sábado, noviembre 14, 2009

El Festival Eñe



Obviamente la duda es si uno quiere escribir o ser escritor y eso vale para todo: ¿Hacer música o ser músico?, ¿hacer películas o ser director?, ¿dejarte el talento y la piel en cursos y castings o limitarse a repetir "soy actriz"? Esa es la duda que sobrevuela el Festival Eñe, un monumental esfuerzo de La Fábrica y su revista de literatura, que ha reunido en el Círculo de Bellas Artes a todo lo que merece la pena del mundo de la escritura: editores conocidísimos y editores desconocidos; escritores consagrados y aspirantes en el camino; críticos y colaboradores, filósofos, lingüistas...

Aquello recordaba un poco a las reuniones de la Unión de Actores: un montón de caras conocidas y una gran inmensidad de aspirantes, todos con nuestras colaboraciones, nuestros manuscritos, nuestros "yo he publicado aquí", "yo he publicado allá". Grandes cantidades de entusiasmo y grandes cantidades de ansiedad. Sobreexcitación-frustración, que diría Vicente Villanueva.

Hay algo excesivo en el mundo de la literatura. Hay algo excesivo en cualquier mundo, supongo. Uno entra en una convención de literatura fantástica porque le ha gustado un libro de Philip K. Dick y sale sin ganas de volver a leer un libro de ciencia-ficción en la vida. El exceso está en la explicación del truco. La constante explicación del truco y el análisis de ese truco y la disección de cadáveres en la que se convierte el impulso primigenio: tengo algo que contar, me siento y lo escribo. La misma disección que acaba con el placer recibido: me apetece que me cuenten algo, abro un libro y disfruto.

El Festival Eñe, con Camino Brasa, a la cabeza puso todos los mimbres para que la gente disfrutara y desde luego muchos disfrutamos, pero las dudas estaban ahí: nadie hablaba de bien que lo pasaba escribiendo o leyendo. Ventas, ediciones, próximos lanzamientos, proyectos rechazados o aceptados, estética, mucha estética; ese punto acelerado que hace que la gente quiera estar sin saber muy bien dónde está o por qué está. La manía de entrar en las conferencias o en las entregas de premio cuando la ceremonia o la explicación ya ha empezado.

Imagínense: entro con un colega, hablando, "¿Dónde nos sentamos? Mira ahí hay sitio. Perdona, ¿me dejas un momento?" y el ruido de los pasos y las sillas y el pobre hombre o mujer en cuestión intentando mantener la conversación de la charla y nosotros intentando seguir escuchando a alguien completamente desconcentrado. Había veces que daban ganas de cantar aquello de "Pero qué público más tonto tengo".

Hay una ligereza en la música que resulta molesta. Que me resulta molesta, al menos. Me refiero a todo ese afán lúdico de "money for nothing and chicks for free". Pero eso es algo. Dionisíaco, si se quiere. La rigidez apolínea de la escritura, de la industria de la escritura a veces me supera. Tanto que uno duda muchísimo que quiera estar ahí: el empeño en pasar a la Historia. El empeño en justificarse. El empeño en demostrar. ¿Y si todo se redujera a "mira, me divierto, no sé hacer otra cosa. Espero que lo que cuente le interese a alguien"? Eso cuesta reconocerlo. Apariencias. Estética, de nuevo. La estética nos mata.

Bajemos a lo concreto. Al recuento de lo concreto: al viernes tarde con Hache. Ni personal assistant ni hostias, Hache. Mi amiga Hache. Reunión de editores de discurso entusiasta y cara de agotamiento. Ser escritor rechazado es un coñazo, pero ser editor y tener que rechazar 300 manuscritos al año, todo para publicar 10 por los que tienes que matarte día y noche no me parece nada deseable. Yo a los editores les admiro. No les peloteo porque eso me parece muy feo, pero les admiro.

Discusión de Lorenzo Silva e Ignacio del Valle sobre Stieg Larsson. Magnífica cuando se ciñe a Larsson; muy aburrida cuando se limita a un elogio constante del otro contertulio y a reflexiones políticas cogidas por los pelos. Conferencia express de Agustín Fernández-Mallo y la constatación de los peligros que rodean a Fernández-Mallo, que es la ejemplificación de toda la esquizofrenia que les intentaba contar al principio. Un tipo de 40 años tiene ganas de contar una cosa. A su manera. Escribe un libro muy mal editado y se convierte en un éxito. Luego escribe otro y el éxito es mayor. Debido a su éxito se le etiqueta como líder de una generación y se inscribe a todos sus coetáneos (tomando como edad la fecha de publicación, no la de nacimiento) en la llamada Generación Nocilla.

¿Por qué? Porque son nuevos, porque son revolucionarios, porque están creando un nuevo paradigma... Historias. Fernández-Mallo escribe buenos libros, interesantes, divertidos. Punto. Más que suficiente, pero punto. No ha inventado nada. ¡No hay por qué inventar nada! Inventar es deseable pero no es obligatorio. Y desde luego Fernández-Mallo no lo hace. Tampoco en la conferencia, donde es ingenioso y divertido, que es lo que tiene que ser.

Y punto.

Luego viene la entrega de premios Cosecha Eñe, con una cosa muy fea que casi prefiero no mencionar, discúlpenme. Concierto de Josele Santiago. Sueño infinito. Vuelta en sábado a las 11: Chema Madoz y Juan Bonilla. Las fotos de Chema Madoz son de lo mejor que he visto en mi vida, un prodigio. Intento hacer fotos, porque, ya digo, yo aquí vengo de turista, no para quedarme. Que igual luego me quedo, pero de momento, ya digo, de paso. Intento hacer fotos pero se conoce que fotografiar a un fotógrafo es imposible. Como lo de los vampiros en los espejos. O eso o que no sé cómo funciona mi cámara.

Fernando Savater y Emilio Sánchez Miguel deparan un duelo de titanes en la quinta planta. Ninguno de los dos, los más brillantes hasta el momento, hablan de sí mismos. Luego llegan Fresán, Loriga e Ignacio Echeverría, crítico y albacea literario de Roberto Bolaño. Es imposible reunir más talento en lengua hispana en un sitio tan pequeño. Repasan trayectorias y expectativas. Es un momento enorme. Enorme para mí. Podría escribir un libro entero solo sobre la importancia de Loriga y Fresán en mi vida. Incluso la de Bolaño. Pero si escribiera libros sobre los libros de otros me convertiría en alguien que ustedes conocen y que yo no voy a mencionar tampoco.

Sí, estoy de lo más misterioso.

En fin, que todo acaba en familia, con la gran Lara Moreno y tres jóvenes valores de la literatura española. Tienen que hablar de lo nuevo. Es una putada hablar de "lo nuevo". "Lo nuevo" no existe. "Lo nuevo" siempre lo ha pensado alguien antes. ¿Qué es lo nuevo? ¿Meter un pantallazo de Google en una página? Menuda revolución. Vaya paradigma de mierda. Lo nuevo no es necesario. Estamos en lo de antes: puede ser deseable pero no exigible. Lo nuevo, además, no justifica nada. Uno de los chicos, no recuerdo cuál, explica cómo publicó por primera vez. Luego da un consejo muy sabio de cómo se debería intentar publicar por primera vez.

Alguien dice algo así como "intenté contar algo nuevo, para que tuviera sentido que me publicaran". No, lo nuevo no justifica la publicación, insisto. La gente quiere historias. Siempre querrá historias y nunca serán las mismas. ¿Tienes una buena historia? Muy bien, adelante, cuéntala. Vívela con pasión y cuéntala. Olvida por un momento estructuras, referencias, esqueletos y vísceras. Disfruta. Puede que a alguien le cambies la vida.

En definitiva, escribe.

viernes, noviembre 13, 2009

La Rubia de Pinos Puentes


Mi admiración por Vicente Villanueva es total. Desde “El futuro está en el porno” que creo que fue lo primero que vi suyo pasando por “Mariquita con perro”, “Heterosexuales y casados” y la obra maestra que es “La rubia de Pinos Puentes”. Señores, eso es dirigir actores y darles libertad dentro de un guión desternillante. Por supuesto, mantiene esa estética casi de “Callejeros”, con un narrador en off que va dando paso a situaciones confusas y con un montaje frenético.

Un mago del absurdo.

Lo de Carmen Ruiz, la actriz protagonista es insuperable. Es difícil ver una actuación parecida en un corto de comedia. Quizás Marta Belenguer, también con Vicente.

En general, la gala de este jueves de “Cortogenia” fue de un nivel superlativo. No siempre es así. Empezó algo floja con “La parada”, un corto bienintencionado pero con demasiadas limitaciones, tanto técnicas, como de historia y actuación. Alejandro Andrade, el director, es un buen tipo, sin duda, y la que nos pillamos en Medina con Álex Montoya fue apoteósica, pero en comparación su corto se quedó un poco en nada.

“El sobrino” es una demostración de medios bien utilizados. Una comedia con puntos casi chanantes bien interpretada e intensa. Ambiciosa, muy ambiciosa, y creo que la ambición es algo bueno. Todo lo contrario sucedía con “Pichis”: menos medios, todo trabajo de actores –se nota que la guionista es Natalia Mateo y la directora, Marta Aledo-, pero sin ninguna pega que ponerla: simple, pero efectiva. Buenos diálogos, excelente interpretación –con Raúl Arévalo, Luis Callejo y la propia Natalia no se podía esperar otra cosa- y gran sensibilidad. Amigos que se reencuentran. ¿Cómo no verse reflejados?

La joya extranjera de este pase fue “Love you more”, un corto que ya se pasó en Almería el año pasado y que fue comentado aquí. Su parecido con “Cómo conocí a tu padre”, de Álex Montoya es innegable, aunque el propio Álex, después del pase, lo admitía muy a regañadientes, con cara de “eso no es del todo así”. En cualquier caso, un año después, sigue siendo un corto de una sensibilidad magnífica y muestra el prodigio que supone contar una historia tremendamente sutil mediante un erotismo realmente explícito.

Yo soñaría con hacer cualquiera de los cuatro cortos mencionados. De momento, me conformo con el que he hecho. Da gusto ver a Guadalupe Lancho y saber que, de alguna manera, tú también estarás ahí pronto y por méritos propios. Sólo diré que el montaje de “Do not disturb” tiene una pinta excelente. Una pinta de Cortogenia en sus mejores días.

Mamut- Amanece en Pekín

Ojo a la cantante de este grupo, su grado de pibonismo y su asombroso parecido con Emite Poqito...


jueves, noviembre 12, 2009

Noviembre



Noviembre, casi siempre... Aunque no sé desde cuándo, porque la canción de U2 decía literalmente "October, and the trees are stripped bare of all they wear... what do I care? October, and Kingdoms rise, and Kingdoms fall, but you go on, and on". Era la fase mística de U2 y no han hecho canciones mucho mejores que esa. Yo oía sus discos en casa de A. Vinilos. Casa de la madre de A., quiero decir, y era terriblemente adolescente. Sé que abuso de mis crónicas de adolescencia, pero es que sin eso no se van a enterar de nada del resto.

En fin, que la canción decía "October" y yo cantaba "November" -ventajas del inglés- desde el momento en que se cruzó la Chica Langosta y luego me divorcié en noviembre, también, e incluso mi primer relato tenía ese título y empezaba con un efectista "Noviembre es un mes en el que cualquier cosa es posible y...", porque todos mis relatos eran así: una frase efectista y una conjunción copulativa. Mariam se dio cuenta de eso, yo ni siquiera era consciente. El caso es que "Noviembre" fue el primero y nos íbamos a Aluche a entregarlo a concursos. L. y yo.

Mi tendencia a convertir mi vida en un alfabeto.

Sigamos: noviembre fue el mes de mi primer divorcio. Mi único divorcio, de hecho. Un divorcio entre comillas, si se piensa, porque no hubo matrimonio y supongo que uno no aprecia del todo la palabra "divorcio" sin haber pasado antes por la euforia del traje de novio, la despedida de soltero, las abuelas emocionadas y la sonrisa obligatoria de la fiesta nocturna. Razones por las que nunca me casaré: no podría soportar una responsabilidad tan grande.

Me enamoré de dos chicas que nacieron en noviembre. Falso. Me enamoré de muchas chicas nacidas en noviembre, por mi tendencia escorpio, pero dos, además, se enamoraron de mí y no encuentro motivos para no creerlas. En general, creo que la gran mayoría de mis mejores amigos han nacido en ese mes. Algo bueno tendrá el agua cuando la bendicen.

Sin embargo, señores, reconozcamos que noviembre es un mes de mierda. No sólo un mes de divorcios -a ver si ahora va a ser el mes el que tenía la culpa- sino un mes de angustias, intentos de suicidio, mudanzas, desapariciones... Un mes en el que te levantas a las 7, sales de casa a las 8 y vuelves a las 10 de la noche. Como dice Fer Cabezas, si quisiéramos que la vida fuera fácil nos haríamos del Madrid. Un mes en el que por las mañanas eres cualquier cosa: un parado, un currito, un enfermo, un hombre agujereado y por la tarde eres Sidney Poitier.

No creo que haya un profesor que no quiera ser Sidney Poitier. Incluso Michelle Pfeiffer. Arreglado, pero informal. Sonriente, pero eficaz. Los alumnos te escuchan y te adoran. También ese chico tan complicado cuya familia... en fin, ya saben. Lo que pasa es que eso se puede hacer con una clase, con 24 clases ya es más difícil. Es imposible, vamos. Sigo intentándolo, pero parece imposible. A la sexta escuela y el alumno quinientos parece imposible.

Esta noche soy cortometrajista, de 10 a 1 de la madrugada. Mañana y pasado seré escritor, a ratos, supongo. En cualquier caso, invitado. No está mal estar invitado, creo que tengo una enorme suerte de estar invitado a tantos lados y desde luego una inmensa suerte de tener tales compañeros de viaje, pero en algún momento me gustaría sentirme en casa. Parar y sentirme en casa. Quizás yo también necesite un rapto místico. Y un anticipo.

El Periodismo se compra

No sé si esto es lo que yo creo que es (ya ves, lo que es no es). Si es, puede ser el principio de una aventura muy interesante en la que, según tengo entendido, tendrán noticias mías.

También puede ser asqueroso spam sin más, esta mañana, junto a los clásicos Viagra y Cialis me han empezado a llegar emails ofreciéndome Tamiflu, sin duda el nombre de moda.

miércoles, noviembre 11, 2009

Real Madrid 1-Alcorcón 0


Para no aburrir a Juan Diego Martín y como no vi el partido de ayer porque no tengo tiempo ni para ver fútbol -lo cual me llena de tal tristeza que no se pueden imaginar- reduciré este post a tres preguntas:

1. ¿Cuántos presidentes han tenido Barcelona y Real Madrid en los últimos cuatro años?

Barcelona: Uno, y muy divertido (Joan Laporta)

Real Madrid: Seis (Florentino Pérez, Fernando Martín, Luis Gómez-Montejano, Ramón Calderón, José Luis Boluda y Florentino Pérez de nuevo).

2. ¿Cuántos entrenadores han tenido Barcelona y Real Madrid en los últimos seis años?


Barcelona: Dos, y los dos jugaban 4-3-3 con interiores cambiados de banda, etc., es decir, igual que Cruyff (Rijkaard y Guardiola)

Real Madrid: Diez (Del Bosque, Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro, Capello, Schuster, Juande Ramos y Pellegrini)

3. ¿Cuántos jugadores de la plantilla estaban ya jugando en el club (primer equipo o filial) hace apenas cuatro años?

Barcelona: Doce (Víctor Valdés, Puyol, Piqué, Márquez, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro, Messi, Jeffrén, Bojan)

Real Madrid: Cinco (Casillas, Sergio Ramos, Guti, Granero, Raúl)

A partir de aquí podemos insistir en que lo que hay que hacer es echar a otro entrenador, cambiar otros diez jugadores y pelearse cada semana sobre si Guti sí o Guti no, o hacer un proyecto que vaya más allá de la millonada anual. Porque un proyecto no te asegura títulos, por supuesto, pero ayuda. Y sobre todo relaja muchísimo.

lunes, noviembre 09, 2009

Interino en Torrejón de Ardoz


Si ustedes están cansados de leer este tipo de posts imagínense cómo puedo estar yo de vivirlos. De dormir cuatro horas después de celebrar una Nochevieja poco prometedora, levantarme ni siquiera resacoso, coger un tren para Alcalá de Henares, todo el mundo durmiendo menos yo, leer un poco a Andrés Neuman, con sensaciones algo encontradas, volver, arreglar el mundo como uno puede, salir pitando a Torrejón, llegar tarde al metro, llegar tarde al tren, llegar tarde a la Escuela, recibir reproches como bienvenida. "Llegas tarde", me dicen, como si yo fuera el metro, el tren y las calles que se desvían en el último momento.

Dar cuatro horas de Básico 1. La sexta escuela en trece meses. El enésimo nivel. Paso de Avanzado en Rivas a Básico en Torrejón. Esquizofrenia. Melancolía. Los alumnos de Básico 1 son encantadores. Siempre lo son. Trabajan y le ponen un entusiasmo encomiable. Preguntan por todo y además normalmente son preguntas que te sabes. Hay buen rollo. Buen rollo y apagones de luz. Cada diez minutos o así se va todo al garete: imposible poner un CD, imposible poner un vídeo. Todo pizarra, como en los viejos tiempos. Y fotocopias.

Cansado de andar de vuelta por el Paseo de las Fronteras, que da al Paseo de la Constitución -hace ocho años yo trabajaba ahí, dando clases de informática, inglés y filosofía, todo junto, en una academia improbable. Lucía me esperaba al otro lado de la vía- y de correr para coger el tren, que aun así vuelve a retrasarse, igual que el metro y vuelvo a tardar una hora y pico en llegar a casa, post-producir un corto, arreglar una página web, convertir PDFs.

Mi personal assistant dijo el otro día que el objetivo de mi vida era morir de un infarto a los 35 años. Si hacemos caso al Facebook, será con 38 recién cumplidos.

domingo, noviembre 08, 2009

Vetusta Morla en la Joy Eslava


Así que queda Álida a mi derecha y a la derecha de Álida queda una chica que se retuerce, que entorna los ojos, que se lleva las manos a la cara, que parece que llora pero sin estridencias. Que sugiere. No una enloquecida que lleve los puños al aire o señale con el dedo el techo de la discoteca o se ponga a gritar. No. Otra cosa. Una chica de Woodstock en medio de la paz y la armonía. El sueño de Ang Lee.

La chica se estremece, ella sola. Está completamente sola. Nosotros somos cinco y al menos tres la miramos continuamente. No sabemos si ella sabe. Puede que sepa. Tiene que saber, sí, si no, todo este espectáculo sería para nada, y ya digo que no es un espectáculo que merezca la atención de todo el mundo y la intervención de los miembros de seguridad. Es más bien un espectáculo para minorías. Algo que puede ser una pasión orgásmica por la calidad del grupo o simplemente un exceso de droga.

Pero a las 9... una chica que parece tan limpia.

Así que, cuando acaba el concierto, decidimos seguirla. De una manera totalmente irracional, por supuesto, porque es una persecución sin propósito. Una finalidad sin fin. Todo estética. Álida y yo la dejamos en la cola de los abrigos y salimos por otra puerta, hablamos por teléfono y esperamos.

La esperamos.

Al rato, sale, aún sonriente, pero sin tambaleos. No va drogada. No tiene sentido que vaya drogada porque en ese caso ahora no estaría tan tranquila andando por la calle Arenal, metida en su abrigo, pasos rectos hacia algo que podría ser el metro de Ópera, móvil en la mano, nadie contesta, de nuevo al bolsillo. Hacia adelante, siempre. "Supongo que sabes que esto podría ser considerado un acto delictivo", le digo a Álida y Álida me sigue y yo sigo a la chica y de repente, no me pidan que les explique por qué, se nos cruza un McDonald´s y se acabó la poesía.

La chica sigue y nosotros nos quedamos. ¿Para qué? No seríamos capaces de decirle nada. Puede que hayamos visto muchas películas francesas pero nos queda el paso definitivo de la contemplación al abordaje.

En la cola del McDonald´s -grupo de post-adolescentes delante, un elevado índice de pibonismo en la calle Escalinata en las noches de sábado-, Álida y yo reconocemos que no queríamos ir al concierto. No es que no quisiéramos ir, sino que la alternativa "casa-calor-partidos de fútbol/películas de Cuatro" era casi tan deseable o más. Sin embargo, son demasiado buenos. Vetusta Morla, digo. Ya, esta era una crónica sobre Vetusta Morla y hasta ahora el nombre no había salido. Cosas que pasan. Lean los encabezamientos.

Vetusta Morla son tan buenos que aunque te falte el entusiasmo te queda la admiración. Realmente son admirables: cinco conciertos seguidos en Madrid, cinco llenos absolutos; Caracol, La Palma, El Sol, La Riviera, Joy Eslava. Es, por tanto, el quinto día y la garganta de Pucho no da para más. Apenas si puede hablar entre canción y canción y pide por favor que la gente no fume.

No le hacen caso.

Pucho en medio de una bruma molesta y junto a Pucho los otros cinco y junto a los otros cinco Yuri Mendez, de Pájaro Sunrise, los chicos de Lori Meyers, Jairo Zabala, Manuel Colmenero... cada concierto tiene sus invitados. Fantaseamos con una conexión en directo con el concierto de Love of Lesbian para una interpretación a dúo. Es lo que les falta para ser U2.

Pucho empezando con "Autocrítica", como siempre, y acabando con "La cuadratura del círculo", dos horas y pico después. La dirección de Joy tirándose de los pelos: esta noche el pase de la discoteca será más corto. Cinco conciertos en la garganta y aun así dos horas. Y aun así todo perfecto. Y aun así no dan la sensación de estar cansados y aburridos -aunque todos sabemos que tienen que estar aburridos y muy cansados- sino que intentan transmitir entusiasmo y Pucho gira y salta y grita a lo Thom Yorke y al final, al final del todo, las luces van y vienen y la chica se lleva las manos a la cara, se acaricia las mejillas, ojos entornados, mirada perdida, y los tres guitarristas se ponen delante y el bidón rueda entre el público y saber que no os puedo aniquilar, no es suficiente para firmar la paz.

Imposible ser racional con Vetusta Morla. Uno lo intenta pero no puede. Uno intenta poner cara distante y mirar resultados del Barcelona y el Real Madrid en el móvil, pero no puede. Se acaba entregando. Sin espectáculos ni contorsiones, pero se entrega. A lo viejo y a lo nuevo, incluso a lo muy viejo, que de viejo parece nuevo. A todo eso. Lo que venga. Empezaron aquí, hace un año y nueve meses, presentando el primer disco de un grupo semidesconocido y Álida y yo ya cantábamos entonces "lo-lo-lo-lo-lo-lo-lo" y "lalalalalalalalalalala". Ahora, se canta menos y se escucha más. Hay que escuchar muy bien porque se oye poco. Porque Pucho amaga casi con el desmayo sobre escena, roto de sensaciones y adrenalina. Un hilo de voz, su cabeza apoyada sobre el micrófono.

El fin. Es el fin. Con vivos muertos. El fin del principio. La chica de camisa con redondeles, no exactamente estilo flamenco sino claramente indie parece que se despierta de un sueño feliz. Camina hacia la salida y solo podemos seguirla. Es nuestra única alternativa.

El monopolio del Barça y el Madrid


Empatar un partido se ha convertido en una crisis. Empatar dos es una hecatombe. Perder uno, en Alcorcón, es motivo para acabar con todo un proyecto a los dos meses de empezarlo. ¿A qué viene este nivel de histeria? El Barcelona y el Real Madrid se han acostumbrado hasta tal punto a ganar siempre que ya no se entiende lo contrario. Después de 10 jornadas y 20 partidos entre ambos, suman 16 victorias, 3 empates y 1 derrota. 51 de 60 puntos posibles. Obviamente, es un record.

En ambos casos, la crítica roza la esquizofrenia. Es cierto que el Barcelona no jugó bien en Kazan. Sí lo hizo en Pamplona, donde mereció ganar sobradamente, pero en Rusia se atascó ante un equipo que es campeón de liga y que va a volver a serlo. Una liga donde están dos de los tres últimos campeones de la UEFA. Una liga donde hay dinero para aburrir. La liga de un país que fue semifinalista de la Eurocopa.

Pero en cualquier caso el Barça no fue excelente y con menos de la excelencia no le valió. Empate a cero, segundo consecutivo. Tercer puesto en la liguilla. Nervios. Falta Messi. Falta Iniesta. Ibrahimovic es muy malo y las falla todas. Piqué está lento. Xavi, cansado. Henry debería retirarse. En fin, el apocalipsis. Cuatro días después, incluso ganando 4-2 al Mallorca, equipo en puestos UEFA, un crítico de elmundo.es acusa a Guardiola de "sacrificar el estilo por el resultado". Todo porque sentó a Xavi, Iniesta y Messi y solo les sacó en la segunda parte.

A lo que se ve, determinados jugadores deberían jugar los 90 minutos de los 55 partidos oficiales.

Las críticas al Madrid solo tienen un punto de justificación: la debacle de la Copa del Rey. Y aun así, ese punto puede venirse abajo en tres días si remontan la eliminatoria. Con un equipo completamente nuevo, una plaga de lesiones y una presión mediática realmente exagerada, resulta que sólo lleva un punto menos que el Barça: ha ganado ocho de diez partidos, sólo ha perdido con el Sevilla y en Sevilla y en Champions parece claro que al menos se clasificará. Probablemente, segundo, pero se clasificará.

Queda lo del Alcorcón por solventar, pero eso puede solventarse aún.

Este sábado tenía toda la pinta de que iba a tener un partido complicado ante el Atleti. Es cierto que acabó asfixiado y con Casillas de estrella. También es cierto que a los 63 minutos de juego ya iban 0-3 y con la sensación de que aquello iba para goleada. Mantener la distancia es muy importante a solo dos jornadas del clásico del Camp Nou. No es lo mismo llegar a un punto y poder salir incluso líder que llegar a cuatro y temer por que la distancia se vaya a siete.

Algunos insisten en que la Liga española tiene el mejor nivel de Europa. Bien, yo lo que veo es que hay dos equipos insultantemente superiores a los demás. Y que luego esos dos equipos las pasan canutas en la Champions. La tercera vía del Sevilla es lo más presentable que tenemos después. El Atleti está ya eliminado, y en la antigua UEFA, Valencia, Athletic y Villarreal se las están viendo en chino para clasificarse ¡a los dieciseisavos de final!

Esa no es una gran señal, me parece.

viernes, noviembre 06, 2009

Cómico bueno, cómico muerto


Se supone que el principal objetivo del monologuista es ser irónico, ingenioso y divertido. Humor inteligente. Sin embargo, bastaba con ver "El club de la comedia" para darse cuenta de que eso no era siempre posible: en España ha habido Gila y ha habido Tip y Coll, pero la larga y pesada tradición de Morancos y Calatravas sigue ahí, pendiendo sobre todos nosotros.

Resulta difícil calcular a importancia del canal Paramount Comedy en la irrupción de un nuevo concepto: no se trataba de que cómicos famosos interpretaran los guiones de otros, sino que cómicos desconocidos demostraran su talento. Así empezaron a surgir los Agustín Jiménez, Eva Hache, Ángel Martín, Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Dani Mateo, Ignatius Farray, Don Mauro...

Lo destacable de esta generación, aparte de su rapidez prodigiosa, es su gran formación. Jóvenes aunque sobradamente preparados. Por supuesto, hay excepciones, pero en sus monólogos casi siempre hay referencias que van más allá del chiste popular y que consiguen llegar a otro público más "entendido", sea eso lo que sea. Si sirve de algo poner algún referente, podríamos apelar a Woody Allen más que a Chiquito de la Calzada. Supongo que mencionar la influencia de Jerry Seinfeld y Larry David también es inevitable.

Ricardo Castella y Juan Diego Martín son dos de los mejores "productos" de la "Factoría Paramount". Castella ha tenido sus momentos de gloria en la televisión nacional, con su sección de política en "Noche Hache" y sus colaboraciones en Antena 3. El espectáculo "Cómico bueno, cómico muerto" juega con eso, de hecho: un cómico más o menos conocido y un debutante coinciden en un espectáculo y aprovechan cada abrazo para clavar una puñalada en la espalda de su compañero.

A partir de ahí, da gusto ver a Castella y Martín interactuar. La química entre ambos es indiscutible, y no sólo se limitan al chiste y el monólogo irónico: se atreven a cantar, a tocar instrumentos, a hacer teatro del bueno... Hay una idea detrás de todo esto y la idea es buena: descargar tensión de los monólogos, que no dejan de ser el plato fuerte. Entre actuación y actuación los dos cómicos se tantean, se felicitan y se enfrentan. Se engañan y se dejan engañar. Caen en el absurdo y no les importa.

Si la cosa se limitara a cinco buenos monólogos y punto, quedaría algo soso. El espectáculo gana visto desde dentro del espectáculo y las subtramas sirven para reforzar lo básico: alces, judíos, japoneses, juegos olímpicos y orgías. Sacar el monólogo de los bares y meterlo en teatros me parece un gran acierto. Un cómico, de toda la vida, no es un borracho ingenioso sino un actor. Castella y Martín actúan a un excelente nivel y el texto es en ocasiones genial. El que los conozca, ya se lo imaginará. El que no los conozca, debería empezar a pensárselo.

Teatro Alfil. Calle Pez, 10. Más información y vídeo-entrevista en el blog de Ana Boyero.

Celda 211

Como es habitual, cuelgo aquí el enlace al original en Notodo.com, pero les permito disfrutar de mi reseña de "Celda 211" aquí, en casa:


Si algo se suele reprochar al cine español es su facilidad para el tópico. En las películas de ambiente carcelario, los presos son buena gente traicionada por una sociedad hostil, los carceleros son malvados sedientos de injusticia y la corrupción campa a sus anchas. No es el caso de Celda 211, la nueva película de Daniel Monzón. A ninguno nos gustaría ver a esos tipos en las calles, no hay ningún tipo de inocencia en ellos e incluso en ocasiones se abusa del jolgorio destructivo y la ovación ruidosa al estilo Gladiator. La masa iracunda.

Hay carceleros malvados, por supuesto, pero no es la norma. Hay corrupción, claro, pero no masiva, y sobre todo, no caprichosa. Es decir, hay realidad, pero no hay tópico. Es una película que sabe entretener y mantener en vilo al espectador y eso se agradece. Sin moralinas. Directa. Es cierto que para ello, a veces, hay que aceptar determinadas concesiones de guión que resultan algo increíbles y forzadas, todo para que la trama avance. Un esfuerzo que a veces cuesta y que se exige desde el principio, con unas escenas algo dudosas, pero un esfuerzo que acaba valiendo la pena. Y vale la pena porque los actores están sobresalientes.

Decir que Luis Tosar está fabuloso va a ser lo más repetido de la próxima semana, pero es que es verdad, no se puede decir otra cosa: Luis Tosar está fabuloso. No siempre sucede, pero aquí lo borda. El peligro es que la gran actuación de Tosar eclipse a sus excelentes compañeros de reparto. Es difícil encontrar tanto talento junto: Manuel Solo, sobrio y magnífico como siempre; Carlos Bardem, prodigioso en su papel de interno confidente; Vicente Romero, sabiendo ser comedido; y Antonio Resines, sabiendo ser equilibradamente cruel.

Alberto Ammann –“Calzones”, el co-protagonista de la película- deja algunas dudas, combinando grandes momentos con otros francamente sobreactuados. El personaje de Marta Etura, su mujer, parece desaprovechado. Cuando tienes a Marta Etura en tu película hay que aprovecharlo al máximo y no parece que Monzón lo haga. Como resumen, nos quedamos con la sensación de angustia y nerviosismo propios de un thriller de acción al estilo americano en el mejor sentido de la expresión. Sin las explosiones, pero con el ritmo. Ritmo y buenas actuaciones. Sin tópicos. Un plan perfecto para un público nuevo que el cine español necesita.

jueves, noviembre 05, 2009

Cristiano Ronaldo y Pepe "el Brujo"


Punto uno: a mí me parece una desgracia que un jugador como Cristiano Ronaldo esté lesionado. Por supuesto, como antimadridista, prefiero no verle en el campo porque es muy bueno, pero no le deseo una lesión a nadie. Si pagan 94 millones de euros por él y fracasa pues me alegro, pero toda lesión tiene un punto injusto.

Aclarado esto, no puedo evitar sentir cierta fascinación por el tema de Pepe, "el Brujo", un personaje que sacó El Mundo de manera inopinada a finales de septiembre anunciando su mal de ojo a CR9 y asegurando que, gracias a su magia negra, el jugador portugués "pasará más tiempo lesionado que jugando. No será una lesión grave, pero se le complicará y jugará muy poco este año".

Por supuesto, me niego a pensar que haya una vinculación entre la magia negra de Pepe, "el Brujo" y la lesión de Cristiano -¿me niego? No sé, haberlos, haylos-pero me resulta divertido que se haya cumplido paso a paso todos sus pronósticos. Un tipo del Marsella entra con los tacos en una entrada descontrolada pero al balón y arrastra el tobillo de Ronaldo. En principio, no pasa nada. Sigue jugando, incluso marca otro gol. Le cambian. Dos semanas de baja por esguince.

Bueno, el Marca sale con que es un ser superior -este también- y que a los cinco días estará para jugar en Sevilla. No está. Tampoco para el siguiente partido. Sí juega con Portugal y a los quince minutos pide el cambio. Su lesión se ha agravado. No pasa nada: en tres semanas está. Bueno, un mes. Bueno, dos meses. Bueno, en realidad no sabemos bien qué le pasa y si le operan estará cuatro meses de baja...

Parece sacado de "Noticias del Mundo", pero quiero manifestar mi estupor ante todo esto. Y esperar que el chico pueda jugar cuanto antes, a ser posible justo después del partido del Camp Nou.

Sí, soy un maldito cobarde.

La Cabra Mecánica-Carne de canción


El disco se presenta como el último de La Cabra Mecánica como tal después de cuatro años sin publicar nada nuevo. De hecho, en este doble CD+DVD sólo hay tres temas inéditos: "Carne de canción", que da título al álbum; "Valientes", himno reivindicativo de toda una generación de perdedores inconformistas y tocacojones como nosotros; y "Yayo, yaya", canción que iba a ser la sintonía de una serie sobre la tercera edad que finalmente no se acabó de emitir.

Decir que La Cabra Mecánica desaparece es algo ambiguo, porque La Cabra Mecánica, como se hace hincapié en todos los libretos de sus discos, es Lichis. Acompañado de excelentes músicos que han ido variando a lo largo de los años. Pero es el proyecto de Lichis, las canciones de Lichis y todo se ha hecho como Lichis ha dicho, aunque le costara más de un disgusto. Obviamente, La Cabra Mecánica puede disolverse, pero Lichis, no. Considerar este disco como el punto final de un estilo de música invita a una pregunta obvia: ¿Qué estilo de música?

Porque Lichis se ha hecho famoso por un par de rumbas bastante logradas, pero no es un rumbero. No es sólo un rumbero, quiero decir. Maneja casi todos los estilos con maestría, pero ahí siguen estando los Beatles, Bob Dylan, cantautores norteamericanos, incluso brit pop camuflado. ¿Qué es lo que se va a acabar y va a empezar de nuevo en Miguelito? Ni idea. Lo que es evidente es que el propio concepto La Cabra Mecánica estaba agotando a Lichis y a su productividad. Dos canciones en cuatro años es muy poco para un genio.

Ya hablaremos de lo que saldrá después del atasco, que puede ser apoteósico. De momento, quedemos con el recopilatorio sepulturero.

De entrada, han sido muy listos a la hora de elegir las canciones y con el propio concepto del disco. Hacer un recopilatorio en la era del MP3 es un riesgo enorme: todo el mundo puede hacerse el suyo en su iPod, ¿para qué comprar uno nuevo y gastarse 20 euros? Lichis se ha adelantado al cambiar -y mejorar, casi siempre- muchos de sus éxitos, incorporar temas nuevos y hacer versiones radicalmente distintos de otros, como el "Shalala". La inclusión de la maqueta de "La lista de la compra", probablemente su canción emblemática y de más éxito nos ayuda a entender por qué en los conciertos canta aquello de "Y aunque cien bakalaeros vengan de Moratalaz, yo hoy me salgo, nano, me da igual lo que me claven por un tinto de verano".

Y también nos ayuda a entender por qué se quedó en maqueta.

Puede que las canciones sean las mismas, pero hay algo distinto. De entrada, Lichis canta distinto, con un punto marcadamente Bob Dylan, sin ese misterioso deje del sur que se entiende poco de un tipo nacido en Cataluña y criado en Rivas Vaciamadrid, Lavapiés, Moratalaz y Vallecas. Sólo hay una persona capaz de criarse en Moratalaz y acabar hablando como un sevillano y ese es Alejandro Sanz.

La producción está mucho más cuidada, también. Las canciones pueden ser menos "gamberras" -¿qué quiere decir eso?- pero tienen más calidad. Quizá se eche de menos la lectura de Henry Miller al final del directo de "En la soleada tarde de domingo en un parque de Moratalaz", pero había razones poderosas para tomar esa decisión.

En fin, ¿qué les puedo contar yo de La Cabra Mecánica? Olvídense del tópico iluso y de María Jiménez por soleares. Quédense con la tristeza. Yo sé que a Lichis le jode lo de la tristeza y el rollo antihéroe, pero es un maestro de la tristeza que se crece. Un vitalismo pesimista o un pesimismo vitalista. Una incertidumbre constante que sigue tirando adelante. Bajo un nombre u otro, qué más da.

miércoles, noviembre 04, 2009

Obama- By the people



Pases de prensa. Esta mañana, "Celda 211", de Daniel Monzón, próximamente en sus pantallas si entran en Notodo.com cuando les avise. La semana pasada, "By the people", una excelente hagiografía sobre Barack Obama que, si no me equivoco, se estrena esta noche en TVE.

"By the people" es uno de esos documentales que resultan interesantes incluso sin merecerlo. Es un reportaje unidimensional sobre las inmensas virtudes de Barack Obama, al que siguen desde antes de decidir su candidatura a las primarias demócratas y hasta el momento de la jura del cargo en el Capitolio. Lo mejor que se puede decir de Obama es que está a la altura de las expectativas: el personaje resulta interesante a pesar de que la realizadora se empeñe en que resulte cargante con tanta bondad y tanta sabiduría.

Básicamente, es un reportaje sobre las primarias demócratas, pero es que las pasadas elecciones estadounidenses se acabaron cuando Hillary Clinton dio por finalizada su campaña. McCain era poco más que una broma pesada.

La lucha entre Clinton y Obama, estado a estado, caucus a caucus, fanático a fanático es una lección de democracia. Impresionante. Apasionada. Aquí tenemos a Zapatero y a Rajoy. A Gallardón y Aguirre. A Chaves y Soraya. Allí tienen a Clinton y Obama.

Reconozco que hay algo en el presidente estadounidense que me disgusta, y es precisamente su simpatía. Es un prejuicio como otro cualquiera: temo a los dirigentes simpáticos. Nadie puede gobernar el mundo y ser un buen tipo a la vez. Sin embargo, hay que reconocer que parece un buen tipo: preparado, sensato, conciliador, con un punto populista eficaz pero que sabe moderar cuando es preciso.

Un hombre negro. Me parece excesivo el énfasis que se pone en esta cuestión. Insisto en las palabras del doctor King: "Que ningún hombre sea juzgado por su color de piel". Esa insistencia en presentar el hecho de ser negro como mérito me parece tan ridícula como presentarla como demérito. Durante demasiado tiempo de la campaña -y por lo tanto del documental- Obama se presenta como un cambio básicamente por ser negro. Un gran error, porque Obama es un tipo inteligente y preparado, sea negro o no.

Entiendo el simbolismo, no me crean un hombre sin corazón. Pero como simbolismo. Entiendo los lloros, pero como emociones. El reportaje se empeña en convertir a Obama en un icono y curiosamente Obama se escapa continuamente, como si le diera igual ser negro o blanco. Como si lo que le importara fuera ser presidente y hacer algo con el desaguisado de la anterior administración.

Como si estuviera por encima, pero de verdad, no en el significante, sino en el significado.

martes, noviembre 03, 2009

Homenaje a José Sazatornil "Saza"

No, descuiden, no se ha muerto. Se han muerto Francisco Ayala y Claude Levi-Strauss, pero entenderán que uno se canse de hacer de sepulturero.

La Chica Portada y yo compartíamos indignación esta tarde después de una maravillosa comida con sobremesa en el barrio de Chamberí por el asombroso ninguneo con el que se trata la carrera de Saza, un hombre que quizás no tenga la carrera ni el talento de López Vázquez, pero que choca que no se le nombre en absolutamente ningún lado. Ni premios, ni homenajes, ni reconocimientos públicos... todo hasta que se muera, por supuesto.

Bueno, pues yo me adelanto.

Soy fanático de Saza desde que le vi como guardia civil amante de Faulkner en "Amanece, que no es poco", de José Luis Cuerda. A eso añádanle el papel de Jaume Canivell en "La escopeta nacional", otras cuantas berlangadas, varias comedias casposas en la que siempre le salía todo mal, con su pose de caballero decadente, funcionario judicial como en "El Verdugo" y su dicción perfecta, ocultando o exagerando el acento catalán a voluntad, y su fantástica representación de "La venganza de Don Mendo", recuerdo televisivo de finales de los 80.

Una debilidad como otra cualquiera: al fin y al cabo, Saza siempre ha sido más un hombre de teatro y cabaret, un rollo muy barcelonés, si se piensa, muy del Paralelo, y da la sensación de que en el cine se sentía incómodo o que el cine se sentía incómodo con él. Por supuesto, es complicado que a sus 83 años cuenten con él ahora mismo, pero lo raro es que, según la biblia de las filmografías, es decir imdb.com, en los últimos once años sólo acumule tres papelitos de secundario en películas casi desconocidas.

Ese bigote, esa mirada orgullosa, ese apellido... Les dejo con una joyita de YouTube, para que los más jóvenes le pongan cara. ¡Recuperemos a Saza antes de que sea demasiado tarde!