Hora indeterminada de la mañana. La cama parece que va a darse la vuelta, literalmente. Oigo como una especie de martillazo enorme en el piso de al lado -recuerdo de las obras de entre semana- y de repente todo vibra. Sorprendentemente, no se cae ni un libro de las estanterías, pero me sorprendo despierto y agarrándome a la cama volátil.
Un terremoto, pienso como si nada y sigo durmiendo. Hace tiempo que he impedido que la realidad me sorprenda.
Vuelve el que amenazó a los ciudadanos con arruinarlos
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La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el amparo a los delincuentes
nacionalistas incluye entre sus numerosos epítetos los de «irrazonable» y
«co...
Hace 4 horas

