sábado, marzo 05, 2011

El cumpleaños de la Chica Langosta


La Chica Langosta cumple hoy 34 años. No me parecen demasiados, son los que cumpliré yo en dos meses. Forma parte de esa entrañable colección de chicas piscis de las que me dediqué a enamorarme en la pre-adolescencia (26 de febrero, 28 de febrero y finalmente 5 de marzo), solo que la fascinación duró más tiempo, tanto que incluso hoy, madre y esposa si mis fuentes no me fallan, me sigo acordando de que es su cumpleaños y en esto no tiene nada que ver Mark Zuckerberg, aunque agradezco su esfuerzo.

Recuerdo especialmente sus 17 años. Hay un tópico que dice que si una chica no es guapa a los 17 años no lo va a ser nunca. A mí me parece una chorrada, pero puede que eso tenga que ver con que si me gustaran hoy las chicas de 17 años estaría muy cerca del delito y cuando menos de la reprobación moral. El caso: cumplió 17 años y lo celebramos en La Vía Láctea. Le regalamos un libro que se llamaba "Cómo ligar con ese chico que pasa de ti o se está haciendo el duro". El título me descartaba por completo, pero aun así puse mis 300 pesetas o lo que fuera.

Volvimos pronto a casa, claro, recuerden que yo solo tenía 16 entonces. Creo que lo único bueno de los treintañeros es que pudimos entrar en bares y emborracharnos ya a esa edad y diría que no todos. Empezamos el cumpleaños a las 9 y lo acabamos a las 12, hora de volver a Moratalaz. El DJ le puso "Birthday", de los Beatles. Estábamos descubriendo el disco blanco.

La última vez que nos vimos en serio fue en Barcelona, quiero decir, nos llegamos a ver después un par de veces, pero fue todo muy fugaz e incluso violento. Muerta la amistad sabe igual que el fracaso, supongo. Estuvimos en La Central y le compré un libro, pero no recuerdo cuál. Puede que uno de Stefan Zweig. Yo soy muy de comprarle libros de Stefan Zweig a la Chica Langosta y luego venir a mi blog a hablar de Mourinho. Se parecía mucho a su hermana mayor, al recuerdo que yo tenía de su hermana mayor. Me pareció lógico. Tenía 30 años y se supone que tendría que haber dejado de ser guapa, pero no era así. Tomamos un café y recordamos algunas momentos. Me dijo: "¿No tienes a veces la sensación de que has hecho cosas pero tú en realidad no estabas ahí?"

Era difícil saber cuándo la Chica Langosta estaba o no estaba, aun así era adorable. Qué coño, era piscis, con eso está dicho todo.

Yo empecé a leer por ella y a escribir por ella y luego ella desapareció y yo me quedé con sus aficiones prestadas sin poder devolvérselas. Creo que conseguimos discutir en cuatro países distintos. Jamás nos besamos. No recuerdo que jamás estuviéramos cerca de besarnos. Una vez bordeamos Hyde Park en vez de atravesarlo, buscábamos un hotel para una noche y nadie se creía que fuera solo para mí.

Nunca soñé con una vida junto a la Chica Langosta y seguro que Louise Hay diría que ahí estuvo mi error, pero sin duda soñé con cosas mejores que el día de ayer. El tipo de vida que te lleva a renunciar a visitar a alguien al hospital porque no tienes tiempo. A una chica piscis, además, entrañable, frágil y con su natural tendencia a la desaparición. En fin, ya me pasó con mi abuelo. Yo me dije a mí mismo: "Nunca llevarás una vida en la que tengas algo que hacer más importante que ver a tu abuelo en el hospital". Y no lo cumplí. Y de alguna manera, aunque sé que es así para todos, no me lo perdono.

viernes, marzo 04, 2011

La dimisión de Messina y la puñalada de Mourinho


Yo no digo que el Madrid haga mal en fichar a entrenadores "ganadores" por unos sueldos estratosféricos. Si tiene para pagarles, hace bien. Sin embargo, creo que hay algo paleto -y con perdón- por parte de sus dirigentes al pensar que uno compra un ganador como el que compra un escarabajo egipcio de la suerte. Ser un ganador, por definición, depende de lo que ganes y ganar no lo da un nombre sino un trabajo, un entorno, un compromiso, un proyecto, dosis de esfuerzo y dosis de suerte, rivales mejores o peores... eso pasa en Madrid, en Barcelona, en Manchester y donde sea.

Messina y Mourinho tienen el perfil que ahora le gusta a Florentino Pérez. No siempre ha sido así. Con Florentino han entrenado Lamas, Imbroda, López Caro, García Remón... Siempre ha creído en las individualidades por encima del técnico y durante un tiempo le funcionó. Al menos en el fútbol. Sin entrar en si ese enfoque es correcto -porque no lo sé, porque esto es un juego y lo que hoy es correcto, mañana no lo es- sí diría que ambos ganadores, aparte de acumular dolorosas derrotas, todas ante un mismo rival, han perdido por completo los nervios y la calma.

Eso no es lo peor: están a punto de hacérnoslos perder a los demás.

Que Messina estaba superado era algo que ya venía del año pasado: ha fichado a 15 jugadores en un año y medio, ha intercambiado sus posiciones, ha castigado el talento, luego lo ha premiado, luego lo ha vuelto a castigar... En cada partido daba esa sensación de que sus jugadores no valían, no estaban a su altura, no se esforzaban tanto como él. Como si el Madrid, en vez de darle prestigio, se lo estuviera quitando. Sus declaraciones después de la semifinal de Copa del Rey asegurando que era "un palestino al que le tiran bombas y lo disfruta" ya indicaba que aquel hombre estaba a punto de perder la cabeza.

Ahora, de repente, tras tres derrotas dolorosas pero hasta cierto punto intrascendentes, decide irse o al menos lo anuncia porque igual mañana dice que se queda. Nadie contempla esa opción, pero las pataletas tienen sus plazos, y yo esperaría. Es una sorpresa y no lo es: por un lado, nadie espera que el entrenador de un club que tiene una opción clarísima a llegar al menos a la final de la Euroliga y sigue segundo en la ACB a falta de los play-offs, se vaya así sin más. Por otro lado, queda dicho, este hombre está soportando una tensión con la que no puede y que no sé de dónde viene: del vestuario, de la prensa, de los directivos... no tengo ni idea.

Mourinho lleva un camino parecido. Me prometí a mí mismo no volver a hablar de él más que por sus enfoques tácticos, que es algo inevitable. Creo que los únicos que deben juzgarle son los que le pagan: los socios del Madrid y su presidente. Si les gusta, que se lo queden. Hoy ha saltado la noticia de que hace cinco días, un loco intentó apuñalarle en Coruña, hiriendo a un miembro de seguridad de la expedición. Antes de saber si la noticia es verdadera o falsa, mucha gente se ha apresurado a culpar a los críticos con Mourinho de que haya locos dispuestos a apuñalarle. Eso es tan indecente como culpar al propio Mourinho de que le apuñalen por sus declaraciones.

Estoy bastante harto y seguro que ustedes también: si es un héroe o un villano, un hipócrita o un adalid de la verdad, un prepotente o un tío sincero, un maestro del manejo de la prensa o una víctima de los propios medios... todo eso júzguelo cada uno, que yo ya paso. Sí creo que está en la misma esfera de enloquecimiento gradual, alejamiento absoluto de la realidad y tensión desbordante en la que estaba su compañero Messina. Eso creo, pero me puedo equivocar. No entiendo su necesidad de enfrentarse todo el rato a todo el mundo, pero sí él la entiende y a su club le gusta, de verdad, no hay problema.

Desde ahora, prometo no hablar de él, no quiero ser partícipe de ningún linchamiento a favor o en contra. Para mí, Mourinho no existe o existe en la medida en que toma decisiones tácticas que merezca la pena analizar. No suelen ser muchas. Yo solo quería hablar -por última vez- de toda esa locura que se desata en la prensa deportiva de Madrid alrededor de todo lo que no es deporte. Y a partir de ahora, como casi siempre se ha hecho, por otro lado, aquí se va a hablar solo de deporte. El resto, para Jorge Javier Vázquez.

jueves, marzo 03, 2011

Valencia 0-Barcelona 1

Empezaron Valencia y Barcelona el partido con unos onces que invitaban al debate: durante media hora todos los especialistas nos rebanamos los sesos pensando quién podría jugar dónde y con tanto cambio incluso los jugadores salieron algo aturdidos: la primera parte fue una auténtica locura de idas y venidas por lo menos en los primeros 25 minutos. Como viene siendo habitual, el Barça empezó con perfil bajo, permitió llegadas en centros laterales y coqueteó con el fuera de juego de manera temeraria, por ejemplo en la jugada de Alba que acabaría en gol tras ser anulada.

Si fue justo o injusto, discútanlo en la barra de bar, seguro que no se ponen de acuerdo.

El partido era agradable de ver y difícil de analizar. La presión del Valencia volvió a ser asfixiante y puso en muchos apuros al Barcelona pero, con todo, Messi falló hasta cinco goles cantados, tres en una misma jugada. Al descanso, el Barcelona llevaba nueve oportunidades de gol pero solo dio la sensación de ser superior en los últimos quince minutos de la primera parte donde, ahí sí, Xavi e Iniesta se asociaron con Messi y Alves mientras Adriano se apoderaba de la banda izquierda en un partido más que aceptable del brasileño.

Parecía cuestión de tiempo. Ya saben, el típico partido en el que el Barça se acaba haciendo con el balón, el rival se cansa, las oportunidades se suceden y tarde o temprano alguien acierta. No fue así. En parte porque Mascherano no es Busquets y se empeña en jugar muy atrás, dificultando la circulación del balón; en parte, también, porque Xavi e Iniesta estuvieron desconocidos: lentos, torpes, fallones, descentrados… pero sobre todo no fue así porque el Valencia jugó una segunda parte prodigiosa.

Sinceramente, no he visto a ningún equipo jugarle así al Barcelona o por lo menos durante tanto tiempo. Puede que en la primera parte los de Guardiola se hubieran merecido ir al vestuario con uno o dos goles de ventaja, pero la segunda parte fue completamente valencianista: presión de hasta siete jugadores en campo contrario, recuperación inmediata de balón, despliegue físico y táctico brutal, rápidos movimientos de Banega y Mathieu para las incorporaciones de Stankovic y la habilidad de Mata, Pablo y Soldado arriba para sorprender a los centrales.

Es cierto que todo este trabajo no se tradujo en ocasiones. En rigor, Pinto apenas sufrió y no se le recuerda ninguna parada de mérito, pero el Valencia consiguió borrar al Barcelona del campo, preocupado más en defenderse del rival que en atacarlo. Ni siquiera el cambio de Pedro por Mascherano ayudó: la vuelta al 4-3-3 clásico no deparó nada bueno y todo apuntaba al empate o la victoria che cuando apareció Messi o más bien apareció Adriano en una excelente incorporación para el remate de Messi llegando en carrera.

El partido del argentino, una vez más, fue soberbio. Chupón en ocasiones, fallón, desde luego, pero soberbio. Generar tanto peligro en un solo partido es algo a lo que nos tiene acostumbrados pero habrá que recordar que es muy difícil.

El 0-1 queda como un resultado difícil de valorar: ¿Fue el Barcelona mejor que el Valencia en juego? Probablemente, no. ¿Tuvo el Valencia ocasiones claras para marcar? Sí, un par de malos disparos de Pablo Hernández y otra de Soldado interesante, pero poco más en 90 minutos. ¿Mereció marcar el Barcelona solo un gol? Pues posiblemente tampoco: jugando un partido regular y bajo mucha presión generó hasta 12 ocasiones de gol y disparó casi 20 veces a puerta, algunas de ellas, ya quedó dicho, en mano a mano con el portero.

La sensación que dejó el partido fue la de un empate, pero Messi metió justo la que había fallado cuatro veces antes y poco hay que oponer en ese sentido. El Valencia claudicó y apenas se acercó al área de Pinto en los minutos finales. Sigue así la racha del Barcelona, ya 20 partidos seguidos como visitante sin perder, 23 victorias en 26 partidos de liga, y el dato que a mí me tiene más impresionado de todos: 5 goles en contra en 13 partidos fuera de casa. La sensación –a menudo exagerada- de invulnerabilidad sin duda empieza por ahí.

miércoles, marzo 02, 2011

Los entrañables rebeldes descalzos de Libia


Mi posición sobre Libia y Gadafi quedó fijada hace tiempo y de manera muy contundente, así que no creo ser dudoso al respecto. Si tienen dudas o no saben de qué estoy hablando lean esto.

Lo único claro en Libia ahora mismo es que la situación es un caos, y que en medio de ese caos, todavía en una posición de poder evidente, está un maníaco. Todo ello, unido al apagón informativo que convierte cualquier rumor en noticia y viceversa, deja un hueco precioso para la entrada de la literatura en forma de enviado especial.

Por ejemplo, elmundo.es tiene ahora mismo en portada esta noticia:

REBELDES DESCALZOS Y CON MACHETES RECUPERAN UNA CIUDAD PRO GADAFI


Los rebeldes expulsan a las tropas leales a Muamar el Gadafi de la ciudad y siguen tras ellos, rumbo a Ras Lanouf, población clave de la producción petrolera del país.

La noticia ocupa todo el ancho -salvo una columna dedicada a Mourinho- de la página y viene ilustrada con una foto de Gadafi y otra de un tipo con un machete que para sí quisiera Cocodrilo Dundee.

Bien, obviamente esta noticia es inverosímil. No me arriesgaré a decir que es mentira porque yo no conozco a Javier Espinosa, que la firma, y desde luego no estoy en Libia, así que la afrontaremos desde lo que parece: literatura. Veamos, la ciudad en cuestión es Brega, a 750 kilómetros de Trípoli. Por lo que se ve, "los rebeldes", que aún no sabemos nadie quiénes son pero eso no es culpa del periodista, simplemente no lo sabemos, nos falta información al respecto, han "recuperado" una ciudad pro-Gadafi. Por el uso de las palabras, entiendo que la ciudad se había sublevado, fuera como fuera, habían echado a las fuerzas vivas del régimen y ahora esas fuerzas vivas volvían acompañadas de tropas leales para poner las cosas en su sitio, tras lo cual, estos rebeldes habrían vuelto a echarles y así sucesivamente.

Con machetes. Y descalzos, un dato clave para entender todo esto.

Pues mire, Javier Espinosa, o los rebeldes llevaban algo más que machetes, o al menos iban calzados, o las tropas de las que habla eran más bien escasas o los bombardeos aéreos no han existido. Lo que no es posible es todo eso junto: que haya un ejército pro-Gadafi con aviación incluida huyendo por el desierto delante de un grupo de tíos que les persiguen con machetes. Y que van descalzos, insisto.

Un poco de seriedad, que el tema lo merece. Si no hay información, no la demos. Si se sabe solo que Gadafi ha perdido el control de una ciudad, que se contraste y se diga. Sin romanticismos ni literaturas. Buena parte de la culpa de que la comunidad internacional no esté moviendo un dedo son los intereses económicos con el régimen libio, eso nadie lo duda. Pero otra buena parte de culpa está en el romanticismo este de la libertad guiando al pueblo. Como si Gadafi fuera Mubarak y se fuera a ir solo porque se lo piden en una plaza.

Y hablando de tipos prácticos y poco románticos, todo esto me ha recordado inevitablemente a esta gloriosa secuencia del cine de aventuras:

Las noches de tal y tal



Jesús Gil apareció estruendoso y ostentóreo a finales de los 80 cogido del brazo de Paolo Futre, como si temiera que en cualquier momento se le escapara. No era cualquier cosa: Futre apenas contaba con más de 20 años y era con diferencia el jugador joven más prometedor del continente, recién campeón de Europa con el Oporto. Fue su reclamo electoral y le valió: consiguió la presidencia del Atlético de Madrid, destituyó a unos cuantos entrenadores, encadenó proyectos gloriosos, pasó más tiempo en los tribunales que en los despachos y todo ello le llevó como no podía ser de otra manera al éxito en la política.

Gil fue un gran personaje noventero aunque hubiera nacido en la década de los 30. Se ajustó al tiempo como un calcetín: gran sentido del espectáculo, gusto por la prensa sensacionalista, empresario de éxito abonado al chanchullo... El Atleti fue su plataforma y Marbella su piscina. Su jacuzzi, más bien. Le adoraban en aquella ciudad. Tomó una serie de medidas dudosas y mil veces cuestionadas por la Junta de Andalucía, consolidó una reputación de machista y maleducado por fuera pero tierno y decidido por dentro y lo juntó todo en aquel engendro que Telecinco, siempre al quite, puso a su disposición: "Las noches del tal y tal".

Fue en 1991, recién llegado a la alcaldía marbellí con el GIL, ingeniosas siglas del llamado Grupo Independiente Liberal, un verano tórrido como otro cualquiera con Luis Ortiz y Gunila Von Bismarck divorciándose entre arrumacos y Espartaco Santoni abriendo un nuevo bar. Era un programa ejemplar: había invitados, a los que Gil trataba con su chabacanería habitual de dueño de restaurante, había chicas, muy guapas, en bikini y alrededor de sus inmensas grasas. Había política, claro, porque al fin y al cabo Gil era un político. Un político ganador. Ríanse de Mourinho, Gil consiguió ganar incluso con Julián Muñoz de candidato.

Las niñas italianas estaban ahí, sonriendo desmesuradamente, y en medio de sus encantos ese hombre de pelo en pecho y barriga decía cómo iba a cambiar el país. Se avecinaba una crisis pero pocos lo sabían. Eran los tiempos de Juan Guerra. Él y Berlusconi iban a salvarnos a todos. Mentalidad empresarial. Ahí estaba el Gil duro y triunfador, el de puertas para afuera. El tierno y "amigo de sus amigos" se entreveía en sus charlas con Imperioso, su caballo, al que quería como si fuera uno más de sus hijos. Qué noble. Qué corazón.

Lo dicho, Telecinco le rió las gracias un tiempo, no demasiado, es decir, "demasiado" para que se recuerde como uno de los momentos más deplorables de la historia de la televisión pero no "demasiado" si se compara con "Gran Hermano". El pueblo de Marbella fue mucho más fiel, pese a sus nuevos juicios, sus nuevos pelotazos, sus condenas, sus peleas a puñetazos, sus comentarios racistas... Gil no se fue, lo tuvieron que echar y cuando le echaron, ya digo, llegó el delfín Muñoz a hacerse cargo de las cuentas.

Vaya cuentas.

No puedo evitar hablar de Jesús Gil con cierta ironía y perplejidad, pero tampoco me sale hablar de él con odio. Era un vividor y un pícaro. A costa de quien fuera. Es un personaje tan español y tan de principios de esa década que solo queda comprenderle con una medio sonrisa y esperar que al menos hayamos aprendido una lección: los políticos que nos roben a partir de ahora que por lo menos vayan con traje de Milano y no bañador de Torremolinos.