jueves, junio 03, 2010

Mamut

Reseña publicada en Notodo.com sobre la nueva película de Lukas Moodysson con un inconmensurable Gael García Bernal. Me encanta el adjetivo "inconmensurable", especialmente cuando no tiene sentido utilizarlo como es el caso, Gael García Bernal es perfectamente mesurable: es uno. Mi otro adjetivo favorito es "inmarsecible". En cuanto lo leo, paso la hoja. En fin, a lo que íbamos...



Cuando empiezas a ver Mamut piensas que es una película sobre niños. Niños filipinos que tienen lejos a su madre, cuidando de otros niños en Nueva York para conseguirles un mejor futuro. Esos mismos niños de Nueva York casi abandonados por sus padres, envueltos en jornadas laborales eternas. Niños de Tailandia que se venden al mejor postor y que hurgan entre la basura, roban bicicletas y tienen a su vez más niños, bebés que, por supuesto, tienen también lejos a... No hay mucho margen para la alegría en Mamut, desde luego. Juega con momentos de humor, con una fotografía descomunal y con cierta ironía nórdica, pero no da tregua. Todo lo que rodea a los protagonistas es desolador y cruel, aunque la mayoría de las veces ellos ni se dan cuenta.

Lo que pasa es que cuando sigues viendo la película, te das cuenta de que el tema no son los niños sino los juguetes. Juguetes de niño rico: Gael García Bernal, una especie de Peter Pan multimillonario gracias a Internet y los videojuegos, con su doble moral y su incapacidad para entender el mundo. Michelle Williams, con su idea de una niñera de quita y pon, según sus caprichos y los de su hija. Ahora te necesito, ahora no te necesito. El tedio del primer mundo reflejado en las plazas superpobladas y los vertederos del sudeste asiático. Tedio de niños ricos y aburridos. El otro lado de Lost in Translation. Sin duda, Mamut es una película incómoda porque lanza la tópica pregunta de "¿en qué nos estamos convirtiendo?" y el nos señala a Occidente, sea eso lo que sea. Es una pregunta tan tópica que hay que formularla y contestarla con cuidado. Un paso más allá y entramos en el cliché. Moodysson se apoya en unos excelentes actores -lo de García Bernal empieza a ser muy, muy serio- para añadir sutileza. Ahí de verdad que nadie parece darse cuenta de lo que está haciendo, hasta qué punto cada uno necesita a los demás y a su vez los utiliza. El egoísmo infantil llevado al límite.

El uso de la música en cada momento también es muy importante. Hay algo de estética de video-clip en la película que evita cualquier moralina barata. Desde luego, en Mamut hay un trasfondo moral y no te lo vamos a negar, pero no hay rastro de moralinas y eso se agradece mucho. En los títulos de crédito aparece la soberbia Destroy Everything You Touch, de Ladytron, y solo en esa canción ya están la película y la reseña.