Puedo parecer pedante, autosuficiente, distante, creído, sabelotodo, fuerte, asentado, confiado... pero cuidado con las apariencias. Siempre he dicho que no es que sea débil, es que soy frágil y no es exactamente lo mismo. Por eso, me afecta demasiado cuando una editorial rechaza mi libro sin leerlo, cuando un lector me envía un e-mail sólo para insultarme o cuando, después de una actuación, sea del tipo que sea, llueven los tomates.
Por eso, también, agradezco muestras de cariño e interés como éstas. Porque todos tenemos ego y un chico escritor tiene uno y medio o casi dos.
Vuelve el que amenazó a los ciudadanos con arruinarlos
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La sentencia del Tribunal Constitucional sobre el amparo a los delincuentes
nacionalistas incluye entre sus numerosos epítetos los de «irrazonable» y
«co...
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