domingo, abril 05, 2009
15 años de la muerte de Kurt Cobain
No pretendo ser demasiado original con esto, sé que todo el mundo está escribiendo hoy sobre el tema.
Acabo de leerle a Arcadi Espada que en un obituario hay que tener un cuidado extremo con el "yo", de manera que no parezca que tú eres el que se ha muerto o te excedas en el lirismo.
Bueno, pero yo no soy periodista, ayer se lo explicaba a Patricia del Norte de Castilla, así que tiro:
¿Cuándo me enteré? Si soy sincero, no lo recuerdo. Recuerdo que Jorge Tomasi me grabó en cinta el "Bleach" y el "Incesticide" la noche anterior y yo estaba contentísimo porque ya tenía toda la discografía de Nirvana.
Recuerdo que ese sábado, día 9 de abril ya, había un especial de "De cuatro, tres" de Paco Pérez Brian, dedicado casi entero a Kurt Cobain, y que la gente llamaba y contaba sus historias y todo el mundo estaba triste y yo pensé en llevar un brazalete negro a clase e incluso tengo la idea de que Rafa sí que lo llevó -Rafa, Jorge, Simón, Laura, Isabel, Pepe... todos salíamos por Malasaña, íbamos a La Vía Láctea y al Malandro y al Desert y acabábamos en el Maravillas que ahora es Nasti, creo-, pero puede que me lo esté inventando. Lo del brazalete, digo.
Recuerdo que en aquel momento yo no tenía la sensación de estar ante un momento histórico, porque yo creía que Kurt Cobain era un genio, sí, pero un genio muy nuestro, muy privado, de poca gente. No un icono mediático ni nada de eso y, claro, Nirvana había tenido éxito. Mucho éxito. Eran los 90. Pero tampoco eran U2, por decirlo de alguna manera. Y si eran U2, yo no me había dado cuenta.
A mí me encantaban U2, por cierto.
Recuerdo que habían tocado pocos días antes en Madrid, justo después del "amago de Roma", cuando se puso hasta arriba de pastillas y champán y tuvieron que ingresarle en un hospital. Por eso el año siguiente -creo que era un mismo 5 de abril, puede que no- fuimos a ver a Courtney Love, como si esperáramos directamente que se suicidara allí mismo, encima del escenario. Éramos adolescentes y morbosos.
Recuerdo que en mi diario -entonces yo ya llevaba diario, pero escrito, claro, y era terriblemente autocompasivo y lamentable, pero era- pegué el titular de "El País" de cuando le encontraron muerto. Ahora está casi amarillo. Lo pegué con pegamento. De barra. El programa de Pérez Brian lo grabé en una cassette. Todo eso tiene que estar en algún lado, supongo, como el especial de la MTV con la viuda leyendo la carta aquella e insultándole a la vez.
Recuerdo a Loriga hablando del tema. En "Días extraños". Una colección de artículos que se llamaba "Tres días después de la muerte de Kurt Cobain". Insisto: no teníamos ni idea de que aquello fuera a ser un momento clave en la cultura popular mundial, pero sí teníamos claro que era un momento clave en nuestra adolescencia o nuestra juventud. Decía una cosa preciosa. Loriga era así. Algo como "Te encontró un electricista. Un electricista. Desenchufado".
Y era verdad. Le encontró un electricista después de varios días buscándolo y por eso la noticia de "El País" salió tarde y el especial de Radio 3 llegó con cuatro días de retraso: porque le estaban buscando y él ya llevaba dos días muerto.
Recuerdo aquel verano. El verano de 1994. Una Laura -siempre hay una Laura- me había regalado una cinta con el "Unplugged" en pirata y la poníamos todo el rato en un vagón de campamento de San Martín de Valdeiglesias. No podíamos ser unos chicos más tristes. Con 17 años, qué penita. Bueno, qué se le va a hacer. Luego llegaron los posters. Llegaron de inmediato, más bien. Su cara con el pelo cayendo en la frente y frases grandilocuentes de su carta de suicidio. Como el Che. Como Cristo. Uno más. Cuando todo el mundo es el Mesías nadie es el Mesías, es así.
O así me parece.
Medina del Campo XVI. Despedida y cierre
Bien, ¿qué puedo contar?
¿El palmarés del Festival? Eso sería muy largo y se puede resumir fácilmente poniendo este enlace y punto. Si quieren un resumen, diré que los premios del Jurado fueron para "Él nunca lo haría" y "The end" y el del público -que es el principal en Medina- para "Lala", el excelente corto de Esteban Crespo. "Pulsiones" también se llevó unos cuantos premios.
¿La noche de después, con concierto de Vanexxa incluido, cóctel para invitados, Elena Anaya guapísima, Aida Folch tres cuartos de lo mismo, cortometrajistas, productores, actores, actrices...? Bueno, con eso hay que ser cauteloso, porque, como es obvio, mucha gente no quiere que se hable de ellos y al fin y al cabo eso forma parte de la intimidad de cada uno. ¿Cómo van a ser naturales en una fiesta conmigo si luego vengo yo aquí y lo largo todo? Por ejemplo que...
No, no. En ningún caso. Sólo lo de Elena Anaya y Aida Folch, pero porque ustedes han visto fotos y saben que es verdad, no es ninguna cosa que esté descubriendo yo ahora.
¿Qué más? ¿El propio concierto de Vanexxa? Bueno, a mí me gusta más el primer disco que el segundo, pero hay que reconocer que el segundo está bien, que el espectáculo merecía la pena y que la discoteca-antes-conocida-como-Zeus no es el sitio con el mejor sonido del mundo. Además, después del concierto estuvo realmente maja. Me llamó Manu, es cierto, pero sí parecía acordarse de mí. Por esto.
Sí, podría hablar algo de eso, pero andaba un poco difuso, yendo y viniendo, como siempre, con Álex Montoya, con el impagable Manuel Burque, con los chicos donostiarras de "Pim, pam, pum", con Agost y Julia... Vamos, que no estuve del todo atento. Que a mí me pareció que bien, pero que tampoco se fíen.
¿Hablo de mí entonces? ¿De números? Vale: al final han sido 51 cortometrajes, 15 largos, 18 videoclips (sin contar los de la exposición ad-hoc) y tres libros leídos (McCarthy, Arcadi Espada y una psiquiatra suiza que hablaba sobre las experiencias al filo de la muerte. Yo soy así).
¿De sensaciones? Que necesito un representante, cada vez está más claro. O un relaciones públicas. O un psicólogo especializado en este tipo de situaciones. Porque yo no doy abasto entre tanta expectativa. Porque creo que tengo el talento pero no sé si tengo el valor de ir peleándome por ahí consiguiendo emails, teléfonos, insistiendo, mostrándome, aceptando el rechazo, jugando... y a la vez seguir divirtiéndome. Pero si otro lo hace por mí, encantado. Igual nos va bien a los dos.
¿De la nostalgia? Sí, claro. Es normal. Cuando ves el cartel, por ejemplo. Cuando te despides del recepcionista, cuando pasas por el Auditorio a darle la mano a Eduardo por última vez o cuando ves que están limpiando el Coco´s de la noche anterior y te acabas tomando un bocata de lomo en la barra de un bar porque es lo que hay... Claro que hay nostalgia, es normal. Diría, incluso, que ayer más que hoy. Hoy había tantos ramos en un solo domingo que casi necesitaba salir de ahí cuanto antes.
¿Qué más? El cansancio. Sí, el cansancio es un tema cuando no se duerme y luego hay que llevar dos mochilas hasta arriba de cosas y pasas dos horas y media en el tren de vuelta y resulta que el iPod se ha quedado sin batería porque -torpe, más que torpe- resulta que se me olvidó bloquearlo. El otro día le mandé unos 30 mensajes en blanco a mi abuela, así que, claramente, puedo superarme.
En dos semanas, Festival de Málaga. Promete mucho.
sábado, abril 04, 2009
Medina del Campo XV. La historia completa de mis fracasos sexuales
Aguanten un poco más. Queda esto y el clásico post con los premios, mi viaje de vuelta, la nostalgia -oh, qué feliz he sido y cuánto lo recordaré siempre- y el recuento de "he visto 59 cortos, 73 vídeos, 134 largos, etc.".
Empecemos por "esto":
Agost, su novia y yo tomamos la enésima hamburguesa en la Cómic, pero es que hay que reconocer que están buenas... Nos metemos corriendo al pase de las 11 y resulta que el Auditorio está lleno pese a la hora. Hay una explicación: pasan los cortos de la Escuela Municipal de Cine. El localismo hace furor. No es tiempo de competición ni de crítica sino de disfrute. Es bueno que el Festival cuide a su gente y premie su entusiasmo. Sin entusiasmo no hay creación ni hay nada.
Los cortos no sé si son buenos, malos o regulares. Quiero decir, hay de todo. Pero están hechos con una ilusión tremenda y la gente se ríe y aplaude como no ha aplaudido a Chapero Jackson, por ejemplo, y salen las calles de Medina y su gente y los chicos y chicas de la Asociación ASCEDIS están como locos con sus trabajos. Para el que llega por primera vez a este Festival, los chicos y chicas de la Asociación ASCEDIS son un auténtico misterio, porque llevan su entusiasmo por la proyección al extremo y nadie sabe que son disminuidos psíquicos. Nadie lo sabe porque nadie les trata como tales. Y yo no voy a decir que eso a veces no sea molesto para el espectador, pero luego piensa en qué importancia tiene el espectador en todo esto y lo bonito que es que no se pierdan un pase, con sus acreditaciones y sus mochilas, apuntando votaciones para el jurado joven -aunque algunos no son jóvenes desde hace mucho- y se escandalicen y se rían a carcajadas y comenten en voz alta y se hagan fotos con absolutamente todos los "famosos" que pasan por el Auditorio.
Conmigo no, porque no lo soy, se lo expliqué con todo mi cariño.
Después de los cortos locales, los cortos de la Maratón de Cine. Son cortos que se graban durante el primer fin de semana, con un tema que se da el mismo viernes. Decepcionantes todos menos uno, el de Araújo y Burque, que no sólo no es decepcionante, sino que es abrumadoramente brillante. Diálogos rápidos, buenas actuaciones, un prodigioso sentido del humor, localización única... Estos dos chicos -son los de "Quid pro quo"- van a dar mucho que hablar, y si no al tiempo.
Y, bueno, después de todo este previo, llega la peli que esperaba desde el principio del Festival: "La historia completa de mis fracasos sexuales", de Chris Waitt. Es una película que ya esperaba en Madrid pero que pasó por ahí tan fugazmente que ni siquiera me dio tiempo a planear ir a verla. De hecho, estaba convencido de que nunca se llegó a estrenar, pero por lo que comentan aquí sí que lo hizo.
Es una excelente película para viernes noche además: un enloquecido director independiente, con 30 años y una vida -no sólo sentimental- absolutamente caótica, decide hacer un reportaje sobre sus ex-novias, para averiguar por qué todas le han dejado. El documental es una locura absoluta, tanto que uno se plantea si de verdad es todo real, porque entonces no hacía falta muchas preguntas: bastaba con verle la cara de loco y cómo tenía la casa para saber que no es fácil vivir con un tipo así.
¿Han visto "Notting Hill"? ¿Recuerdan al compañero de piso de Hugh Grant? Pues así, pero con más pinta de emporrado.
Ante la constante negativa de sus ex novias a ser entrevistadas -casi todas le odian o por lo menos no quieren volver a saber nada de él, brutal la entrevista con una chica que le obliga legalmente a no pronunciar su nombre en todo el reportaje, de manera que cada vez que se refiere a ella suena un pitido-, Chris pasa a contarnos sus problemas severos de impotencia. A veces parece "Borat" aquello de lo absurdo que es, piensas "no es posible que esto esté pasando de verdad y no haya guión".
Pues parece que no.
El colmo del disparate llega cuando se toma seis viagras con cerveza y se va por las calles preguntando si quieren follar con él, hasta que la policía lo detiene. Nunca sabes hasta qué punto es un director inteligente intentando ofrecer un buen producto al público o si es un verdadero psicópata rodando su proceso de autodestrucción.
A partir de ahí la película decae, porque el hombre parece entrar en razón, y simplemente, con todo lo anterior, eso no pega ni con cola. Recomendable, si la encuentran en DVD. Se echarán unas risas, desde luego.
Medina del Campo XIV. La clase
Último día de proyecciones en Medina del Campo -sí, han leído bien, último día: un esfuerzo más y podrán olvidarse de todo este serial cuanto antes y leer aquí comentarios irónicos y mordaces sobre Rajoy y Juande Ramos, que sé que es lo que les gusta-. Noemí, de organización, me pregunta si voy a ver "Julio César". Sí, voy a verla. Bien, dice, para avisar, porque eres el único. Julio César de Mankiewicz, con Marlon Brando haciendo de Marco Antonio, en pase privado. Estupendo.
Me subo a ver dos de los últimos cortos, "El tiempo prestado" y "Casual", de Aitor Echevarría, y me bajo para mi película con una sonrisa en la cara, pero... ¡horror, una pareja ha profanado mi recinto sagrado! ¡Están viendo la película y ya ha empezado! ¡Cómo pudieron hacerme esto a mí, yo que les hubiera querido hasta el fin! Bueno, falta la primera media hora, pero tampoco importa demasiado: tengo el asesinato en el Capitolio, el discurso de Brando en las escaleras, la guerra civil, los diálogos shakespearianos... Vale.
Me tomo una botella de agua en el Coco´s. Es el cumpleaños de la chica preciosa. 26 años, me dice. Puede que 27, no recuerdo bien. Tengo un inmenso respeto y distancia por las chicas preciosas de los pueblos pequeños. Llámenme cobarde.
A las 8 empieza "La Clase". Tengo una curiosa relación con esta película porque se puede decir que hasta la fecha nos hemos ido evitando con gran éxito. Ella se proyectó en San Sebastián y yo me quedé dormido. Luego estuvo meses pavoneándose en Madrid y yo resistí en mi piso de Tribunal. Pero las críticas eran tan buenas...
Y la película merece la pena. Al público no se lo parece: a mi izquierda Agost y su chica casi se duermen, a mi derecha, alguien bufa. Tres personas aplauden al final, y nadie les sigue. La gente se levanta, diría que enfadada, y se va.
A mí me gustó, pero es que yo soy profesor, claro. Me interesan los claustros, los consejos escolares, la disciplina, las conversaciones con los alumnos, el manejo de situaciones complicadas. Todo eso me interesa porque es mi trabajo y lo reconozco. Pero también admito que dos horas -un curso entero- de clase de gramática francesa con aderezos puede ser demasiado para el espectador medio.
Luego está el problema de la traducción. No ya gramatical sino situacional. En "La Clase" buena parte de los conflictos llegan porque al profesor le tratan de "tú" y eso él "no puede tolerarlo". ¿Tratarle de tú? En España a todo profesor que se precie le pegan los alumnos, luego le pegan los padres de los alumnos y cuando se encuentra con la abuela en el supermercado, le pega la abuela. Interesante el tema de la inmigración y la integración, personaje algo ambiguo el del profesor y el de sus compañeros. Nula intención moralizante, y eso se agradece.
Nadie redime a nadie, pero nadie merece del todo ser redimido. Así es la vida.
Así es el curso escolar.
viernes, abril 03, 2009
Medina del Campo XIII. Hostelería local
Desayuno en el Bar-Restaurante Madrid, donde la camarera ya sabe lo que quiero: un descafeinado de sobre, un zumo de naranja y un donut o un croissant, depende de si quedan croissants, porque la verdad es que desayuno tarde, a eso de las 11, y a veces...
Como en el Restaurante Gloria. Menú del día. Casi siempre. Ayer me tocó sentarme fuera. Me prepararon mi propia mesa y el camarero me dio la habitual sonrisa de reconocimiento que hace que te destenses cuando comes fuera de casa. Las alubias sin almejas, la carne un poco más hecha, por favor. Con que le den una vuelta más, vale.
El café antes de las proyecciones lo tomo en el Coco´s. La chica -preciosa- me pone inmediatamente un descafeinado y una botella de agua. Cojo el periódico, generalmente el ABC, y me pongo a leer en una mesa alargada. Eso o Arcadi Espada, dependiendo del momento.
Después del pase de las 8 y antes del de las 11 tomo una hamburguesa o un bocadillo y una botella de agua. Al principio, iba a la Cómic, pero siempre estaba demasiado llena, últimamente voy a Segovia, 8, en la misma plaza del auditorio. Diría que en la Cómic está la carne más rica, pero tampoco quiero ganarme enemigos.
Por la noche, hay varios sitios: mi favorito es el Flanaghan, ya saben, pero sólo abre los fines de semana. Quedan el Pichi y el Cafetal. Ayer estuvimos en el Pichi. Vimos "Amanecer en Asia", una película que quiere contar demasiadas cosas, en mi opinión, aunque no esté del todo mal -y tenga a Víctor Clavijo, insisto en el tema-, charlé un rato con José Manuel Carrasco, director de "Pulsiones", un pedazo de corto, que seguro que algo se lleva y para el Pichi que nos fuimos: Eduardo, Álex Montoya, Alejandro Andrade y Rafa, el productor de la citada película.
Estuvo divertido. De entrada, creo que ya sé prácticamente todo el palmarés. Bueno, todo es imposible. Sé algunas cosas: que Álex estaba algo mohino porque no le habían dado premio a su "Cómo conocí a tu padre" (sí, como la serie pero con "padre"), aunque Álex estaba todo el rato de coña así que vete a saber si es verdad o no, y sé que mi proyecto no ha recibido nada tampoco, cosa que ya me imaginaba y que ya comenté ayer.
Lo que no quiere decir que no sea bueno, ya se lo expliqué a Eduardo. Para mí, y creo que después de más de 40 cortos en siete días, sé algo de esto, es bueno. Muy bueno. Y pienso ganar el Roel de Oro tres veces en mi carrera. Una más que Isabel Ocampo. Y si ella lo gana tres, yo lo gano cuatro. Menudos somos los tauro.
En fin, charleta animada sobre todo un poco. Conocidos comunes, que es muy normal aquí. Alejandro, director mexicano de "La parada", encantado con el ambiente festivalero español y unos copazos tremendos. La hostelería nunca falla en este país. Cuando todo se derrumba, siempre hay un bar en una calle oscura y un camarero que sabe que pides JB.
Y a cuatro euros, todo.
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