martes, julio 14, 2009

FIB Benicassim I. Las niñas y yo


En mi habitación duermen dos chicas. Una tiene 24 años y se llama Hache, la otra tiene 25 años y se llama la Chica Portada. Por las noches, nos emborrachamos en las playas mientras la luna pasa del rojo al naranja y del naranja al blanco y yo intento sacarle fotos sin conseguir más que un negro absoluto.

Una chica en bikini violeta sale por la puerta del cuarto de baño.

Las chicas me llevan y hacen conmigo un poco lo que quieren. En rigor, no deberían estar ahí, pero el caso es que están y yo acabo en la playa, tan tranquilo, como si yo no odiara la playa ni la arena ni los centenares de ingleses que ponen la música a tope y juegan al voleibol. Los músculos morenos y depilados. Voy a la playa y como paella y me sumerjo bajo las alas, la Chica Portada normalmente más cerca de la orilla, Hache durmiendo con sus gafas de sol puestas, mi cara quemada como un paso de cebra, a rayas.

Deberíamos ver cortos pero no lo hacemos. No hacemos nada. No queremos hacer nada, más que ir a la playa y volver y equivocarnos con la ducha y dormir un rato y salir a la terraza y respirar el olor a mar y todas esas cursilerías. Paseamos por una calle llena de bares y bañadores. Esto es un imperio turista y nosotros somos sus cónsules.

Esta tarde, como no todo podía ser perfecto, fui a recoger la acreditación. Si les soy sincero, es probable que, de no haber tardado dos horas en eso, ahora estuviera viendo cortos, sí. Quiero decir, todo esto no es un ataque rebelde e irresponsable. También son las circunstancias. De la pensión al recinto hay 20 minutos, quizás media hora. Tres cuartos de hora si uno se equivoca de entrada, siguiendo colchonetas y toallas y pieles rojas.

Al final, todo se resumió en VIPs y prensa y una pulsera de tela naranja -a Hache le encantará- y una cola enorme, gigantesca, incómoda. A veces llueve, a veces sale el sol. Un jugueteo inocente. No sé qué haremos esta noche. Mañana iremos a la danza, pero ¿esta noche? Vivo rodeado de facilidades y chicas preciosas. Tenemos una botella de JB y otra de Brugal debajo de una cómoda.

Quizás, propongo, deberíamos aprovecharlas.

2 comentarios:

Pepe dijo...

La irresistible, giorgiodanesca tentación de establecer analogías entre las niñas y los alcoholes. Da la impresión, tan agradable a mi modo de ver, de que le estás tomando las medidas literarias al evento. ¡Salud, Guille!

elchicoquequeriaserbreteastonellis dijo...

Ah, las niñas...

Aunque con 25 años no sé yo si...

Abrazos fuertes, amigo,

G.