domingo, agosto 24, 2008

Resumen de España en Beijing 2008


Analizar unos Juegos Olímpicos es una tarea inabarcable, eterna y fatigosa. Para analista y lectores. Analizar la actuación de un solo país es algo menos aburrido y permite apreciar más matices, pero de todas maneras es algo complicado y que no puede definirse con un sólo sustantivo: fracaso, decepción, satisfacción, éxito...

España abandona Pekín con 18 medallas, cinco campeones olímpicos y numerosos diploma. Digan lo que digan los números, la actuación ha sido mejor que en Atenas. No sólo las condiciones de adaptación eran más difíciles sino que el equipo, en líneas generales, era mucho peor. Atenas fue un fracaso o algo muy parecido. En Pekín se ha competido bastante bien en casi todas las disciplinas y se ha alcanzado un resultado muy similar al máximo posible: yo hablaba de 22 medallas y han sido 18. Aceptable.

Los puntos fuertes han sido sin duda el piragüismo y Joan Llaneras. La labor oscura de la federación de ciclismo ha desembocado en dos medallas de oro, una de plata, una de bronce y otros dos diplomas olímpicos -el cuarto puesto de Contador contrarreloj, una verdadera lástima-. El baloncesto ha dejado una sensación extrañísima: rozó el ridículo ante China, jugó horrorosamente mal contra Alemania, Grecia y Angola, mejoró contra Croacia y ligeramente ante Lituania y acabó el torneo con el mejor partido de la historia de este país.

Por cierto, la manía de culpar a los árbitros de todas las derrotas empieza a ser ridícula. Puede que el arbitraje de la final fuera desfavorable a España, pero me temo que estos Estados Unidos son una selección descomunal con un juego de equipo mejor aún que el del Dream Team. Eso convierte a la nuestra en, probablemente, y junto a la Yugoslavia 1989-1991 (y porque ahí pasó lo que pasó) en la mejor selección FIBA.

Sin embargo, las luces no deberían cegarnos. Hay demasiadas sombras. En mi opinión, los Juegos Olímpicos se resumen sobre todo en tres disciplinas: atletismo, natación y gimnasia artística. Cuando uno recuerda los grandes nombres del olimpismo de todos los tiempos se le vienen a la cabeza Jesse Owens, Mark Spitz, Ian Thorpe, Bob Beamon, Carl Lewis, Nadia Comanecci... rara vez recuerda uno a un gran piragüista por muchas medallas que gane.

Y el problema del deporte olímpico español es que naufraga en aquellas disciplinas olímpicas por excelencia. La natación está completamente atascada: Wildeboer ha mejorado con respecto a 2004, Belmonte nadó bien una carrera, Villaécija dice que estaba enferma, Zhivanevskaia se considera demasiado mayor para competir. Detrás de ellos, la nada. El problema no está ya en que no ganen medallas o no alcancen finales -un finalista y fue séptimo en su prueba-, es que ni siquiera mejoran sus marcas en una piscina y un momento en el que todos los demás están superando sus registros en varias décimas e incluso segundos. Falta de profundidad y competitividad.

El atletismo es otra muestra de estancamiento: nuestras estrellas eran Higuero, Casado, Domínguez y Paquillo. Es decir, los mismos que en 2004, pero en peor momento que entonces. Sólo Pestano y Beitia -ambos olímpicos pero muy jóvenes en 2004, creo recordar- aparecían como posibles soluciones de futuro. Incluso María Vasco estaba en sus terceras olimpiadas, ocho años después de su momento de gloria. No viene nadie por detrás. No hay relevo. Y el presente se ha traducido en unas cuantas finales y pocas actuaciones realmente meritorias: Domínguez se cayó, Casado fue eliminado en semis, Beitia acabó séptima, Pestano no fue ni finalista, Paquillo se quedó a varios minutos del podium...

El problema está en la reacción de los propios deportistas: los nadadores culpan a la federación y en concreto al director técnico sin ningún sentido de la autocrítica, los atletas culpan a los periodistas. Lamentable este episodio con un comentarista de TVE.

Por último, en gimnasia, tenemos a Gervasio Deferr, pero no por mucho tiempo. Él solo ha sostenido la gimnasia artística en los Juegos durante ocho años. Rafa Martínez ha sido un dignísimo campeón en otras competiciones, pero siempre castigado por las lesiones, igual que en su momento Jesús Carballo. Es cierto que esta generación ha consegudo lo que ninguna otra antes en la historia de la gimnasia española, pero el relevo parece ausente.

En definitiva, España ha mejorado lo de Atenas, en términos de competitividad al menos, pero sigue teniendo un claro problema en demasiadas disciplinas clave, que copan la atención de los medios y dan un número ingente de medallas. Siendo críticos y viendo el nivel de los deportes profesionales que viven de patrocinadores, clubes, ligas... resulta preocupante que consigamos 10 medallas menos que Italia, 22 menos que Francia, 23 que Alemania y hasta 29 medallas menos que Gran Bretaña.

Esos son los países con los que España compite deportivamente en Europa y los que deberían servirle de referencia. El trabajo de Alejandro Blanco al frente del COE parece centrarse de momento en ponerle muchas ganas, hacer muchas relaciones públicas... y exigir más bien poco a las Federaciones. Así, vamos mal. Viendo lo que hay y la media de edad de los medallistas de 2008, es difícil ser optimista para 2012. El modelo anterior -exitoso, pero que falló en Atenas cuando pudo haberse consagrado- ha tocado a su fin y no parece que haya opción B. Hay cuatro años por delante para ponerse a trabajar.