viernes, abril 03, 2009

Medina del Campo XII. Sobredosis de Víctor Clavijo


Edu Chapero-Jackson y la guapísima, pasen los años que pasen, Ana Álvarez hablan con Eduardo en el salón de entrada del Auditorio. Acabo de terminar esta frase y me he dado cuenta de que parece un pie de foto.

Sigo.

Hablan en la entrada y yo me acerco y sonrío y al final le digo a Edu, "¿te acuerdas de mí, no?" y me da la sensación de que no pero dice "sí" porque Edu es terriblemente tímido y supongo que se siente culpable si dice que no, así que le ayudo sin que sea demasiado humillante y le pregunto por Almería, por Roby... lugares comunes que sirvan para que me localice.

No sé si lo hace. Imposible saberlo, por otro lado.

Viene a presentar "The end", el cortometraje que presentó en Almería en Corto y que por más que uno lo vea sigue siendo un prodigio de realización. Una exhibición en todos los sentidos. "Otra liga", lo definiría posteriormente un director que andaba por ahí.

"The end" llega justo en medio de dos películas con historia tremenda: "3 días", de Francisco Javier Gutiérrez -Premio Director Siglo XXI- y "Frozen River", de Courtney Hunt. "3 días" tiene a un Víctor Clavijo enorme, más que nada porque Víctor Clavijo es uno de los mejores actores de este país y tengo la sensación de que no todo el mundo lo sabe.

Por cierto, Víctor Clavijo andaba por ahí, pero con fiebre, mucha fiebre, así que estaba y a la vez no estaba o desde luego no estaba para que alguien se acercara a decirle "eh, eres muy buen actor". Así que no me acerqué. Luego recibió en nombre de Gutiérrez el premio y a las once presentó la película "Amanecer en Asia", que él también protagoniza. Un día muy Clavijo, vamos: a las 5, a las 8 y a las 11.

A lo que íbamos: "3 días", en espera del remake estadounidense habitual, tiene a un gran Víctor Clavijo, un gran Eduard Fernández y una historia un poco disparatada, con lo bueno y lo malo que eso tiene. Meteorito que se acerca a la tierra para acabar con toda la humanidad mezclado con drama rural de ajustes de cuentas entre familias. A ratos, funciona. A ratos, no tanto.

"Frozen river" es una de esas películas mundialmente aclamadas que a mí me dejan un poco frío. Me pasa a menudo. Sé que la actriz lo hace muy bien, sé que la historia de sufrimiento propio y ajeno -ah, las mafias de inmigración- es terrible, pero no tengo nunca la sensación de estar viendo algo que de verdad me haga disfrutar, emocionarme... Debe de ser problema mío, en cualquier caso.

jueves, abril 02, 2009

Medina del Campo XI. El frasco y los recepcionistas eruditos


En la barra del Pichi, esperando algo. A mi espalda están los integrantes del equipo de "Cinco minutos de cortesía japonesa", un corto divertido que tuvo una presentación de lo más original, aunque el sonido no ayudara demasiado en algunos diálogos. Yo sé quiénes son ellos pero ellos no saben quién soy yo. Y no me apetece mucho ponerme a explicárselo, así que me quedo leyendo la revista del Festival y tomando un JB con Coca-Cola. El camarero me mira como si fuera culpa suya.

¿El qué?

Luego se va al otro lado de la barra y se pone a ver un documental sobre magdalenas aplastadas, o eso parecen.

El recepcionista del hotel habla de Francis Bacon. Está desolado porque es el primer año que no va a poder ver ninguna película de la Semana de Cine. Sabe de lo que habla. Ayer me recomendó "Furtivos" y acertó de pleno. Ya ven, vaya crítico de cine de pacotilla. Habla de Francis Bacon y de la película sobre él que echan esta noche a las 11. Yo esta noche a las 11 creo que voy a ver la española a concurso, algo sobre Bangkok y Víctor Clavijo.

Probablemente luego me pase de nuevo por el Pichi, por si les interesa saberlo.


La peli de anoche se llamaba "El Frasco", con Darío Grandinetti y la extrañamente atractiva Leticia Bredice, una habitual del cine argentino. No era una gran película. Amable, sí, pero un poco previsible e insustancial. Un poco, tampoco es que fuera un horror. Lo justo para que la mente se dispersara por momentos y se pusiera a pensar en cosas ajenas:

A) En los puntos que necesitaba España para clasificarse matemáticamente (eso quedó claro que eran 7) y

B) Cuántas películas y cortometrajes he visto en esta semana en Medina (sí, hoy es mi séptimo día aquí y no tengo pensado descansar). Aquí tuve más problemas y hasta que no llegué al hotel de madrugada no pude solventar la duda. Son exactamente 39 cortometrajes, 18 video clips -dos me pillaron en el baño- y nueve largometrajes.

Más once posts, con este, y unas seis hamburguesas normales -sólo lechuga y tomate- de la Comic.

Cero mujeres.

Tengo la sensación de que mi recepcionista estaría orgulloso de mí.

Antes de "El Frasco" y el Pichi, algunos cortos interesantes: "Sombras en el viento" es un prodigio de realización. Está muy bien hecho y uno no puede evitar pensar en la pasta que se han gastado para hacerlo tan bien. Dos-tres años, dijo la directora Julia Guillén, de preparación. Y yo estoy trabajando en cinco guiones a la vez, ¿por qué me tocó a mí ser compulsivo? La historia flojea, eso sí. Las historias de época son complicadas y arriesgadas y no siempre se consigue llegar al espectador.

"Reconocerse" es una historia divertida sobre la vejez -cómo no, estaba Carlos Álvarez-Novoa- con buenos diálogos y una idea de partida muy buena. A veces con eso basta. Amable. Tierna. Bien. "Lala" me volvió a encantar. Ya lo había hecho en Cortogenia. Gustavo Salmerón, si hay justicia en este mundo, se llevará el premio al mejor actor de calle. Tampoco he visto cortos mucho mejores en general, aunque supongo que habrá quien no le guste tanto surrealismo costumbrista -disculpen el oxímoron-.

Quedan tres días.

Aún no sé para qué.

miércoles, abril 01, 2009

Medina del Campo X. Furtivos: Time, truth and heart

El Roel de Honor de esta edición ha ido a parar a manos de José Luis Borau, director, productor y actor de consolidada trayectoria pero que cometió una pifia enorme en la rueda de prensa de presentación en Madrid, cuando dijo -y se quedó tan tranquilo- que cuando le ofrecieron el premio este año se quedó sorprendido porque él no sabía que hubiera una Semana del Cine en Medina del Campo. Después de 22 años. Después de haber sido presidente de la Academia de Cine cinco años. Cinco años. De 1994 a 1999. Eso explica muchas cosas sobre el trato a los cortometrajes por parte de la Academia, claro. Medina del Campo lleva años siendo uno de los cinco festivales más importantes del país y el presidente del sector no sabe ni que existe.

Eso no le quita a Borau merecimientos a la hora de recibir el premio, por supuesto, y para dejarlo claro, el Festival proyectó esta tarde una versión restaurada de "Furtivos".

"Furtivos" es una de esas películas difíciles para nuestra generación. Casi todas las de los 60 y 70 lo son. Nos pillan demasiado cerca y demasiado lejos a la vez. Cuando tuvieron su momento de esplendor, o no habíamos nacido o éramos demasiado pequeños. Cuando empezamos a ver películas y a disfrutar de ellas, estos títulos ya eran como momias que nadie quería visitar. Así que, sí, lo reconozco, era la primera vez que la veía.

Y me he quedado impresionado.

Qué mezcla de esperpento, crueldad, costumbrismo rural, historia de poder y amor e hipocresía... Qué actuaciones sensacionales de Lola Gaos -la magnífica Lola Gaos-, Alicia Sánchez -que en ningún caso se puede hacer pasar por menor de edad, y eso supongo que le añade surrealismo a todo, a sus 26 años de edad real y bastantes más de apartente- y sobre todo Ovidi Montllor, maestro de actores catalanes, con su distancia, su silencio, su mirada perdida y resignada, su estar en medio de demasiadas cosas que ni le van ni le vienen y que se ve obligado a manejar a su manera.

Incesto, sexo, desnudos, cacerías, delincuentes furtivos y lobos matados a hachazos, tormentas de agua y de nieve, guardias civiles... Amigos, eso es un western agrio y lo demás son tonterías.

Borau respondiendo a preguntas en la improvisada rueda de prensa en el Auditorio. Ahora tiene casi 80 años, pero ahí sigue, al pie del cañón. En general, este festival es un festival de gente joven. Reconozco que me siento tremendamente celoso en ocasiones cuando les veo presentando sus trabajos, hablando de sus equipos de rodaje, del tiempo gastado, del orgullo que es estar ahí... Lógico. A mí me gustaría estar ahí pero mientras tanto no me paralizo. Supongo que "50 euros la hora" no se ha llevado premio. Lo supongo porque ya han debido de tomar la decisión y avisar a los ganadores, y a mí, desde luego, no me han avisado. Y me tienen bien cerca.

No pasa nada. Hay más ideas. Cada día, una, prácticamente. Comedias y dramas y de todo. Hace sol, además, y las chicas del Auditorio por fin me reconocen. Estoy guapo con mi cazadora motera. Eso creo. Con premio o sin premio, siento algo de orgullo y puedo volver a poner "All these things I´ve done" en el iPod y mascullar entre dientes "Time, truth and heart" al llegar al hotel, porque ahí están las ideas y los Words y los emails y todo esto, incluso: diez episodios ya de crónica de un festival. Dudo que nadie esté mostrando un entusiasmo ni siquiera parecido.

Medina del Campo IX. La Tama y 4000 Euros


Soy un tipo con suerte. A veces. Cuando dejo que las cosas pasen y no me empeño yo en que pasen porque yo quiero, sin más. Hasta el universo necesita respirar antes de darte lo que le pides.

Durante la proyección de "4000 Euros" pienso en mandarle un SMS a Emiliano y preguntarle si está con los chicos de la película, porque realmente me está encantando y tengo un par de cosas que hablar con el director y más que un par con la protagonista, Marta Larralde. No lo hago porque es muy tarde, la una pasada, y no son horas de mandarle un mensaje a nadie.

Pero resulta que a la salida están ahí, esperando algo. La reacción del público quizá, y como el público soy yo -algo más de cuatro espectadores, a lo mejor veinte- me acerco a Richard Jordan, le felicito, y le pregunto si la película no le recuerda un poco al "Plácido" de Berlanga y Azcona, con la distancia de los casi cincuenta años, Sevilla en lugar de Madrid, una deuda con unos matones en vez de con un propietario... pero la misma desesperación por encontrar dinero en Navidad, dinero urgente, la misma humillación de los pobres ante los poderosos, la misma crueldad tranquila, el mismo llegar siempre tarde a los sitios.

Y me dice que no. Con una sonrisa, pero no. Yo intento explicarme: se lo explico a Emiliano y a Marta, y me entienden un poco pero no demasiado. Me pasa a menudo. Está narrado todo de manera distinta. Por supuesto. No hay rasgos de comedia en esta versión. De acuerdo. Pero la agonía y la impotencia y la crueldad y el saber que eso, tarde o temprano, se repetirá, eso sí está. Además, que te comparen con "Plácido" es de lo mejor que te puede pasar en la vida. Creo yo.

Le digo a Marta que está fabulosa porque es verdad. Sale en todos los planos de la película y no sobra en ninguno. De hecho, el único plano innecesario -perdonamos las escenas de dos minutos en taxi porque forman parte de un ritmo que se muestra efectivo a lo largo de la película- es uno en el que ella no sale. Hacia el final, no daré más pistas. Atravesamos la plaza y por primera vez dejo claro desde el principio: "Soy escritor". Va siendo hora, hombre. Tantas explicaciones le dejan a uno en nada.

Hablamos de problemas de distribución. "4000 euros" se rodó en 2007-08 en Sevilla, se estrenó en octubre en la Seminci y ha pasado por festivales varios. Pero no hay distribuidora y no hay cines. Una película más que se queda en la nada. El problema, insisto, no son las subvenciones. El problema es que el cine español no tiene salida, sea lo que sea: thriller, drama social, ciencia ficción... No hay promoción, no hay distribución, no hay cines... Y si queremos que haya películas, tampoco podemos pedirles a los directores que las paguen ellos.

Un tema.

En fin, que no sé si "4000 euros" se llegará a estrenar o no. Marta y Richard tampoco lo saben. Emiliano, anfitrión, nos acompaña al hotel y ahí nos deja. Yo le veré mañana. Antes de la película han pasado "La Tama", un cortometraje que más parecía una película reducida. Historia de niña conflictiva en barrio conflictivo, con problemas familiares que acaba en reformatorio y aprende lo dura que es la vida. ¿Tópico? Sí. Pero interesante. Y a mí me interesan poco esas cosas. Enorme Rocío Monteagudo, que se perfila como una de las favoritas al premio a mejor actriz.

Unos títulos de crédito algo difusos, con un mensaje extraño, que quizás merecería más discusión que la que permiten diez segundos y tres líneas.

Por cierto, antes de que se me pase: el bueno de Daniel Pérez Prada protagoniza "Mañana", un corto divertido y solvente -algo exagerado, a veces- que está a concurso. No es que salga demasiado, pero es el chico en cuestión. Siempre hay un chico en cuestión, ya saben. Y en esta ocasión le ha tocado a Dani. ¡Enhorabuena!

Medina del Campo VIII. Ultimátum a la Tierra y OVNIS en Voronez

Viendo el pase de las 8 de "Ultimátum a la Tierra" -somos cuatro en la proyección, más un acomodador que me ha preguntado si tenía invitación y luego ha mirado el resto de la sala vacía, se ha dado cuenta de que era una pregunta muy absurda, me ha sonreído y se ha vuelto a su asiento al fondo- he recordado una de mis grandes anécdotas de la infancia: cuando mi madre y yo estábamos viendo la televisión y de repente cortaron para dar un avance informativo que anunciaba que según la agencia TAS, se habían visto un par de extraterrestres en un parque de la URSS -no recuerdo la ciudad-, que medían dos metros y medio y supuestamente habían atacado a alguien.

Creo que fue después de lo de Chernobyl. Por esas fechas. No se volvió a saber del asunto. Se desmintió. Con los años, tiendo a pensar que quizás soñé todo. Esto es lo que he encontrado en Internet:



¿De verdad es posible que no se volviera a saber de una noticia así? Cosas del telón de acero, supongo...

No es la única pregunta que me asalta hoy en Medina del Campo. Hay otras: por ejemplo, ¿a qué vienen todas esas banderas granate que cuelgan del ayuntamiento y de los balcones? ¿Alguna festividad religiosa que mi paletismo ateo ignora? Se acerca la Semana Santa y esto es Castilla, señores.

El cauce vacío del río Zapardiel. ¿Dónde se han llevado el río? ¿Es algo definitivo? ¿Por qué no construyen algo ahí, no sé, un parque, un polideportivo... Es algo desolador atravesar todos los días cuatro veces un puente sobre un montón de nada.

Pero es lo que hay.

Antes de "Ultimátum", "El infierno vasco". Uno de esos documentales estremecedores que te hacen pensar en qué demonios está pasando ahí arriba. Todas las familias rotas, exiliadas, perseguidas, sobornadas, torturadas mental y físicamente mientras la gente miraba a otro lado. No terribles fascistas y guardias civiles. No. Ertzainas, profesores universitarios, periodistas, funcionarios, empresarios... Todos menos ellos. Ellos no se van nunca, claro que no. Ellos echan. Y la naturalidad con la que el Gobierno Vasco, los encargados de velar porque eso no suceda, lo ha venido aceptando durante treinta años.

Los chicos de la gasolina. Los de los cócteles molotov en habitaciones de bebés, los de la diana, los del secuestro, el tiro en la nuca, la intimidación constante, el pateo en las fiestas del pueblo, el incendio del coche, la bomba lapa, el insulto a los hijos, la amenaza a la mujer o al esposo, la desconfianza de los vecinos -"por favor, te importaría aparcar el coche en otro lado, es que sabemos que igual te lo vuelan y, claro, imagínate..."-, el desprecio de los demás compañeros.

Una sociedad viciada y no quiero ser más duro porque sé que no todo el mundo es así y suficiente tienen con no ser como los demás como para que yo encima les machaque aquí.

En 2001 fuimos a Bilbao a ver a Radiohead. Estuvo bien. Un amigo nos hizo de guía por el casco viejo. Era de Lekeitio y encantador. De verdad, majísimo. Nos explicó que tampoco pasaba nada, que todo se exageraba, que a "la gente normal", eso le daba igual, que podían estar quemando contenedores en una callejuela y en la siguiente esquina, pues ellos tomando un zurito en la calle. Ellos. "La gente normal". Y que tampoco había problemas con los otros, oye, que ahí todo el mundo podía pensar lo que fuera. Bueno, había uno que sacaba la bandera española al balcón -en Lekeitio- y tuvo que acabar yéndose del pueblo, pero es normal porque eso era provocar.

A lo del PSE y el PP se le puede llamar frentismo, sí, ahora me doy cuenta. El frente de los que han puesto los muertos y los escoltas. Los que han abandonado masivamente su propia tierra expulsados por unos mientras los otros pagaban y callaban. Esos. Ese frente. No el de la gente normal, el otro. Es tan complicado que no salga bien. Que las cosas no mejoren aunque sea un poco.

Ya ven, uno empieza en la URSS y acaba en el País Vasco de Ibarretxe, como si tal cosa.