viernes, diciembre 20, 2013

Regreso a Bayswater Road


La primera vez que llegué a Londres me paseé con mi maleta por los pasillos de Heathrow cantando el "Hello" de Oasis a pleno pulmón. It´s good to be back, it´s good to be back. Por supuesto, yo no volvía a ningún lado porque nunca había estado ahí, es lo que tienen las primeras veces, pero digamos que todo me resultaba familiar y que, con 19 años dedicados a aprender inglés sin pisar Inglaterra, el entusiasmo estaba justificado.

No tenía más que el billete de ida y el billete de vuelta. Fue la típica decisión adolescente. En Londres esperaba Dani Pacios y conmigo viajaban A. y la Chica Langosta, motivación suficiente como para pagarle a Aerolíneas Argentinas lo que pidiera y protestar lo justo cuando el vuelo se retrasó un día. Creo que es la cosa más bohemia que he hecho en mi vida: tuve que buscar un hotel en plena tarde-noche, la Chica Langosta y yo bordeando Hyde Park hasta Sussex Gardens, para acabar en una buhardilla leyendo a Raymond Carver y a Bret Easton Ellis, paseando por Kensington Gardens y escribiendo un diario rencoroso para la que sería mi novia de los 90.

Por las tardes, Dani volvía de embotellar champú y comíamos-cenábamos en su casa. Generalmente, salchichas de perro o fish and chips recalentado. Vivía en una casa con otros 15 o 16 extranjeros. La precariedad no es algo del siglo XXI. Como todas las casas ajenas tenía un punto triste y un punto alegre. En la televisión, Tim Henman intentaba ganar Wimbledon y yo recitaba borracho la letra de "La violaciò" de Albert Pla para un agradecido público de chicas catalanas.

Una vez fuimos a bailar a una discoteca indie. Otra vez recogí a A. y nos perdimos en Marylebones. La Chica Langosta hacía camas y Miguel Induráin no aguantaba el ritmo en Larrau. Pagué una noche y me quedé diez. Al principio pedí que cuando quedara libre una habitación normal, no aquella cosa con camastro y baño en el pasillo, me avisaran; con los días me di cuenta de que si aquello tenía sentido, tenía sentido así, sin cambiar ninguna cosa: Serge Gainsbourg y Jane Birkin gimiendo en una habitación iluminada con velas y restos de tortilla de patata en la mesa.

La comodidad la dejé para el año siguiente, cuando volví con T., la citada Novia de los 90. No sé muy bien lo que T. quería comprar pero lo que yo le vendí fue de una decadencia exagerada. En un año envejecí veinte y cuando decidió dejarme -aguantó tres años más, hay veces que me cuesta entenderlo- solo me quedaba proponerle pasar los inviernos en Benidorm. Fue un viaje con billetes y con hotel, comme il faut, un hotel de Bayswater, puede que el Bayswater Inn y puede que no porque algunos recuerdos son una cosa de lo más resbaladiza. La habitación no era mucho mejor que la del año anterior: un cuartucho pequeño, con vistas al patio interior donde podíamos ver los humos de las chimeneas mientras los vecinos de arriba hacían el amor.

Visitamos museos como si no hubiera un mañana. En todos se podía entrar gratis y sin colas -era julio, la ciudad tenía un punto desordenado, como si nadie estuviera en su sitio- excepto en el Madame Tussauds, donde David Beckham sonreía bajo su media melena rubia. No hicimos nada que no se esperara de nosotros, en ese sentido, fuimos unos turistas irreprochables. Cuando llegamos a Covent Garden y tocaron el Canon de Pachelbel, yo casi me echo a llorar. Una vez sonó la alarma anti-incendios en plena madrugada y yo salí corriendo de la habitación gritando "sálvese quien pueda". A T. no le hizo gracia, aunque los dos sabíamos que en una emergencia, la que sobreviviría siempre sería ella.

Después pasaron seis años y tuvieron que pasar muchas cosas feas para que sucediera algo bonito. Algo como M. y yo en salas VIP de British Airways, viajes en Business, Gatwick Express, hotel de cuatro estrellas junto a Regent´s Park, dolor de cabeza insoportable, frío, mucho frío, paraguas de usar y tirar, Notting Hill con sus casitas de colores, donde M. soñaba con mudarse y yo quería pensar que soñaba con mudarse conmigo, aunque sus planes iban por otro lado. Comida del McDonald´s de Edgware Road, de nuevo Marylebone Road arriba. De nuevo el frío y los amagos de desmayo entre hooligans del Arsenal. Estuvimos un fin de semana pero yo prometí no olvidarlo nunca porque mi visión estética de la vida no tiene límites.

La suya, por entonces, tampoco.

La llevé a la Tate Gallery para ver al payaso que gritaba "No, no, no" mientras daba brincos dentro de un televisor pero me equivoqué de museo y acabamos viendo prerafaelitas algo insulsos. En general, lo encantador de aquel viaje fue la insistencia en el error, una insistencia inocente y desoladora a la vez. Era enero. Siempre pensé que hacía demasiado frío para quererse, pero que hicimos todo lo que estuvo en nuestras manos. En general, fue una relación de hacer todo lo que está en tus manos y hacerlo mal. Muchas veces. Hasta que el público se cansa, te nominan y te vas.

Lo que nos lleva a la última visita a Londres, que fue con mi madre y Gure, algunos meses después de aquel cataclismo, concretamente en octubre de 2003, es decir, hace más de diez años. Me dejaron tomar algunas decisiones y la primera fue repetir hotel. El Meliá White House. No hubo quejas al respecto. Ellos tenían su habitación doble y yo una individual en una planta distinta donde Astarloa y Valverde se repartían las medallas de un Mundial de ciclismo. Comíamos y bebíamos bien. Paseábamos con calma. Todo tenía sentido y en ese momento, créanme que lo agradecía. Viajar con tus padres es una cosa que solo puedes hacer a determinadas edades, nunca antes de los 25. A partir de ahí, más o menos, ya estáis en lo mismo: pubs, terrazas y algún monumento. Cuando me quería evadir bajaba Baker Street hacia Oxford Circus con los cascos puestos y el viento cortándome la cara. Pasaba pocas veces.

Fue una visita corta, en cualquier caso. Corta para mí, quiero decir, porque a los tres días cogí un avión para Dublín, donde trabajaba mi primo mientras recreaba su propia vida bohemia pero con más autenticidad, desde luego. Siempre ha sido un hombre de tomarse las cosas en serio.

A mí, con que lo pareciera, en general, ya me valía.

miércoles, noviembre 27, 2013

Peter Pan en Stockholm



Escribo a Rose of Sharon para preguntarle por Estela. Ninguno de los dos sabemos quién es aunque ella sabe al menos quién soy yo porque así se lo dijo a mi peluquera cuando coincidimos hace una semana. A mí, la verdad, el nombre me suena, a Rose of Sharon creo que ni eso. ¿Era amiga mía?, ¿nos llevábamos bien?, ¿fue mi jefa?, ¿me odió profundamente, la odié yo a ella? Aprovechando el contacto nos preguntamos qué tal y la conversación evoluciona a algo que a mí me gusta llamar "lánguido". Hay dos tipos de conversaciones que me han hecho feliz en la vida, las ingeniosas y las lánguidas. Son incompatibles. Uno puede ser ingenioso o puede ser lánguido pero no las dos cosas a la vez y representan mundos distintos: la sinceridad atrevida y la sinceridad derrotada, una sinceridad de Hans Schnier coleccionando momentos.

Rosasharn dice que ha visto las fotos de mi boda y que mi mujer es muy bonita. En ese momento se me saltan las lágrimas. Ella no lo sabe porque está en cualquier otro lado pegada a un teclado de móvil pero yo estoy tumbado en el sofá con un libro de Don de Lillo tirado sobre la manta -un libro sobre un rockero que huye y la huída, como toda huída que merezca la pena, consiste en quedarse- y me emociono. Sí, mi mujer es preciosa, le digo. Y la quiero con locura. Y ella se alegra y me pregunta qué tal todo y coincidimos en que nos estamos haciendo mayores y yo le reconozco que no lo llevo bien, que me cuesta. "Peter pan, ya sabes". Y ella me contesta: "Sí, ya sé", y en ese momento vuelvo a emocionarme porque tengo la sensación de que sí, que lo sabe, que me conoce, que incluso once años después me conoce.

Yo quise tanto a Rose of Sharon. Quise tanto a tanta gente. Recuerdo que llegó un momento, y no era precisamente mi mejor momento, en el que cuando llegaba a casa, me ponía la escena esa de "American Beauty", la de la bolsa dando vueltas por el aire y el chico comentando a la chica: "A veces siento que hay tanta belleza alrededor que no puedo soportarlo, que mi corazón se va a derrumbar". Así me he sentido yo en mi vida demasiadas veces, al borde del derrumbe, y, ¿saben una cosa? Lo echaba de menos. Echaba de menos la sensación de que el corazón explota y el cinismo, la distancia salen por la ventana.

A la Chica Diploma le cuesta a veces entender por qué no consigo desapegarme de la gente pero la razón es simple: porque no puedo, porque les quiero demasiado...

... Porque, supongo, tengo la intuición de que ellos me quieren a mí más o menos de la misma manera y, efectivamente, cuando me encuentro con la Chica Imán en medio de la Calle Delicias me pongo a abrazarla y besarla como loco, porque no sé hacerlo de otra manera. Soy un blanco perfecto. Soy un ingenuo. Soy el Mateu Lahoz de las relaciones personales, un "sigan, sigan" constante. But I like it.

En cualquier caso, todo comenzó ayer o lleva comenzando muchos años, desde que escuchaba a Pedro Guerra, a los 18, aquello de "Peter Pan, Pan, Pan, niño loco, ¿cuándo aprenderás a vivir solo?", pero yo ya viví solo muchos años y hacía frío, mucho frío y las paredes eran demasiado blancas en invierno. Extraña tarde de martes, sensación de fragilidad insospechada, viento en Madrid, planes que se caen -¿cuántos planes se caen?, y, en ese caso, ¿a qué hacer tantos planes?- y doble sesión en los Cines Princesa. Sesiones en familia. Cuatro, cinco espectadores por sala. Los precios populares no cuentan si no hay promoción alrededor. Todo en la vida es promocionarse. Todo en la vida tiene un punto asqueroso.

A las cuatro y diez -bonita hora- entro a ver "¿Quién mató a Bambi?", una chorrada con mayúsculas, impropia. A las seis, haciendo tiempo para una presentación, me meto a "Stockholm" y ahí, de repente, aparece la magdalena de Proust, que en mi caso ya debe de ser directamente un Mercadona. Javier Pereira exactamente igual que en "Tu vida en 65´", Aura Garrido, pose de chica entrañable, abrigo cerrado y paseo por todos los rincones de Malasaña y adyacentes. Conversaciones ingeniosas. Ya les he dicho algo de las conversaciones ingeniosas. Yo llené páginas y páginas de relatos y novelas de conversaciones ingeniosas, yo busqué desesperadamente a la chica que se supiera los diálogos y acabé en la languidez de la sinceridad que no oculta nada detrás. La sinceridad entregada.

Rollos de una noche y tiendas de 24 horas de la calle San Bernardo. Tan, tan débil y tan, tan pequeño. Yo viví parte de eso, solo una parte, porque no me atreví a vivir más. La Chica Diploma dice que sí tenía autoestima, pero yo creo que no, no la suficiente para llevar una vida de película, que, en el fondo, siempre ha sido mi aspiración. Tengo el convencimiento de que, si hubiera sido un poco más guapo, si le hubiera echado un poco más de morro, mi vida habría sido un puto desastre, así que mejor todo de esta manera. Cada cosa en su justo lugar. La sensatez consciente del insensato que la alberga, la mujer preciosa en medio del viento, agarrada a mi brazo porque se marea, los mil besos y las fotos y la conciencia de que nada hacía pensar que pudiera llegar a ser tan feliz.

Mucha gente alrededor me repite últimamente que me va a cambiar la vida. Eso tiene una parte buena y una parte mala. La parte buena es que, por primera vez desde que tengo recuerdo, mi vida es tan maravillosa que tengo pánico a que cambie. La parte mala, claro está, es que tengo pánico.

lunes, noviembre 18, 2013

Sondeos elecciones autonómicas 2015


Aunque parezca increíble ya queda menos de un año y medio para las próximas elecciones municipales y autonómicas. Parece que fuera ayer cuando el 15-M y los supuestos topos de Rubalcaba y todas las tonterías que se tuvieron que escuchar durante esos días por parte de una serie de periodistas muertos de miedo porque el partido del que dependen no arrasara en toda España. Arrasó. Otra cosa es lo que vaya a pasar cuatro años después. Yo siempre pensé que era bueno darle un palo al PSOE siempre que eso sirviera para poder darle luego un palo al PP, veremos si eso sucede o no. La última encuesta a nivel nacional, el barómetro de Antena 3, habla de una caída al 62,5% del voto conjunto, veinte puntos menos que en 2008, aunque eso no impida que, por ley electoral, se repartan tres cuartas partes del Congreso.

Yo creo que ahí hay un problema de representatividad, pero no sé de quién es culpa, es decir, no entiendo que en España haya 45 millones de habitantes, unos 35 millones de censados, haya una estimación de que solo 20 millones van a votar y entre los 13 que votan a PP o PSOE repartan prácticamente todo el poder del país de forma absoluta. 13 millones sobre 45. El caso es que si les votas, les beneficias; si no les votas y no votas a nadie, para protestar, les beneficias, y si votas a terceras opciones pero éstas no llegan a un mínimo, les beneficias también. Son la caja del Casino. Croupiers de primera.

Otra cosa es a nivel municipal y autonómico, donde el voto se dispersa entre tantos partidos que las mayorías absolutas sí se pueden complicar. De las trece autonomías que celebrarán elecciones en 2015, el PP gobierna en solitario en ocho, más Aragón, donde lo hace en coalición, y Extremadura, que lo hace en minoría. El resto queda en manos de UPN (Navarra), Coalición Canarias (Canarias) y PSOE (Asturias, lo que dure, que no parece mucho). La Razón, que no debería ser sospechosa, publica este lunes la siguiente encuesta comunidad a comunidad que vamos a analizar:

CASTILLA Y LEÓN

PP 43-44 (53)
PSOE 25-26 (29)
IU 6-7 (1)
UPyD 5-6
UPL 2-3 (1)

Empezamos en la vieja Castilla, donde se ejemplifica una tendencia que acompañará a toda la encuesta: la fragmentación del voto y la creación de un parlamento multipartidista, algo que, a mi entender, siempre es positivo. El desplome del PP es tal que pone en riesgo su eterna mayoría absoluta. Algo me dice que llegarán a los 43 escaños con facilidad y, si no, será complicado poner de acuerdo a todos los demás para quitarles del poder. A nivel municipal sí que puede que esta caída tenga peores consecuencias.

LA RIOJA

PP 17-18 (20)
PSOE 10 (11)
IU 2
PR 1-2 (2)
UPyD 1-2

Otra caída sin consecuencias. El PP tiene tanto colchón en algunas comunidades que aunque el parlamento se divida en cinco aquí también, su mayoría absoluta no corre riesgos salvo cataclismo a nivel nacional.

ARAGÓN

PP 27-28 (30)
PSOE 21-22 (22)
PAR 6-7 (7)
CHA 6-7 (4)
IU 6-7 (4)
UPyD 0-2

Esos dos escaños que parecen estar en juego pueden ser la diferencia entre un gobierno PP-PAR como el que gobierna en la actualidad o una alianza PSOE-CHA-IU de izquierdas. La cifra mágica es 34 diputados y si hacen las sumas, verán que PP + PAR están en 33-35 mientras que PSOE+CHA+IU están, oh, sorpresa, en 33-35 también, puesto que en ningún caso podrían llegar a 36. También podría darse un empate a 33 y que UPyD decida con su escaño, como sucedió en Asturias. Imposible saberlo con tantas variables en juego.

NAVARRA

UPN 16-17 (19)
Geroa Bai 10-11 (8)
Bildu 10-11 (7)
PSOE 9 (9)
I-E 4 (3)
PP 3 (4)

Enhorabuena a los dirigentes del PP navarro, que han conseguido que su partido sea la sexta fuerza política en su comunidad autónoma. En un primer vistazo, podemos ver que el nacionalismo crece en Navarra, y lo curioso es que es un nacionalismo vasco, importado, ni siquiera navarro al cien por cien salvo la excepción de Nafarroa Bai. Depende de cómo vayan las cosas en el resto del país, el futuro de Navarra será uno u otro. Si las tres fuerzas de izquierda más o menos nacionalista se unen llegarían a los 25 escaños, por 19-20 de PP y UPN. En medio quedaría el PSOE. ¿Optarán por una solución a lo Patxi López apoyando a UPN, que a nivel nacional no queda tan mal como apoyar al PP? Es lo más probable.

EXTREMADURA

PP 30-31 (32) 
PSOE 30-31 (30)
IU 4-5 (3)

Los resultados prácticamente se calcan, y es de los pocos sitios donde el PP gobierna y no recibe apenas voto de castigo. Ahora bien, si hace dos años y medio estuvo justificado que IU se plantara, se negara a ser sin más una filial del PSOE y se limitara a abstenerse en la investidura, dándole el gobierno a los populares, parece complicado que esta vez la historia se repita. Cuatro años en la oposición son muchos para cualquier partido y ocho, para el PSOE, serían insoportables. Se pondrán de acuerdo.

ISLAS BALEARES

PP 28-29 (35)
PSOE 19-20 (19)
MIS 6-7 (5)
PI 1-2
EUIB 1-2
UPyD 1-2

Pocas comunidades con más gusto por la alternancia. El PP volvería a ganar y con cierta suficiencia, se tendría que repetir un cuatripartito a lo Antich para quitarle el gobierno y parece complicado. Apostaría por un gobierno en minoría, aunque depende mucho de hacia donde bailen los escaños pendientes.

COMUNIDAD VALENCIANA

PP 39-40 (55)
PSOE 22-23 (33)
IU 14-15 (5)
Compromis 12-13 (6)
UPyD 8-9 

Que el PP siga ganando elecciones en Valencia después de lo que hemos visto en los últimos 20 años es algo que me desconcierta y hasta cierto punto me deprime. Al menos esta vez no lo hace con mayoría absoluta, en parte porque algunos de sus votos de centro van para UPyD, que aparece de la nada con una muy amplia representación, y en parte porque las fuerzas de izquierda avanzan posiciones, aunque me extrañaría que Compromis no acabara adelantando a IU. En cualquier caso, parece que tienen margen suficiente para pactar un tripartito de izquierdas. No es mi sueño dorado, pero cualquier cosa mejor que lo que hay.

ASTURIAS

PSOE 15-16 (17)
FAC 14-15 (12)
PP 7-8 (10)
IU 6-7 (5)
UPyD 1 (1)

Asturias ya tuvo que repetir unas elecciones por desacuerdos entre FAC y PP y va camino de repetir por segunda vez dados los desencuentros entre PSOE, IU y UPyD. Lo curioso es que según estos resultados podría darse de nuevo la misma situación: un empate a 22 entre los partidos de izquierda y los de derecha, con el voto de UPyD siendo decisivo. De lo contrario, si uno de los dos bloques consigue la mayoría, lo normal es que cambien concejalías por leyes electorales y punto. La política de siempre en este país, vaya.

CANARIAS

CC 23-25 (21)
PP 17-18 (21)
PSOE 14-15 (15)
NC 3-4 (3)
Otros 1-2

A los partidos nacionales no les gusta tocarle las narices a Coalición Canaria. Esto es así, para gran cabreo en su momento de Fernando López Aguilar, que ganó ampliamente las elecciones de 2007 pero fue invitado a no gobernar y ceder su puesto a Rivero. No hay más posibilidad de acuerdo en esta ocasión que un pacto de uno de los dos partidos a CC y cuatro años más de gobierno nacionalista o regionalista o llámenlo como quieran.

MURCIA

PP 24-25 (33)
PSOE 12-13 (11)
IU 4-5 (1)
UPyD 3-4

El PP se desploma en Murcia, pero se lo puede permitir. Al menos ya no gobernaría con tres cuartas partes del parlamento regional, así que las sesiones no serían un eterno aplaudirse. No hay supuesto en el que PSOE, IU y UPyD puedan sumar sus votos y ser alternativa. Si lo hubiera -constructores que hablan más de la cuenta, promotores de campos de golf con deudas, jueces incómodos...- probablemente estos tres partidos harían lo posible por gobernar juntos. Y harían bien.

CANTABRIA

PP 15-16 (20)
PRC 11-12 (12)
PSOE 6-7 (7)
IU 2

El "fenómeno Revilla" es responsabilidad primordial del PSOE, cuando lo votó como presidente de Cantabria en 2003 pese a tener más votos y más escaños solo con tal de quitar al PP de en medio y cantarle el "chincha rabiña". El resultado es que el partido se ha quedado en la nada, superado en el centro por el populismo revillero y viéndose amenazado en la izquierda por una IU que parecía desaparecida. Sorprende que UPyD no aparezca en la encuesta; en cualquier caso, con estos datos, Revilluca de nuevo gobernaría y al menos no podría cargarse al Racing porque ya está moribundo.

CASTILLA LA MANCHA

PP 27 (25)
PSOE 23-24 (24)
IU 1-2
UPyD 0-1

Aún pendientes de si se reducirá el número de diputados o se ampliará, quizá lo más sorprendente de esta encuesta es que Cospedal mantenga Castilla La Mancha pese a estar hasta el cuello en la polémica Bárcenas. Si hay algún sitio donde se pueda personificar todo el affair del ex tesorero del PP es en Castilla La Mancha y sin embargo parece que sus votantes no lo harán. En mi opinión, la cosa depende de UPyD. Si la formación de Rosa Díez remonta en las encuestas y consigue plantear una buena alternativa, muchos votos de centro irán allí. Si no, pues Cospedal cuatro años más en una comunidad donde ni siquiera reside.

MADRID

PP 52-53 (72)
PSOE 33-34 (36)
IU 24-25 (13)
UPyD 18-19 (8)

No sé qué haría falta para que el PP perdiera unas elecciones en Madrid. No lo hace desde 1987, cuando Leguina tenía el pelo negro. Parece que tampoco lo hará en 2014, su ventaja es holgada. Sin embargo, puede que no le valga para gobernar y sería una excelente noticia, porque el reparto de puestos, empresas y chanchullos que ha hecho el PP madrileño entre colaboradores y amiguetes ha sido colosal, destacando quizá lo del Madrid Arena por lo impactante de las muertes, aunque todo hace indicar que aquello no era excepción sino norma. Para la mayoría absoluta, Ignacio González necesitaría 65 escaños y está muy lejos. Sin mayoría absoluta, no gobierna. No creo que UPyD le deje gobernar después de las distintas tramas corruptas que han campado a sus anchas por aquí. Si lo hiciera, perdería votantes para muchas elecciones, y buena parte del futuro a corto plazo de UPyD pasa por cuidar bien a sus votantes madrileños, los que le han dado cuatro de sus cinco diputados en el Congreso.

En resumen, y si esta encuesta vale para algo y mis análisis también, el PP pasaría de gobernar en 10 de estas 13 comunidades a hacerlo en solo cinco. Perdería de esta manera, Madrid, Valencia, Baleares, Extremadura y Cantabria. ¿A manos de quién? Difícil saberlo. Muchas alianzas y mucho follón. Lo cierto es que el PP solo aumentaría escaños en Castilla La Mancha mientras el PSOE solo lo haría en Murcia y, quizás, en Baleares y Extremadura. Malos tiempos para las mayorías absolutas. En las distancias cortas es donde el bipartidismo empieza a tener serios problemas. En las largas, el monstruo tiene demasiadas cabezas.

sábado, noviembre 16, 2013

Festival Eñe 2013



Algunos de mis mejores recuerdos tienen que ver con el Festival Eñe, en concreto con aquel 2011 en el que me eligieron como blogger del asunto y ahí me pasaba yo el día corriendo de conferencia en mesa redonda, mochila en el hombro y ordenador bajo el brazo, buscando un sitio en medio de la oscuridad donde no molestar a nadie. Los demás invitados se perdían en entregas de premios y gin tonics y yo seguía ahí hasta la madrugada, hasta los últimos resistentes del Oulipo, los posts cada tres cuartos de hora, la compulsividad hecha letra y teclado, algo parecido a ser feliz en la distancia, mi propia idea de lo sublime.

Creo que a lo largo de estos cinco años me he hecho a una idea de lo que es el festival, con sus problemas y sus carencias pero también con sus éxitos y sobre todo con la necesidad de la propuesta en sí, una propuesta que cada año parece que languidece un poco y en la planta segunda, el bar deja algunas mesas libres, el stand de la librería Antonio Machado no está tan lleno y en la sala "chill-out", en ocasiones, incluso se oye al lector o al tertuliano. Las propias charlas ya no sufren las interrupciones constantes de gente que entra y que sale, en parte porque, ya digo, no hay tanta gente; en parte, y eso es un acierto, porque el reparto de las horas es más racional.

Yo he trabajado en La Fábrica y sé lo complicado que es porque los medios no son precisamente infinitos. Solo que estos chicos, que Camino y compañía -en su momento Toño o Doménico-, lo sigan intentando ya merece todo mi respeto y mi admiración y mis 15 euros del abono, porque sí, merece la pena un espacio así en Madrid y merece que al menos contribuyamos, que al menos nos enteremos y nos escuchemos unos a otros.

Otra cosa es cómo sale uno del Festival Eñe, que a veces es más abatido de lo deseable. Yo entiendo que uno escribe o edita o incluso lee por dos razones: por dinero o por diversión. Que no hay dinero o cada vez hay menos lo sabemos todos menos Botín, así que al menos podríamos esperar un poco de diversión, un poco de entusiasmo. Lo hay en muchas de las ponencias. Lo hubo en la maravillosa charla sobre Enrique Meneses o en las confesiones bibliópatas de Juan Bonilla y Miguel Albero. Lo hubo incluso, sábado por la mañana, frío polar en Madrid y ráfagas de lluvia, en la animosa conversación entre Lorenzo Silva, Jesús Marchamalo y Gonzalo Torné o en la discusión sobre novela histórica entre Juan Eslava Galán y Santiago Posteguillo.

Son ejemplos de lo que supone preparar una intervención pública, documentarse, saber llegar al público y mostrar amor por lo que haces.

No hubo ese entusiasmo y es una pena decirlo en la charla titulada, quizá demasiado genéricamente, "Los retos de la edición" y protagonizada por cuatro editores de cuatro editoriales relativamente independientes como son Alfabia, Salto de Página, Lengua de Trapo y Turner. Estos mismos cuatro editores anduvieron buscando autor a lo largo del fin de semana en una iniciativa del propio festival cuyo éxito no puedo valorar porque la han convertido de pago. 

El caso es que todo lo que pudo ir mal fue mal: eran las nueve, empezó a hacer un frío horroroso en la planta cuarta del Círculo, los micros funcionaban a veces sí y a veces no, no hubo nadie disponible para presentar a los cuatro contertulios y lo cierto es que estos no parecieron en ningún momento saber definir acerca de qué estaban hablando, quizás, insisto, porque el tema era demasiado vago y amplio. Jorge Lago fue el encargado de tirar hacia adelante como pudo, con una intervención sólida y discutible pero al menos argumentada. Lo que siguió fue un "dejarse ir" que espero que no resuma el futuro de la edición independiente en España porque vamos listos.

Yo sé que es desesperante trabajar y darlo todo a cambio de muy poco o nada. Conozco de primera mano los casos de al menos dos de estos editores y son gente currante, que se deja el dinero y el tiempo en sus libros y sus editoriales y que lucha por salir adelante. Es duro criticarles pero mi crítica tiene que ver precisamente con que su intervención no mostró nada de ese trabajo. Al contrario. Los cuatro parecieron coincidir en el tópico de que "en España no se lee", cosa que es discutible. Alguna gente lee mucho, otra gente lee poco, a veces nos gusta lo que leen y otras veces, no. Es indudable que se venden menos libros y que el mercado editorial está muy confuso. El asunto era saber qué estaban preparando esos cuatro editores para salir de la situación.

La respuesta quedó en el aire. La charla no estaba preparada, no había temas sobre la mesa, no aparecieron esos retos más que en vaguedades, todo empezó a languidecer, hubo un punto en el que incluso el lenguaje físico les traicionaba: cuatro treintañeros cansados, medio repantingados en el sofá, bajando cada vez más el tono de voz, sin saber qué decir, sin dar ideas, sin dar soluciones, aunque fueran de bombero. Consideras que no tienes público pero ahí te dejan el Círculo de Bellas Artes para ti, un Festival con nombres consagrados para que promociones tu editorial o que al menos expliques cómo estás enfocando esos "retos" de los que habla la conferencia y la reacción es mejorable: la gente se va poco a poco de la sala mientras tú apoyas la cabeza en la mano en gesto de abatimiento y murmuras, casi farfullas, que nada sirve de nada, que los españoles no leen, que los medios no nos reseñan, que los libreros no nos ponen en sus tiendas...

Ni un contraejemplo, ni un debate como tal, ni una esperanza, ni un "mira, a mí esto me está funcionando". Puede que sea verdad, puede que nada funcione, pero al menos cabría esperar un análisis de por qué esto es así. Por qué la no ficción sigue funcionando, por qué hay fenómenos más o menos fabricados tipo Grey pero otros completamente inesperados tipo Jonasson. Yo no pido que un editor sepa cómo se vende o no, porque eso es casi una lotería, pero sí pido que me venda con entusiasmo lo que está haciendo, que me convenza de que me tengo que comprar sus libros, de que no todo está perdido, de que merece la pena, que él, su editorial, sus autores, el festival, la literatura... todo merece la pena y he hecho bien en gastarme los 15 euros del abono y, así, yo me baje inmediatamente a la tienda y compre ese libro de relatos o esa novela que tan buena pinta tiene.

De eso se trataba, pero no fue posible. No porque no quisieran, estoy convencido, sino porque el verdadero reto de la edición independiente es tener tiempo: tiempo para leer originales, tiempo para cuidarlos, tiempo para promocionarlos y tiempo para preparar las conferencias a las que te invitan. Cuando no hay tiempo al final parece que no hay ganas y todo se nubla en un pesimismo decadente. Ganas hay, lo sé. Ahora, además, tiene que parecerlo.

P.D. Lara Moreno ganó el Premio Cosecha Eñe, sobre ella ya quedó todo dicho en 2008.

martes, noviembre 12, 2013

Un cachito de hierro y cromo


Me despierto a horas imposibles y me pongo a ver programas que durante el día no me llaman la atención. Uno de ellos es "España en serie". Decepcionante. El otro es "Cachitos de hierro y cromo". Fascinante. ¿Cómo se pueden orientar de maneras tan distintas dos proyectos similares, es decir, un repaso videoteca en mano del entretenimiento audiovisual en España? Se me escapa, sinceramente, pero hay algo en el programa de Canal Plus pesado, obvio, mitinero, un "la ficción cambia la no ficción y la no ficción cambia la ficción" que se repite constantemente de forma casi mesiánica.

No así en la producción de La 2 y Radio 3. Es una gozada. En el fondo, no hay nada allí que no hayamos visto o que no se haga en los especiales de Nochevieja. De ahí, quizás, el éxito, es decir, que es divertido, que te ríes, que la nostalgia la vives sin doctrina ni explicación. Yo, con la nostalgia, tengo que tener mucho cuidado porque soy capaz de no enterarme de nada de lo que está pasando ahora mismo pero ponerme a llorar por algo que me recuerda a mí mismo hace cinco minutos. Soy de un solipsismo enternecedor, hasta el punto de que mi mujer se tuvo que pasar ayer todo el camino desde el teatro -fuimos a ver, de nuevo, "Dos Ninas para un Chejov- intentando consolarme y convencerme de que yo volveré a ser creativo, yo volveré a escribir ficción, yo volveré a imaginar universos...

Cosa que probablemente nunca haya dejado de hacer, pero se estaba tan calentito en la desgracia.

El caso es que cada canción es un nudo en la garganta igual que solo oír el nombre de Chejov me remite a un hombre que ya no soy y que probablemente no vuelva a ser porque hay que elegir, eso es todo. Ayer, la canción en cuestión era el "Saturday Night" de Whigfield, desde el "dirilarará" hasta el último de los giros a toda velocidad, brazos adelante, mano izquierda en antebrazo derecho, mano derecha en antebrazo derecho, dedos rodando en el aire, sostener la cadera, luego el culo y saltar hacia adelante hacia atrás y hacia un lado y volver a una rutina que, si se prefiere la cámara lenta, degenera en La Macarena.

El programa hablaba de los "one-hit wonders" y en ese sentido es extraño que se dejaran en el tintero precisamente a Los del Río, cuya canción encabeza los rankings de la MTV en esa sección. Da igual. Si me ponen la "Macarena" me la lloro igual porque cuando a uno le ponen una canción le están poniendo un espejo en el que tiene diez, quince o en este caso veinte años menos, fiestas de San Mateo, Cuenca, bares donde poner vídeos de una Vanessa que luego se convertiría en Vanexxa, de los 4 Non Blondes y de U2, el "Numb", la única canción que le gustaba a Vicente.

Fueron días locos, aquellos, y no era lo habitual en mi vida pese a tener 16 años. Yo, en perspectiva, tuve una adolescencia muy normalita, otra cosa es que luego me haya cundido un montón libro a libro. Aquello, vivir Vicente y yo solos durante una semana, los escarceos con esas chicas guapísimas, las turbas, las peñas, la capacidad constante para esquivar el alcohol, las noches en vela escuchando "La violaciò" de Albert Pla para acabar desayunando chocolate con churros en cualquier lado, una eterna Nochevieja. ¡A mí, que ni siquiera me gustan los churros!

Las canciones y los bailes del "Negresco" y los torpes intentos de jugar al billar y la cancioncita, claro. Nadie se sabía el baile menos yo. A veces pienso que me he ganado bastante bien la vida solo observando, entrando en acción lo justo. Salinas le marcaba goles a Eire y en el balcón escuchaba constantemente el "London Calling" de los Clash, imaginando volver a una ciudad que luego siempre me ha sido extraña, una especie de "one-night stand". Ahora bien, si fue una noche y fue un polvo fue un polvo precioso: Vicente, Nuria, Estitxu, Manuel, Juan... Pasamos meses enviándonos cartas porque por entonces escribíamos cartas y no estoy hablando de "El tiempo entre costuras", estoy hablando de 1993, los Pixies aún seguían juntos, Kurt Cobáin aún seguía vivo, nos sabíamos de memoria los capítulos de "El príncipe de Bel-Air" y el anuncio de las picotas, que dejan una mancha roja...

En fin, que quieren que les cuente, la cosa acabó mal. Durante demasiados años mi vida parecía que la dirigía un híbrido entre Guardiola y Mourinho. Una mezcla entre "toco y me voy" y contraataques furiosos, intensos, que duran diez segundos y luego no tienen continuidad. Errático, podría ser la palabra. Con poca facilidad para agarrarme a lo que realmente quería, supongo, o con poca facilidad en general para querer algo o alguien de verdad, más allá de mis ensoñaciones y mis diarios. ¿Lo ven? Yo creaba porque no quería estar ahí y ahora que quiero estar aquí, no creo. No soy el primero al que se lo leen, seguro.

A veces, cuando veo ese programa por ejemplo, o alguno parecido, fantaseo con inicios de novela en las que presento a mi madre como una de las bailarinas setenteras de programas tipo "Aplauso", imagino sus aventuras con los distintos cantantes de la época, que pasaban de gira fugaz, grababan en blanco y negro o en ese color lleno de zooms y se iban. One-hit wonders, de nuevo. Imagino a mi madre iniciando la novela con esos tiempos como referencia, bordeando los 60, y conociendo a mi padre cuando él tocaba la guitarra en otro de esos programas. No porque supiera tocar sino porque parecía que sabía y eso era bueno en los play-backs.

Una madre bailarina y un padre guitarrista, queriéndose y teniéndome a mí en color sepia. Sus historias lejos de la televisión y estos programas recordándoles constantemente que se querían justo ahora que no, que no se quieren, que hace tiempo que no se ven y que los 80 pasaron por encima de ellos sin que se volviera a tener noticias de ninguno de los dos.

Pero ahí queda todo, no sé cómo seguir, y ante la falta de estímulos, me pongo a leer la autobiografía de Alex Ferguson y mi mundo es un poquito más triste. Creo.