La inevitable tentación de comparar la muerte de Augusto Pinochet con la inminente de Fidel Castro. La comparación de sus mandatos, en cantidad y calidad. Hay algo perverso en la medición del horror: acaba siendo justificativo. Recuerdo cuando se pretendió juzgar a Pinochet en Madrid y buena parte de la derecha rechazó la posibilidad amparándose en que "entonces también habría que juzgar a Castro". Resultado: no hubo juicio para ninguno.El horror no admite grados ni comparaciones. Es absoluto allí donde se presenta: casa de torturas, violaciones, amputaciones, asesinatos... Absoluto. No hay nada más allá del horror, sea en Argentina, en Chile, en Camboya o en Cuba.
Alguien puede pensar que la valoración que se hace de cada caso es distinto. Puede ser. Desde el punto de vista moral no debería importarnos. Si alguien quiere creer que hay horrores más comprensibles que otros, basta con procurar que ese alguien no alcance nunca demasiado poder. Por lo demás, vindicar a Pinochet a costa de la figura de Castro sólo empujará a la vindicación de Castro a costa de la figura de Pinochet o Videla.
Como si los extremos se equilibraran.
No, no hay equilibrio en el horror y apenas si hay memoria. Supervivencia, en el mejor de los casos. Eso es todo.


3 comentarios:
...La pena es que se haya ido sin ese juicio tan esperado por todos...
Seguramente no huebiese servido de mucho porque ya era imposible pagar tanto horror y sufrimiento, pero si hubiera sido un pequeño alivio a tantas y tantas familias que lo sufrieron.
...Lo bonito es que haya muerto el Día de los Derechos Humanos...
Tampoco es que el juicio sirva de mucho. Creo que los horrores de Pinochet ya han sido juzgados por la Historia y esa es la peor sentencia posible.
Aparte de todo el rollo ese de reconocer que era un inválido, un demente... para evitar el juicio. Eso era casi más lamentable que el propio juicio en sí.
Era un personaje patético...
Rafael Mera P.
La diferencia con Castro es que Pinochet evitó una guerra civil y la entronización de una dictadura comunista, que hubiese dejado muchísimos más muertos que los que hoy hipócritamente llora la misma izquierda que defiende al chacal Castro. El mismo que pudo visitar Europa sin ningún problema en los mismos días en que Garzón lograba el arresto de Pinochet en Londres. El mismo Castro a cuyo funeral asistirán muchos de los que derraman lágrimas de cocodrilo por los terroristas de izquierda muertos hace 30 años en Chile.
Y por cierto, nunca fingió no estar en condiciones para un juicio: diversos exámenes médicos así lo corroboraron. Cuando le vino un infarto hace dos semanas, también dijeron que era una actuación.
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