiasmo está asegurado. Y el disparate, probablemente. Analicemos:

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet , los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que…

Primero, la ley no "afecta" a los derechos citados sino que los regula y de alguna manera los establece. Un derecho se legisla y se reconoce, no parte del capricho y de la nada. Por supuesto ese reconocimiento es fruto del consenso pero colocar el carro antes que los caballos tiene estas cosas: partimos del todo y luego ya negociamos.

Por otro lado, la soberbia inaceptable del artículo "los". Claro, no valía con "algunos" o con "varios" y nadie iba a atreverse con la estadística y escribir "la mayoría". No, claro. Si lo que yo hago de por sí es un derecho es normal que entienda que ese derecho lo defiende todo el mundo, sin excepción. Y el que no, que se vaya del pueblo.

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

Un despropósito para empezar, un clásico de churras y merinas: es como decir que el derecho de propiedad no puede estar por encima al derecho universal de libertad y por lo tanto nadie debería ir a la cárcel por robar algo. Los derechos de autor son derechos de propiedad sobre creaciones que se convierten en productos y se compran, se venden o se intercambian. La vulneración de esos derechos no puede pasarse por alto legislativamente.

Por supuesto que la presunción de inocencia es un derecho fundamental del ciudadano, pero aquí pedimos todo: pedimos que alguien pueda bajarse algo de Internet, sacar un provecho económico con ello -vía pago directo o publicidad en su página- y además nadie pueda investigar quién es y mucho menos castigarle. El único punto a discutir aquí sería si ese castigo lo tiene que imponer un juez o no, pero ese es el final del camino, no el principio.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

Entiendo por esto que cuando se cierra una página de pornografía infantil o preparación al terrorismo, por ejemplo, se están suspendiendo los derechos fundamentales del usuario que ya no puede acceder a esa página. La enfermiza confusión de voluntades con derechos. Que yo quiera hacer algo, incluso que tenga medios para hacerlo, no quiere decir que eso sea un derecho reconocido por el Estado. Pero sí, debería decidirlo un juez. Apoyándose en una ley. Por ejemplo, esta, o la que decidan.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

Hombre, hombre... Apelar a motivos empresariales ya es la pera. Los mismos que quieren desmantelar la malvada "industria de la cultura" y desposeer a autores, discográficas, editoriales, etc. de lo que ellos han creado resulta que lo hacen para dárselo a los pobres. El manifiesto de Robin Hood. Efectivamente, Bill Gates está temblando y el número de empresas que se dejarán de crear por evitar que la gente se baje música gratuitamente de Internet es incalculable.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

La nueva legislación no impide que los nuevos creadores pongan sus contenidos gratis en Internet. Sólo impide que lo pongan otros cuando esos creadores no quieren ponerlos. Yo, por ejemplo, los pongo, gratis además, pero porque yo lo decido. Y no, no me siento amenazado.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

Gracias por el detalle condescendiente de las primeras dos líneas, aunque obsérvese que los autores tienen ese derecho a elegir modelo de negocio salvo que elijan el vigente, porque ese no les gusta. Es decir, tienes derecho, vale, pero a hacer lo que yo quiero. Eso lo dice todo sobre el concepto de "derecho" en este manifiesto.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

Brindis al sol. El gusto estético de crear de las cenizas. Yo optaría por organizar un poco el derrumbamiento. El saqueo sin más no me parece alternativa. Ni moderna ni eficaz ni creíble ni asequible.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

De acuerdo, y sin manifiestos, entonces.

Lo de "imposibilitar que el saber humano siga siendo libre" es precioso. Sobre todo el verbo "siga". Un manifiesto que pretende acabar con toda una industria porque está obsoleta, no sirve para nada y solo interfiere en los derechos fundamentales pero que reconoce que ese mismo sistema ha ido posibilitando que el saber se difunda, es decir, y en terminología de manifiesto, "se libere".

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

¡Exigimos! Faltaría más. Empezamos por el todo y luego ya pedimos, quedó dicho. Empezamos por que nuestras decisiones son derechos y acabamos por que la neutralidad consista en aceptar solamente nuestro punto de vista. Es más, exigimos que así sea. Exigimos la neutralidad, es brutal. ¡Y por ley!

Que no haya presiones, dice el manifiesto. ¡El manifiesto!

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

Primera noticia: hasta ahora no ha habido ninguna propuesta. De hecho, aquí tampoco la hay. Hay intenciones, como "devolver a la sociedad el conocimiento". No, disculpe, Escolar, el conocimiento no pertenece a la sociedad, nadie se lo ha quitado. Con conocimiento, usted quiere decir "creación" y con "sociedad" no sé qué quiere decir, pero en ningún caso se puede decir que las creaciones pertenecen a ninguna sociedad. Es más, casi siempre se hacen frente a la sociedad y luego ésta las acepta o no. Es el riesgo de los autores y de las entidades que gestionan sus derechos. Así ha sido siempre, por otro lado, no veo el escándalo.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este punto es muy de Zapatero. A ver, no, en democracia las leyes las fija el poder legislativo, que efectivamente es elegido y controlado por distintas instituciones cuya legitimidad parte de la sociedad civil. Pero eso no quiere decir que cada ley y modificación se someta a la consulta de las partes implicadas. Por ejemplo, cuando se legisla sobre evasión de fondos no se consulta a Madoff si le viene bien o mal esa ley o si tiene algo que aportar al debate.

Más bien sería al contrario, si ya hay una legislación que defiende esos derechos y alguien quiere cambiarlos, tendrá que consultar con la parte afectada por la pérdida de derechos. Aquí se da por hecha una situación previa que no existe: la cultura es del pueblo y para el pueblo, el autor es una emanación del pueblo. Cuando crea, ese autor tiene que devolverlo todo al pueblo. A ser posible a 10MB/s.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

No, no es de todos, y desde luego tampoco es de ninguno. Es de determinada gente con nombres y apellidos y unas responsabilidades. No vale tirar la piedra y esconder la mano. Hablar en nombre de los demás y no ser capaz ni de reconocer que se habla en el propio. En cualquier caso, es bueno que se matice al final, porque al principio estaba claro: este era el manifiesto de LOS blogueros.

Bueno, pues de este bloguero no.

Este bloguero se baja música pero no lo considera un derecho, discrepa de algunas leyes pero no pide que le consulten por todas y desde luego no exige que la resolución del debate sea a su favor. Este bloguero distingue entre decisiones, posibilidades y derechos. Este bloguero acepta que las cosas pueden hacerse mejor, pero que es estadísticamente imposible que la culpa la tengan los mismos. Y este bloguero percibe un afán de notoriedad por parte de alguna gente realmente escandaloso.