domingo, noviembre 22, 2009

Bochorno en San Sebastián



San Sebastián es ridiculous, absolutamente ridiculous de bonita. No se puede hacer mejor, ni en verano ni en otoño, pero especialmente en otoño, que el atardecer empieza a eso de las 4 y algo, el mar brillando al lado de La Concha, todos los edificios con esa especie de luz irreal, blanquecina, el viento del sur soplando, 20 grados a 21 de noviembre y la gente con sus jerseys atados al cuello, como los pijos madrileños pero en versión del norte.

Colas en la biblioteca. Los yonquis de siempre junto al McDonald´s. La excitación de las adolescentes en fiesta.

Me dejé algunas cosas curiosas en el post de ayer: el libro de Elvira Navarro en el kiosko de la estación, junto a Dan Brown y otros. Resulta llamativo conocer a alguien cuyos libros están en el kiosko de una estación. Un orgullo algo estúpido, supongo, pero orgullo. Exageré el viaje otoñal porque ya he dicho que de otoño nada, más bien verano. Verdadero bochorno con lluvia incluida. Humedad pegajosa.

¿Qué hice? Vi tres partidos de dos deportes distintos en tres lugares diferentes. Pasé por el Gure Txoko pero cerraban, me dijo la mujer. Todos los sitios estaban donde yo los dejé hace dos meses, me pareció muy curioso. En el viaje de vuelta los de adelante llevaban a una bebé entrañable y el tipo que llevaba al lado apestaba a alcohol y de hecho consiguió dormir durante las cinco horas y pico del trayecto. Encomiable.

Una pareja hacía el amor furiosamente en la Pensión Añorga al amanecer. Cómo culparles. Yo he hecho el amor furiosamente en la Pensión Añorga en el pasado. Nunca al amanecer, eso no. Al amanecer lo pillábamos siempre ya empezado.

A partir de ahora la decisión está clara: o volver el mismo día y perder una ciudad o volver al día siguiente, ganar un respiro y perder comodidad en el tren. Todo el mundo quiere ir a los mismos sitios al mismo tiempo.

sábado, noviembre 21, 2009

Pagafantas rumbo a San Sebastián



Me parece divertido que en el tren a San Sebastián pongan "Pagafantas". Vinculo a Borja Cobeaga con San Sebastián por una asociación de ideas que a lo mejor es ridícula. Como si todos los vascos tuvieran que ser de San Sebastián. Para empezar, la película está rodada en Bilbao.

Niebla. Mucha niebla. Ahora llega la escena en la que se burlan del camarero porque se parece a El Puma. Es raro hacer todo este camino con sensación de frío porque este viaje siempre ha sido eminentemente veraniego.

Y esto no quiere decir que el invierno haya llegado, ojo, en eso estábamos de acuerdo el taxista y yo esta mañana, ayer por la noche para alguno de ustedes.

La clase de ayer iba de cultura estadounidense. Un breve repaso a algo obviamente inabarcable. Ana Boyero hizo un comentario irónico al respecto. Luego lo explicó, como si se sintiera culpable. Culpable de ser irónica. Soy muy fan de Ana Boyero: cuando me gusta una chica me pongo muy pesado y eso todo el mundo lo sabe, pero cuando admiro a una chica resulto directamente insoportable y si no que se lo pregunten a Lara Moreno.

Pero eso fue en el concierto de Dani Flaco, tiempo después.

Antes vino la clase. Las dos clases. Tengo dos cursos de primero y repito cosas. No todas. El tema era Thanksgiving y hablamos de los viajes de Nueva York a Seattle y fiestas de la Independencia. Pabellones de la NBA, barras y estrellas. Temas de viernes en la Escuela Oficial de Idiomas en Torrejón.

Vimos un capítulo de "Friends". No era ningún capricho, es decir, tenía sentido. Ese capítulo en el que repasan varias cenas de Acción de Gracias y Mónica le corta un dedo del pie a Chandler por haberle llamado gorda. Calibro la importancia de "Friends" en la vida de nuestra generación. Más que "Gran Hermano", posiblemente. Puede que "Perdidos" o "Los Soprano" sean mejores series, puede incluso que Seinfeld sea más divertida, pero en rigor nadie quiere estrellarse contra una isla desierta, nadie quiere asesinar por encargo y poca gente aspira realmente a vivir en Nueva York rodeado de psicópatas sociales y actuando en clubes nocturnos.

Ahora es el momento en el que Óscar Ladoire le explica a Kiti Manver que vivimos demasiado deprisa y que es mejor pararse en medio de una carretera, todo para darle espacio a Gorka Otxoa, que va en moto con un pibón llamado Sabrina algo.

Sin embargo, todos queremos ser graciosos como Chandler, inocentes como Joey, perdedores como Ross -es decir esa clase de perdedor que se casa con Jennifer Aniston- y desde luego nos encantaría compartir aunque fuera una mirada de perfil con Monica o Rachel. Lo de Phoebe no lo tengo claro. Supongo que sería una gran amiga de alguien, pero no sé de quién.

Todos queremos tener nuestro grupo de amigos guapos, divertidos y ocurrentes. Sentirnos queridos y juguetear con el sexo y el amor. Yo no niego que ser anestesista tenga su encanto -de hecho ayer se demostró que mi habilidad para dormir chicas en sitios públicos se mantiene intacta- pero el sentimiento de pertenencia es algo demasiado serio.

Y ahora Sabrina le dice a Gorka Otxoa: "Chemita, creo que eres mi mejor amigo".

viernes, noviembre 20, 2009

Noticias del Mundo y El Mundo Today



Hace unos dos meses, José María Albert de Paco publicaba un post sobre "Noticias del Mundo", aquel maravilloso periódico-fanzine que nos mostraba con total verosimilitud las andanzas del niño murciélago -noviazgos incluidos-, la mujer con tres cerebros o la batalla entre Dios y Satán en los cielos de Israel y un largo etcétera y yo le remitía a "The Onion", el periódico estadounidense que da noticias chorra como si fueran verdaderas y que cuenta incluso con un canal de televisión por Internet.

No me hacía falta irme tan lejos. Aquí en España había unos chiquitos -a los que igual conozco, igual no, estas cosas pasan- que hacían algo parecido y con el mismo talento o más: El Mundo Today.

Estoy aún en proceso de aprendizaje: sólo me he leído la de "Un marinero del Alakrana regresa a casa y no dan nada bueno en la tele", la de "Un multimillonario arroja electrodomésticos al tercer mundo" y la de "Un OVNI aterriza en una zona de carga y descarga", pero la cosa promete, diría yo.

Concierto de Emite Poqito en la Sala Clamores


Este domingo

a la hora del fútbol

emite poqito + Brandauer en concierto

19.00, sala Clamores

C/ Alburquerque 14
Mº Bilbao
¡Empezamos puntuales!

jueves, noviembre 19, 2009

En el ruso

Entran y Rodrigo Rato está sentado en una de las mesas, con perilla, cenando algo que parece rico junto a alguien que parece su mujer. Al principio, él no le ve, pero ella sí. El sitio tiene estética rusa y los camareros son argentinos.

Le habla de él, es decir, le habla de su adolescencia, que es todo lo que es él: "Doolittle" y "Black Hole Sun" rodeado de pinos enormes en medio del verano. Hey, been trying to meet you. Hey, must be a devil between us.

Or whores in my bed, whores at my door, whores in my head.

Hablan de ridículos pre y post-adolescentes. Son buenos haciendo el ridículo. Él es bueno haciendo el ridículo y ella es buena detectando el ridículo. Son chicos estéticos. Son francotiradores, también. Un francotirador reconoce a otro en cuanto lo ve, es lógico. Se toman un pollo asado y molestan a Rodrigo Rato con sus miradas perdidas. Así son ellos.

Él mira su perfil continuamente. El perfil de ella. Ella es una chica que da el perfil y él no sabe si eso también es estética, pero intuye que da igual.

Recuerdan una canción y a los dos les gusta. Esta canción:



Si escuchan el estribillo tiene toda la lógica. Algunos no solo apuntan, además disparan. De repente, él piensa que está viviendo dentro de su novela y le hace gracia. Probablemente ella piense algo parecido, sólo que ella no escribe novelas.

Él fantasea con la idea de entrevistarla, sabiendo que eso la obligaría a ella a entrevistarse a sí misma cinco o seis meses después. No dice nada. Un gato cambia velocidades mientras gira la esquina. Esto puede parecer una frase lírica sin sentido, pero eso es porque no han visto a un gato de noche a distintas velocidades, resulta de lo más inquietante.

Luego se separan y mantienen un amago de conversación mientras ella cruza un paso de cebra. A él le encanta mantener amagos de conversación con chicas mientras cruzan pasos de cebra.

Lo ha visto en alguna película.

No sabe en cuál.

martes, noviembre 17, 2009

Entrevista a Rodrigo Fresán



Bien, bien, bien, queridos amigos. Como siempre, el link original es este, pero transcribo por su interés la entrevista que le hice a Rodrigo Fresán hace como tres semanas o por ahí. Menudo tipo, Fresán. Vaya pedazo de escritor.


Hay pocos escritores con la personalidad arrolladora de Rodrigo Fresán: libros llenos de contundencia estilística y un universo propio de canciones pop, películas de los 60 y 70 e incluso series de televisión en blanco y negro. Ahora, el autor argentino se atreve con la ciencia ficción en “El fondo del cielo”. “No es una novela de ciencia ficción” sino “una novela con ciencia ficción” matiza el escritor en el propio libro. “Me propuse escribir una historia de amor por una vez”, nos cuenta satisfecho del resultado, “y hay gente que me ha dicho que ha llegado a llorar, así que se ve que lo he conseguido”.

Notodo: ¿Tú también leías bajo las mantas con una linterna, como Isaac, uno de los tres protagonistas de tu libro?

Rodrigo Fresán: No hizo falta. Yo nací en una familia de la intelligentsia de Buenos Aires. Mis padres nunca me limitaron, al contrario. Mi padre era diseñador gráfico y se encargaba entre otras cosas de las portadas de algunos escritores muy importantes, además tenía la influencia de Paco Porrúa y otros personajes que iban pasando por casa cuando era pequeño.

NTD: ¿Tanto personaje famoso difuso en la infancia tiene que ver con tu adoración a la portada de “Sargent Pepper´s…” de los Beatles?

RF: Puede ser. Lo cierto es que estaban ahí pero no supe de la importancia de muchos hasta que no pasaron los años.

NTD: La infancia parece un planeta más en esas extrañas combinaciones espacio-temporales de “El fondo del cielo”, ¿de dónde sale todo ese peterpanismo, nunca mejor dicho, dada tu admiración por James Barrie?

RF: La infancia es un entrenamiento astronáutico. La infaNASA (risas). Todo sucede en la infancia, incluso la vocación literaria. No sé, de pequeño yo ya tenía claro que iba a ser escritor, era nulo en todo lo demás. Cuando me explicaron los decimales en clase de matemáticas, me di por vencido. Lo había intentado con las multiplicaciones de dos cifras, pero eso de los decimales era demasiado para mí. Además, luego, la vida, por suerte o por desgracia, se acabó aliando porque se perdió mi certificado escolar, así que sólo me quedó la opción de la literatura, que en Argentina no tiene el punto local, estilo Macondo, del resto de la literatura sudamericana. Es una literatura de lectores, de biblioteca; más aventurera, si se quiere.

NTD: ¿Por qué se empeña en cargarse a los padres de sus protagonistas?

RF: No me gusta leer mis obras en clave freudiana. Nunca me había fijado especialmente en ese detalle.

NTD: Bueno, varios de los desaparecidos de “Historia argentina” dejan a sus hijos huérfanos, la familia de Martín Mantra es como mínimo disfuncional y los padres del protagonista de “Jardines de Kensington” mueren en un crucero… Aquí, sin querer desvelar demasiado, también hay algo de eso…

RF: Puede ser un reflejo puntual de la lectura de David Copperfield y Martin Eden, dos personajes que me encantaron, pero no es exactamente algo buscado, que pretenda querer decir algo.

La soledad siempre ha sido una virtud admirable socialmente hasta nuestros días


NTD: En la novela se hace referencia a las etiquetas, de manera que, para que no los mezclen con otros autores de ciencia ficción, los protagonistas se hacen llamar Los Lejanos…

RF: Sí, las etiquetas son simplificaciones de editores y críticos que sirven para ordenar. No me interesan las generaciones. Hay que tener cuidado con eso y evitar hacer proselitismo de tu generación sin saber si perteneces siquiera. Ahí me gusta la figura de Bob Dylan, que le han intentado hacer líder de mil causas y ahí sigue, en su mundo, sin vincularse a un grupo concreto. Uno escribe porque le gusta leer y le gusta leer a solas. La soledad siempre ha sido una virtud admirable socialmente hasta nuestros días. Ahora parece que si estás solo es porque tienes un problema.

NTD: Se te compara a menudo con Borges, ¿dónde ves el parecido?

RF: No lo sé, aunque me encanta, claro. Lo leí entre los 11 y 13 años y fue una lectura muy grata. Yo leía a Borges con el mismo entusiasmo casi infantil con el que él leía a Chesterton y Stevenson. No podía dejar de leerlo. Aparte de eso, como decía el propio Borges en su ensayo de 1932: “Ser argentino es un malentendido. El patrimonio del escritor argentino es el universo”.

NTD: Dese el gustazo, ¿con quién le gustaría que le comparasen pero no lo hacen nunca?

RF: Pues esa es una buena pregunta. Ahora mismo no se me ocurre nadie. He tenido la suerte de que me hayan comparado con casi todos los escritores a los que admiro. No me puedo quejar para nada… No sé… Me despertaré esta noche a las tres de la mañana con la respuesta y os odiaré profundamente (risas). Sí os puedo decir el libro que me hubiera gustado escribir desde cero: “Cumbres borrascosas”, de Emily Brontë.

NTD: ¿Hasta qué punto “Tokio ya no nos quiere”, de Ray Loriga, otra novela con ciencia ficción pero constante repaso del pasado ha sido una referencia?

RF: Me encanta Ray Loriga. Le he metido como personaje en el libro: es un taxista neoyorquino. El otro día se lo comenté y le pareció muy divertido. Ray es uno de esos escritores que se ha visto perjudicado por la asociación generacional, aunque ya se va librando de eso. Supongo que son dos libros escritos por dos apasionados de la ciencia ficción que mantienen una pequeña relación de amor-odio con el género.

NTD: ¿Y cuánto hay de Philip K. Dick y su elogio de la esquizofrenia?

RF: Me gusta que cuando lees el libro está todo en presente, pero en realidad todo es una reconstrucción de una mujer en la nada del fin del mundo. Todo transcurre en un mismo tiempo, de hecho hay un par de erratas temporales, pero las he dejado ahí porque al fin y al cabo todo está sucediendo a la vez.

NTD: ¿Hasta qué punto sobrevuela “Dimensión desconocida” todo el texto?


RF: Esa serie es el mejor taller literario posible, como narración y estructura. Yo quería ser escritor pero también quería ser Rod Serling, que aparecía al principio de cada capítulo. Ya no se hacen series así. Dicen que es la edad de oro de la televisión, pero yo creo que es más la edad de oro del DVD, de “la colección” por encima de “el capítulo” semanal.

El fin del mundo será algo a cámara lenta


NTD: ¿Has pensado en pasarte a lo audiovisual?

RF: Me lo han propuesto, pero no. Sólo con pensar en tener que lidiar con el productor, los actores… como mucho, me gustaría hacer los eslogans de los carteles de las pelis (risas).

NTD: ¿Ser escritor es algo tan solitario como parece, por lo que se ve a sus narradores?

RF: Bueno, aquí es que ella está realmente sola, en el fin del mundo. Es como en “Mantra”. De hecho, la chica es María-Marie, o podría serlo. Yo tengo una vida muy alegre y feliz, con muchos amigos. Supongo que les dejo la soledad a los narradores de mis libros, odio la figura del escritor agonista.

NTD: Dice que en “Historia argentina”, su primer libro, ya se anunciaba toda su obra. ¿En “El fondo del cielo”, se recoge?

RF: Bueno, “Historia argentina” y en especial el relato “La vocación literaria” eran muy autobiográficos. No es que aquí se recoja, porque esto lo considero un paso, no un punto y final. Es más bien como ir encendiendo luces por las habitaciones de una casa muy extraña, como la de los Beatles en “Yellow Submarine”. Hay referencias a otros libros míos, pero porque eso también me gusta como lector en las obras de otros. Reconocer las pistas.

NTD: Tus agradecimientos son desesperantes para los periodistas porque no nos dejas casi nada que preguntarte… Mencionas que llegaste a escribir “Evasión”, la novela dentro de la novela, ¿para cuándo una versión con extras, estilo DVD, que nos permita leerla?

RF: No, “Evasión” ya está borrada. El libro tenía un primer borrador pero con el idioma incorrecto. No quería desviar la atención de la historia de amor: los sentimientos se tienen que imponer, no ser sepultados por un afán enciclopédico. John Irving, por ejemplo, mezcla las dos cosas perfectamente.

NTD: Por último, cuando el fin del mundo llegue, a ti te pillará preparado, suponemos…

RF: Lo del fin del mundo con efectos especiales es infantil. El fin del mundo será algo a cámara lenta. En “El fondo del cielo” está la idea de la profunda desilusión de que no vamos a ser salvados ni destruidos por una civilización extraterrestre, ya nos encargamos nosotros mismos.

Pilar Rubio y Cristina Urgell se van de "Sé lo que hicisteis"


"Sé lo que hicisteis" es un programa que me causa emociones encontradas. Será porque empecé a verlo allá por 2006, cuando no lo veía nadie más, era semanal y mucho más gracioso. Creo que Patricia Conde cumple su labor a la perfección y Ángel Martín es un talento cómico descomunal. Si a eso le añadimos la reconversión de Miki Nadal a algo menos casposo y más irónico y el fichaje hace un año y pico de Dani Mateo, otra estrella de la factoría Paramount, es imposible que el programa sea malo. O casi imposible.

Luego están las reporteras. No me gustan las reporteras. Es un rollo demasiado Telecinco. Yo no digo que hagan mal su trabajo, al revés, lo hacen tan bien que las ficha Jorge Javier Vázquez. El problema es el trabajo que hacen: una mezcla entre CQC y Aquí hay Tomate con mayor o menor sutileza. A mí no me gustaba ver a gente persiguiendo a famosos y aprendiéndose un guión con preguntas. Ni siquiera me gustaba el rollo "mira lo buena que estoy". Me parecía avasallador. Me incitaba al zapping.

De hecho, la evolución de los personajes ha dejado que desear: Berta Collado entró como una eficiente periodista que se dedicaba más o menos a eventos deportivos y acabó también en esa dinámica de minifaldas, maquillaje y peluquería. Quizás yo soy demasiado puntilloso, pero veo un punto machista en todo eso. Un punto Lazarov. Un punto Berlusconi.

Ahora, Pilar Rubio se va por una millonada a Telecinco, donde sin duda encontrarán un buen lugar para ella, al menos para que deje de molestarles. Cristina Urgell parece que también se va. Es una pena: soy fan de Cristina Urgell mucho más allá de sus piernas. Desde que presentaba en la MTV. Me gusta cómo interpreta y al menos no me intimida, aunque tenga todos los motivos para hacerlo. En ese sentido, me recuerda a la propia Patricia Conde.

No creo que el programa vaya a notar las bajas. Notaría las bajas de los guionistas porque guionistas buenos no hay muchos, pero pibones hay a patadas. Pondrán otras. O no pondrán a nadie, rebajarán todo ese tono desagradable de "Mermelada" y tal, el insulto contra el insulto, el rollo este de patio de colegio en el que se han metido, la pretensión de estar por encima mientras te metes en el fango, etc.

Quizá vuelvan a hacer algo divertido y menos estresante, con más espacio para el talento de los presentadores y menos distracciones. Más estilo, también. No creo que esté diciendo nada de lo que los demás no se hayan dado cuenta. Cuando te empeñas en hablar de Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez con su mismo lenguaje y su misma catadura moral te acabas convirtiendo en algo parecido a Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez.

Es una lástima, porque ellos dos no tienen otra opción, pero Patricia, Ángel, Dani, Miki, Berta... sí.

lunes, noviembre 16, 2009

Enhorabuena, eres el visitante 300.000


No voy a negar que cuando llegas a los 200.000 visitantes, pensar en 300.000 no es tan descabellado. Es decir, no me voy a hacer el sorprendido por esto. Sí me sorprende más haber marcado ambos hitos con apenas nueve meses de diferencia. No acabo de entender el éxito de un blog que no habla de nada en concreto: no es un blog dedicado a política, ni a deporte, ni a literatura, ni a cine. Es un blog sobre mí y yo, en rigor, no soy nadie.

Y si nos ponemos ni siquiera es un blog sobre mí, porque al menos el cotilleo podría funcionar, pero aquí está mi mundo como representación y no como voluntad y lo más que pueden encontrar es una visión distinta de las cosas que ya conocen.

A veces, ni tan siquiera distinta.

Pero, en fin, si nos quejamos de las cosas malas, ¿por qué nos vamos a quejar de las buenas? Como dijo Billy Wilder -si es que fue Billy Wilder y no Woody Allen o alguien similar- puede que no me merezca tener 300.000 visitas a mi blog en tres años y medio pero tampoco me merezco una estenosis de uretra ni una medicación diaria contra la ansiedad y sin embargo ahí están. Así que solo faltaba.

En fin, muchos agradecimientos por estar ahí. Créanme que es un verdadero placer y que nunca consideraré esto "perder el tiempo".

sábado, noviembre 14, 2009

El Festival Eñe



Obviamente la duda es si uno quiere escribir o ser escritor y eso vale para todo: ¿Hacer música o ser músico?, ¿hacer películas o ser director?, ¿dejarte el talento y la piel en cursos y castings o limitarse a repetir "soy actriz"? Esa es la duda que sobrevuela el Festival Eñe, un monumental esfuerzo de La Fábrica y su revista de literatura, que ha reunido en el Círculo de Bellas Artes a todo lo que merece la pena del mundo de la escritura: editores conocidísimos y editores desconocidos; escritores consagrados y aspirantes en el camino; críticos y colaboradores, filósofos, lingüistas...

Aquello recordaba un poco a las reuniones de la Unión de Actores: un montón de caras conocidas y una gran inmensidad de aspirantes, todos con nuestras colaboraciones, nuestros manuscritos, nuestros "yo he publicado aquí", "yo he publicado allá". Grandes cantidades de entusiasmo y grandes cantidades de ansiedad. Sobreexcitación-frustración, que diría Vicente Villanueva.

Hay algo excesivo en el mundo de la literatura. Hay algo excesivo en cualquier mundo, supongo. Uno entra en una convención de literatura fantástica porque le ha gustado un libro de Philip K. Dick y sale sin ganas de volver a leer un libro de ciencia-ficción en la vida. El exceso está en la explicación del truco. La constante explicación del truco y el análisis de ese truco y la disección de cadáveres en la que se convierte el impulso primigenio: tengo algo que contar, me siento y lo escribo. La misma disección que acaba con el placer recibido: me apetece que me cuenten algo, abro un libro y disfruto.

El Festival Eñe, con Camino Brasa, a la cabeza puso todos los mimbres para que la gente disfrutara y desde luego muchos disfrutamos, pero las dudas estaban ahí: nadie hablaba de bien que lo pasaba escribiendo o leyendo. Ventas, ediciones, próximos lanzamientos, proyectos rechazados o aceptados, estética, mucha estética; ese punto acelerado que hace que la gente quiera estar sin saber muy bien dónde está o por qué está. La manía de entrar en las conferencias o en las entregas de premio cuando la ceremonia o la explicación ya ha empezado.

Imagínense: entro con un colega, hablando, "¿Dónde nos sentamos? Mira ahí hay sitio. Perdona, ¿me dejas un momento?" y el ruido de los pasos y las sillas y el pobre hombre o mujer en cuestión intentando mantener la conversación de la charla y nosotros intentando seguir escuchando a alguien completamente desconcentrado. Había veces que daban ganas de cantar aquello de "Pero qué público más tonto tengo".

Hay una ligereza en la música que resulta molesta. Que me resulta molesta, al menos. Me refiero a todo ese afán lúdico de "money for nothing and chicks for free". Pero eso es algo. Dionisíaco, si se quiere. La rigidez apolínea de la escritura, de la industria de la escritura a veces me supera. Tanto que uno duda muchísimo que quiera estar ahí: el empeño en pasar a la Historia. El empeño en justificarse. El empeño en demostrar. ¿Y si todo se redujera a "mira, me divierto, no sé hacer otra cosa. Espero que lo que cuente le interese a alguien"? Eso cuesta reconocerlo. Apariencias. Estética, de nuevo. La estética nos mata.

Bajemos a lo concreto. Al recuento de lo concreto: al viernes tarde con Hache. Ni personal assistant ni hostias, Hache. Mi amiga Hache. Reunión de editores de discurso entusiasta y cara de agotamiento. Ser escritor rechazado es un coñazo, pero ser editor y tener que rechazar 300 manuscritos al año, todo para publicar 10 por los que tienes que matarte día y noche no me parece nada deseable. Yo a los editores les admiro. No les peloteo porque eso me parece muy feo, pero les admiro.

Discusión de Lorenzo Silva e Ignacio del Valle sobre Stieg Larsson. Magnífica cuando se ciñe a Larsson; muy aburrida cuando se limita a un elogio constante del otro contertulio y a reflexiones políticas cogidas por los pelos. Conferencia express de Agustín Fernández-Mallo y la constatación de los peligros que rodean a Fernández-Mallo, que es la ejemplificación de toda la esquizofrenia que les intentaba contar al principio. Un tipo de 40 años tiene ganas de contar una cosa. A su manera. Escribe un libro muy mal editado y se convierte en un éxito. Luego escribe otro y el éxito es mayor. Debido a su éxito se le etiqueta como líder de una generación y se inscribe a todos sus coetáneos (tomando como edad la fecha de publicación, no la de nacimiento) en la llamada Generación Nocilla.

¿Por qué? Porque son nuevos, porque son revolucionarios, porque están creando un nuevo paradigma... Historias. Fernández-Mallo escribe buenos libros, interesantes, divertidos. Punto. Más que suficiente, pero punto. No ha inventado nada. ¡No hay por qué inventar nada! Inventar es deseable pero no es obligatorio. Y desde luego Fernández-Mallo no lo hace. Tampoco en la conferencia, donde es ingenioso y divertido, que es lo que tiene que ser.

Y punto.

Luego viene la entrega de premios Cosecha Eñe, con una cosa muy fea que casi prefiero no mencionar, discúlpenme. Concierto de Josele Santiago. Sueño infinito. Vuelta en sábado a las 11: Chema Madoz y Juan Bonilla. Las fotos de Chema Madoz son de lo mejor que he visto en mi vida, un prodigio. Intento hacer fotos, porque, ya digo, yo aquí vengo de turista, no para quedarme. Que igual luego me quedo, pero de momento, ya digo, de paso. Intento hacer fotos pero se conoce que fotografiar a un fotógrafo es imposible. Como lo de los vampiros en los espejos. O eso o que no sé cómo funciona mi cámara.

Fernando Savater y Emilio Sánchez Miguel deparan un duelo de titanes en la quinta planta. Ninguno de los dos, los más brillantes hasta el momento, hablan de sí mismos. Luego llegan Fresán, Loriga e Ignacio Echeverría, crítico y albacea literario de Roberto Bolaño. Es imposible reunir más talento en lengua hispana en un sitio tan pequeño. Repasan trayectorias y expectativas. Es un momento enorme. Enorme para mí. Podría escribir un libro entero solo sobre la importancia de Loriga y Fresán en mi vida. Incluso la de Bolaño. Pero si escribiera libros sobre los libros de otros me convertiría en alguien que ustedes conocen y que yo no voy a mencionar tampoco.

Sí, estoy de lo más misterioso.

En fin, que todo acaba en familia, con la gran Lara Moreno y tres jóvenes valores de la literatura española. Tienen que hablar de lo nuevo. Es una putada hablar de "lo nuevo". "Lo nuevo" no existe. "Lo nuevo" siempre lo ha pensado alguien antes. ¿Qué es lo nuevo? ¿Meter un pantallazo de Google en una página? Menuda revolución. Vaya paradigma de mierda. Lo nuevo no es necesario. Estamos en lo de antes: puede ser deseable pero no exigible. Lo nuevo, además, no justifica nada. Uno de los chicos, no recuerdo cuál, explica cómo publicó por primera vez. Luego da un consejo muy sabio de cómo se debería intentar publicar por primera vez.

Alguien dice algo así como "intenté contar algo nuevo, para que tuviera sentido que me publicaran". No, lo nuevo no justifica la publicación, insisto. La gente quiere historias. Siempre querrá historias y nunca serán las mismas. ¿Tienes una buena historia? Muy bien, adelante, cuéntala. Vívela con pasión y cuéntala. Olvida por un momento estructuras, referencias, esqueletos y vísceras. Disfruta. Puede que a alguien le cambies la vida.

En definitiva, escribe.

viernes, noviembre 13, 2009

La Rubia de Pinos Puentes


Mi admiración por Vicente Villanueva es total. Desde “El futuro está en el porno” que creo que fue lo primero que vi suyo pasando por “Mariquita con perro”, “Heterosexuales y casados” y la obra maestra que es “La rubia de Pinos Puentes”. Señores, eso es dirigir actores y darles libertad dentro de un guión desternillante. Por supuesto, mantiene esa estética casi de “Callejeros”, con un narrador en off que va dando paso a situaciones confusas y con un montaje frenético.

Un mago del absurdo.

Lo de Carmen Ruiz, la actriz protagonista es insuperable. Es difícil ver una actuación parecida en un corto de comedia. Quizás Marta Belenguer, también con Vicente.

En general, la gala de este jueves de “Cortogenia” fue de un nivel superlativo. No siempre es así. Empezó algo floja con “La parada”, un corto bienintencionado pero con demasiadas limitaciones, tanto técnicas, como de historia y actuación. Alejandro Andrade, el director, es un buen tipo, sin duda, y la que nos pillamos en Medina con Álex Montoya fue apoteósica, pero en comparación su corto se quedó un poco en nada.

“El sobrino” es una demostración de medios bien utilizados. Una comedia con puntos casi chanantes bien interpretada e intensa. Ambiciosa, muy ambiciosa, y creo que la ambición es algo bueno. Todo lo contrario sucedía con “Pichis”: menos medios, todo trabajo de actores –se nota que la guionista es Natalia Mateo y la directora, Marta Aledo-, pero sin ninguna pega que ponerla: simple, pero efectiva. Buenos diálogos, excelente interpretación –con Raúl Arévalo, Luis Callejo y la propia Natalia no se podía esperar otra cosa- y gran sensibilidad. Amigos que se reencuentran. ¿Cómo no verse reflejados?

La joya extranjera de este pase fue “Love you more”, un corto que ya se pasó en Almería el año pasado y que fue comentado aquí. Su parecido con “Cómo conocí a tu padre”, de Álex Montoya es innegable, aunque el propio Álex, después del pase, lo admitía muy a regañadientes, con cara de “eso no es del todo así”. En cualquier caso, un año después, sigue siendo un corto de una sensibilidad magnífica y muestra el prodigio que supone contar una historia tremendamente sutil mediante un erotismo realmente explícito.

Yo soñaría con hacer cualquiera de los cuatro cortos mencionados. De momento, me conformo con el que he hecho. Da gusto ver a Guadalupe Lancho y saber que, de alguna manera, tú también estarás ahí pronto y por méritos propios. Sólo diré que el montaje de “Do not disturb” tiene una pinta excelente. Una pinta de Cortogenia en sus mejores días.

Mamut- Amanece en Pekín

Ojo a la cantante de este grupo, su grado de pibonismo y su asombroso parecido con Emite Poqito...


jueves, noviembre 12, 2009

Noviembre



Noviembre, casi siempre... Aunque no sé desde cuándo, porque la canción de U2 decía literalmente "October, and the trees are stripped bare of all they wear... what do I care? October, and Kingdoms rise, and Kingdoms fall, but you go on, and on". Era la fase mística de U2 y no han hecho canciones mucho mejores que esa. Yo oía sus discos en casa de A. Vinilos. Casa de la madre de A., quiero decir, y era terriblemente adolescente. Sé que abuso de mis crónicas de adolescencia, pero es que sin eso no se van a enterar de nada del resto.

En fin, que la canción decía "October" y yo cantaba "November" -ventajas del inglés- desde el momento en que se cruzó la Chica Langosta y luego me divorcié en noviembre, también, e incluso mi primer relato tenía ese título y empezaba con un efectista "Noviembre es un mes en el que cualquier cosa es posible y...", porque todos mis relatos eran así: una frase efectista y una conjunción copulativa. Mariam se dio cuenta de eso, yo ni siquiera era consciente. El caso es que "Noviembre" fue el primero y nos íbamos a Aluche a entregarlo a concursos. L. y yo.

Mi tendencia a convertir mi vida en un alfabeto.

Sigamos: noviembre fue el mes de mi primer divorcio. Mi único divorcio, de hecho. Un divorcio entre comillas, si se piensa, porque no hubo matrimonio y supongo que uno no aprecia del todo la palabra "divorcio" sin haber pasado antes por la euforia del traje de novio, la despedida de soltero, las abuelas emocionadas y la sonrisa obligatoria de la fiesta nocturna. Razones por las que nunca me casaré: no podría soportar una responsabilidad tan grande.

Me enamoré de dos chicas que nacieron en noviembre. Falso. Me enamoré de muchas chicas nacidas en noviembre, por mi tendencia escorpio, pero dos, además, se enamoraron de mí y no encuentro motivos para no creerlas. En general, creo que la gran mayoría de mis mejores amigos han nacido en ese mes. Algo bueno tendrá el agua cuando la bendicen.

Sin embargo, señores, reconozcamos que noviembre es un mes de mierda. No sólo un mes de divorcios -a ver si ahora va a ser el mes el que tenía la culpa- sino un mes de angustias, intentos de suicidio, mudanzas, desapariciones... Un mes en el que te levantas a las 7, sales de casa a las 8 y vuelves a las 10 de la noche. Como dice Fer Cabezas, si quisiéramos que la vida fuera fácil nos haríamos del Madrid. Un mes en el que por las mañanas eres cualquier cosa: un parado, un currito, un enfermo, un hombre agujereado y por la tarde eres Sidney Poitier.

No creo que haya un profesor que no quiera ser Sidney Poitier. Incluso Michelle Pfeiffer. Arreglado, pero informal. Sonriente, pero eficaz. Los alumnos te escuchan y te adoran. También ese chico tan complicado cuya familia... en fin, ya saben. Lo que pasa es que eso se puede hacer con una clase, con 24 clases ya es más difícil. Es imposible, vamos. Sigo intentándolo, pero parece imposible. A la sexta escuela y el alumno quinientos parece imposible.

Esta noche soy cortometrajista, de 10 a 1 de la madrugada. Mañana y pasado seré escritor, a ratos, supongo. En cualquier caso, invitado. No está mal estar invitado, creo que tengo una enorme suerte de estar invitado a tantos lados y desde luego una inmensa suerte de tener tales compañeros de viaje, pero en algún momento me gustaría sentirme en casa. Parar y sentirme en casa. Quizás yo también necesite un rapto místico. Y un anticipo.

El Periodismo se compra

No sé si esto es lo que yo creo que es (ya ves, lo que es no es). Si es, puede ser el principio de una aventura muy interesante en la que, según tengo entendido, tendrán noticias mías.

También puede ser asqueroso spam sin más, esta mañana, junto a los clásicos Viagra y Cialis me han empezado a llegar emails ofreciéndome Tamiflu, sin duda el nombre de moda.

miércoles, noviembre 11, 2009

Real Madrid 1-Alcorcón 0


Para no aburrir a Juan Diego Martín y como no vi el partido de ayer porque no tengo tiempo ni para ver fútbol -lo cual me llena de tal tristeza que no se pueden imaginar- reduciré este post a tres preguntas:

1. ¿Cuántos presidentes han tenido Barcelona y Real Madrid en los últimos cuatro años?

Barcelona: Uno, y muy divertido (Joan Laporta)

Real Madrid: Seis (Florentino Pérez, Fernando Martín, Luis Gómez-Montejano, Ramón Calderón, José Luis Boluda y Florentino Pérez de nuevo).

2. ¿Cuántos entrenadores han tenido Barcelona y Real Madrid en los últimos seis años?


Barcelona: Dos, y los dos jugaban 4-3-3 con interiores cambiados de banda, etc., es decir, igual que Cruyff (Rijkaard y Guardiola)

Real Madrid: Diez (Del Bosque, Queiroz, Camacho, García Remón, Luxemburgo, López Caro, Capello, Schuster, Juande Ramos y Pellegrini)

3. ¿Cuántos jugadores de la plantilla estaban ya jugando en el club (primer equipo o filial) hace apenas cuatro años?

Barcelona: Doce (Víctor Valdés, Puyol, Piqué, Márquez, Busquets, Xavi, Iniesta, Pedro, Messi, Jeffrén, Bojan)

Real Madrid: Cinco (Casillas, Sergio Ramos, Guti, Granero, Raúl)

A partir de aquí podemos insistir en que lo que hay que hacer es echar a otro entrenador, cambiar otros diez jugadores y pelearse cada semana sobre si Guti sí o Guti no, o hacer un proyecto que vaya más allá de la millonada anual. Porque un proyecto no te asegura títulos, por supuesto, pero ayuda. Y sobre todo relaja muchísimo.