miércoles, junio 15, 2011

El 15-M y Batasuna


Recientemente, Arcadi Espada publicó un artículo en El Mundo llamado "La batasunización de España"- hoy vuelve con el tema- seguido de manera casi inmediata por un videoblog de Pedro J. Ramírez con un título muy parecido. Entiendo perfectamente lo que quieren decir y entiendo desde luego su preocupación porque se habrán dado cuenta de que llevo días compartiéndola.

Ellos llaman "batasunización" a lo que yo llamo "acción directa". Creo que es importante matizar una cosa: Batasuna no inventó la "acción directa", como mucho podría aceptar que fuera una expresión más de esa manera de hacer las cosas tan española, a las bravas, se ponga quien se ponga delante o lo que he explicado otras veces como "esto lo arreglo yo por mis cojones". Comparar el 15-M con Batasuna cae en un error de miopía enorme y suena a excusa fácil: "En caso de duda, Batasuna" igual que "en caso de duda, Rubalcaba".

La tendencia innegable de sectores del 15-M hacia la acción directa -zarandeo de políticos, cacerolas, silbatos, cortes de calles y accesos a parlamentos democráticos- no puede adjetivarse sin más recurriendo al demonio abertzale. Bastaría con mirar un poco más allá y darse cuenta de que estas medidas están calcadas de lo que pasa en Atenas, que a su vez bebe de lo que pasó en Sol. Y no es que lo diga yo, es que lo dice la BBC ¿Por qué hay que irse a la BBC para enterarse de eso? Ustedes mismos. La relación Sintagma-Congreso-Parlament es mucho más obvia que la hipótesis Batasuna, entre otras cosas, porque lo que distingue a Batasuna de cualquier otro colectivo de acción directa es el hecho de que Batasuna es una mafia: con cabecillas, líderes intermedios, impuestos revolucionarios y un plan exacto de cada acción con un objetivo muy preciso.

Es decir, todo lo contrario que el 15-M.

El asunto ahora está en saber si el movimiento va a apostar por la regeneración o por la revolución. Yo pensé que nunca se tomarían en serio lo segundo y confiaba en lo primero. Por ejemplo, cuando veo a Enrique Dans apoyando a Leopoldo Abadía, ex del PP, en una conferencia sobre economía, me siento reflejado. Cuando veo a Cayo Lara zarandeado o a Artur Mas teniendo que entrar en el Parlament en helicóptero, me corre un sudor frío por la espalda.

Especialmente cuando hablamos de Barcelona, una ciudad con un 48% de abstención y un 7% de votos nulos o en blanco, es decir una ciudad donde la separación ciudadanía-políticos es descomunal.

En cualquier caso, mi interés por el 15-M es limitado desde hace tiempo. Lo que de verdad me interesa es lo que hay detrás del 15-M, es decir, qué tipo de sociedad es esta para que movimientos como los del 15-M no solo tomen la calle sino encuentren una simpatía más o menos generalizada en muchos ámbitos de la ciudadanía. Al fin y al cabo, el 15-M no me gobierna y no lo hará por mucho que se empeñe pero el PP y el PSOE sí. Los dos a la vez, en mi caso.

En enero de 2005, José Bono fue zarandeado e insultado en una manifestación a favor de las víctimas del terrorismo. Hablamos del ministro de Defensa, en aquel momento. La reacción del PP fue como la de Mourinho: "Ha sido todo teatro, que demuestre que le agredieron", a la vez que venía a insinuar que, claro, si van provocando luego pasa lo que pasa. El 12 de marzo de 2004, en una manifestación convocada en Barcelona como protesta a los atentados de Madrid, Rato y Piqué, ambos también ministros en funciones del gobierno Aznar, tuvieron que huir por piernas y refugiarse en un portal. La respuesta del PSOE fue "este país merece un gobierno que no le mienta".

Son ejemplos, pero vamos a dejar clara una cosa: aquí se ha estado jugando a inocular odio demasiado tiempo. Hay gente que se ha ganado la vida muy bien a base de fomentar el odio al enemigo político. Del PP al PSOE, del PSOE al PP, que si Zapatero, que si Ana Botella, que si los GAL que si Irak... Hay periodistas que han rellenado páginas y páginas, horas y horas de emisión radiofónica, cuestionando el sistema, insultando descaradamente a los políticos que no les convenían, apoyando sin fisuras a "los suyos" a cambio de publicidad o autobiografías bien pagadas.

El odio ha sido un negocio muy rentable en este país durante años: en la política, en el espectáculo, en la televisión y en el deporte. Uno no puede decir abiertamente "a estos tíos habría que echarles a gorrazos" y luego mirar a otro lado cuando la gente va y lo hace. El 15-M es un movimiento cada vez más incongruente, radicalizado, irrespetuoso y con demasiados bandazos, es decir, cada vez se parece más a un partido político.

Con una diferencia, insisto, los chicos del 15-M no gobiernan a nadie. Los partidos políticos, sí. Los primeros me pueden interesar desde un punto de vista sociológico, teórico, los segundos desde un punto de vista terriblemente práctico. La izquierda y la derecha llevan años viviendo de insultarse y odiarse en público para recalificarse terrenitos en privado y ahora resulta que la masa a la que dirigían esas inyecciones de odio ha decidido revolverse contra todos: PP, PSOE, IU... sin filtro alguno.

Por supuesto es detestable, por supuesto es condenable, por supuesto hay cosas mucho más interesantes que hacer en este país que impedir a los representantes legales del pueblo que lleguen a su parlamento (de entrada, protestar en otro lugar e informar legalmente de qué enormes recortes están votando en ese parlamento), pero este juego ni lo ha inventado el 15-M ni lo ha inventado Batasuna. Basta con leer a Larra o a Ortega para darse cuenta de eso.

Y es un excelente momento para mirar un poco al espejo y hacer autocrítica. Si es que esto todavía es posible en España. Arcadi dice que a todo mayo le llega su junio y es la democracia en las urnas. Así debe ser. El asunto es saber si a partir de ese junio todo va a seguir igual o se cortarán un poco más a la hora de azuzar a unos contra otros constantemente mientras se pagan los trajes en Milano.

P.D. Este comunicado de la plataforma de Sol, brillante y claro y en el momento preciso: "Abuchear, insultar, tirar agua o pintura y sobre todo, no dejar hacer el trabajo a los políticos no es en absoluto nuestra meta"