sábado, abril 11, 2009

El curioso caso de Benjamin Button (ahora, sí)


Seré breve, porque a estas alturas todo el mundo ha visto esta película y el que  no la ha visto probablemente no le interese lo más mínimo:

- La parte de "El patito feo", bien. Yo también aspiro a llegar a ser Brad Pitt de mayor.

- La parte de "Forrest Gump", bien. Hace que la historia pase rápida y, aunque es verdad que estás demasiado pendiente de las fechas y del trascurrir de eventos conocidos: I y II Guerra Mundial, Guerra Fría, locos años 40, los Beatles... afortunadamente, nada de Vietnam, a la película, con sus dos horas y cuarenta y cinco minutos, le sientan bien las referencias reales.

- La parte de "Titanic", mal. Lo de la viejecita entrañable que se está muriendo y cuenta la historia de su viejo amor juvenil... Me aburre. Muchísimo. Tienen que inventarse un narrador para poder contar la vida de Button y con esa excusa pues ya de paso meten el Huracán Katrina y no sé qué historias más y mil insertos que aburren. Dan una tregua, de acuerdo, pero queda todo tan artificial...

Con todo, no está mal. Así, para una tarde tonta de Sábado Santo después de dar un paseo y medio de casualidad, agradable. Brad Pitt, muy guapo. Lo que no sé es qué tiene esta historia del original de Scott Fitzgerald, supongo que simplemente la idea del enjuvenecimiento del protagonista, porque el resto obviamente... pasar de un relato a un largometraje de 165 minutos ambientada entre 1918 y 2002 cuando el cuento original está escrito en 1921 supone re-escribir todo, así que lo de la "adaptación" es más bien un reclamo que otra cosa.

viernes, abril 10, 2009

El curioso caso de Guillermo Ortiz


Madrid es una ciudad entrañable, con sus turistas blancos y desconcertados: bermudas y paraguas comprado a los chinos, parejas malhumoradas abriendo y cerrando su mapa bajo la marquesina de un McDonald´s.

Un horror estético.

Las calles están mojadas y el cielo, gris. Chispea. Suena "24 Hour Party People" y recuerdo Fuerteventura entre otras cosas. Luego cambia a "Tahita", de Ojos de Brujo. El Desigual de la calle Fuencarral está cerrado pero al lado hay una zapatería abierta y llena de japoneses.

De "Tahita" pasamos a "No need to argue" justo cuando vamos llegando a Gran Vía. La calzada está llena de vallas y podemos pasear por en medio de la calle. Los que estamos, es decir, pocos. Creo que hace demasiado tiempo que no hago este paseo. Me meto en una boca de metro y salgo a diez metros por otra. Ahora estás, ahora no estás. Ahora vuelves a bajar Montera -Devendra Bernhardt, "Pensando en ti"- y ni siquiera hay putas. No muchas putas, al menos. Sólo un par a la salida de unos recreativos. Si han ganado, querrán celebrarlo. Si han perdido, querrán consolarse. Es una excelente lógica comercial.

En Sol, los policías vigilan algo. Quizás sean atracciones turísticas, ellos también, así que hay que cruzar por los pasos de cebra aunque no vengan coches. Las tiendas de Carretas están cerradas. Diría que todas. El Oysho, desde luego. "Rose said, quote, it´s time to make a mess, remind me what it is that I do best". En la plaza de Jacinto Benavente siguen con esos puestos rojos horrorosos -Madrid, ya digo, es una ciudad entrañable, pero no bonita, nunca lo ha pretendido- que no dejan ver la estatua del barrendero.

Quizás hayan quitado la estatua del barrendero.

Sería un error tremendo.

Tras los puestos, los cines Ideal. Cerrados. Diría que es una decepción, pero no estoy seguro. En el periódico anunciaban pases matinales de "El curioso caso de Benjamin Button". A mí me encantan los pases matinales en días festivos. Debo de ser el único y los cines no van a abrir sólo por mí. Lógica empresarial también. Que no se anuncien al menos.

En fin. Me acerco pero el cierre está echado y son menos cinco. No hay esperanzas. Paso al lado mirando los carteles sin gafas porque chispea más y se me llenan de gotas. Hago como que no. Como si no se me hubiera ocurrido ir al cine yo solo un Viernes Santo a las 12 de la mañana. Qué va. No, pasaba por ahí, simplemente, y me he acercado a mirar qué pelis echan. Sólo eso. Algo inofensivo.

Bajando hacia Tirso de Molina suena "Everything in its right place", de Radiohead, y me pregunto qué edad es el límite para poder ser un "Kid A". ¿Un chico de 32 años es un chico o es un hombre? ¿Y qué quiere decir eso?

El tridente catacrocker

Yo escribiendo sobre Zaratustra en el Facebook y a la vez los de Muchachada Nui emitiendo esta genialidad sobre Nietzsche (y sin caer en el tópico nazi, es más, combatiéndolo). ¡Ah, si hubiera seguido en la facultad ahora podría ser ministro! O secretario de estado, quién sabe...

jueves, abril 09, 2009

Stieg Larsson-Millenium


El siguiente reportaje está publicado originalmente en la página de la revista Notodo.com. Les ruego visiten este enlace para comprobarlo y ver que no soy un mentiroso...

Sí, claro que sabes quién es Stieg Larsson. Es el autor de los dos libros que lleva todo el mundo en el metro o en el autobús o en la consulta del dentista. Sí, uno de esos libros negros, enormes, con una chica de rojo en portada asumiendo distintas posturas. ¿Literatura de consumo? Desde luego, a los hechos nos remitimos: Larsson fue en 2008 el segundo escritor más vendido del mundo, según datos oficiosos. ¿Buena literatura? También. Larsson desmonta el mito de que un “best seller” no puede estar bien escrito. Al contrario, los dos libros hasta ahora publicados de la serie “Millenium” están llenos de páginas brillantes, tramas complejas y personajes enrevesados y bien dispuestos.

También hay trucos, claro. Muy cinematográficos, de hecho. La comparación con Hitchcock puede parecer tópica, pero ahí está, imposible de esquivar.

El “caso Larsson” es realmente apasionante. Forma parte de ese grupo de creadores “malditos” que no tuvieron ningún éxito en vida y arrasaron después de su muerte. Larsson, periodista sueco de limitada importancia, murió en 2004 a los 50 años de un ataque al corazón. En aquel momento, no había publicado ninguna de sus tres novelas. No vamos a decir que muriera en la indigencia porque, al igual que el protagonista de su obra, Mikael “Kalle” Blomqvist, Larsson colaboraba en diversos medios de comunicación y llegó a dirigir alguno de ellos. Su faceta como escritor, sin embargo, era completamente desconocida.

Aunque es probable que a partir de ahora empiecen a surgir los relatos inéditos o incluso amagos de novela guardados en algún cajón o alguna carpeta de Windows XP, se puede decir que tanto “Los hombres que no amaban a las mujeres” como “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” son sus primeras obras de ficción. 1400 páginas, para empezar. Casi nada.

No hay indicios en los libros de que Larsson presupusiera que aquello iba a ser un éxito. Ninguno. Uno empieza por el principio, por “Los hombres que…” y se pierde entre nombres de familias suecas, referencias locales y ciudades impronunciables con letras sumamente improbables. Ninguna facilidad. Da la sensación de que Larsson se dirige a un lector cien por cien sueco, que conoce la sociedad del país, su historia reciente, su geografía, su política –él mismo fue un moderado activista trostkista durante finales de los 70 y principios de los 80, impactado sin duda por el asesinato del socialdemócrata Olof Palme en 1986, algo así como el final del “sueño sueco”, fuera eso lo que fuera.

Pero la obra ha funcionado. Por encima de todas las expectativas razonables.

Empecemos por los títulos. Hay algo extraño con los títulos, especialmente en España. Algo extraño pero brillante por parte de la Editorial Destino. “Los hombres que no amaban a las mujeres” es mucho mejor que “Los hombres que odiaban a las mujeres”, como dice el original sueco; “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” suena mucho más sugerente –aunque quizás menos sutil- que “La chica que jugaba con fuego” que puso Larsson como título.

Es decir, hay marketing detrás del producto y retoques. Eso lo suponíamos. No pasa nada.

Hasta aquí el autor, su muerte, su comercialización y su éxito, pero ¿qué hay de los libros? La serie “Millenium” –de la que aún queda un tercer ejemplar, anunciado como “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, y aquí sí que han pinchado en hueso con el título, todo hay que decirlo- toma su nombre de la revista donde trabaja el protagonista de las distintas historias, Mikael Blomqvist, una especie de alter ego de Larsson: periodista incisivo, comprometido política y socialmente, que no duda en pagar cualquier precio por que la verdad salga a la luz. El periodista ejemplar, vamos. El periodista que no existe.

A partir de Blomqvist y su disputa judicial con el millonario Wennerström, empiezan a surgir diversas subtramas: el patriarca de una adinerada familia de Laponia con serios problemas funcionales contrata a Blomqvist para esclarecer la desaparición cuarenta años atrás de un familiar querido y ahí se precipita una cascada de deducciones, investigaciones, romances, tiroteos… que le dejan a uno pegado al libro.

A veces, Larsson utiliza trucos baratos, pero los trucos baratos son los que mejor funcionan. Su gusto por acabar los capítulos con frases del estilo “Y entonces vio algo que no iba a olvidar nunca”, para pasar a otra cosa y mantener la tensión en el lector, termina cansando, la verdad. Como si el juego se le hubiera ido de las manos, y es que, ya decimos, no hay nada en el libro que invite a pensar que el periodista sueco pretendiera que esto fuera mucho más que un juego, una manera de pasar el mejor rato de su vida coleccionando páginas en su Mac (cualquiera que haya leído las novelas tiene que imaginarse necesariamente a Larsson con un Mac, lo contrario es impensable).

Algunas soluciones son disparatadas, por supuesto. Como le sucedía a Hitchcock, ya decimos. Asesinos que cometen demasiados errores impropios e información que aparece un poco de la nada, en el momento preciso en que la historia necesita avanzar.

Le perdonamos.

Le perdonamos por muchas razones: por el buen rato que uno pasa leyendo el libro, por su prosa fácil, nada enrevesada, fluida y sin demasiados efectos pretenciosos… y sobre todo por la creación de un personaje que está llamado a pasar a la historia de la literatura de masas del siglo XXI: la impresionante Lisbeth Salander.

Hasta ahora habíamos hablado de Larsson y de su alter ego, Blomqvist, de sus investigaciones periodísticas y sus conflictos amorosos. Bien, olvidad todo eso. La serie “Millenium” es el desarrollo del personaje de Lisbeth Salander, y después de 1400 páginas, lo mejor que podemos decir de ella es que sigue siendo indefinible y estremecedoramente atractiva.

Salander es una joven de 25 años, con una infancia más que complicada, con un carácter más que difícil y un sentido de la moral y la legalidad más que dudoso. Lo bueno es lo que ella considera que es bueno y su instinto en ese sentido es cegador. Hará cualquier cosa por una buena causa. Cualquiera.

Pese a su fragilidad física -se la describe varias veces como una piltrafilla de 1,50, poco más de 40 kilos, llena de piercings y tatuajes, una especie de niña crecida a base de caer e incorporarse- y sus problemas con la Justicia sueca –sigue bajo administración legal, pese a ser mayor de edad, por su mencionada dificultad para ser mínimamente social y sentir algo llamado “empatía”-, Salander es implacable a la hora de investigar, sacar conclusiones y tomar decisiones.

Es una chica de acción.

El estupor que siente Blomqvist cuando se la encuentra por primera vez, la idolatría que todos los personajes acaban sintiendo por ella y por su inteligencia en la segunda parte de la trilogía reflejan a la perfección el sentimiento que cualquier lector tiene cuando lee sus aventuras. La anti-Peter Pan. La niña que siempre quiso crecer y dejar atrás la infancia cuanto antes.

Salander es el eje de ambos libros y suponemos que lo será del tercero, por encima de los Blomqvist, Berger, Wennerström, la familia Vanger al completo y una buena cantidad de policías bien y mal intencionados, pero en general, incapaces.

Cabe cierta duda sobre cómo envejecerá el libro. Hay mucha tecnología en sus páginas. Internet. Cortafuegos. Hackers. Equipos de seguridad, claves, contraseñas, protocolos IP, iBooks, Macs… Detalladas descripciones de modelos, casi sacadas de un catálogo de MediaMarkt. Suponemos que eso, que ahora suena completamente innovador y da un punto extra al libro, en pocos años, lo hará algo desfasado.

Hay una regla que dice que hay que basar una historia en datos “perecederos”, es decir, información que con los años y fuera de contexto ningún lector va a entender. No todo el mundo está de acuerdo, claro. A veces, los datos fuera de contexto ayudan a entender el contexto. Invitan a pensar y eso no es del todo malo.

“Millenium” es un torrente que te lleva y sólo puedes dejarte llevar. Aceptarlo todo. Es lo más inteligente. Que los malos sean sorprendentemente torpes y que los buenos estén siempre en el lugar adecuado en el momento adecuado. Lo aceptas, sin más. Para poder seguir leyendo. Para llegar a la siguiente estación de metro o la siguiente parada del autobús o poder acostarte más tarde y pensando en otra cosa que no seas tú.

Si eso, en parte, no es literatura, que baje Bolaño y lo vea.

El chorreo del Barcelona y el cabreo de Guti


Poco puedo añadir a lo ya dicho sobre el Barcelona después de la primera parte de ayer -y en la segunda, claramente al tran tran pudieron caer otros dos o tres-. Son los cuartos de final de la Champions League, juegan contra el Campeón de Alemania y es como ver a niños contra hombres. Una demostración técnica, sí, pero también física y táctica: siempre había superioridad, siempre había huecos.

Nunca he visto a un equipo mejor colocado que el Barcelona de Guardiola. La única referencia posible en la época moderna es el Ajax de Van Gaal que ganó una Champions y mereció ganar la siguiente.

Una combinación así de ataque y defensa es difícil de recordar: Eto´o corriendo detrás de todos los balones, evitando peligro en su propia área y presionando un minuto después al portero contrario. No se hace justicia suficiente con este jugador, que, por lo demás, lleva 31 goles esta temporada. No es que el Barcelona pudiera marcar ocho goles, que también, sino que el Bayern apenas tiró a puerta, sólo una oportunidad medianamente clara en 90 minutos ante un equipo volcado al ataque.

En 48 partidos oficiales, el Barcelona ha marcado 130 goles. Entre Messi (32), Eto´o (31) y Henry (22) han hecho 85. En contra, ha recibido 52. Apenas uno por partido.

No sé si ganará algo o no este equipo, pero la demostración es como para hacer historia.

Demostración que eclipsa por completo la que para mí era la gran noticia futbolística del día de ayer: las declaraciones de Guti sobre su situación en el Madrid. Como se sabrá, desde hace cosa de un mes, casi, Guti no juega en el Madrid ni un minuto, fomentando su reputación como díscolo y chulito de playa que juega al fútbol casi con desprecio.

No conozco el caso de un jugador al que su afición odie más que lo de Guti con los madridistas. Para los no madridistas es realmente difícil de entender. Es un jugador excepcional. Siempre lo ha sido. Irregular, claro, pero excepcional. Los críticos dicen que no ha sido fijo con ningún entrenador, pero también se puede decir lo contrario: en 14 años, ¡14 años!, desde que debutara con Valdano, Guti ha jugado con todos los entrenadores que han pasado por el Madrid. Y no son pocos. Todos los directores deportivos han confiado en él y todos los presidentes le han renovado escrupulosamente su contrato. El último, hasta hacerlo vitalicio.

Otra crítica es que no ha dado todo lo que tenía dentro. Bueno, miren el palmarés de Guti: 14 temporadas en primera división con uno de los dos mejores equipos de España, seis ligas, tres copas de Europa, dos Intercontinentales... Por supuesto, no es uno de los diez mejores jugadores de la década, pero... ¿un fracasado? ¿Estamos siendo serios?

En cuanto a su profesionalidad y esfuerzo, Guti es un enorme luchador. No siempre lo ha sido, porque su estado de ánimo influye, desde luego, pero ha sabido jugar en banda izquierda, de organizador, de media punta, de delantero centro con Del Bosque... Ha jugado de todo, se ha sacrificado por el equipo, ha marcado goles decisivos, ha revolucionado partidos, ha ayudado decisivamente en todos los títulos que ha ganado.

Todo esto me parece injusto: un jugador de su categoría pasa 40 minutos calentando en el estadio del Málaga, justo cuando su equipo está lleno de lesionados, el entrenador le ignora por completo y encima es él el culpable. Sí, podría haber dado más de si, pero nadie se habría dado cuenta. Nadie del Madrid, al menos.