sábado, mayo 19, 2012

¿Qué le ha hecho Rosa Díez a Rajoy?



Yo admito que, en estos momentos, no me gustaría ser Mariano Rajoy. En serio lo digo. No hay dinero ni poder ni fama ni entusiasmo que valgan estar achicando agua día y noche con un ataque de angustia permanente. No envidio su situación ni la terrible sensación de que todo lo que haces empeora la posición económica del país o al menos no la alivia. Estoy convencido, además, de que por una especie de optimismo irracional, él creía que de verdad la crisis iba a desaparecer en cuanto apareciera en la primera cumbre, sonriera con los ojos bien abiertos y dijera: “Aquí estoy yo” con el traductor al lado.

Dicho esto, hay que reconocerle a Rajoy una cierta templanza. Pocas cosas sacan de quicio a nuestro presidente. En la Oposición, más que enfadarse con Zapatero lo que hacía era regañarle, como se regaña a un doctorando que defiende su tesis y da con un profesor gruñón. Siempre ha habido algo de pedagogía en Rajoy, el hombre de la barra del bar que, mientras lee el Marca y se fuma un puro, arregla el mundo con dos frases mientras sus amigos se pierden en voceríos. Sentido común, lo llama él continuamente.

Quizá por eso, Mariano Rajoy tolera a Rubalcaba, incluso le viene bien Rubalcaba porque puede poner cara de “estos chicos…” y reconducirle al buen camino, pero no soporta a Rosa Díez. Desde el principio de la legislatura, el presidente del gobierno ha reservado sus intervenciones más duras para contestar a la líder de UPyD. Díez viene a insinuar que quizá Rajoy no sea tan listo y eso él no lo soporta y, como hacíamos en el colegio, se arma de un “rebota, rebota…” y contraataca con argumentos como “La que no es tan lista eres tú”.

A Díez se le critica su populismo. Yo no se lo critico porque a mí me parece que encargarse de los problemas reales de la gente no es populista. Puede hacerse con un enfoque acertado o equivocado, pero en realidad si por algo ha destacado nuestra clase política es por hacer caso omiso a los problemas reales de la gente, hasta el punto de que los propios ciudadanos se han olvidado de cuáles son sus problemas y se han dedicado a defender estatutos, matrimonios, familias, lenguas… como si les fuera la vida, mientras otros hacían el trabajo sucio en Cajas de Ahorro e inmobiliarias.

Cuando Rosa Díez deja a un lado la crisis económica y apunta a una crisis política, a la endogamia de los partidos, a su alejamiento del ciudadano, a su empeño en enturbiar el debate con acusaciones falsas, manipulaciones, torneos de ping-pong y basura bajo las alfombras, Rajoy no puede soportarlo porque es inevitable sentirse responsable.  El problema de los partidos políticos en España es tan grave y tan visible que Rajoy no puede echarle la culpa a nadie más: él preside el más votado. Lo único que le queda es acusar de “antisistema” a Díez, como si UPyD no fuera a su vez un partido y la petición de mejoría no fuera en realidad una petición global. Yo no quiero un país sin partidos políticos y mucho menos con partidos políticos como Amanecer Dorado. Tampoco lo quiere Rosa Díez, supongo. El asunto es reformar, agilizar y valorar más los méritos dentro de los ya existentes.

Puede que Rajoy ya supiera lo que iba a pasar en Asturias cuando se puso a atacar personalmente a Díez, olvidando que el ataque personal es lo más populista que se puede hacer en política. Puede que le escociera haber perdido el poder en una Comunidad donde podría haber arrasado si tan solo hubiera tenido un poco de ese sentido común que tanto predica. Es muy complicado explicar que el PSOE vaya a gobernar Asturias sin atender a la cantidad de despropósitos que han rodeado la relación entre Rajoy y Cascos en los últimos años.

A cambio, Asturias tendrá una reforma de la ley electoral, una investigación detallada de la corrupción y el compromiso de que sus políticas económicas irán en la línea que marque el gobierno de la nación. No parece ningún disparate ni nada excesivamente populista y supongo que eso duele. Imaginen que IU hubiera pedido algo igual cada vez que ha dado su apoyo al PSOE a cambio de nada. Imaginen que esa hubiera sido su petición en vez de consejerías y asientos en consejos de administración.

Déjenme que piense que algo por fin está cambiando y por eso mismo entienda que a Rajoy le moleste que 
sea justamente ahora.

Artículo publicado originalmente en el periódico El Imparcial, dentro de la sección "La zona sucia".