domingo, abril 19, 2009
Un buen hombre + Ramírez + La melancolía de los domingos
Los domingos en los festivales. Tengo por norma no irme nunca un domingo de un festival. Afortunadamente, puedo permitírmelo. Los domingos son de la gente de la ciudad o el pueblo. Es su misa y su aperitivo y llenan las terrazas y los niños están con la pelotita mientras los acreditados tomamos café. Hemos dejado de ser la gran atracción y en parte nos hemos convertido en algo así como los visitantes molestos.
Por un día, al menos. Y exceptuando a Hugo Silva, por supuesto.
Málaga ha vuelto a la cordura: llovió por la noche pero ya hace sol y calor. Es lo que se espera de ella. Los turistas desayunan en las terrazas -zumo de naranja natural al módico precio de 4 euros- y yo voy al AC Málaga Palacio a entrevistar a David Planell. El hombre está fatigado. Se le nota. No lo dice pero se le nota. Han sido tres días contestando las mismas preguntas y ya me parece increíble que sea capaz de mantener el interés en las respuestas, hacer como si hubiera abierto una nueva vía con una de mis afirmaciones.
Estadísticamente, es improbable.
Tenemos prisa, además. Después de mí, vienen otros. Televisión. Estamos en lo alto del hotel. Planta 15. Terraza. De un lado se ve todo el mar delante de nosotros, puerto y barcos incluidos. Como estar en el Urgull pero pagando. Del otro se ve la catedral, las terrazas, las callejuelas tan andaluzas. El caos de herencia musulmana. Le digo a Cecilia: "He descubierto mi vocación: quiero ser millonario" y me voy. Me despido de Natalia Mateo, deseando irse ya de vuelta a casa, y llego tarde al pase de "Un buen hombre", pero aun así me dejan entrar, porque aquí puedes entrar incluso media hora tarde y si la gente tiene que fastidiarse, que se fastidie. Ea.
La película tiene uno de los mejores trailers que he visto. El trailer está por encima de la propia película, de hecho, que va un poco de más a menos, partiendo de una idea muy buena y prolongándola de manera algo innecesaria. Un hombre modelo: religioso, jurista, pedagogo, felizmente casado, reconocido... es testigo involuntario de un crimen atroz cometido por su mejor amigo, a su vez profesor universitario, catedrático y apoyo indispensable para su propio acceso a la Cátedra. Si han vivido de cerca un departamento de Universidad sabrán de lo que les hablo.
Por supuesto, el hombre se plantea qué es. ¿Es realmente el cristiano devoto y amante de la ley que cree que era o es un hombre movido por pasiones indefinidas, sea amistad o ambición, hasta el punto de encubrir un crimen? Como ustedes son listos y saben que en el primer caso no habría más película, pues habrán supuesto que la solución correcta es la segunda. Las actuaciones de Tristán Ulloa y Emilio Gutiérrez Caba, lo mejor del film.
Por la tarde, pasaron "Ramírez", una película que es muy probable que ustedes no vean jamás porque es la típica mini-producción que no encuentra distribuidora. Es una pena, porque la película resulta interesante. No sólo por el tema: un chico atractivo, millonario de cuna, metido en drogas por puro capricho, elegante, amable, sonriente... que resulta ser un asesino en serie despiadado, con el morbo añadido de fotografiar a todas sus víctimas. Un guión algo escabroso, pero muy bien narrado. Con pocos recursos, pero bien empleados.
Y, por encima de todo, Cristian Magaloni, un chico llamado a ser una estrella: comedido cuando es necesario, agresivo si hace falta. Distante y pasional. Una especie de Brendemühl pasado por Patrick Bateman. Soberbio. Ya se acordarán de mí cuando recoja su primer Goya.
La Vergüenza y Teaserland
Estamos en lo de siempre. Yo sé que aquí hay otro festival: el de Antonio Banderas y el Duque y Hugo Silva y las chicas enloquecidas con la cara pintada y las grandes fiestas en sitios VIP y una lista de invitados que ya la quisiera San Sebastián para sí.
Yo lo sé. Pero si quisiera eso, me bastaría con ir más al Costello o al Larios Café, supongo.
Así que me dedico al Festival de verdad, al de Cine. A las siete y media pase de "Fuera de carta", peli que me perdí en su momento y que me alegro de haber recuperado, porque es una comedia amable, con gracia de verdad, no demasiado tosca, con un toque incluso de humor francés y en la que Javier Cámara está sensacional, Lola Dueñas sale guapísima y Fernando Tejero hace de Fernando Tejero.
Segunda parte del Barça y a ver "La Vergüenza", con las lógicas expectativas: ayer pasé la noche con todo su equipo.
Yo lo dije antes, lo avisé: pienso ser sincero. Se lo prometí a Cecilia, de Avalon, así que me lo puedo permitir. "La Vergüenza" es de momento y con diferencia lo mejor que he visto a concurso. Es una película muy del estilo David Planell, un estilo televisivo: diálogos rápidos y divertidos, gran dirección de actores -magnífico Alberto San Juan, más que notables Natalia Mateo y Marta Aledo, el niño algo insoportable- y un interés quizás excesivo en las subtramas, que a veces se hacen un poco largas.
Es una peli con fallos, pero que acierta en su simpleza: una pareja no puede controlar a su hijo inmigrante acogido y piensa seriamente en hablar con el servicio social para renunciar a dicha acogida. En el camino, descubren que el problema no es sólo que ellos no puedan con el niño sino que no pueden con el niño porque hay demasiadas cuestiones de pareja que no han solucionado y que tienen ahí colgando. Una reflexión sobre la vergüenza ante lo que hacemos, la vergüenza de reconocer que estamos perdidos y la vergüenza para pedir ayuda.
Quizás un poco insistente el mensaje, pero sin llegar a los extremos de "Bullying" -por cierto, acertadamente, la Organización ha organizado otro pase de prensa en catalán con subtítulos, me temo que llega tarde-. Un final demasiado "perdona nuestros pecados", pero en líneas generales una muy buena carta de presentación para ser un primer largo.
Aunque todo el mundo sabe que, en rigor, no es un primer largo. Planell tiene el culo pelado de hacer cine desde distintos ángulos.
Llamo a Cecilia para contarle todo eso y decidimos ir juntos al pase de Teaserland, el proyecto de trailers de películas ficticias. Un gran acierto, pese a mi incomprensible cojera. La primera parte está dedicada a directores consagrados: Plaza y Balagueró optan por el misterio terrorífico, Rosales por la locura, Coixet se ríe de sí misma, Koldo Serra va hacia el trailer típico de doble sesión con plantas asesinas, Corbacho y Cruz explotan su clásico humor casposo y Bayona vuelve a sorprender, junto a Álex Brendemuhl, con el anuncio de una comedia: "Desgracia en 3D", que despierta grandes ovaciones.
Los trailers "amateurs" son aún mejores. Quizás con un exceso de gusto por el cine de género fantástico. Maravillas de dos minutos. Si quieren consultar más hagan clic aquí.
Cuando todo esto acaba, casi a las dos, los chicos se van al sitio de la marcha a emborracharse. Yo estoy con mi clásico humor festivalero: dolor de garganta, sueño y la citada cojera en el pie izquierdo. Mañana madrugo para entrevistar a Planell para Notodo.com y curiosamente nos lo encontramos en dirección contraria y lo acompañamos un rato hacia el hotel. Por el camino, las calles están llenas de gente que va a pasárselo bien.
Yo voy a dormir, que se me da fantásticamente bien. Anoche, incluso soñé con Roger Federer.
sábado, abril 18, 2009
Fuga de cerebros

Entiéndanme. Piénsenlo por un momento. Yo estoy aquí y me conocen. Eso no es lo peor, lo peor es que en ocasiones yo les conozco a ellos y además me caen bien. ¿Qué puedo decir de sus películas? Por otro lado, tengo un prestigio. O intento tenerlo. Si yo digo aquí que "Fuga de cerebros" o "Bullying" son dos películas sensacionales, ¿qué harán ustedes conmigo cuando las vean? No volverme a leer, supongo.
Así que, bueno, esto no va a ser fácil.
Arriba a las 8, pelea con la ducha del Petit Palace -estoy convencido de que no soy el único al que le pasa eso en estos hoteles High Tech-, café con croissant viendo la Q2 de China, peregrinación aún resbaladiza hasta el Teatro Cervantes y pase de "Fuga de Cerebros". Vamos a ver, no es la película más inteligente del mundo. No pretende serlo. Pretende que te rías y te ríes. Tiene demasiadas cosas estilo "American Pie", que supongo que funcionarán bien en taquilla y eso está bien. Los chistes son en ocasiones groseros. En otras, están logrados. Las actuaciones, aceptables. En concreto la de Alberto Amarilla, formidable. Me gustó también Blanca Suárez. Todo muy televisivo, ya saben.
Yo no quiero engañarles pero tampoco quiero ser injusto. Es una comedia adolescente en ocasiones zafia y con un desarrollo absolutamente disparatado. ¿Te ríes? Pues sí, te ríes. Varias veces. Yo tengo una risa muy fácil a las 9 de la mañana.
Después, una cierta locura en el photocall. Estaba Loles León, estaba Amaia Salamanca -por cierto, hay escena de sexo, por si esto les ayuda a tomar una decisión-, Mario Casas, el propio Alberto... y las chicas enloquecen y chillan y se llevan las manos a la cara y uno lo ve de cerca como lo ve de lejos, con las misma indiferencia. Como si las actrices fueran ellas, de tanto verlo por televisión.
A las 12, pasan "Bullying". Ya les digo, yo no quiero decir nada malo sobre nadie. Más que nada, porque igual esta noche conozco al director y es un tipo admirable y simpatiquísimo y yo me sentiré un mezquino si le pongo ahora verde, pero reconozcámoslo: la película es muy floja. Pocos medios, es cierto. Bienintencionada, por supuesto... pero muy floja. El hecho de que la pasaran doblada del catalán tampoco ayudó, quedaba todo muy impostado, no sé por qué no pueden poner subtítulos y punto. Un buen actor no tiene por qué ser buen doblador ni viceversa, el otro día lo hablaba con Sara Polo.
La propia palabra "bullying" se nombra como diez veces a lo largo de la película. Eso no es lo peor. Lo peor es que se explica unas diez veces. Muchas son. Demasiada pedagogía. Como diría la Chica Portada -¡ah, menuda es ella!-: "Vale, ya sabemos que el acoso escolar es un problema, ahora escribe un guión y haz una película, gracias".
Pero algo me dice que se va a llevar unas críticas fantásticas.
Porque siempre me pasa lo mismo.
Así que nadie se enfade, que probablemente sea culpa mía.
Los secretos de la fiesta de inauguración
¿Quieren saber qué pasa en la fiesta de inauguración de un gran festival de cine? Bien, a las tres de la mañana, los actores, actrices, directores, periodistas, algún tipo indefinido, etcétera, se reúnen en un autobús y empiezan a charlar.
Están cansados y al día siguiente tienen que ver películas, ese insalvable escollo.
El conductor, para amenizar, pone una cinta con chistes andaluces. Uno de los humoristas imita voces: Ruiz Mateos, Valdano, Luis Aragonés cuando entrenaba al Atleti... una chica cuenta uno de una vieja que va al ginecólogo. Ese tipo de humor. Poco a poco todo el mundo se calla y escucha. Son las tres y cuarto ya y en Málaga llueve demasiado. La gente se escucha y se mira. "Esto es un negro que..."
Al poco, además de escucharse y mirarse, se ríen. No queda más remedio. Algunos chistes son realmente brillantes. El conductor nos va dejando en nuestros hoteles o lo más cerca posible. La alfombra roja ha recogido tanta agua que los calcetines se empapan con solo pisarla.
Es la única solución. Si pisas fuera de la alfombra te vas al suelo.
Están cansados y al día siguiente tienen que ver películas, ese insalvable escollo.
El conductor, para amenizar, pone una cinta con chistes andaluces. Uno de los humoristas imita voces: Ruiz Mateos, Valdano, Luis Aragonés cuando entrenaba al Atleti... una chica cuenta uno de una vieja que va al ginecólogo. Ese tipo de humor. Poco a poco todo el mundo se calla y escucha. Son las tres y cuarto ya y en Málaga llueve demasiado. La gente se escucha y se mira. "Esto es un negro que..."
Al poco, además de escucharse y mirarse, se ríen. No queda más remedio. Algunos chistes son realmente brillantes. El conductor nos va dejando en nuestros hoteles o lo más cerca posible. La alfombra roja ha recogido tanta agua que los calcetines se empapan con solo pisarla.
Es la única solución. Si pisas fuera de la alfombra te vas al suelo.
viernes, abril 17, 2009
Primeras impresiones del Festival de Málaga
Resumidas en una: caos. Caos de gente en la salida del AVE, esperando a Hugo Silva y haciéndose fotos con Loles León. Caos en la entrada de los hoteles, caos en las inmediaciones del Teatro Cervantes, sede del Festival, y caos en la propia zona de prensa para conseguir la acreditación. Un claro exceso de gente. Una involucración exagerada por todos lados. No lo digo como algo malo, al contrario. Este Festival ha crecido tantísimo que parece un poco superado, la verdad.
La ciudad está llena de carteles y de trozos copiados de guiones esparcidos por el suelo. Una alfombra roja enorme te dirige al centro y te evita resbalones: llueve y yo llevo zapatillas de seco.
No puedo ir al estreno de "La Vergüenza" porque no quedan entradas, así que me voy al Albéniz a ver "Últimos testigos: Fraga y Carrillo". El cine-teatro está medio lleno y ya me parece bastante. Carrillo se maneja con una soltura envidiable a sus 94 años.
Son dos documentales distintos. El primero dedicado al ex-ministro de Información y Turismo con Franco, ex-ministro de Gobernación con Arias-Navarro, ex-líder de la oposición en Alianza Popular y ex-presidente de la Xunta de Galicia durante 16 años. Como él mismo dice, si su familia se hubiera quedado en Cuba, ahora podría ser Fidel Castro.
El retrato pretende ser amable, pero no sé si lo consigue. Hablan todos sus amigos y se pasa por los temas delicados de puntillas. Sin embargo, se ve algo y se ve muy claro: el Fraga autoritario, imponente, respetuoso hasta el asco con la "legalidad vigente". Salvando las distancias, uno mira a ese Fraga amable siempre teniendo que sacrificarse, "hacer lo que había que hacer", tomar la decisión impopular, y ve un Eichmann deportando judíos con una eficacia demoledora.
Un superviviente. Un animal político. Mandar por encima de todo, y si no, me enfado y no respiro.
Curiosamente, el documental sobre Carrillo aporta todo lo contrario: se le hacen todo tipo de preguntas incómodas: Paracuellos, por supuesto, el enfrentamiento con su padre -"entre mi padre y el partido, elegí al partido", dice orgulloso-, los años al amparo de Stalin, el descalabro electoral tras la dictadura... Carrillo es un idealista de lo más curioso. Un idealista pragmático. No queda claro si sólo le interesa el poder como a Fraga pero sí queda claro que sabe lo que cuesta: igual que para Fraga los muertos de Vitoria o los de Montejurra o los ejecutados por Franco con él de ministro eran "daños colaterales" admisibles en el bien superior del mantenimiento del orden, para Carrillo esas mismas muertes son aceptables con tal de subvertir ese mismo orden.
Dos tipos sin ningún escrúpulo moral. Uno cree en la legalidad, por muy ilegítima que sea. El otro cree en la Revolución, con Stalin y Ceaucescu de compañeros de viaje, si es preciso.
Sin embargo, Carrillo parece más listo. Fraga es más concienzudo y Carrillo, más listo. Cae bien. Es inevitable. Aunque en el repaso a su vida se ven rasgos aterradores -la propia frase "entre mi padre y el Partido elegí al Partido" es uno de ellos- el anciano líder del PCE lo lleva todo con una entereza y una elegancia que choca con la brusquedad del gallego.
La conclusión es la misma: no me gustaría tener a ninguno de los dos como enemigo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


