lunes, noviembre 20, 2006

Amaneceres imprevistos

Corregir un relato de 17 páginas es complicado. Más que escribirlo. Siento que, ahora mismo, podría escribir cualquier cosa y en absoluto estoy diciendo que eso sea bueno. Me sentía orgulloso de haber escrito tanto, pero ahora me siento frustrado: el relato se hace demasiado largo, la idea inicial -de hace un año- supera con mucho el desarrollo de la semana pasada...

Paciencia. Es lo único que me hace falta.

Quizás no lo único, pero sí lo que más.

Y Mai reaparece y promete invitaciones a cambio de conocer a Christina Rosenvinge y me pregunto qué tendrá esa chica para que consiga fascinar a tanta gente tan diversa y hasta qué punto ella es consciente de esa capacidad magnética.

Supongo que sí. No me atreví a preguntarle.

1 comentario:

kasisiempre dijo...

Realmente, Guille, nos pasa a todos. Corregir es, como si dijéramos, el trabajo sucio. Es ponerte a fregar una cacharrería después de haberte metido entre pecho y espalda a Armando, por ej. Pero vale la pena. En parte, cuando ves los fogones, las encimeras, la vajilla y la fregadera limpias y relucientes, te animas a cocinar de nuevo. Pues sabido es, que la mugre trae de la mano a Doña Inapetencia.
Muy bueno el reportaje que le has hecho a la cantante. Mola.